23.8.05

Death in Danzig

Buscando a Chwin



Rastreo en internet la pista de Stefan Chwin. Me gustan mucho las cubiertas que han elegido sus editores ingleses, polacos y alemanes para su Hanemann. Más que la de El Acantilado, la verdad. En una de ellas se ve un cuadro de Friedrich. Con todo, la mayoría prefiere imágenes de la guerra: gente que huye, la ciudad destruida por los bombardeos...

De política

Aunque intente controlarlo, a veces me sale el hombre político que todos llevamos dentro. Esta mañana me ha ocurrido en la ducha. Resumiré mis meditaciones entre el agua y el jabón de sales de La Toja, con la radio encendida al fondo, en una sola frase: si hay algo que demuestra (todavía) nuestro atraso (el de Extremadura) es el nivel de la oposición a Rodríguez Ibarra. Hablo del PP y de sus jefecillos a los que, sin duda, los militantes y simpatizantes del partido no se merecen. Ni los extremeños en general, claro. Aquí, ser ibarrista, como dicen ellos, es poco menos de irremediable. Si se piensa.

Fragmento

Dolidos
emprendemos el regreso
y las ranas que cantan
los aires del verano
nos recuerdan tristemente
que no existe un lugar para volver.

Alberto Blanco, Enseñanzas de Atlihuayán

22.8.05

A vueltas con la bondad

De una entrevista al poeta colombiano Darío Jaramillo Agudelo:

"-¿Qué significa para usted, como escritor colombiano y como responsable de una biblioteca, la figura de Jorge Luis Borges?

Es el escritor en castellano más importante del siglo veinte. Lo descubrí siendo muy joven... cuando él fue a Medellín y yo tenía dieciséis años, concretamente en 1963. Aún no era la superstar en que después se convirtió. Me tocó ir a recibirlo junto a cuatro compañeros del Colegio San Ignacio. Eramos los únicos en el aeropuerto. Lo acompañamos en taxi hasta el hotel, luego nos sentamos en un sofá a conversar. En ese momento, en Colombia, sólo se habían editado 'El Aleph' y 'Ficciones', y conocía pocos poemas suyos.

- ¿Se acuerda de algún comentario que haya hecho?

Me acuerdo de dos cosas de aquella conversación en el sofá, en la cual Borges estaba en el medio. La primera es que, con el ímpetu propio de la adolescencia, yo le empecé a marcar contradicciones en sus obras. Y él me respondió: "Defínitivamente, usted ha leído más veces mis textos de los que yo los he escrito ". Y la otra es que le pregunté, con la expectativa de que me dijese algo muy novedoso y original, cuál era la cualidad humana que más admiraba. Y él contestó que era la bondad. A mí me sorprendió, porque en ese entonces la bondad me parecía una mercancía, quizás por mi educación en un colegio de jesuitas. Y que ese monstruo me dijese que la bondad valía incluso para él, es algo que no olvidaré nunca".

Hanemann en Gdańsk (Danzig)


© El País

Hanemann, a secas, se titula originalmente la novela de Stefan Chwin (en la foto) que aquí ha publicado El Acantilado (¡qué gran editorial, cuántos rescates y descubrimientos!) como El doctor Hanemann. Me ha parecido una novela exquisita. No encuentro un adjetivo más adecuando. Es mi única novela del verano y será difícil que la olvide. Tan serena y melancólica como uno de esos cuadros de Caspar David Friedrich que menudean entre sus páginas.

Sin título

Recuerdo con frecuencia este poema (metapoético) de Felipe Núñez:

¿Aterra al barrendero
la razón última de sus escobajos?
No.
Barre.
Amontona las hojas.
Discierne las fundas de los polos.
Coloca aquí el cadáver calendario
extraplano del gato.
Selecciona cáscaras. Y aún atiende
a la radionovela que expenden todos lo ventanales.

(1978)

21.8.05

Scianna en Siracusa


Copyright : © Ferdinando Scianna / Magnum Photos

ITALY. Sicily. Province of Siracusa. Palazzolo Acreide. The stairs of the cathedral. 1976.

De ABC

"Cicerón escribió que Siracusa «era la más grande y bella de todas las ciudades griegas, disfrutaba de una fama insuperable y de un enclave único entre la tierra y el mar». Aquel emporio atrajo en el año 388 a. C. a un filósofo ateniense, discípulo de Sócrates, que tenía en la cabeza un proyecto de «República» ideal. Platón llegó invitado por Dionisio el Viejo y confiando en «inculcar al tirano el ideal del rey-filósofo», pero Dionisio terminó vendiéndolo como esclavo a la isla de Egina.
Por fortuna, unos amigos lo rescataron, y pudo volver a Atenas, donde fundó la Academia. Allí diseñó una sociedad ideal compuesta por tres clases de ciudadanos: trabajadores, soldados y gobernantes. Gobernarían los filósofos que, como primera medida, expulsarían a los poetas. Platón propuso la censura, y en «La República» pedía «que no tomen a mal si cancelamos de sus libros todo lo que no deben oír ni jóvenes ni adultos». Tras la muerte de Dionisio el Viejo, Platón volvió a Siracusa, donde fue recibido con grandes honores, pero emprendió una reforma de sus Constituciones sin escuchar al pueblo, y terminó exiliado. El gusanillo de la ingeniería social le llevó de nuevo a Siracusa en el 361 a. C., tan sólo para cosechar un tercer fracaso. Regresó a Atenas, y los siracusanos continuaron disfrutando de la vida. Sobre todo, los poetas".

Viene esto a cuento de la Declaración de Siracusa -la ciudad de Píndaro, Esquilo y Arquímedes- como Patrimonio de la Humanidad y para que Miguel Ángel Lama recuerde su reciente viaje allí.

20.8.05

Como se es

Cita el novelista James Salter a Jules Renard: "Se pueden contar las historias que uno quiera, pero no se puede escribir como uno quiera. Sólo se puede escribir como se es". De ser esto cierto, y bien podría serlo, ¿se puede seguir manteniendo que los escritores son una cosa y la literatura otra? Generalizo para que la poesía no merezca la exclusiva de la bondad. O de lo contrario.

Poesía y bondad

Bote pronto, y por aquello de darse por aludido (ver los blogs de Santos, Gonzalo y Lama), recuerdo a dos poetas enfrentados entre sí que, sin embargo, comparten la idea de que un buen poema (de verdad) no puede ser obra de una mala persona. Hablo de Antonio Gamoneda y de Andrés Trapiello. Yo coincido con ellos y he expresado este convencimiento varias veces por escrito. Como Hidalgo y Domínguez, reconozco, sin embargo, que hay poetas que, como personas (difícil desdoblamiento), son unos miserables. Sé de lo que hablo: los he tratado. Ahora bien, su poesía está a la altura de esa forma de ser, ni más ni menos. Puede que convenga traer a colación (algo latente en lo expresado por Gamoneda y Trapiello) esa especie que distingue entre el autor que escribe el poema y el personaje poético (?) que lo protagoniza. Si damos por válida esta dicotomía la cosa se complica. Se podría dar el caso de que el personaje fuera esencialmente bueno y el autor (al modo del fingidor pessoano) no. O al revés. El protagonista poemático un maldito y el poeta un ser angelical. El asunto, sin duda, da para mucho.

Taizé y El Arca

Ha pasado casi desapercibida la noticia del asesinato del hermano Roger, fundador de la Comunidad de Taizé y ecumenista convencido.
Cuando uno era muy joven compartía, desde la distancia, sus ideas pacifistas basadas en el amor, núcleo, siquiera teórico, del cristianismo. Con todo, más que a Schutz, uno seguía entonces a Lanza del Vasto, que, no en vano, era poeta. Y ya que hablo de Lanza y de poesía bueno será recordar que fueron las ideas de la comunidad del Arca -una estética de la simplicidad que era una asombrosa ética- quienes primero nos unieron a unos cuantos amigos que, al cabo del tiempo, acabaríamos escribiendo poemas. Me refiero a Felipe Muriel, José Luis Bernal, Basilio Sánchez y, espero no olvidar a nadie, yo mismo. Nunca ha dejado de sorprenderme esta coincidencia. No dudo de que lo esencial de aquel acercamiento ha permanecido siempre en nuestras respectivas poéticas. En mi caso, por la sencilla razón de que ha sido uno de los hechos más trascendentes de mi vida.

19.8.05

La Ajmátova

Para no olvidar es un extenso artículo de César Antonio Molina sobre la vida y la obra de la poeta rusa, de San Petersburgo, Anna Ajmátova. Lo mejor, con todo, es leer sus poemas. Hay ediciones muy asequibles, la más reciente -ya citada en esta bitácora- acaba de publicar Hiperión. También hay una antología en Círculo de Lectores y su libro más famoso (y acaso el más intenso), Réquiem, está en la colección Letras Universales de Cátedra.
En marzo de 1984 compré una antología suya en la benemérita Selecciones de Poesía Universal de Plaza & Janés (donde algunos nos quitamos no poco pelo de la dehesa). Poco tiempo después le pasé a mi amigo Felipe Muriel unos cuantos libros y entre ellos iba el mencionado ejemplar. Se rió mucho de mí Felipe: "¡una poeta rusa!", decía. A la vuelta de los años, si eso era esnobismo, no puedo por menos que bendecirlo. Creía entonces y sigo creyendo ahora que un poeta de verdad soporta incluso la peor traducción. O casi. Y no quiero decir que aquélla lo fuera. A mí, ya digo, me sirvió y desde entonces la autora de Anno Domini nunca ha dejado de acompañarme. Ya quisiera uno eso de tantos amigos.

Discrepancia

Sí, disiento cariñosamente del parecer de mi amigo Santos Domínguez quien comenta en su blog que ha leído La lengua salvada, "una lectura indispensable, aunque impropia -según él- del verano gaditano, de esta luz, de este viento". Uno que también ha vuelto, ya se dijo, sobre ese libro (coincido) imprescindible, que antes leyó bajo otro título: La lengua absuelta, a unos pocos kilómetros de Chiclana, Roche mediante, bajo un fuerte levante y en medio de una luz tan turbia (por la calima) como deslumbrante, encontró, por contraste, beneficios: se hacían más llevaderos esos días de clima hostil gracias a las descripciones de Canetti y sus viajes infantiles a través de Europa. Por ese frescor intelectual que se mezcla en su obra con las atmósferas, frescas también, de Rustschuk, Manchester, Viena y Zúrich.

Diarios

"El autor de un diario no es una persona, sino un personaje. El personaje de una novela que escribe él mismo. Lo que hace el escritor de diarios es novelarse a sí mismo. La frontera entre novela y diario se nos aparecerá aún mucho más porosa si recordamos que un número considerable de las novelas que hoy se publican tienen como protagonista a alguien que es o cree ser un escritor".

Lo ha escrito Enrique Baltanás, en un interesante ensayo titulado El porqué de los diarios en la literatura española del postfranquismo y sirve, según creo, para quienes escribimos bitácoras.
Por lo mismo que "hoy, una novela epistolar verosímil tendría tal vez que montarse usando e-mails", el diarismo de principios del siglo XXI no podrá comprenderse sin los blogs.