Mostrando las entradas para la consulta Hilario Barrero ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Hilario Barrero ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

13.1.16

Los diarios de Barrero

Hilario Barrero (Toledo, 1946) acaba de jubilarse como profesor titular de la Universidad de la ciudad de Nueva York (CUNY), metrópoli donde reside desde 1978. Poeta, ante todo, y traductor (amén de editor y dibujante), su experiencia como diarista es amplia, más si tenemos en cuenta esa tradición en España. Es autor de Las estaciones del día (2003), De amores y temores (2005), Días de Brooklyn (2007), Dirección Brooklyn (2009), Brooklyn en blanco y negro (2011), Nueva York a diario (2013) y, ahora, de Diarios (2012-2013), publicados por La Isla de Siltolá en su colección Levante (después de las interesantes entregas de Jesús Aguado y Concha García).
Quienes ya hayan frecuentado esos libros o le sigan a través de Facebook se encontrarán con alguien conocido o, si se prefiere, con un mundo reconocible. Más de trescientas cincuenta páginas de letra menuda tiene el volumen, lo que, como se puede imaginar, da para mucho. Para mucho relato, digo. Por una vez, siguiendo el modelo Antero, he ido anotando a lápiz algunas palabras clave o breves frases sobre el libro en la página final de cortesía. Así, deshaciendo el nudo, destaco las abundantes referencias a la ciudad de Nueva York, y más en concreto al barrio de Brooklyn. Barrero es un paseante que, cámara en ristre (como buen fotógrafo), describe sus andanzas por las calles, parques y avenidas de esa ciudad mítica en la que, cada poco, recibe a amigos y conocidos, paisanos españoles, sí, y a veces toledanos. Toledo es, ya se dijo, su ciudad natal, donde habitan su infancia y sus recuerdos (los buenos y los malos), el territorio familiar (en especial, de una figura central: su católica madre), un lugar que visita con frecuencia. Menciono Toledo y acaso debería precisar, pues del mismo modo que allí matizamos Brooklyn, aquí deberíamos señalar Santo Tomé. A lo que significa "ser de Santo Tomé" dedica una página memorable. A estas dos ciudades habría que sumar otra, Gijón, donde pasa los veranos, otro sitio (y alrededores) que aparecen no poco en estas líneas. 
La casa es un personaje muy significativo del diario y, ya allí, su pareja, de origen cubano, cuarenta y dos años juntos. El "nosotros" aparece con frecuencia. Es emocionante leer las palabras de amor que le dedica, sobre todo a la luz pesimista y melancólica que tiñe buena parte del libro, instalado, se puede decir, en la vejez y en las postrimerías, en la enfermedad y en la muerte. Por eso defiende uno que estamos ante lo más parecido a un "diario íntimo", a pesar de la distanciada elegancia y el genuino pudor que caracteriza estas sentidas anotaciones. Íntimo y literario, sin duda, escrito con voluntad de estilo y para ser leído.
La poesía es otro asunto capital. La propia y, más que nada, la ajena, que traduce; breves poemas que ofrecen una suerte de antología complementaria.
Hice alusión hace un momento a la vejez y a la jubilación (que ya estaba tramitando). Me ha llamado la atención la cantidad de vetustas amigas viudas a las que el autor visita en esas casas o pisos que, como el suyo, uno imagina amplios y confortables, bien decorados y vividos, con las paredes forradas de libros. Antiguas compañeras o vecinas que enferman gravemente y con las que Barrero mantiene interminables conversaciones telefónicas, mal que le pese (porque detesta, como uno, hablar por teléfono). Se nota de lejos que es un tipo cariñoso y servicial. Una buena persona. Algo más que un mero paño de lágrimas.
El trabajo -tareas, colegas, alumnos- es fuente inagotable de reflexiones y de anécdotas, algo que se echará de menos en futuras entregas del diario. La lectura (los libros) es otra pasión confesable: "Descubrir a un poeta es descubrir un mundo". Como la de la música. O la ópera, mejor.
Pasa mucha gente por estas páginas. Relacionados con su fervor literario, con su profesión docente o sencillamente con su vida, complicada como la de cualquiera. Gente con la que se cruza en su ciudad o en las que visita; Málaga o Lisboa, por ejemplo. Entre ellos, otro neoyorkino (de Navalmoral de la Mata), "el amigo Muñoz": José Muñoz Millanes. O el también extremeño (de Avilés) José Luis García Martín, otro cómplice necesario de esta historia de historias, que se ha ocupado de la bonita nota de la contracubierta, donde alude a "la inquieta curiosidad y la incansable cordialidad" que caracterizan a Barrero.
Más allá del huracán Sandy, que azotó su terraza, y de los toldos toledanos, que mencionó a modo de símbolo y metáfora en su pregón de Corpus (un alto honor para un toledanodetodalavida), o de la graciosa peripecia de su encuentro con el poeta Antonio Rivero Taravillo y su mujer, pongamos por caso, celebramos que, a pesar de que "Un diario es como un dragón de siete cabezas que, al menor descuido, te ataca y te derriba, dejándote herido. O como esa navaja oxidada que guardamos en el cajón de las herramientas y que nunca usamos, pero que está ahí ocupando espacio y oxidando la oscuridad", celebramos, decía, que Hilario Barrero haya logrado ofrecer a los lectores un libro tan triste y luminoso como la vida misma. Un libro donde el autor se acaba convirtiendo en el confidente, en el amigo. Cuando no en uno mismo.


6.6.12

La poesía de Hilario Barrero

Tiene gracia que a uno le llegue desde el barrio neoyorkino de Brooklyn un libro que ha sido editado a 80 kilómetros de mi casa e impreso a 35. Me refiero a Libro de familia, de Hilario Barrero (Toledo, 1946), que reside en la ciudad norteamericana desde 1978, donde ejerce como profesor universitario y traductor, entre otras tareas. 
Agrupa poemas escritos en una década, de 2001 a 2011 y lo publica la desigual colección de poesía abeZetario de la Diputación de Cáceres. 
Conocía al Barrero diarista, pero no al poeta. O no como es debido. Para eso es necesario haber leído, por lo menos, uno de sus libros con atención y al completo. La experiencia ha sido del todo positiva. Empezó bien, por el prólogo, escrito por otro profesor que escribe, mi paisano José Muñoz Millanes, quien resuelve, con la solvencia que le caracteriza, algo más que un mero trámite. La vinculación de esta poesía a la de Lowell (el del memorable Life Studies), su carácter fotográfico, los retratos fisiognómicos de condición anglosajona que remiten a los de la famosa Antología de Spoon River (insertos en la segunda parte), la vitalidad (la del que se siente feliz y vivo y, al tiempo, es capaz de presentir la derrota y la muerte)... Luego, al enfrentarse con los poemas de una forma directa, lo anunciado se hace evidente. Poemas, por cierto, nada retóricos ni afectados, llenos de memoria y de vida, de episodios cotidianos, de experiencias estables o viajeras, que se leen sin querer gracias a esa difícil sencillez que el poeta se empeña en mantener, por cortesía, verso a verso. Poesía, la de Barrero, fibrosa, concisa, calculada, donde nada sobra. Sentimental en el mejor sentido. En la que uno, siguiendo el título del libro, encuentra la familiaridad precisa para darse por concernido en lo que allí se dice o pasa. Que cuenta más que canta. Agridulce, o melancólica, porque al placer de existir, que se celebra, le sucede la tristeza de cuanto acaba, que se lamenta. Sin aspavientos, eso sí. Ni en un sentido ni en otro. Con la deliberada elegancia adoptada por alguien que se limita a describir, con la natural intensidad, lo que ve pasar delante de sus ojos.
Si les pica la curiosidad, pueden leer el poema "Correspondencia" en el blog de Jesús Aparicio y "Zona WI-FI (Gran Café, Instituto esquina Munuza, Gijón)" en el de Carlos Gómez.

6.9.24

El triple regreso de Hilario Barrero

ABC
Hilario Barrero, neoyorkino de Toledo, sigue al pie del cañón. Y nos felicitamos por ello. Además de dirigir Cuadernos de Humo (la revista y las plaquettes) acaba de publicar tres nuevos libros. Vayamos por partes.
El escondite inglés es la tercera antología bilingüe de poesía en inglés que nos ofrece. En 2011 llegó Lengua de madera (en el título parecía el adjetivo "breve") y en 2018 A quien pueda interesar. Ambas aparecieron en el catálogo de la sevillana La Isla de Siltolá. 
Más de trescientas páginas tiene este tercer volumen y los poetas representados forman un amplio elenco donde las voces más conocidas (por reconocidas) se unen a otras que Barrero nos descubre con sagacidad y entusiasmo. Sí, porque estos ejercicios obedecen, según creo, a un apasionado impulso que le obliga, como primer lector, a dar a conocer a otros sus hallazgos. Y cuánto, desde el vergonzoso monolingüismo, se lo agradece uno. 
Sus traducciones son, o así lo parece cuando las leemos en español, impecables. No es sólo la solvencia con la que vierte esos versos de un idioma a otro, sino también lo bien elegidos que están. Lo sugería antes. Al cabo, tanto gusto da volver sobre, pongo por caso, un conocido poema de Auden, Larkin, Glück o Merwin que sobre otros, para mí desconocidos, de Knott (sus "Veinte poemas breves" son una delicia), Stern, Seuss (qué "Soneto"), Pastan (estupendo su poema sobre Frost y Kennedy), Nemerov o Espada. No puedo dar la lista completa de poetas incluidos (algunos con un poema, otros con más; clásicos y, sobre todo, contemporáneos; treinta con el Pulitzer), pero sí copiar la que la editorial, la cántabra Libros del Aire, indica en su web. Mujeres: Amy Lowell, Marianne Moore, Elizabeth Bishop, Mary Oliver, Adrienne Rich, Diane Seuss, Sharon Olds, Rita Dove y Louise Glück; y hombres: Robert Frost, Wallace Stevens, Archibald Macleish, W. H. Auden, Theodore Roethke, Howard Nemerov, Richard Wilbur, Donald Justice, Galway Kinnel, W. S. Merwin, James Wright, Stephen Dunn, Henry Taylor, Frank Stanford, Stephen Dunn, Henry Taylor, James Tate, Paul Mulddon y Jericho Brown. Añadiría a WCW, Raine, Reznikoff, Carver (su naturalidad me encanta), Strand, Heaney, Simic, Gioia o Tóibín. 
Tengo la impresión, ya que hablo de sus decisiones a la hora de elegir a éste o aquélla (poetas y poemas), de que el tema de la vejez está especialmente presente, o, si se prefiere, la visión de lo vivido desde la atalaya de la avanzada edad. 
No deja uno, página a página, de encontrar sorpresas. De las buenas, matizo. De las que cualquier lector exigente de poesía aspira a encontrar en un florilegio como éste, tan apto para el picoteo lírico. 
Amor y tiempo han titulado Jesús Nariño y él una nueva edición de los sonetos completos de William Shakespeare, 154 poemas, que publica otra norteña: la asturiana Impronta. 
Sí, cuatrocientos años después estos poemas siguen vigentes, lo que se espera de un clásico. Está bien, con todo, que la traducción se vaya adaptando a los tiempos para que los lectores de cada época puedan degustarlos de la mejor manera posible sin traicionar por ello la versión original. Estos le suenan muy bien a uno, sin ese componente retórico y anacrónico que suele lastrar los que leemos en las ediciones canónicas, sin que ello quiera decir que ésta no lo sea, aunque renuncie incluso a serlo. 
En el breve prólogo, sitúan el compendio, explican que los "primeros 126 tienen como inspiración  a un anónimo joven (fair youth) y que los restantes "tienen como protagonista a la dama oscura (dark lady), anotan los temas, resumen "la trama" de esta presunta "historia novelada"(con palabras de Luciano García García, de su libro Sonetos y Querellas de una amante, que recoge su versión de estas mismas composiciones) y reflexiona, en fin, sobre la traducción ("cubrir con otra piel un cuerpo que, generosamente, alguien nos pasa, nos da, nos regala", "cambiar de envoltura, no de corazón , ni de sangre"). De "traducción libre" y de "prosa poética" hablan al referirse a su empeño. Lo que viene después, por decirlo pronto, es simple, pura poesía, que es lo que este reto demandaba. Lean, si no, el soneto 76. O cualquiera de estos
Aunque creímos que este novísimo por libre se despedía de la poesía con Tiempo y deseo (Libros del Aire), donde reunió todos sus poemas, Tarja (Renacimiento) viene a demostrar que nos equivocábamos. Como él, supongo. Estamos ante un libro breve pero intenso, con poemas de tono mayoritariamente elegiaco donde la vejez y sus no siempre cómodas circunstancias están muy presentes. Este año cumple 80 su autor. Palabras mayores. La segunda sección del libro se titula, sin ambages, "Del deterioro". 
Hay mucha memoria en estas páginas (de infancia y juventud sobre todo), sí, y como precisa su prologuista, José Luis García Martín, "al barroco desengaño de las postrimerías se suma una historia de «amor constante más allá de la muerte» y una celebración de los instantes felices que fueron y nunca dejan de ser en la memoria". "No me podrán quitar el dolorido sentir", dice Martín con Garcilaso. 
El primer poema del libro, que le da título, explica el porqué de éste: "la tarja donde el panadero «escribía» / los panes que mi madre compraba". Y es que "tarja" es,. según el DRAE y entre otras cosas, "tablita o chapa que sirve de contraseña " y "corte o hendidura que se hace como señal". 
A los temas ya señalados cabe añadir la inevitable presencia de los poetas y los libros (no se olvide su carrera profesoral en Brooklyn y sus labores de traductor) y la de familiares (en especial, su madre) y amigos. Escenas, casi siempre, de Toledo o Nueva York; también de algún viaje, como el que hacen en otoño a Nueva Inglaterra "a encontrarse con Frost" y que lleva en el título de otro poeta norteamericano: "Los turistas de Nemerov". (Ya que lo menciono, es comprensible que el inglés, su otra lengua materna, menudee entre los títulos, versos y en los epígrafes de los poemas. En este último caso, al ya mencionado lector monolingüe le hubiera gustado que el traductor hubiera intervenido para evitarle las frecuentes visitas al no tan competente de Google.)
La enfermedad, el dolor, la muerte, las pérdidas y otras recurrencias no empañan la serena visión de Barrero, que se aferra a lo mejor de la vida y a vivirla con la debida pasión hasta el último minuto. 
Hace un momento usaba el plural al aludir al poema del viaja a New Hampshire. Un "nosotros" que une a Hilario con su pareja. Más de medio siglo de amor les contempla, desde el tantas veces nombrado barcelonés "verano del 71". 
No quiero terminar esta reseña sin ponderar el ritmo, la música callada, que Barrero ha logrado trasladar a sus composiciones y que ayudan al lector a comprender mejor el alcance de esta poesía tan discreta como eficiente que es capaz de perdurar en la memoria y que, por tanto, Martín dixit, "no se acaba nunca". 

22.10.24

"Devagar" en los Cuadernos de Humo

"Todo llega", decía Hilario Barrero, director de Cuadernos de Humo, hace unos días en Facebook, y seguía: "En este siete de octubre lluvioso y melancólico acaban de entrar los ejemplares del Cdh42 y la casa se enciende. ¡Es un número bandera!
Traen los poemas portugueses de Rafael Fombellida, un prólogo de Álvaro Valverde e ilustraciones de Álvaro Fombellida.
Como siempre enviaremos el pdf a la lista de "suscriptores". Muchas gracias por seguir al Humo".
Por su parte, y como respuesta, escribía en su muro el poeta cántabro Rafael Fombellida: "NUESTRO QUERIDO amigo, el poeta Hilario Barrero, ha tenido la gentileza, y la generosidad, de editar aquel cuaderno portugués que quedó anclado en el abra del Tajo, o en la foz del Duero, años atrás. Con un preliminar de otro gran poeta y querido amigo, Álvaro Valverde, y con imágenes de mi hijo Álvaro. Cuadernos de Humo, num. 42. Brooklyn, Nueva York. Entre el Hudson y el mar de la Península ya viajan los poemas. Abrazos mil y gracias mil, Hilario". 




La verdad es que Devagar ha quedado precioso. Por las ilustraciones de Fombellida hijo y, lo que más importa, por los versos portugueses, digamos, del padre de la criatura. Y gracias al cuidado que ha puesto Barrero en todo. Ha sido un placer colaborar con ellos. 
Si no eres uno de los cincuenta privilegiados que tienen un ejemplar en papel, aquí tienes el pdf con el cuaderno en cuestión. 


3.7.13

Nueva York a diario

Hilario Barrero (Toledo, 1948) es profesor en el Borough of Manhattan Community College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), donde vive desde 1978. Como diarista ha publicado Las estaciones del día (2003), De amores y temores (2005), Días de Brooklyn (2007), Dirección Brooklyn (2009) y Brooklyn en blanco y negro (2011). A la lista se añade ahora Nueva York a diario (Impronta), un diario (el juego de palabras está claro) que corresponde a los años 2010 y 2011, muy reciente por tanto. Un libro denso, con un importante número de páginas (casi 300), impreso pulcramente por la editorial asturiana y que uno temió no terminar por culpa de la inesperada puesta en marcha del riego por aspersión del césped de la piscina de Torremenga, donde lo leía una calurosa tarde de junio.
No sabría decir quién tiene mayor protagonismo en la obra, si la ciudad norteamericana o el propio autor. Dejémoslo en un honroso empate. Hay mil Nueva York en Nueva York, como bien dice Barrero. Uno por cada vecino o visitante. De no pocos nos da buena cuenta en su día a día. Siempre desde Brooklyn, su barrio. Un barrio con aires de ciudad, aunque sea dentro de otra. Si, según Pla, "para vivir bien en un pueblo hay que saber pasear", para vivir bien en una gran ciudad no parece menos necesario. Eso es lo que hace el callejero HB y de esas divagaciones, con brújula o sin ella, dan buena cuenta no pocas páginas. A través de los parques y de las estaciones, ya sean las climatológicas o de metro. Vistas, paisajes, escenas que dibujan a la perfección, a pesar de sus reticencias borgeanas, su propio rostro. Y no sólo el suyo. También de los numerosos personajes que por allí pululan.
Desde el principio hay un trasunto clave en el diario: el envejecimiento y a su lado, sin solución de continuidad, la vida que se va o que termina junto a la persona que se ama, a la que HB lleva amando desde hace tanto tiempo. No es tanto vivir, que se hace (o eso le parece al lector) intensamente, cuanto al lado de quién y, llevándolo al extremo, porque la existencia es frágil y la enfermedad y la muerte inevitables, preguntándose sobre el espinoso asunto de quién sobrevivirá a quién y, si así fuera, lo difícil que sería (oh gran amor) seguir solo en el camino. Por eso es frecuente el cernudiano uso del tú. A veces, del nosotros.
Los sesenta no parecen una edad fácil. ¿Cuál lo es? Lo dice uno que anda en la pavorosa cincuentena. Desde aquella atalaya ya se vislumbra cercana la vejez y Barrero se niega a poner paños calientes: no, sesenta son sesenta y no cuarenta... por muy de los de antes que sean.
Por encima de estas consideraciones de carácter casi metafísico, pero que tienen la verdad de lo real, Barrero aprovecha su diario para mirar hacia el pasado. De hecho, hay una reconstrucción autobiográfica a partir de la memoria. Una vuelta a su infancia y la primera juventud, a Toledo, la ciudad natal, su provinciana "ciudad perdida", y a Barcelona, la primera donde trabajó antes de dar el salto transatlántico. Allí, sus padres. Su madre, sobre todo. Y hermanas y abuela...
A Toledo no le puede faltar el contrapunto de Gijón (San Lorenzo, la Escalerona...), una ciudad a la que regresa cada poco. Ni la escapada a Galicia, con obligada visita a Tuy.
Como no faltan las referencias musicales. Operísticas ante todo. Ni otros viajes: a Halifax, Montreal,  Nueva Escocia, Italia (donde regresa muchos años después y donde, por fin, se reconcilia con Venecia).
Por el diario, muy movido, transitan los amigos, de ésta y de la otra orilla. Uno de los habituales, "Pepe, el amigo Muñoz" (Millanes), residente, como él, en Nueva York. O García Martín, en Oviedo, en Los Porches, hasta que lo cerraron. Ni faltan los perros, como Pepe.
Barrero no descuida su actividad profesional y hace alusiones a su trabajo, aunque goce de un año sabático, y a sus compañeros (hispanistas) y alumnos. Y habla de librerías (de viejo) y de bibliotecas (como esa de Tuy donde dio con el Adonais intonso de Pureza Canelo).
Cada tanto nos acerca a tal o cual poeta, a tal o cual poema. No en vano en 2011 publicó en La Isla de Siltolá su antología de poesía breve en inglés La Lengua de madera y en la cacereña abeZetario Libro de familia.
Escribe Barrero que "los diarios son el Facebook de la literatura". Me da que estos tienen bastante más enjundia que lo que uno leía en esa red social (no a él, cuyos comentarios echo de menos). De ellos salgo tan reconfortado, por su contagiosa vitalidad, como abatido, por su sereno tono elegíaco. Contento en todo caso por lo que Nueva York a diario tiene de necesidad y, cómo no, de literatura. De él y del "otro". 

29.12.15

Cuadernos de humo

Hilario Barrero, recién jubilado como profesor universitario en Nueva York, lanza el número 4 de Cuadernos de Humo, serie Oteador. En el pie de imprenta, su dirección de Brooklyn y el correspondiente Printed in USA.
"Siete y siete son catorce" es el título de su prólogo, que dice: "Poesía recién hecha, todavía caliente y poesía reposada, ya para siempre con nosotros. Amor, muerte, vida, guerra, esperanza, vejez apacible y juventud arrogante.
Catorce voces amigas que forman parte de nuestra historia. Algunas nos acompañaron en momentos difíciles y son como si fueran nuestras. Con ellas nos entendemos y con ellas respiramos. Nombres que comparten nuestra vida y nuestro amor y que ahora, unidos en este Cuaderno de Humo, nos llegan más dentro, nos apagan sombras y engrandecen la casa. 
Catorce porque siete y siete son catorce. Y siete es número de veneración. Vendrán más Cuadernos que recojan otras voces amigas. A estas, que tan espléndidamente han respondido, nuestra gratitud por los poemas y la generosidad. (Algunos correos deberían publicarse). Poesía que hace que del humo nazca una hoguera que nos ilumina y nos calienta. Sus voces nos dicen dónde está el fuego."
Los elegidos: Joan Margarit, Francisco Álvarez Velasco, Antonio Parra, José Luis García Martín, Uriel Martínez, Herme G. Donis, Álvaro Valverde, Antonio Rivero Taravillo, Beatriz Villacañas, Alfredo Rodríguez, Marcos Matacana Martín, Martín López-Vega, Ballerina Vargas Tinajero y Pablo Núñez Díaz. 
Ilustran el ejemplar los originales dibujos del editor. 
El colofón reza: De DONDE ESTÁ EL FUEGO se ha hecho una edición de cuarenta y cinco ejemplares; tres por cabeza y dos para los archivos del humo. Los poetas recibirán además una litografía firmada por HB con su poema y el dibujo como señal de agradecimiento. Siete de junio de 2015. 
Esta es, en fin, mi página (con su dibujo y un viejo poema, elegido por él, de Una oculta razón), que reproduzco aquí no sin agradecer a Hilario Barrero que se haya acordado de mí:



2.2.15

Hilario Barrero lee "Tánger"

Hilario Barrero, poeta y profesor toledano en Nueva York, publica en su blog, Por hache o por be, una reseña de Más allá, Tánger. La ilustra con una fotografía tomada de Journals Mid-Fifities, 1954-1958, donde aparece el beat Allen Ginsberg en el centro, bajo una marquesina. Allí se puede leer: "El libro no es solo una elegía por una ciudad perdida (se canta lo que se pierde), es también una larga y dolorosa metáfora para todos los que hemos perdido “nuestro propio Tánger”. Y ahí reside uno de sus mayores aciertos. No se debería volver al paraíso porque se puede encontrar uno con el infierno. “Porque la vuelta atrás nunca es posible” Uno admira la maestría del poeta en hacer de lo difícil, aparentemente fácil, de acercar la poesía para todos, de ser capaz de condensar en un poema de tres versos algo para lo que otros poetas hubieran necesitado un libro entero." Thank you very much.

29.3.25

Hilario Barrero lee "Meditaciones..."



El territorio de Álvaro Valverde

Meditaciones del lugar (1989-2018) (Pre-textos), seleccionada y prologada por José Muñoz Millanes, es la tercera antología sobre la poesía de Valverde que se ha publicado. Formalmente se trata de una antología, pero para los que hemos seguido parte de la trayectoria del poeta, estas meditaciones constituyen un nuevo libro cuyos poemas poseen un nexo temático que señala el prologuista en un valioso y profundo ensayo en el que nos descubre nuevos ángulos, luces y rincones. Los poemas, cuidadosa e inteligentemente seleccionados, son una muestra de lo que podríamos llamar, por un lado, poesía del lugar, y por otro, poesía de la meditación. 

Valverde ha dicho que la poesía es para él “un viaje a la búsqueda de un lugar” y una vez encontrado este, transformarlo en “territorio” nombrando “ese espacio único…” En este libro descubrimos el territorio del poeta donde la memoria, la visión y la naturaleza son principales protagonistas.

Un buen poema también puede ser una lección de geografía, un mapa donde encontrarnos y encontrar lo perdido o lo que buscamos. Un poema con “tierra” por medio, con puntos cardinales, con agua y árboles es un mapa que nos ayuda a no extraviar el camino y llegar a la meta deseada. Por otro lado un poema de lugar puede ser un apunte histórico, Como ocurre en uno de los poemas más representativos, dedicado a Toledo:   

Son personas que por nada se irían. / Da igual en dónde habiten: / en casas y en conventos se recluyen / existencias vividas hacia dentro.

Los poemas con lugar tienen un espacio exterior, una libertad donde la naturaleza vive y crece, los árboles dan sombra, la noche viene y se va, donde las calles, lo material, ayuda a recobrar lo perdido.

Levantarse temprano recorriendo desierta / las calles que creímos perdidas para siempre.

      En los poemas de lugar el tiempo es un factor importante: hay un tiempo pasado donde la nostalgia es parte del paisaje, y el tiempo presente, en el que el poeta nos transmite su estado de ánimo:

Y me siento feliz. No sabría explicarlo. / Será por el recuerdo de una escena análoga / -de infancia a buen seguro-. / Será que la ciudad, recién abandonada, / Se hacía insoportable en esta hora.
         
Un lugar es una presencia que dialoga con el poeta en primer lugar y luego con el lector, es una manera de sentirnos “definidos”, ya que un poeta nos ayuda a percibir el entorno con otros ojos. Álvaro Valverde, “desde fuera”, nos dice: “No somos sino aquello que miramos”.

Mirar, explorar y colonizar. Un poeta es un explorador, un colonizador que, armado con las herramientas precisas, entra a veces en la espesura, en la umbría o en la incertidumbre y descubre un lugar. Un poeta es también un geógrafo que sabe cómo “trazar el mapa del territorio” y “una vez colonizado, habitarlo”. 

José Muñoz Millanes cierra el prólogo destacando “la sensualidad de los lugares de Álvaro Valverde” y el locus amoenus, “ese arquetipo de una naturaleza paradisiaca… se encarna en las gargantas y aceñas, en los castaños y cerezos, en los huertos de las sierras y valles que se abren al norte de Plasencia”. 

James Galvin dice: “The poet situates himself in place in order to lose himself in it”. Con la poesía del lugar de Álvaro Valverde, uno mismo se sitúa en el lugar y se pierde en él, que es una manera de encontrarse. 

El poeta ahonda en la esencia del lugar, lo desnuda y lo viste de hermosura y de esta manera su poesía trasciende más allá de montes, valles y ríos y desde su tierra se hace universal. 
———————————————————
Álvaro Valverde, (Plasencia, 1959), autor de referencia en el actual panorama literario español, ha publicado, entre otros, los libros de poesía Las aguas detenidas, Una oculta razón, A debida distancia, Plasencias, Ensayando círculos, Mecánica terrestre, Desde fuera, Más allá, Tánger, El cuarto del Siroco y Sobre el azar del mapa. Es autor de dos novelas, un libro de artículos, otro de viajes y otro de diarios. Mantiene una web: www.alvarovalverde.es 

NOTA. Esta reseña de Hilario Barrero se publicó en Cuadernos de Humo, 26 de diciembre de 2024.

17.6.18

Tres antologías

En la colección La Gruta de las Palabras, que dirige para Prensas de la Universidad de Zaragoza el escritor Fernando Sanmartín, se publica Al sur de la palabra, una antología de poetas marroquíes contemporáneos. La edición y el ilustrativo prólogo son de Juan Antonio Tello, profesor de francés del Instituto Español 'Severo Ochoa' de Tánger, y la traducción corre a cargo de éste y de Victoria Khraiche. 
Como la poesía del joven país vecino, la muestra se caracteriza por "la multiplicidad y la pluralidad". Los autores incluidos, nacidos entre 1942 y 1988, escriben en árabe o francés.
La eclosión de la poesía marroquí moderna se sitúa en los años sesenta del siglo pasado, en los principios de su independencia, y su carácter fue de denuncia, resistente y reivindicativo. Al estilo de nuestros cantautores. En la de ahora, variada como se ha dicho, no encuentra uno diferencias con la que se escribe en cualquier lugar del mundo, en lo que a la calidad respecta. Su modernidad, digamos, es indiscutible. Los poetas, hombres y mujeres, tampoco son distintos. Destaca su alta cualificación educativa y, en consecuencia, destacan los titulados universitarios. 
La selección no podía empezar mejor, con un precioso poema de Bassry (Settat, 1960), "Ejercicios sobre la soledad". Me han llamado también la atención los poemas de Bentalha, Boudouma, El Assimi (muy barceloneses), Gharrafi (un poeta viajero), Hmoudame (autor de "Tánger ragtime"), Madani (tangerina de nacimiento, ciudad donde reside otro poeta: El Annaz), Raoni (la más joven) o Laâbi (el mayor del grupo). Todo un acierto. 

La Agencia Andaluza de Instituciones Culturales de la Junta de Andalucía publica una preciosa y limpísima antología de poemas de Pablo García Baena, miembro fundador del grupo Cántico. El título elegido, un verso del poeta cordobés: Un navío cargado de palomas y especias. La selección, las notas y el estudio preliminar son del también poeta Guillermo Carnero. Nadie mejor. Tras dedicar su tesina de licenciatura (dirigida por Blecua) a la mencionada cuadrilla lírica, fue quien, gracias a la mítica antología El grupo Cántico de Córdoba: un episodio clave de la historia de la poesía española de posguerra (Editora Nacional, 1976; segunda edición ampliada, Visor & Fundación Vicente Núñez, 2009), puso en nuestro mapa poético la obra de Pablo García Baena, Ricardo Molina, Julio Aumente, Juan Bernier y Mario López, que tanto influyeron en los novísimos. Después de describir en "Un asunto de familia", desde una visión personal, cercana y biográfica, las generalidades del grupo, Carnero aborda su poética, que resume al final, de efectiva manera didáctica, en cinco puntos. Realiza más tarde unas consideraciones acerca de la religiosidad de García Baena (actualizando opiniones pretéritas al respecto) y, por fin, analiza su depurada técnica del verso a partir de lecciones extraídas de sus dos primeros libros: Rumor oculto y Mientras cantan los pájaros. A un puñado de poemas memorables y muy bien escogidos, le sigue, a modo de colofón, una útil bibliografía poética.

Hilario Barrero, poeta (acaba de dar a la imprenta BlendingCuadernos de Humo, donde leemos: Qué cruel es el tiempo / que te pone delante de tu rostro / su espejo cada día / y te niega la luz cuando es de noche), diarista, profesor jubilado de la Universidad de Nueva York, ciudad en la que vive desde hace décadas, vuelve a sorprendernos con su tarea de traductor y publica en La Isla de Siltolá A quien pueda interesar, antología (bilingüe) de poesía en inglés, según reza el subtítulo. Es complementaria de otra que vio la luz en la misma editorial sevillana, Lengua de madera. Aquélla, sin embargo, sólo recogía poemas breves. Aquí se reúnen más de un centenar de poemas, cortos o largos, de cincuenta y cuatro poetas, del siglo XVIII hasta la actualidad. Los divide Barrero en varios grupos: primitivos, modernos, postmodernistas, novísimos, y jóvenes. Incluye tres "mini antologías": de Sandburg, Gilbert y Hall (que junto a su mujer, J. Kenyon, Barrero dio a conocer al público español).
Confiesa que empezó el florilegio "hace casi cuarenta años", que es muy personal, para todo tipo de lectores y, en última (o primera) instancia, que lo concibió para sí mismo.
A todos los poetas incluidos se les puede calificar de "clásicos" y, en consecuencia, son muy representativos del panorama de la poesía escrita en inglés a lo largo de los últimos siglos.
Son muchos los agradables hallazgos que uno se encuentra, poco importa por dónde abra el elegante volumen. Ya sean versos de Frost o de Simic, de Thomas o Stevens, de Walcott o Berger, de Levertov y Schuyler. Y de poetas mucho menos conocidos.
Los lectores habituales de la revista Clarín ya conocíamos algunos de estos versos. De Donald Hall, pongo por caso. Poemas magníficos como "El amo" y "Té" o el divertido "A la manera de Horacio".
La mayor sorpresa para mí está, con todo, en el primer poema, de Robert Southey (1771-1843), donde se lee: "Y, sobre los bosques vecinos que se divisaban, / la torre de la iglesia de Navalmoral nos anunció / nuestro lugar de descanso esa noche, -una señal bien recibida; / aunque nos demoramos deliberadamente para contemplar / con detenimiento la llanura fértil de Plasencia..."
Una delicia, sin duda.

11.3.21

Un neoyorkino de Toledo


María José Muñoz García, coordinadora del suplemento cultural del diario ABC Artes & Letras de Castilla-La Mancha, explica en el epílogo de Adiós, Toledo cómo empezaron las colaboraciones de Hilario Barrero en sus páginas. Esos "recuadritos", como los denomina este toledano (1946) que vive desde 1978 en Nueva York, y más concretamente en el barrio de Brooklyn, se reúnen ahora en un libro que publica Newcastle Ediciones. 
Quienes hayan leído los poemas del autor de Libro de Familia o Educación nocturna o las prosas de sus diarios (Días de Brooklyn, Nueva York a diario y Prospect Park, entre otros) volverán a encontrarse con el hombre que, a pesar de los años transcurridos y de la distancia, sigue añorando la ciudad donde nació y de la que salió un buen día desesperado por su agobiante cerrazón. Por eso, esta recopilación de relatos y apuntes podría haberse titulado Hola, Toledo. El del Corpus (rememora su honrosa condición de pregonero de esa fiesta mayor), el del barrio de Santo Tomé donde pasó su infancia, el de los árboles (talados o no) de Zocodover, el de El Greco, el de la madre... Y siempre en diálogo con la ciudad en la que reside desde hace tantos años con el amor de su vida, siempre discretamente a su lado. No hay día en que algo que sucede allí no sea motivo para la comparación con algo de lo ocurrido aquí. Cualquier detalle le permite evocar un recuerdo ("El recuerdo es como un enemigo que está siempre en guardia"), que se active la memoria y regrese lo que, en realidad, nunca se ha perdido. "Y es entonces cuando sabes que no te has ido nunca del lugar en que naciste". Lejos de la Ciudad Imperial, pero tan cerca. 
En el libro se mezclan con naturalidad la arquitectura neoyorkina de Gustavino y el Domingo de Ramos, la Zona Cero con Marañón y Urabayen, los toldos toledanos y Lorca en Columbia... 
Y aparece el sufrido profesor universitario ya jubilado, el paciente del oftalmólogo y el que se duele de la espalda, el paseante de bruklin y Prospect Park, el amigo de Muñoz Millanes y de la ópera, el amante de la poesía (la propia, la leída, la memorizada -como la de Gabriel y Galán- y la traducida), el veraneante gijonés...
Desde las altas ventanas del poema de Larkin, Barrero observa la ciudad. A veces ve la que tiene delante de sus ojos y otra la que vive en su memoria. La nieve, la niebla o el pegajoso calor del verano van y vienen, como sus vivencias. Lo dice en el quinto artículo de esta recopilación: "Toledo, pasión de mi vida, estás siempre ardiendo dentro de mi corazón". 
"Al final hemos decidido descansar en Toledo", leemos en "Y que venga la noche". "Ya tenemos el texto preparado: «HB/JN. Sí, somos polvo, pero enamorado». 
No puedo dejar atrás algo muy importante: el lenguaje. No es sólo lo que cuenta Barrero, sino cómo lo hace, con qué palabras y en qué tono. Porque por encima de la autobiografía brilla la literatura, verdadera razón de ser de "nuestro poeta en Nueva York". 

13.7.14

Barrero en tinta china

Hilario Barrero, neoyorkino de Toledo (1946), publica Tinta china. Noventa y nueve haikus en Cuadernos de Salima, de Cylea Editores. El libro, cuidado con esmero, lleva dibujos del autor y un capítulo de dedicatorias que da fe de la generosidad de Barrero y de su don para la amistad. Uno, agraciado con una de ellas, no puede sin embargo dejar de decir que estamos ante una serie de poemas que se justifican por lo que son y no meros productos, como suele ocurrir, de esa moda orientalizante tan aprovechada en los talleres literarios. 
"Poética", se titula el primero: 

Que el verso sea
como una doble llave
abriendo heridas.

Las calles de Nueva York y los recuerdos de Toledo, la literatura y la pintura, el amor y los viajes son algunos de los recurrentes temas que frecuentan estos delicados versos dignos de una sensibilidad abierta y cosmopolita. 

17.2.23

Reseñables

POESÍA
Se ha vuelto insegura la columna de libros reseñables que he venido leyendo en las últimas semanas. El triunfo de la vida, por ejemplo, de Percy Bysshe Shelley (Pre- Textos), traducido por Luis Castellví Laukamp y con una introducción ejemplar de Prue Shaw. Una maravilla que gracias al mencionado prólogo y a la brillante versión pierde parte de esa presunta oscuridad que le atribuyen. 
Mucho me ha sorprendido también Del dominio, de Guillevic (Editorial Cántico), traducido por Rafael Antúnez y Juan Antonio Bernier. Una muestra de la gran poesía francesa del XX. Naturaleza en estado puro. Pura metafísica. Palabra esencial. Lo infinito en un verso. Chapeau!
En la misma colección ve la luz Cuaderno de cuatro años, de Eugenio Montale, el último gran libro, publicado en el 77, del poeta italiano, Nobel dos años antes. La traducción ha estado a cargo de Fruela Fernández y Andrés Navarro y está lleno de poemas memorables con versos que atraviesan como aforismos y que nos hieren a causa de la lúcida ironía que contienen. Por ejemplo, "Hemos dado / lo mejor de nosotros mismos para empeorar el mundo". O "La moral dispone de pocas palabras". Y "No existen vidas breves o largas / sólo vidas ciertas o muertas o afines". "Por desgracia, sólo he tenido la palabra", concluye. He echado en falta un prólogo de cierta enjundia y no una mera nota biográfica. O algunas notas. Montale no es un poeta ni simple ni sencillo. 
Por seguir con las traducciones, qué memorable despedida la de nuestro añorado Paco Uriz con Llueve en la taza, sus versiones de un puñado de poemas de Henrik Nordbrandt que edita Nórdica con ilustraciones de Kike de la Rubia y un espléndido prólogo de Juan Marqués a la altura de lo que viene después. 
De Nadie nos cuida en el sueño (Pre-Textos), de Cristóbal Domínguez Durán, habló con la solvencia que le caracteriza Jordi Doce en La Lectura. A esa reseña remito al lector curioso. No podría uno decirlo mejor. Un segundo libro que, de cara al futuro, nos apremia a prestar la atención que merecen los versos de este vejeriego.
También en el sello valenciano (y también con premio) se publica Químicamente puro, de Andrés García Cerdán, que fue premio Brines, uno de los mejores libros de poesía que uno ha leído últimamente. Lo abro ahora de nuevo y veo sus páginas llenas de signos y subrayados con lápiz, los que utilizo para destacar lo que me sale al encuentro; señal de que todo (o casi) me pareció aprovechable. 
Otro libro también premiado por jurados competentes, como los dos anteriores, y escrito por otro poeta joven es Historia del tacto, del marbellí Sergio Navarro. Se publica en la Colección Literaria de la Universidad Popular de San Sebastián de los Reyes, lo que no será obstáculo para que el lector curioso lo encuentre. Es su tercer libro y los anteriores están en Pre-Textos y Adonais/Rialp, respectivamente. Con este reafirma su condición de poeta excelente. El extenso poema "El milagro de la caridad de Luis Cernuda" (que tiene mucho que ver con el poeta sevillano, claro, pero también con la estadía de Navarro en Cambridge) justifica el calificativo que acabo de emplear. Otro tanto cabe decir de la sección "Siete casas bajo el mar", donde inserta en sus propio poemas otros de distintos poetas estadounidenses traducidos a un castellano medieval semejante al que utilizó Jorge Manrique en sus famosas Coplas. Sorprendente. Como el resto del volumen. Este hombre sabe lo que hace.
En otra colección de Pre-Textos, La Cruz del Sur, La casa del secreto, del cubano Ernesto Hernández Busto, barcelonés desde el 99. Gira en torno al soneto. Escritos por él y por otros (es un excelente traductor). Para colmo de bienes, incluye una coda sobre esa perfecta composición poética y unas notas filológicas y eruditas que abundan en su importancia. Toda una lección sonetística
Qué agradable sorpresa la de descubrir la poesía del argentino, residente en España, Walter Cassara. He leído Ladera umbría  (HDJ/Huesos de Jibia) y me ha parecido un libro potente, muy personal, escrito con un lenguaje también poderoso que, sin embargo, aborda asuntos cotidianos, de la vida ordinaria que lleva alguien que vive en un pequeño pueblo serrano, "en estas recónditas estribaciones del Guadarrama". La naturaleza montañosa ("la herida del paisaje") y lo rural ("Hombre con carretilla", "La cabra"), sí, pero tamizado por lecturas de poetas y artistas universales (De la Tour, Benjamin, Celan, Hokusai, Zurbarán, Beuys...). "No pintamos la vida, sino su extrañeza", escribe. Este hombre "mira en el silencio del ver", como el Starosta de Spinetta. 
De "un asombro discreto" y de "los quehaceres umbríos" habla Carlos Battilana en su epílogo. Sostiene que, mediante esos poemas en prosa, Cassara "se atreve a explorar esa densidad" que mezcla los "hechos cotidianos"  y el citado "asombro". "Con la misma sencillez, el mismo arte, me he entregado a la inocencia", podría resumir esta poética de la verdad.
A destiempo he leído Soñar con bicicletas, de Ángeles Mora (Tusquets). Me quedo con los poemas de las dos primeras partes, "Mi vida secreta" y "La luz del poema", por más que todo el libro esté lleno de poemas logrados. Ah, los recuerdos. 
De una pieza me ha dejado Gente que bebe, de Alberto Tesán (Milenio). Poemas en prosa, la mayoría, que Jesús Aguado califica en El Ciervo como "poemas desolados y lúcidos que se beben al lector sin misericordia". Con "Mis amigos poetas" basta. "Qué difícil no temblar", asevera Aguado. Pasen y lean. Luego...
Tampoco tiene desperdicio Los poetas feroces cuentan lobos para dormir, de Pedro Flores (Cálamo). Aunque lo parece, no es un poeta joven. Quiero decir que el desparpajo, la frescura y la ferocidad que encierran sus versos no cuadran con lo habitual en un poeta en mitad de la cincuentena. O sí, ya se ve. Juego literario de alto nivel. Para muestra, "Viejo poeta provinciano". El libro, desde luego, le ha salido redondo. Y el jurado que lo premio lo sabe. 
Justo Jorge Padrón, un poeta que llegó a sonar para el Nobel (?), falleció (a los 78 años, en 2021) sin culminar su magna obra poética: Hespérida. Canto Universal de las Islas Canarias. Sale ahora la cuarta y póstuma entrega (con prólogo de Maximiano Trapero), que lleva por subtítulo Soliloquio de Carlos V en Yuste. Recorre la vida del emperador desde su nacimiento en Gante hasta su muerte en ese precioso rincón de La Vera de Plasencia. Los dos últimos cantos hablan precisamente de Yuste: "Retiro en Yuste" y "Muerte del emperador". Su apuesta por la poesía histórica, poco habitual en nuestros día, me ha parecido tan curiosa como acertada. Será, me digo, porque siempre he sentido un amor especial por ese lugar y un aprecio por el hombre -el más poderoso del mundo entonces- que abdicó para retirarse a estas recónditas soledades nuestras.
Termino la sección lírica con las tres nuevas entregas de la exquisita colección El Leopardo de las Nieves: Mysterium lunæ, del irlandés Colm Tóibín (traducido por Enrique Juncosa, editor de la colección junto a Andrés Mengs); Una vuelta por el lado salvaje, del argentino Samuel Bossini; y Gare du Nord, del colombiano Fernando Herrera. Tres piezas poéticas de calado.

PROSA
Como si fuera a ser el último (Libros del Aire) titula Hilario Barrero el nuevo tomo de sus diarios, de la serie "Diarios de Brooklyn", que es donde vive. Corresponde al año 2016. En el prólogo a Elogio de la cordura, la última entrega de los impertinentes, pandémicos y amenos (salvo cuando habla en contra de las vacunas y de Juan Carlos I, más de medio libro) de José Luis García Martín (amigo de Barrero y personaje de sus páginas), Abelardo Linares sostiene, y con razón, que lo de la "escasez de escritos autobiográficos en la literatura española hace tiempo que ha dejado de ser cierto, si es que alguna vez lo fue". Quienes hemos frecuentado los de Barrero volvemos a encontrarnos con lugares, escritores, costumbres, aficiones y personas que nos resultan familiares. Con un pie siempre en su Toledo natal (y en la memoria), Barrero logra, con una prosa muy elaborada que no carece, a pesar de eso, de naturalidad, hacernos partícipes de su vida. De ahí que la vivamos como propia. 
¿Sus temas? El irremediable y enojoso avance de la edad, los problemas de salud, los paseos por el parque, las largas noches y los amaneceres, las pérdidas de conocidos y amigos, las visitas a las longevas vecinas y los viajeros de paso... Y, sobre todo, el amor, destinado a vencer a la mismísima muerte. 
He disfrutado con Baroja & yo. Un poco de compañía, de Andrés Trapiello. Elaborado a partir de unas cartas manuscritas inéditas de Juan Terrasa, nos permite conocer de primera mano (pocos más barojianos que el poeta de Manzaneda de Torío) anécdotas y categorías acerca de la vida y la obra de uno de nuestros clásicos. Y todo con el reconocible tono incisivo del autor de Las armas y las letras
Otro muy distinto tiene Nebrija y Extremadura, de Dionisio Á. Martín Nieto, que publica la benemérita Editora Regional de Extremadura en la prestigiosa colección Estudio con motivo del quinto centenario de su muerte y que incluye una separata de Raulowsky con llamativas ilustraciones alusivas a la obra del de Lebrija. La biografía (y más, por lo que tiene de puesta al día) da cuenta del paso del gramático por esta tierra: Villanueva de la Serena, Zalamea, Alcántara, Brozas... En Plasencia vivió, tras casarse con una paisana, uno de sus hijos: Francisco.

18.6.20

Algunas lecturas recientes


Uno va leyendo, aunque ya no en un encierro, y disfrutando de libros y autores cuyos títulos y nombres acaso merezcan ser comentados aquí, aunque sea por breve y con la debida discreción. Ya que lo menciono, el poeta y crítico José Manuel Benítez Ariza ha empezado a publicar en su muro de Facebook reseñas de cincuenta palabras. Un don de síntesis llevado al extremo, sin duda. 

Estaba con Visita de año nuevo, de Antonio Moreno (Newcastle Ediciones) cuando murió mi prima Ana y tuve que abandonar la lectura. Porque ese libro, intenso y emocionante, escrito en mes y medio, trata de la muerte de la madre del poeta. También de su vida, conviene aclarar, sobre todo en los últimos años. Porque, además de una despedida, es una paseada conversación con ella (junto al mar), "trato de usar expresiones sencillas, palabras comunes. Las propias de un lenguaje claro", explica Moreno, que ya escribió sobre su vida y la de su familia en, por citar los más recientes, No lejos, El sueño de los vencejos (ambos en la misma editorial murciana) y Estar no estando (Un viaje extremeño), que publicó Pre-Textos. Se trata, sí, de "conjurar la melancolía con palabras". "Una madre muerta es un hijo muerto", anota. Y concluye: "Frente al amor que tú me diste, lo demás es literatura". 

El escandinavo, prolífico e incansable Paco Uriz, loado sea, publica en la zaragozana Erial Ediciones Hiperbóreas. Antología de poetisas nórdicas. En el prólogo escribe: "Ahora presento en castellano a estas cuarenta y tantas poetisas nórdicas con obras, más o menos agrupadas en secciones, que tocan el entorno físico, social y político del norte de Europa, el compromiso, el amor y el desamor y la muerte. 
Son voces que vienen de una zona geográfica donde la mujer parece que ha conseguido mayor nivel de emancipación, empoderamiento e influencia de todos los países del mundo. En varios de estos países ha habido, en los últimos años, mujeres como primeras ministras o jefas de la oposición. Pero a pesar de los avances indiscutibles siguen pensando que les queda mucho por hacer". 
Hay voces variadas y asuntos diversos, todos los que a una mujer de este tiempo le ocupan o preocupan. 
Copio, uno entre tantos, el poema "Con nadie", de la danesa Tove Ditlevsen (1917-1976):

Con nadie se pueden 
compartir 
los pensamientos 
más íntimos. 
Para lo más importante 
en el mundo 
se está 
solo. 

Eso es una 
carga eterna 
es un gozo sereno 
que ahí nadie 
pueda llegar a ti 
ni nadie quedar encerrado.

La valenciana Pre-Textos, que no deja de dar en el clavo, publica dos libros de poesía dignos de elogio. Uno, Hágase mi voluntad, del italiano afincado en Málaga Ángelo Néstore (Lecce, 1986), performer y profesor en el Departamento de Traducción e Interpretación de la Universidad de Málaga. Fue premio "Emilio Prados". La transgresión es aquí norma. Un quebranto, digamos, que empieza por el lenguaje (esto es poesía) y sigue por todo lo demás, si es que fondo y forma, eterno dilema, son entes escindibles. Aquí no lo parece, por ejemplo, cuando trata del tema de la violencia en manada ("Lo bárbaro" se titula la primera parte) o la obediencia. "Marica", "Cíborg" o "Poema contra mí mismo" son elocuentes: "He decidido tirar piedras contra mi herencia / porque yo soy el enemigo / y escribo mi dolor para aceptarlo". 
En la segunda parte, "Lo inhabitable", ahonda aún más en su mundo, la voz es descaradamente autobiográfica, y ofrece poemas tan logrados como "Tú es un altro" (donde intercala versos en castellano e italiano, su lengua materna) o "De por qué me pongo tus camisas usadas", que cierra un volumen que no ha de dejar indiferente al lector. 

El otro, La vida en ámbar, de Julián Montesinos (Alicante, 1963), de tono bien distinto, sigue una línea clásica muy marcada en la poesía escrita por poetas levantinos como el recién aludido Antonio Moreno (hay un epígrafe suyo en la obra), Antonio Cabrera o Vicente Gallego (al que también se cita). La naturaleza aporta serenidad a esta mirada bondadosa y limpia que aterriza en lo cotidiano. Allí, el padre y su caja de herramientas, los afectos, las ausencias, la luz de la tiza, la soledad... Lo de siempre que, por serlo, siempre es nuevo. 

Hilario Barrero, toledano de Brooklyn, ha invitado a treinta amigos (o así) del poeta, profesor y crítico José Luis García Martín a que hablen de él o elijan algún poema suyo y lo comenten. Para celebrar el setenta cumpleaños de Martín (ayer, 17 de junio, fecha del colofón del libro), como le llaman casi todos, que coincide, además, con su jubilación laboral forzosa. El título, cuidadosamente editado por Impronta bajo el sello Cuadernos de Humo, surge de una cita de Nietzsche: Alrededores de José Luis García Martín. En el prólogo, Barrero, cronista de pro, escribe sobre algunas visitas del avilesino de Aldeanueva a la ciudad de Nueva York, tan suya como Nápoles o Sofía, donde tiene su sede la colección que dirige HB. La nómina de colaboradores es variada: Ricardo Álamo, Carlos Alcorta, Javier Almuzara, Xuan Bello, Susana Benet, Juan Bonilla, Ángeles Carbajal, José Cereijo, José Ángel Cilleruelo, Luis Alberto de Cuenca, Avelino Fierro, Vicente Gallego, Enrique García-Máiquez, Fernando Iwasaki, Juan Lamillar, Victoria León, Abelardo Linares, Cristian David López, Martín López-Vega, José Luna Borge, Antonio Manilla, Rosa Navarro Durán, Manuel Neila, Lorenzo Oliván, José Luis Piquero, Daniel Rodríguez Rodero, Marcos Tramón, Andrés Trapiello y Ana Vega. También uno aporta (con perdón) su visión del controvertido, por singular, personaje; tan esquivo casi siempre. Por cierto, el único extremeño del elenco. 
Por su extensión y, en consecuencia, por la calidad de sus detalles, sobresale el texto de Trapiello, que conoce bien al autor de "Lo imposible". Como otros, no se limita a comentar uno (o varios) de sus poemas, sino que cuenta anécdotas de Martín y las relaciona, cómo no, con su propia vida. 
Destacable me parece también lo dicho por otro de sus grandes amigos (aunque nadie sea capaz de definir lo que, tratándose de este hombre, eso signifique): Abelardo Linares. 
En fin, no es cuestión de ir uno por uno, aunque, y eso es lo que importa, la idea de Barrero haya cuajado en una obra tan particular como la persona que la inspiró, para bien o para mal, pues la cosa va por barrios; un nombre imprescindible (si es que a larga alguno lo es) de la poesía española contemporánea, tanto en su vertiente crítica como en la creativa, lo que demuestra de sobra la amplia antología de poemas martinianos que el libro incluye, razón de más para leerlo. 

Precioso es, por fuera y por dentro, este nuevo libro del aragonés residente en Madrid Ángel Guinda (Zaragoza, 1948) publicado por la veterana Olifante, que dirige Trinidad Ruiz Marcellán. Hay en Los deslumbramientos seguido de Recapitulaciones una curiosa mezcla de sabiduría (muchos versos pasarían por aforismos: "La memoria es una llave maestra") y desenfado, de gravedad e ironía. Lo prosaico y lo lírico. Lo meditado y lo que sólo surge de la inspiración. Muy bien dosificada, cabe añadir. "¡No leas humo!", dice en el primer poema. Esta poesía, a buen seguro, no lo es. Y añade: "¡Aunque sea sobre agua escribe fuego!", que no deja de ser una excelente poética. "La sencillez" se titula otro poema, digamos, programático. Porque "Tenemos esta vida en alquiler". La visión de la vida desde las postrimerías (que deseo largas) quita muchas telarañas a los versos de casi cualquier poeta. Espmark diría: el estilo tardío. Por medio, el amor, los viajes, la casa, el exilio, la familia, los viejos... Hay muchos signos de admiración en este libro ("¡Qué sagrada la luz que nos apaga!") donde predomina lo hímnico. 
Los deslumbramientos (el verdadero poeta no abandona nunca la perplejidad) termina con un poema que a uno se le antoja machadiano: "Muy dentro". 
En las recapitulaciones, que tienden a lo versicular, se pregunta, piensa, rememora, se tapa los ojos, vuelve, recapacita, evoca, mira, ve... "Cultiva la serenidad. Vive austero", recomienda. Antes dijo: "Envejecer es un catálogo de averías, un repertorio de reparaciones". O: "Somos parte de la destrucción, / ruina nosotros mismos". Para concluir: "Fui amanecer. Soy ocaso". 

Nota: La ilustración corresponde al cuadro "Andreas Reading", de Edvard Munch.

23.8.20

Desde Brooklyn con amor

El número 31 de Cuadernos de humo, que es a su vez la décima entrega de Donde está el fuego, editado en Nueva York (en Brooklyn, para ser exactos) por Hilario Barrero (que lo fecha el 7 de agosto, un día antes de mi último cumpleaños), reúne, en "La mañana de sábado", siete excelentes poemas ingleses "de amor y muerte" en traducción del propio Barrero. De los poetas George Herbert, Andrew Marvell, Raymond Carver, Philip Larkin, Seamus Heaney, Hugo Williams y Louise Glück. El resto son versos de poetas de estupendos poetas españoles, entre los que señalo a Carlos Medrano, que, como suelo repetir, no se prodiga. Subrayo también que se ilustra con cinco acuarelas de la haikista Susana Benet y que Vicente García reseña con concisión Tus pasos en la niebla, de Pablo Núñez. 
Con el tácito permiso del neoyorkino de Toledo, copio el breve poema de mi admirada Glück, aunque también me han encantado, por ejemplo, los de Carver ("Su mujer. Durante cuarenta años la pintó. / Una y otra vez. El desnudo en su último cuadro / igual al desnudo joven del primero. Su mujer") o Larkin ("Las relaciones sexuales comenzaron / en mil novecientos sesenta y tres / (lo que fue más bien tarde para mí) / entre el fin de la prohibición de Chatterley / y el primer elepé de los Beatles").

PRIMER RECUERDO 

Hace tiempo fui herida. Viví 
para vengarme yo misma 
de mi padre, no 
por lo que él era 
sino por lo que yo fui: desde el principio del tiempo, 
en la infancia, creí 
que el dolor quería decir 
que yo no era amada. 
Quería decir que yo amaba. 

FIRST MEMORY.- Long ago, I was wounded. I lived / to revenge myself / against my father, not / for what he was— / for what I was: from the beginning of time, / in childhood, I thought / that pain meant / I was not loved. / It meant I loved.

6.6.07

Jane Kenyon

Como cualquier lector, sé que cada poema o, por extensión, cada libro tiene su momento. No recuerdo haber leído en la revista Clarín los poemas de Jane Kenyon (1947-1995) que se publicaron, traducidos por Hilario Barrero, en un número de 2000. Mal año aquél, diré en mi descargo. Esta tarde, sin embargo, me sobrecoge su descubrimiento en De otra manera, la antología de la poeta norteamericana que edita Pre-Textos (¡qué olfato, Manuel!). "Para mí la poesía es siempre un lugar seguro, un refugio y lo ha sido desde que la estudié en la escuela primaria", dijo ella una vez. No otra cosa es ahora para mí. Parece mentira, como sugiere Barrero en su interesantísimo prólogo, que del sufrimiento vital de esa mujer haya surgido una poesía tan lenitiva. Uno se alegra, en fin, de haber encontrado aquí cobijo. Diría, con ella: "Tú siempre has pertenecido a este lugar". Sin duda.

1.9.15

Revistero (1)

Lo dice alto y claro Maícas, director de Turia en la nueva entrega de sus diarios: "Continuaremos siendo promotoras de pensamiento crítico, analizaremos y debatiremos con rigor sobre lo que está pasando, fomentaremos la creatividad, almacenaremos y recuperaremos la memoria colectiva, continuaremos postulándonos como lugares donde integrar la riqueza y diversidad de nuestros creadores y estudiosos... Y, sobre todo, seremos espacios de libertad y mestizaje cultural, ideológico y estético". Se refiere a las "invisibles" revistas culturales, ninguneadas por los grandes medios y los poderosos nombres, esos que, presuntamente, crean opinión. Esta vez no ha podido callarse y denuncia una sangrante situación que no deja de ser síntoma de la degradación cultural, en el sentido más serio y profundo, de este país. Para combatir esa indignidad existe Turia. Y Clarín y Cuadernos Hispanoamericanos y tantas otras que, por fortuna, resisten. Por eso hablamos de ellas cada poco en este rincón. ¡Qué menos!
Así, abre uno la primera y se encuentra a Gustavo Martín Garzo hablando de los personajes de Delibes y de la importancia del paisaje, "que siempre es naturaleza que se ofrece", en la obra del genial escritor castellano. Luego, el crítico Manuel Rico (recién vapuleado por Chus Visor en la famosa entrevista de Nuria Azancot, que ha vuelto, para El Cultural) defiende y elogia la poesía de Félix Grande. Más adelante, hay acercamientos a las obras de Javier Marías, el descolgado Jean Toomer y del joven poeta Abraham Gragera, que se abre paso a pesar de las tortuosas palabras de Rafael Morales. Poco propenso a las narrativas, cortas y largas, deja uno para mejor ocasión la sección  de "Taller", a buen seguro interesante, y se adentra en la de "Poesía" donde encuentro un puñado de poemas extraordinarios que firman, entre otros, de los conocidos (por mí), Clara Janés, Luis Antonio de Villena (que alude al último retrato de Machado), Amalia Bautista (una poeta imprescindible), Antonio Lucas (más concreto y emotivo que nunca en "Hospital"), Jordi Doce (que la clava con "Incógnita", uno de los mejores poemas que le he leído), Marta Agudo, Ángel Petisme, Manuel Neila, Pilar Adón...
Me salto también el dossier sobre Böll, porque apenas si conozco algo suyo, y leo del tirón, y con entusiasmo, la entrevista que hace a Andrés Rábago, El Roto (que ilustra el número), Paloma Torres. Ahí se ve qué esconden las viñetas de este humorista y pensador, el mejor editorialista de la prensa española, día sí y día también. 
Recuerda el citado Maícas al poeta y traductor Ángel Crespo, veinte años después de su muerte, el dossier que le dedicara su revista en 2009, ahora que han vuelto a reunirse en Calaceite un grupo de amigos y estudiosos de su obra; jornadas que conozco gracias al testimonio directo del citado Jordi Doce, que estuvo allí, responsable (lo adelanto) de una antología de poemas de Crespo para la colección que ambos dirigimos en la Fundación Ortega-Muñoz
Para terminar, aragonesismos y teruelanos mediante, repaso las reseñas de los libros de poesía, no pocos comentados ya aquí. Dos van firmadas por uno: la dedicada a la antología de poesía argentina que publicó Vaso Roto y sobre La gratitud, de Fermín Herrero. 

De Clarín uno no se ha perdido el artículo de poética narrativa que abre esta entrega, de Juan Bonilla ("Pedro y el lobo"); ni el de Luis María Marina dedicado a la revista portuguesa Orpheu (sus dos números cumplen 100 años); ni el de Fuster sobre el País Vasco de Baroja; ni el de Benítez Ariza sobre Juan Ramón (a través de varios libros recientes que le mantienen bien vivo: el Epistolario (Residencia de Estudiantes), las Entrevistas (Fundación Lara), el Diario 3 de Zenobia Cambrubí (Alianza/Universidad de Puerto Rico) y Vida: Días de mi vida, la autobiografía que ha empezado a publicar Pre-Textos; ni el de Rodrigo Olay sobre Campoamor y Bécquer. 
Antonio Ansón traza un interesante retrato del "poeta y fotógrafo" Gérard Macé y Ana Vega otro sobre el pintor y poeta (esto es de mi cosecha) Miguel Galano. 
Lo que más me ha gustado del 117 de Clarín han sido los poemas del estadounidense Donald Hall, "un clásico americano", que presenta y traduce Hilario Barrero. Pasó hace tiempo por aquí, por culpa de su mujer, la excelente poeta Jane Kenyon. Hay, es verdad, un par de libros suyos publicados en Valparaíso: Eagle Pond (que ya he leído) y La cama pintada, y otro en Vitrubio, que tampoco conozco, pero los versos que ofrece Barrero son de una calidad extraordinaria y en castellano o español suenan perfectos. Una pena, según me cuentan, que la prevista antología del de New Hampshire a la que pertenecen quede aparcada de momento por problemas de derechos de autor. 
Otro tanto cabe decir de los impresionantes diarios del excelente poeta argentino Pablo Anadón: Hay que intentar vivir. Divagaciones de convalecencia (Abril-junio 2014)
Cuenta José Luis García Martín, director de la revista, que en la última convocatoria de los Premios Princesa de Asturias defendió la candidatura de Juan Mayorga, al que Saúl Fernández entrevista. Por su parte, Cristóbal Ruitiña y Alfonso López Alfonso hace lo propio con María Luz Melcón (Pola de Lena, 1943), una novelista rara y guadianesca que sólo ha publicado tres novelas, a pesar de que con la primera ganó, con menos de treinta años, el Premio Barral. 
Para terminar, Mario Martín Gijón publica su "Breve diario de Taipéi" (Taiwan), en "Paliques" se reúnen numerosas reseñas y en "Las cartas boca arriba", "Crónicas de La Edad de Oro", de Carlos Moreno Guerrero, y "Dragó es Roldán o la confrontación con la muerte como alimento literario", de Javier Redondo Jordán, que, por supuesto, no he leído. 

Cuadernos Hispanoamericanos llega a su número 780 y se abre con un justo y necesario dossier dedicado al poeta venezolano Rafael Cadenas (con entrevista de Antonio López Ortega). Le sigue otra entrevista, de Carmen de Eusebio al canario Andrés Sánchez Robayna. Eduardo Mitre recupera a dos poetas cubanos: mi admirado Eliseo Diego y Fina García Marruz. Julio César Galán explica la concepción de la crítica literaria de Cernuda (suponemos que fue su ponencia en el pasado encuentro sobre el poeta sevillano que tuvo lugar en Cáceres). Luisa Shu-Ying Chang analiza las precoces traducciones del poeta y diplomático colombiano Guillermo Valencia ((1873-1943) de poetas chinos, a la luz de "Las Bellas Infieles", esto es, trasladando la obra de Li Po o de Tu Fu a las maneras del verso modernista. Por fin, Fuster, Juristo, Moga y otros críticos se ocupan de las pormenorizadas reseñas que cierran el volumen.
En el número doble siguiente, 781-782, se incluyen dos dossieres. Uno dedicado a las mujeres españolas en ultramar y otro a el Hispanismo. En este segundo he leído con mucho interés los artículos de Anna Caballé, José M. del Pino y Laura Freixas, que no puede por menos que titular el suyo, a tenor de lo bien que la tratan en las universidades norteamericanas, "Gracias, gracias, gracias". De lo leído, que no es todo (me gusta mencionarlo), destaco el magnífico ensayo de Guillermo Carnero sobre la poesía (y más) de María Victoria Atencia, que él, se puede decir, nos descubrió; y el de Eduardo Moga sobre la traducción de Whitman, que ha publicado en Galaxia/Círculo de Lectores, con la inserción de un caso práctico (un fragmento del poema 33 de Canto a mí mismo) donde se demuestra a qué dificultades hubo de enfrentarse. Él y cuantos lo intentaron antes, pues, como declara, toda traducción es a la postre "colectiva".
Carmen de Eusebio entrevista a Manuel Longares y el boliviano Eduardo Mitre nos presenta tres hermosos poemas.
No está de más que mencione, como ejemplo de ese tipo de ejercicios filológicos de altos vuelos que suelen ofrecernos los especialistas en tal o cual autor, "La perdiz de Federico García Lorca", que firma el profesor y poeta José Antonio Llera.