20.4.16

Eduardo García

Ha muerto el poeta Eduardo García con apenas cincuenta años. En la fotografía, a la derecha, sonriendo, con Pablo García Baena, José Luis Morante y uno. Fue en Córdoba, en 2004.
Ayer mismo releía sus versos en la antología de poetas contemporáneos que Vicente Luis Mora ha publicado en la editorial Vaso Roto. Una pena.
El poema que copio cierra la selección del libro mencionado. Muy elocuente.

PRECIPICIO

Soy el que llora en el espejo
y el que contempla su agonía.

Nos separa un desierto inagotable.

19.4.16

Buñuel en Las Hurdes

Fue una buena idea la de publicar en la Editora Regional, por mediación de Paco Rebollo, El laberinto de las tortugas, de Fermín Solís. Era la primera novela gráfica de su catálogo. Luego tuvo luego otra edición en Astiberri.
Los medios extremeños Hoy y El Periódico Extremadura y, en su blog de El País, Gregorio Belinchón, cuentan que ahora tendrá su versión en dibujos animados. 
Del documental que dio origen a otra leyenda ya se ha dicho casi todo. De las relaciones del director aragonés con esa "geografía del espíritu", lo último que he leído (con fundamento) está escrito por Fernando R. de la Flor en su libro Las Hurdes. El texto del mundo. Allí cuenta, por ejemplo, que Buñuel estuvo a punto de comprar el desierto de las Batuecas, un proyecto que, como tantas otras cosas, malogró la maldita guerra civil. ¿Imaginan lo que habría dado de sí aquel Buñuel contemplativo?

18.4.16

Vida de ambulancia

¿Por qué persiste uno en la lectura de los diarios de Andrés Trapiello diecinueve tomos después, diez mil palabras mediante, a lo largo de veintiséis largos años? La respuesta me la ha proporcionado Manuel Borrás. uno de los pretextos, colaborador necesario de esta aventura editorial y literaria con tintes, a qué negarlo, épicos: son "adictivos". Sí, eso va a ser, porque si no... Juan Bonilla, en la revista Anáfora ("Auge de un género: los diarios. Literatura del yo") se ha referido al Spp como "el más colosal de la literatura en español", "una obra grande y magistral". Uno, por su parte, ha vuelto a encontrar en este nuevo volumen, Seré duda, setecientas quince apretadas páginas que he leído más despacio y concienzudamente que los anteriores, disfrutándolas con la intensidad adecuada, uno ha vuelto a encontrar aquí, decía, lo que siempre busco y, claro, encontré desde el principio: un lenguaje (esto es literatura), una forma de decir, y, por añadidura, un tono, porque "la mitad de un camino en un escrito lo tiene uno hecho con el tono adecuado". Y el de Trapiello en esta "novela en marcha" es inconfundible. Pero, con ser bastante (y a mí me sobra), busco más. El sentido del humor que le caracteriza, por ejemplo, agudizado en estas páginas dedicadas al año 2005; "un año extraño", dice. Antes de entrar en materia, T. coloca al frente seis prólogos: el sentimental, el anormal, el confesional, el profesional, el accidental y el final. Y concluye: "Si por mí fuera, haría libros sólo de prólogos". A lo que uno añade: y bien estaría que reuniera los delantales de todas las entregas porque, como Borges, sería bonito leerlos todos seguidos, además de que darían en algo singular y a todas luces apetecible. Del mismo modo, podría hacer lo que hizo con JRJ y entresacar los aforismos que pueblan estas hojas para editar otra obra modélica.
En los cuadernos de 2005, ante todo un deseo, si que quiere paradójico: "no hacer literatura". Es la primera frase de Seré duda. Y una respuesta a esa paradoja, de la mano de Azúa: "la ficción en literatura no debiera aspirar a ser real, sino a la verdad (verosímil lo llamaba Aristóteles)".
¿Qué pasó ese año? Para él, fue el de la muerte de amigos muy queridos. De Ramón Gaya. Nunca ha faltado en estos diarios, pero en éste tomo cobra un protagonismo radical. Fue un ejemplo. Un maestro, en el mejor sentido. Genuino representante de la "tercera España", la que sigue perdiendo todas las guerras. De Fernando Pérez, que tanto le quiso, con quien había coincidido, como relata, en Badajoz, hacía poco, en aquel momento en la plaza de san Atón que nos proporcionó una suerte de testamento literario, digamos, de nuestro amigo: "Académicos de Argamasilla". "Era en verdad un hombre de una bondad inigualable, encarnación de un antiguo institucionista", dice de él, y: "Era de otra época, silencioso y reflexivo". De Haro Tecglen, con quien trabajó en la radio de "opinativo" y a quien desenmascara, y de Victoria de los Ángeles, tan admirada. Y ya que menciono Argamasilla, el 2005 fue un año cervantino, siquiera sea por la "vida de escritor ambulante" que llevó a resultas de la publicación de Al morir don Quijote, premio Lara (uno de los que ganó T. aquel año junto a los que obtuvo en China y en la capital de Francia). Viajes en tren (los que prefiere), en coche (con taxistas) y en avión (uno de ellos con su íntimo amigo JM. Bonet quien, a pesar de que se pasa el día volando, le teme también a los aviones) a multitud de lugares de la geografía española, que diría el otro, de Valencia a Santiago, de Almería a León ("donde hay más realidad de España") y de Sevilla a Barcelona, pasando por Albacete, Concentaina, Ferrol, Granada, Segovia, Alcoy, Burgos, Tenerife, Aranjuez, Moguer, Santander, Cádiz o Matalascañas... Sin olvidar Bucarest y París. Ni el norte de Marruecos y mi querido Tánger, al que dedica algunos párrafos memorables.
Cervantes, sí, es otro personaje imprescindible. Y luego vienen A. (es hilarante su encuentro en Chinchilla, camino de Hellín, tanto como el que tuvo con R.), VLl., PR., J. y JM., CS., IR., los rusos (con Brodsky al frente), los del CAS Internacional, Camus (que no sale bien parado), los críticos C. y E., G... Equis que yo transformo en siglas, pero que se desvelan fácilmente, aunque uno no se atreva a despejarlas, pues, como insiste T., eso no es lo que importa. Están también esos otros autores a los que estima y elogia, como Ferlosio ("el más insobornable de nuestros escritores"), A. Mª. Matute, Jacobo Cortines (que le aloja en su impresionante casa sevillana), Jiménez Lozano (con el casi va a Utrecht), Benítez Ariza (con quien pasea por La Caleta y el barrio de La Viña) o Rosillo (en Murcia o Valencia). A estos sí me apetece nombrarlos.
Y está El Rastro, que da para historias divertidas, como la del baúl del gitano. Y las bibliotecas ("Dice mucho de un hombre su biblioteca"). Y los bibliófilos (como los barceloneses, un capítulo que hará las delicias de Melero). Y el jardín de Lope. Y la sed de su padre en La Atalaya, en Onda, donde pasó, durante la guerra, momentos decisivos. Y el arte (siempre contra Tápies y López, abstractos y realistas: la visita al Musac es de traca).
Fue el año del rodaje del capítulo que le dedicaron en Esta es mi tierra. Y del estreno del documental de Gonzalo Ballester sobre Gaya en Venecia.
Y Las Viñas, claro, aunque en este tomo aparezca menos de lo que a uno le gustaría. Y allí, historias estupendas, como la de los mastines o la de los pozos. Y sus hijos: R. y G., que empieza a leer los diarios de su padre y le duele calificarle de "mezquino" con "la gente que no te trata bien". Y, por fin, está la enfermedad de M., un gran susto. Y, a ese propósito, están las palabras de amor que le dedica a lo largo del volumen, en los peores y en los mejores momentos ("El amor es una despedida continua"), otra de las marcas de esta casa que algunos habitamos desde hace años y a la que volvemos, ya se ve, en cuanto podemos, Como si fuéramos de familia. Uno de esos primos desconocidos que aparecen por la vivienda familiar de León, ya sin vistas, por Navidades.
No me han pasado desapercibidas las alusiones a "la dolorosa casta de los maestros de escuela" y su heroica defensa de la lectura de El Quijote.
Para quejarse de que "no me sucede nada", este "escritor en diferido", en su bien vivida "vida de ambulancia", da para mucho. No, "ningún parecido con la realidad es pura coincidencia", como afirma. Porque "la vida es frágil, pero es bonita mientras no se rompe", merece la pena visitar este lugar que no deja de ser un estado de ánimo. Melancólico y triste muchas veces. Lleno de felicidad otras. Nunca unas "poquiterías" dieron acaso para tanto. Me quedo con este párrafo: "Si un escritor no puede mirar limpiamente a los ojos de cuanto escribe, y los lectores no pueden mirarle a él del mismo modo, y tenerlo por un verdadero amigo, como ellos se dicen de sus obras, no vale la pena nada, y sería mejor ir pensando en hacer otras cosas". 

16.4.16

Tomás

Para mi familia, generalizo, Tomás será recordado por sus trucos de magia. Me lo decía mi hija Leticia, que puede evocar algunas lejanas tardes de invierno al amor del fuego de la chimenea francesa de la abuela Ana observando, entre la incredulidad y el entusiasmo, cómo sin previo aviso el cochecito se movía o la carta imaginada de pronto estaba allí. Nos acordaremos de él por eso, pero también por su bondad, su discreción y su talante tranquilo. En este país de gritones, hablaba en voz baja. Su presencia, sin embargo, no pasaba desapercibida. Era un buen conversador. Aprecio a las personas que suelen comportarse siempre igual y no según el día, sin esos altibajos emocionales que unas veces las hacen en exceso cercanas y simpáticas y otras distantes, huidizas e insoportables. 
Hasta hace dos meses trabajó como probo empleado de banca. Suponemos que de joven no se imaginó ese destino y sí, tal vez, otro más artistizante, digamos; no en vano fue amigo de los dos aníbales literarios salmantinos, como él: Núñez y Lozano. Pero la vida manda. 
Hace unos días, a Tomás Rincón de Sales se le paró el corazón sobre el andén de una desangelada estación del Metro de Madrid. Tenía 61 años recién cumplidos. Qué mala suerte. Antonia (para nosotros, Toñi) estaba a su lado. Todo sucedió muy deprisa, lejos de sus hijos, Ana y Daniel, del resto de los suyos y de su casa de Salamanca. En esa ciudad descansa ya para siempre.
Aunque a uno le resultara extraño (tanto quiere uno a ese lugar), se acercaban en cuanto podían a su piso placentino. Aquí, hace poco, un sábado por la mañana, presenté a Tomás a otro amigo, Álex Chico. Estábamos tomando un café en el bar Retorno, en la familiar Avenidísima. Lo hice con el orgullo y la alegría de quien descubre a otro que está ante una buena persona; alguien que apreciamos y, para colmo, sentimos que nos aprecia. 
Que la tierra te sea leve, Tomás. Te echaremos de menos. Mientras la memoria no nos falle, tu magia seguirá con nosotros. 

15.4.16

Una nueva antología

Sí, próximamente en Renacimiento. En la apreciada colección Calle del Aire. Se presentará el 7 de mayo, sábado, a las 13:30 en la Feria del Libro de Sevilla.
Su título: Nacer en otro tiempo. Antología de la joven poesía española.
Los responsables de la selección y autores del epílogo son Miguel Floriano y Antonio Rivero Machina, poetas ambos. El primero, además, es estudiante de Grado en Lengua Española y sus Literaturas (Universidad de Oviedo) y el segundo, profesor de la Universidad de Extremadura.
Los nominados (nacidos entre 1980 y 1997) son Sergio C. Fanjul, Javier Vela, Andrés Catalán, María Alcantarilla, Ben Clark, Pablo Fidalgo, Constantino Molina, Luis Llorente, Javier Vicedo, Víctor Peña Dacosta, Aitor Francos, Juan Bello, Martha Aunción Alonso, Laura Casielles, Unai Velasco, Francisco José Najarro, Berta García Faet, María Eugenia Motilla, Rodrigo Olay, Diego Álvarez Miguel, Ruth Llana, Emily Roberts, Paual Bozalongo, Gonzalo Grajera, Gema Palacios, Xaime Martínez, María Elena Higueruelo y Óscar Díaz.
Como se ve, es una antología que tiene en cuenta la paridad, donde hay tantas mujeres como hombres. Uno, en fin, de género masculino como los colectores, firma el prólogo. Seguimos.

14.4.16

Picoteo revisteril

Turia viene cargada, como siempre, de contenidos la mar de interesantes. Así, los poemas de Simic, de su libro El lunático (próximamente en Vaso Roto), que traduce Jordi Doce. Y más versos de, entre otros, Rafael Cadenas, Chantal Maillard, Cobos Wilkins, Javier Vela, Ángel Guinda, Vicente Gallego, García-Maíquez, Alfredo Saldaña y Olga Bernad. El Cartapacio es en esta ocasión para el raro, digamos, José María Conget y hay artículos, por ejemplo, de Manuel Borrás (el primer párrafo es de una valentía inusual en nuestro panorama literario y denuncia que escritores así deban ser calificados como uno lo ha hecho), Mainer, Valls, Martínez de Pisón o Bonilla. No me he olvidado de leer -es lo primero que hago- los diarios de Maícas, quien esta vez dedica una parte de sus anotaciones a Remedios Varo (que algunos acaban de descubrir) y, más adelante, escribe: "Aquí sueño en convertirme en otro y, a veces, hasta lo logro. O: "El arte de vivir es un denso y conflictivo entramado de experiencias, ideas y ambiciones". Tampoco me he perdido la extensísima entrevista que Fernando del Val hace a Enrique Vila-Matas ("Soy el que se desconoce") ni el artículo "Difíciles identidades contemporáneas", de mi admirado paseante David Le Breton.

De Quimera destacaría la entrevista de Rafael Saravia y Víktor Gómez a Antonio Gamoneda, donde éste comenta: "Yo sé «lo que sé» cuando me lo dicen mis propias palabras ya escritas. Es así". También el dossier dedicado al poeta barcelonés José María Fonollosa, ese "enigma" que tiene más de "paradoja", como explica uno de sus mejores especialistas, José Ángel Cilleruelo, que abre el interesante informe. Incluye poemas inéditos y una carta de mayo de 1988 a Pere Gimferrer, que algunos imaginaron como el verdadero autor de esos poemas únicos.

Cuadernos Hispanoamericanos cambia de aspecto exterior y gana con ello en sobriedad y elegancia. De su último número señalo la honda entrevista de Carmen de Eusebio al escritor Juan Antonio Masoliver Ródenas y el artículo del prolífico Juan Bonilla sobre el concepto de pueblo en la obra del ácrata zamorano Agustín García Calvo. El de Jerez, lo confieso, no deja de sorprenderme.

13.4.16

Vaquerizo y Arcas

Quienes me habitan es el quinto libro de Carlos Vaquerizo (Sevilla, 1978) y lo publica La Isla de Siltolá. Con el primero ganó el Adonais. Apenas iniciamos la lectura, nos encontramos con un lenguaje seco, en el mejor sentido, sentencioso. Con versos lapidarios, contundentes. Con poemas breves. Con la poesía de alguien, en fin, que parece saber lo que se hace. Basta con leer "Simón" o cualquiera de los poemas que componen la serie "Los seres de mis sueños": "Yo, que quise soñar, soy lo soñado". "El sueño es mi existir".
Encontramos algún golpe de ironía, en "El buscador de premios", por ejemplo, aunque ése no sea el tono. Más este otro: "De aquello que no hice me arrepiento. / Reniego de no ser lo que no he sido".
Excelente "El sueño de Pitágoras": "Todo habita en el número porque todo es el número". Y allí: "Somos una ecuación resuelta ya desde el principio".
Subrayo otro verso: "En una vida están todas las vidas". 
En el poema fragmentario "Noche intramuros" leemos: "Sé tu Dios. Crea el mundo y créate a ti mismo". Y de vueltas al sueño: "No somos más que un sueño envenenado". Y más símbolos: la noche, el mar. Y aún más allá, la muerte: "Porque somos caducos y siervos de la muerte". 
Poesía meditativa, sí, y silenciosa. Sin aspavientos. En "Cantos a Amalia", otra serie, la hija. Lo melancólico torna ahora festivo. Luego, "Travesía de hospital" y el triste, sereno final de "Epílogo": "Ya todo es un remedo de la muerte. / Siempre lo fue. Y espero su venida".

Alevosía es el cuarto libro que publica el aforista y director de Cuadernos del Vigía Miguel Ángel Arcas (Granada, 1956), que con el tercero, Llueve horizontal, ganó el año pasado el premio Ciudad de Córdoba. Dividido en dos partes, "Asesinaditos" y "Mala. Epigramas", con dos citas de Max Aub (del que es editor) y Thomas de Quincey, Arcas despliega un puñado de poemas llenos de humor (negro) y de ingenio en torno al asesinato, un asunto tan viejo como la humanidad al que él, sin embargo, logra dar otra vuelta de tuerca. Y en verso, que es más difícil. El ritmo es impecable y la sorpresa está garantizada, sobre todo en los finales. Distintos crímenes y sucesivos asesinos dan fe de que nuestra naturaleza es complicada.
No falta, claro, la ironía. Y menos el humor (y hasta el chiste, nunca de sal gorda). Ni el cinismo, siquiera sea literario. Se bordea, eso sí, lo políticamente correcto, más que nada porque más de uno alude a homicidios por violencia de género. Aunque para transgresiones, la segunda parte. Mala es el nombre de cualquiera. El desamor impera. A ella van dirigidos estos versos desazonados y desazonantes que rezuman dolor y melancolía. 

12.4.16

Poesía placentina

Esto lo peta.
¡Cuánto poeta!

Don Amadeo

EFE
A más de uno le resultará extraño que hable aquí de un obispo. Y además bien. Del que hasta hoy lo era de Plasencia, Amadeo Rodríguez Magro, y desde ahora de la diócesis de Jaén.
Se le recibió cordialmente (por paisano, más que nada) y ha cumplido con creces aquellas expectativas que su llegada despertó. Paco Muñoz, que colaboró con él cuando éste era consejero de Cultura y aquél el interlocutor de la Iglesia extremeña para asuntos artísticos y patrimoniales, fue uno de los primeros en advertirme del acierto. Y sí, don Amadeo es un hombre culto, lector, elegante, discreto y, por cercano, hasta simpático. Alguien que trabajó, como oportunamente recuerda la revista Vida Nueva, al lado de don Antonio Montero, entonces arzobispo de Mérida-Badajoz. En esta última ciudad, en el restaurante Azcona, coincidí una vez con él (venía de la romería de su pueblo: San Jorge de Alor) y de ese hecho sencillo deduzco que también sabe comer.
Entiendo, como casi todos por aquí, creyentes o no, que ha hecho las cosas bien en estos trece años y que se ha ocupado de lo importante (como era su obligación, dirán otros). De los asuntos eclesiásticos, es lógico (ha salvado Yuste de la orfandad monástica, pongo por caso), pero también de los sociales (un hecho capital en estos tiempos de miseria) e incluso de los culturales (en la mejor tradición del episcopologio clásico placentino, como recordaba el alcalde Fernando Pizarro).
Se le va a echar de menos. Aquí y en el resto de la región. Lo digo porque siempre fue un gran valedor de la causa perdida (hasta el presente) de Guadalupe e imagino que se va con la pena de no haber conseguido aún que deje de formar parte del Arzobispado de Toledo.
Sé que mi hermano, sacerdote incardinado en esta diócesis, le echará también de menos. Y mi madre, por supuesto. Uno tendrá que resignarse a no saludarlo cuando nos cruzábamos en nuestros respectivos paseos a la orilla del río.
No comprendo, en fin, el porqué de estos cambios cuando no hay motivo aparente y todo funciona como es debido. Y para ir a una diócesis no mucho mayor que ésta. En fin, los designios del Vaticano suelen ser inescrutables.
Hasta siempre, don Amadeo, y que la vida en su nuevo destino le sea tan llevadera como aquí.

11.4.16

Cumbreño cuenta

Contar, sí. No es mal título el elegido por el poeta y editor José María Cumbreño (Cáceres, 1972) para su nuevo libro, del que lo primero que llama la atención es su bonito aspecto, cuidado hasta el más mínimo detalle por papelesmínimos, el sello madrileño que lo publica. Contar en un sentido numérico y contar porque el narrador que habita en Cumbreño no se resigna a dejar de hacerlo. Estamos ante una suerte de diario. Cada mes del año tiene su propio poema. Abre "Enero", escrito en renglones, no en versos (como otros del conjunto), donde explica sus intenciones con respecto al cuaderno que acaba de inaugurar. Cierra "Making-of", donde hace balance del recorrido. Y todo con una claridad meridiana. Uno diría que Cumbreño es partidario de la realidad, no del realismo (que, como diría Gamoneda, es "tendencia literaria", no "dimensión de la vida"), y por eso se conduce como lo hace, entre la lucidez y el desencanto. Por dónde si no. Ya lo comprobamos al leer Made in China, su libro anterior. Los suyos son poemas, poco importa en qué forma, que tratan de asuntos cotidianos, aunque no insustanciales (porque siempre van más allá de la anécdota): de la purga de los radiadores, de la ropa, de los viajes al trabajo ("once años viajando sin viajar")... 
La intimidad, esa cosa tan seria, se nos muestra con una sencillez pasmosa y llegan con ella su padre y su madre (a los que dedica sendos poemas que están entre lo más logrado de la obra: "Agosto" y "Octubre", respectivamente), su mujer Chose y su hija Irene (digo sus nombres porque él los enuncia), el hijo de la primera, Manu (destinatario de otro poema memorable: "Noviembre (Catorce años después)"), los amigos... Siempre, eso sí, en el emboscado territorio en el que la verdad y la ficción deliberadamente se confunden. 
La memoria, la infancia ("Julio (El hilo musical)"), la reflexión (que suele coincidir con los poemas que nombran a los meses)... la vida, en suma, que pasa ante nuestros ojos y que hacemos también nuestra sin poder evitarlo. Nunca se había expresado Cumbreño, o eso creo, con semejante claridad. Tan a tumba abierta. Algunos llaman a eso madurez. 
El canto y el cuento (como en "La sala de espera"). Lo fragmentario y lo aforístico, de lo que es buena prueba "Doblaje", un poema, digamos, que justifica este libro. Como "Contar", el que le da título, donde reconoce que, cuando escribe, le "gusta utilizar elementos que sean opuestos. O que al menos lo parezcan" (alto y bajo, por ejemplo) y que con ello consigue crear un "tercer espacio" ("que ya no es ni alto ni bajo, sino ambos y ninguno de ellos"). Pero "que eso me pasa cuando escribo. La vida es otra cosa". 
Entre otros, me ha llamado la atención el poema "Drama em gente", sobre todo porque parecía que Pessoa ya no iba a dar más de sí. 
He disfrutado con esta lectura. Entre líneas, da cuenta de la vida de un hombre; pero al hacerlo, y esto es lo llamativo, relata la vida de cualquiera.

10.4.16

En 'letras 5'

Editorial Cuadrivio
La revista letras.s5.com, página chilena al servicio de la cultura, publicación que rescata la creación y el pensamiento de escritores y poetas chilenos y extranjeros publicados en diarios, revistas y folletos en español, según reza en su frontispicio, creada en Santiago de Chile en agosto del año 2000 y editada y dirigida por Luis Martínez Solorza, publica -en la sección Proyecto Patrimonio- la reseña de Hoy día es otro mundo (Valparaíso), antología del poeta peruano Miguel-Ángel Zapata que apareció por primera vez en el número 5 de la revista sevillana Estación Poesía y después en este blog.

9.4.16

Cirlot

Se cumplen 100 años del nacimiento de Juan Eduardo Cirlot. Su hija Victoria escribe sobre él en El Cultural: "My father, the king". 
Ya a la vista, la extensa y documentada biografía de Antonio Rivero Taravillo, de inminente aparición en la Fundación José Manuel Lara. Ser y no ser de un poeta único estará en las librerías el próximo 24 de mayo. 

8.4.16

Paisajes de Larretxea

Lo primero que sorprende de De un nuevo paisaje, el último libro de Hasier Larretxea (Arraioz, Valle de Baztan, 1982) es su estupenda factura. Está publicado por la exquisita Stendhal Books y es el primero de esa editorial barcelonesa que veo y leo. Una preciosidad, vamos. La segunda sorpresa, más personal, me sobrevino -otra vez- al leer el prólogo que firma la poeta gallega Chus Pato, demasiado lírico y enmarañado para mi gusto. De los que, en mi modesta opinión, despistan. Con todo, lo diré pronto, De nuevo un paisaje me ha parecido un libro extraordinario. Y cuando digo "extraordinario", un adjetivo al que se teme, sólo aspiro a decir "fuera del orden o regla natural o común", que diría el DRAE, lo que en rigor debería ser cualquier libro de poemas que se precie. Éste, para empezar, lo es porque se asienta en un territorio reconocible y cercano, el natal de su autor, sin que por eso se pueda acusar a Larretxea de campestre, paisajista o pueblerino (tampoco de nacionalista), pues nada más cosmopolita, casi siempre, que lo local bien entendido. Ese mundo natural ("El movimiento suave y leve de la naturaleza"), el del origen, dota de autenticidad a una escritura que a uno le recuerda, por el tono, a poetas que uno leía hace años: Gamoneda, el Mestre de la primera época o Llamazares, tan iguales como distintos entre sí. Pero también a poetas extranjeros, de ahí la universalidad de la apuesta. Como Heaney, pongo por caso, uno de tantos entre los anglosajones que no perdieron nunca sus raíces, su proximidad a la tierra, en especial, la de su infancia.
Lo "fuera de lo común" se justifica también por lo del ritmo de sus versos que te lleva, sin que puedas evitarlo y a través de la música, hasta un estado de placidez que añade sentido a lo expresado. No, no será uno el que niegue acierto y bondad de esta aventura.
"Paisajes del retorno" es la sección que mejor se adapta a lo que acabo de decir. Es, acaso, la parte más sustancial y sustanciosa del libro. Digo "parte" y "sección" pero estamos ante poemas sin título que no dejan de ser fragmentos de un único, extenso poema.
"Escribir / es el paisaje desde donde contemplar", escribe Larretxea. "Escribir, / la única manera de atravesar el valle / sin pisarlo".
En "Paisajes interiores" el protagonista es el amor, la relación, el otro: "No se es uno / sin el otro". O: "Entender al otro, / saber de uno mismo".
Preciosos me han parecido poemas (o fragmentos, ya digo) como "Que nadie dé pasos por ti" o "Yo también".
"Nos quedará siempre la geografía", leemos (la prologuista ya relacionó esta poesía con la de Elizabeth Bishop: "Más delicados que los de los historiadores, son los colores de los cartógrafos"). Y la infancia: "Que no se apague nunca / la llamarada de la infancia, el único lugar in(di)visible / al que podemos volver, / después de todo".
"En un paisaje devastado" la guerra y la violencia son la clave. Allí, Sarajevo. Y el miedo, el terror, los refugiados, el destierro, las fosas comunes... La indignidad de unos que pisotea la dignidad de otros. Un viejo asunto que no cesa.
"Paisajismo", en fin, reúne breves poemas (de dos, tres versos) de impronta, sí, minimalista, donde, entre otros, leemos: "Somos / lo que limita / con el dolor". Y: "Mirada, / autobiografía/ del miedo".
En un momento dado alude el poeta a "esa visión de la claridad", palabras que se ajustan muy bien, según creo, a lo que ofrece este libro emocionante. Libro, y termino, que uno relaciona directamente con su obra anterior, Niebla fronteriza, que ya tuvimos ocasión de comentar aquí

7.4.16

Presentación

Más información, aquí.

6.4.16

Extremadura en Colombia

El inquieto Antonio María Flórez es el editor literario de Mirando al poniente, una muestra de "literatura extremeña actual" publicada por la Concejalía de Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Don Benito que forma parte de programa “Extremadura en Colombia” y que pretende dar a conocer en el país americano un panorama de lo que escriben en la actualidad los escritores nacidos o vinculados a esta región periférica. 
El mencionado programa se centra en unas jornadas interculturales que tendrán lugar en Bogotá, en el Centro Cultural y Educativo Español dependiente de la Embajada de España, entre el 3 y el 25 de mayo. Están organizadas por el Centro Cultural de la Embajada de España y cuentan, al parecer, con el apoyo de la Junta de Extremadura, los ayuntamientos de Don Benito, Almaraz y Zalamea y algunas editoriales privadas.
Florez ya impulso en el pasado otras iniciativas de acercamiento e intercambio entre ambos países; así, el proyecto Estrechando círculos, la coordinación de la línea ‘Letras Americanas’ de la Editora Regional de Extremadura, el libro Transmutaciones, etc. 
Tras la presentación del propio Flórez, abren el volumen un artículo de Miguel Ángel Lama titulado “La literatura extremeña en su mapa”-que apareció en su día en el libro Atlas de Extremadura (Asamblea de Extremadura, 2009), al que ahora se añade "Extremadura literaria hoy (Addenda)"- y otro de Mar Gómez: “La despensa indispensable”, sobre paisaje y gastronomía.
Se publican textos, en este orden, de Javier Cercas, Luis Landero, Gonzalo Hidalgo Bayal, José Antonio Zambrano, María José Flores, Efi Cubero, Basilio Sánchez, Eugenio Fuentes, Andrés Trapiello, Eduardo Moga, Rufino Mesa, Antonio Gómez, Juan Ricardo Montaña, Paco Señor, Elías Moro, Emilia Oliva, Irene Sánchez Carrón, Pablo Guerrero, Luis Pastor, Pilar Galán, Teresa Guzmán, Marino González, José María Cumbreño, Antonio Sáez, Luis Sáez, Antonio Reseco, Chelo Pineda, Álex Chico, Juan Ramón Santos, José Manuel Díez, Yolanda Regidor, José Cercas, Jesús María Gómez y Flores, José Luis Bernal, Juan María Calles, Víctor Valadés, Susana Martín Gijón y Mar Gómez, además de los del coordinador de la antología y de quien firma esta entrada (con el poema "Kardamili").
Sólo me queda desear suerte en la empresa al promotor de este feliz viaje ultramarino. Y congratularme, cómo no, por lo granado de la extensa y plural selección.