30.6.06

Información local

Aunque sé -y lo agradezco- que me leen muchos más forasteros que placentinos, no puedo por menos que comentar en voz alta un hecho, a mi modo de ver, significativo: a tres años de legislatura y a falta de uno para las elecciones municipales, en esta ciudad ya ha habido cuatro concejalas de Cultura. Todas ellas, por cierto, del mismo partido. Así nos luce el pelo cultural. Nunca peor, por más que me cueste reconocerlo.
La actual es responsable también de la limpieza. Su última acción ha sido colocar a unos voluntarios un uniforme y dotarles de un pito (un silbato, quiero decir) para que lo hagan sonar cuando alguien saque la basura a deshora.
La cosa, ay, empezó bien. Nunca mejor. Pero la alegría nos duró poco. Suele ocurrir en este pueblo.

29.6.06

Relevo en el Cervantes de Nueva York


En la fotografía de EFE, Muñoz Molina, César Antonio Molina y Eduardo Lago.

Adivinanza (al modo de Forges): ¿cual de los tres está más acostumbrado a usar corbata?

Más premios

El concejal delegado del premio Felipe Trigo ha presentado la edición de este año en Villanueva de la Serena. Recojo una parte de la noticia tal cual la da Fran Horrillo para el diario Hoy:
"En esta edición, el número de obras recibidas es sensiblemente inferior a las que llegaron en la última edición del año pasado, cuando se registraron 109 trabajos --48 novelas y 61 narraciones cortas--. Una bajada del 35% que Teodoro Cruz, justificó en dos razones.
Por un lado, éste cree que la nueva normativa de enviar las obras encuadernadas en espiral, ha podido retraer a algunos autores. Por otro lado, Cruz considera que «el propio caché» que ha ido adquiriendo el certamen literario con los años, ha hecho que "los autores «presenten sus obras de mayor calidad", y prefieran no participar aquellos escritores con obras de una calidad inferior."
La presidenta del jurado será Lucía Etxebarría.

27.6.06

¡Vengan poetas!

Auspiciada por la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid y publicada por Sial (del extremeño Basilio Rodríguez Cañada) aparece una nueva antología de poesía. Su elocuente título: La voz y la escritura 2006. 80 nuevas propuestas poéticas. Uno lo lee y se echa a temblar. O a correr.

Marta Mata

Ha muerto la pedagoga catalana Marta Mata. Me da la triste noticia Luis Sáez.
Para un maestro como yo, defensor de la escuela pública, su nombre tenía desde hace años resonancias míticas. Cuando la conocí personalmente en Cáceres, hace unos meses, con motivo del primer Congreso Nacional de la Lectura (donde estuvo en su condición de presidenta del Consejo Escolar del Estado) y hablé con ella, comprendí que lo suyo, como ocurre con todos los que son de verdad grandes, no tenía nada que ver con ni con lo divino ni con lo heroico. Ni estaba fuera del tiempo histórico. Al contrario: era la memoria viva del nuestro. Por las alturas celestiales del engolamiento y la vanidad sólo circulan fantasmas.

25.6.06

Publirreportajes

Yo que usted no me perdería dos publirreportajes que aparecen en la prensa regional. Una larga entrevista con Gonzalo Hidalgo en El Periódico Extremadura (con fotos realizadas en lugares paradojianos) y otro en el Hoy sobre la editorial Periférica (con fotos también, de Julián Rodríguez y a toda página).
En ambos casos el despliegue está justificado.

Por Monfragüe

Hoy ha habido cambio de sitio. Y de paseo, claro. Hemos pasado el día en la casa de S., en Monfragüe. Cerca del viejo camino de Serradilla. Después de comer y de dormitar un poco a la sombra (en el campo procuro estar todo el tiempo al aire libre), he leído del tirón y con creciente placer la novela de Julián. Es de absoluta necesidad, si se me permite hacer un fácil juego de palabras con el título.
Con ella en la cabeza, he dado un paseo solo. Qué distinto al que doy habitualmente los domingos (y ahora, como he contado, más de una tarde) por los alrededores del molino. Olía a jara y a pino. Algo exótico. El viento arrancó a los árboles del bosque un canto estremecedor. No era, desde luego, la leve cancioncilla que le escucho a los robles. En fin, no sigo, me estoy poniendo de un antiguo insoportable. Se ve que Monfragüe no es Montánchez. Ni yo...
Al atardecer he podido darme un baño en una piscina bastante moderna para mitigar los efectos colaterales del paseo. No en todas partes se tiene a mano un vetusto río.

24.6.06

4+1

Sí, tengo cuatro libros de poesía encima de la mesa y todos de amigos: Soliloquio para dos de Eduardo Moga (con fotografías de José Noriega, el editor de El gato gris), La noche a tientas de Lorenzo Oliván (cada vez más esencial y despojado), El que desordena de Tomás Sánchez Santiago (que ha escrito un prólogo para el de Moga) y Viviendo siglos de Pablo Guerrero (que vuelve a cantar en forma de poema).
El uno de más corresponde a Ninguna necesidad, la novela de Julián Rodríguez (reseñada hoy en Babelia y el pasado jueves en el suplemento de La Razón).
Me espera un fin de semana muy leído.

Premios, premios, premios (en versión íntegra y con nota añadida)

Ayer noche se fallaron en Almendralejo los premios de novela y poesía que concede su Ayuntamiento. Uno forma parte del jurado desde hace algunos años. Del mismo modo que la entrega de los premios Extremadura a la Creación abre el curso literario extremeño, éste se cierra, salvando las distancias, con la adjudicación del Carolina Coronado y del José de Espronceda.
Cuando escribo esto, no sé quién habrá conseguido llevarse el gato al agua. Esperemos que, al menos, no acarree las tristes consecuencias que hace dos años, al concedérselo a un libro que meses más tarde se alzó, aunque parezca increíble, con el premio Fundación Loewe. Del lío que formó su irresponsable autor ya se dio debida cuenta en los medios de comunicación regionales y nacionales por lo que no es necesario volver sobre ello.
Una reciente experiencia como miembro de otro jurado me ha hecho darle nuevas vueltas al eterno asunto de los premios literarios.
Para empezar, aunque haya inflación, uno los defiende. Sin ir más lejos, mi primer libro publicado fue una feliz consecuencia, para mí, de la participación en un concurso. Jugué más veces y, en ocasiones, gané. Por suerte, me pude retirar a tiempo.
Si no los defendiera, claro está, no aceptaría ser miembro de jurados y menos después de sufrir las desagradables consecuencias que ese ejercicio, a veces, acarrea.
Mi defensa de los premios se basa, antes que nada, en las posibilidades que proporciona a los autores que empiezan, a los jóvenes. Nuestro paisano, el otrora temible crítico José Luis García Martín, escribía hace un par de semanas en ABC de las artes y las letras: "Los premios de poesía suelen estar gafados: quien después de los cuarenta sigue concursando ya no juega en la misma división que Valente o Brines, sino en la de los muy respetables Ángel García López o Carlos Murciano".
Esta tajante afirmación admite matices, por supuesto. Así, no es lo mismo quien después de esa edad aspira a seguir publicando los libros que escribe y lo hace a través de un premio porque, pongo por caso, no encuentra editor, que quien, por afición, vicio o enfermedad (que uno ya no sabe) se sigue presentado a todo galardón que se convoca con un afán bien distinto. El objetivo no es tanto publicar una nueva obra (en rigor no la hay: a determinado ritmo, la reiteración es inevitable), cuanto seguir ganando dinero a costa de esta curiosa lotería.
De este modo, además de perjudicarse a sí mismo como escritor (hay quien ha tirado por la borda su prestigio literario a este bajo precio), daña a los que buscan abrirse camino en la literatura, que es, sin duda, un motivo más noble.
Hay premios sucios y premios limpios. Los primeros están dados de antemano y los segundos, no. Visto lo visto, para desesperación de los miembros de los jurados, al menos para éste que escribe, los limpios, que son los que conozco, suelen ganarlos casi siempre ventajistas, auténticos cazapremios profesionales. Podría citar nombres.
Lo que cabría hacer es lo que se cuenta apócrifamente de un viejo concurso: que rece en las bases aquello de que podrán concurrir todos los autores que quieran con obras originales e inéditas salvo menganito, zutanito, etc. O participar a cara descubierta, con nombres y apellidos, para que luego el jurado soberano obre en consecuencia.
El poeta Enrique Baltanás ha escrito en su blog: “Los premios literarios pueden clasificarse en tres grandes grupos o reinos: los premios políticos, los sociales y los económicos”. En el primer grupo, sitúa “galardones como el Cervantes, el Reina Sofía, el Menéndez Pelayo, los Premios Nacionales del Ministerio de Cultura… generalidades, juntas…”. En el segundo “aquellos que suelen otorgar cajas de ahorro, ayuntamientos y diputaciones, mayormente” y en el tercero “los premios que atiende sólo, o principalmente, a razones de mercado libre: el paradigma sería el Premio Planeta, pero hay otros muchos”. El profesor sevillano concluye: “premios literarios, lo que se dice literarios, no los hay en España. Porque, después de todo, ¿qué es un premio literario? Quizá sólo un oxímoron”. Para él, se da una inevitable conjunción de opuestos o de ideas contrapuestas en la unión de las palabras “premio” y “literario”.
No creo que las cosas sean exactamente así. De lo que doy fe es de la inmensa alegría que supone premiar un buen libro de un autor desconocido (o casi) y la tremenda pena que da leer en voz alta en una plica recién abierta el nombre de uno de estos concursantes profesionales, con aires de ludópata, que tanto abundan. En este caso, lo más seguro es que estemos ante un libro correcto, sí, pero poco más. Tendremos en las manos un común centón de versos que lo único que quita es la confianza en los poetas y, lo que es peor, en la poesía. Justo lo contrario de lo que pasa con aquél.

NOTA: Lo que uno no se podía imaginar cuando escribió este artículo es que la realidad iba a mostrarse tan crudamente. Sí, anoche, por segunda vez en quince días, un jurado del cual era miembro (además, para colmo, de portavoz) premiaba al mismo autor. En el primer caso por un libro de cuentos; ayer, por otro de poesía. ¿Alguien duda de que mi preocupación estaba justificada? Yo no.

19.6.06

De Boxoyo

Esa acelerada existencia que uno lleva (la que, según mi amigo Basilio Sánchez, médico intensivista, nadie debería llevar) me ha impedido visitar las veces que hubiera querido Boxoyo, la librería de Jaime Naranjo. Sí pasé en distintas ocasiones por su primer local, un amplio piso de Cánovas. También frecuento su sede virtual en internet, una de las mejores librerías de viejo de España, además de uno de los pocos lugares donde podemos encontrar libros escritos por extremeños o que traten de Extremadura. Cada poco, por razones profesionales, me encuentro con Jaime Naranjo hijo, alguien en quien uno aprecia la misma pasión por los libros que adorna la personalidad de su señor padre. Es aquí, en lo del entusiasmo, donde debería haberse centrado la polémica suscitada por el cierre cautelar de su librería resuelto ayer parcialmente por el Ayuntamiento de Cáceres. Ahí estaba la clave de su dolor (antes que de su natural disgusto: al fin y al cabo vive de eso) y, por extensión solidaria, del nuestro: los que amamos la lectura y los libros. Otros, amén del interesado, han puesto sobre el papel los datos técnicos y los informes periciales que avalaban lo aparentemente injusto de la decisión municipal. Sin ir más lejos, Alonso de la Torre en este mismo periódico. Más allá de las grietas (que pudieron provocar unas reformas del anterior propietario), el peso de los volúmenes (los 18.000 kilos iniciales han quedado en 3.000) y el cambio de uso del citado local, parece oportuno ir al fondo del asunto y éste no es otro que en una ciudad que presume, con justicia, de culta y que aspira, por ello, a ser Ciudad Europea de la Cultura en 2016 no debería cerrar ni cautelarmente ni de ninguna otra manera una librería so pena de parecer lo que no es: un villorrio inculto que tolera que se incumpla la normativa en lo referente, pongo por caso, a los ruidos nocturnos y toda la secuela de molestias que ocasionan a los sufridos vecinos (no a uno, a miles) y, sin embargo, es inflexible a la hora de clausurar una pequeña industria cultural. Ya lo han dicho otros también, pero lo reitero: si Cáceres tuviera un número de librerías significativo… Como en Hay-on-Wye, digamos, ese pequeño pueblo del País de Gales donde 1.400 habitantes se reparten 42. No es el caso.
Una librería, por cierto, que como se ha dicho, viene a dinamizar la Parte Antigua, tan necesitada de ello. Y que lo hace gracias a un negocio (si es que vender libros, en rigor, lo es) ideal para esa revitalización.
Uno le tiene mucho respeto, como es lógico, al alcalde Saponi y a la concejala del ramo, Cristina Leirachá. Baste un detalle para justificar esa estima: la Feria del Libro que organizan en estrecha colaboración con los libreros (que, por cierto, están convenientemente asociados) y que no sólo es una de las mejores, si no la mejor, de las extremeñas sino que, por añadidura, no cae, como otras, en el vulgar error de la politización. Por suerte, a Cáceres se invita a escritores (no a uno o dos para disimular) y no a escribidores de esos que copan las falsarias listas de éxitos. Los mismos que luego emiten sus incendiarios programas radiofónicos desde aquí y dejan sus opiniones cínicas y falaces en los periódicos de la región previo cobro de unos pingües honorarios.
Es un secreto a voces que los Naranjo han estado desde el principio detrás de esa ejemplar Feria y esto es un suma y sigue de las poderosas razones que les asisten, razones de peso (éstas sí) que, antes que nadie, debería reconocer el Ayuntamiento de su ciudad.
La semana pasada los dueños de Boxoyo pidieron su apertura inmediata y la nulidad del proceso mediante un recurso de reposición. Ayer se atendió, con condiciones, esa solicitud.
Repetimos cada poco que la imagen lo es (casi) todo y a la menor de cambio la tiramos alegremente por la borda.
Ya sé que a quienes criticamos el cierre de Boxoyo se nos pudo acusar, con simpleza, de demagogos. Me temo, no obstante, que el favor popular no se gana estando a favor de las librerías, pues la mayor parte de la gente no lee. Será por eso que a los políticos no les resultó difícil adoptar la decisión del cierre, a sabiendas de que no les iba a pasar lo que podría haber sucedido si lo sellado hubiera sido, insisto, un bar. Hay más bebedores que lectores, está claro. Ahora bien, con semejante espíritu, que se olviden los cacereños de aspirar a nada; a nada, preciso, que tenga que ver con esa Cultura con mayúsculas de la que les gusta alardear, al menos de boquilla y en público. Serán personas como Jaime Naranjo y librerías como Boxoyo quienes puedan impulsar ese noble deseo, no actitudes romas como ésas a las que, por ahora, ha tenido a bien renunciar el Ayuntamiento.

17.6.06

Sin pasado, sin futuro

El profesor y crítico Pozuelo Yvancos reseña en ABCD las Letras y las Artes Paradoja del interventor. Como esta página caduca, mejor leerla cuanto antes. Merece la alegría.

16.6.06

Últimas noticias

Me cuentan que el Ayuntamiento de Cáceres ha emitido un comunicado de prensa diciendo que se podrá reabrir la librería Boxoyo; eso sí, bajo estrecha vigilancia y con condiciones porque mantienen que hay problemas de seguridad. Mañana en el HOY, más.

Rioyo sobre Boxoyo

"Hay muchas razones para escaparse a Cáceres. Tiene uno de los más hermosos cascos antiguos. Buenos restaurantes -uno excepcional-, razonables alojamientos, variados bares, pequeñas e interesantes editoriales y una población amable y cercana. La última vez que allí estuvimos fue con motivo del primer Congreso Nacional de Lectura, un éxito para la ciudad, para los editores y los lectores.
Además de estas y otras razones que se podrían encontrar para nuestro viaje a Cáceres, desde hace años hay otro motivo para los amantes de los libros, de la lectura: la librería de viejo Boxoyo. Una ejemplar librería que con mucho esfuerzo y con su amor a los libros -que nada tiene que ver con el amor al dinero- abrió el librero Jaime Naranjo.
Después de haber estado unos años en el centro de la ciudad comercial, con buen criterio y mucho gusto, la librería Boxoyo se trasladó al Cáceres monumental, a la vieja y hermosa ciudad intramuros. Con vistas a la Plaza Mayor, con entrada por el adarve, al lado del palacio de Moctezuma, tiene la familia Naranjo su lugar ideal para acercarnos a esos libros que no tienen fecha de caducidad. Un espacio acogedor, plácido habitáculo para que los viejos libros esperen con comodidad la llegada de los curiosos buscadores. Tiene el encanto de las clásicas librerías de viejo, además de un espacio tan cuidado que nos recuerda a otras librerías inglesas o francesas. Siempre es un placer esa búsqueda de las últimas llegadas, de las sorpresas que uno puede encontrar entre sus estantes de libros que todavía no han pasado a la oferta en la red. Además sigue siendo un placer añadido hablar con el apasionado, generoso y culto librero que es Jaime Naranjo.
Quieren terminar con todo eso. El Ayuntamiento de Cáceres, atendiendo a la extraña petición de un vecino y, según nos cuentan, a un mal cálculo del verdadero peso de los libros almacenados y en prevención de grietas en el edificio que aseguran pueden estar producidas por libros, decide el cierre cautelar de una librería ejemplar. ¿Cerrar una librería? ¿No sería mejor para los amantes de los libros, para los lectores de esa ciudad que ha sido capital del Congreso de Lectura, apuntalar la casa si es necesario, reforzar vigas o comprobar el verdadero peso de los libros? Cerrar una librería, cerrar Boxoyo, es cerrar una de las razones por las que Cáceres nos parece una ciudad tan propicia para escaparnos y para encontrarnos. Muchos ciudadanos de Cáceres se están movilizando para defenderla. Los lectores de los libros sin edades seguiremos a los manifestantes para salvarla. Un paisaje en peligro de extinción".

En Boomeran(g)

Ferias tramposas

Da vergüenza la utilización política que hacen de las Ferias del Libro algunos ayuntamientos. No invitan a escritores (bueno sí, a uno o dos para disimular) sino a escribidores de esos que copan las falsarias listas de éxitos. Lo importante, con todo, no es que vendan o dejen de vender sus "productos" sino que emitan sus incendiarios programas radiofónicos desde aquí, dejen sus opiniones cínicas y falaces en los periódicos de la región y, de paso, cambien impresiones con sus correligionarios locales (algunos disfrazados también de escritores). Como pertenecen al núcleo duro de la extrema derecha, el de sus ideólogos, se termina pagando con dinero público (¡y a qué precio!) a conspicuos fachas, como les llamábamos antes. Y luego acusan a los demás de sectarios...

14.6.06

Prozac

"El País publica la noticia de un estudio sobre el prozac y similares, encargado por los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos. Al parecer, desde 1988, la cifra de suicidios ha descendido fuertemente en Norteamérica. Los investigadores insinúan que los antidepresivos son la causa. Y cifran en 33.600 los suicidios que, probablemente, se han evitado… quimícamente. La vida ha de celebrar la noticia. Y también la literatura. El estudio, de confirmarse, acaba con unas cuantas toneladas de inane literatura psicológica y prueba que en el arte literario (de calypsos a melopeas) también hay progreso. Que yo como progresista celebro".

(Del blog de Arcadi Espada, que, para mi sorpresa, no sólo escribe del Estatut)