13.11.12

Una visita













“Tanto espacio para un solo miedo”, anotó Elias Canetti tras visitar a Thomas Bernhard en su granja, Vierkanthof, situada en una aldea de la Alta Austria. En esa anotación, nos cuenta Ignacio  Echevarría en El Cultural, "registra con detalle el gusto casi patológico por el vacío que reflejaba el escaso y austero mobiliario de la granja, con la mayor parte de sus habitaciones sin ocupar".
  
(Nota: la fotografía está tomada de esta página)

12.11.12

Tres libros de Antonio Sáez

El más portugués de los poetas extremeños, Antonio Sáez Delgado (Cáceres, 1970), profesor en la Universidad de Évora y director de la revista Suroeste, publica dos libros. Uno, Fernando Pessoa e Espanha (Editora Licorne), escrito en la lengua del país vecino, ha sido analizado por José Luis García Martín en Crisis de papel y sería una impertinencia por mi parte intentar mejorar su comentario, siendo él un lusista de pro. O el de Miguel Ángel Lama, incluido en el blog de la editorial portuguesa. 
En Renacimiento, por otra parte, aparece Nuevos espíritus contemporáneos. Diálogos literarios luso-españoles. Entre el Modernismo y la Vanguardia. Como explica Sáez en la nota prologal, es "heredero directo de otros libros anteriores" y cita Órficos y Ultraístas. Portugal y España en el diálogo de las primeras vanguardias literarias, Adriano del Valle y Fernando Pessoa (apuntes de una amistad), Corredores de fondo y el anteriormente citado. "En todos ellos -señala- de una u otra forma, he intentado reconstruir el mapa de las relaciones literarias entre los dos países en el tiempo comprendido entre 1890, con la llegada del Simbolismo a Portugal, y 1936, año en que estalla la guera civil española". Entre los ocho ensayos, "Enrique Díez-Canedo y la literatura portuguesa", "César González-Ruano, un español en Portugal" o "La recepción de Fernando Pessoa en España (casi 90 años de traducciones)".
Por si fuera poco, De la Luna Libros anuncia para su colección Luna de Poniente un nuevo libro de poesía: Yo menos yo. Saldrá antes de fin de año. 
Desde este rincón rayano, nos congratulamos de la feliz casualidad de que aparezcan, casi a la vez, tres nuevos libros de Antonio Sáez. Así se afronta la Crisis.

11.11.12

El Aula














Vuelve el Aula de Literatura "José Antonio Gabriel y Galán". Este año con novedades, además de tres nuevos autores (y no dos, como el curso pasado): José Luis García Martín, Antonio Orejudo y Javier Krahe, se suma un instituto más (el IES "Sierra de Santa Bárbara") y las lecturas se celebrarán en la Sala Verdugo. Allí comenzó todo y me alegro mucho de que el Aula regrese a su lugar de origen, a su sitio natural, menos aparatoso y más cálido, aunque le pille a uno un poco más lejos de casa. 
Recuerdo bien, ya lo he contado otras veces, la noche que Gonzalo y yo improvisamos el traslado a Santa Ana, con Gamoneda en volandas. No está de más, por otra parte, agradecer a la Caja (de entonces) y a Santiago Antón, el responsable de la Obra Social (ya extinta), que nos cediera ese hermoso auditorio y que haya patrocinado la idea todos estos años. Y su labor a Puerto Martín, claro. Que conste. 

10.11.12

Marino Barbero

En el verano de 2001 publiqué en El Periódico Extremadura, tal cual aparece aquí debajo, un artículo con motivo de la muerte del juez placentino Marino Barbero. Hoy, el Ayuntamiento de su ciudad natal celebra un acto institucional para inaugurar una placa conmemorativa que se ha colocado en la casa donde nació. Con estas viejas y sentidas palabras me sumo a ese homenaje. 

MARINO BARBERO

En el imaginario de mi infancia, esa mezcla de recuerdos y olvidos que aproximadamente rememoran la vida del niño que fui, aparecen veladas referencias a ciertos amigos de mi padre; gente como, por ejemplo, Marino Barbero, recientemente fallecido en Madrid. En realidad mi padre se refería a él con el cariñoso apelativo de Marinín y siempre salía a colación como dechado de virtudes y modelo a seguir: un hombre capaz de superar las mayores adversidades y lograr, gracias a la tenacidad y al esfuerzo, más allá de su previsible inteligencia innata, el prestigio profesional y el éxito social. Supongo que para él y sus amigos, Marinín simbolizaba esa vida mejor y más alta que las circunstancias se habían empeñado en negarles a ellos. Estamos hablando de la cruda postguerra y de la Plasencia de entonces. Puede que a este propósito escuchara uno por primera vez la palabra “beca” y tal vez el nombre de una hermosa ciudad italiana donde aquél estudió, me refiero a Bolonia. Fue pasando el tiempo y las noticias sobre Barbero se fueron distanciando, al menos hasta que apareció en el vocabulario familiar la palabra “socialista”, ajena hasta entonces de la tradición casera. Regresaba con ella la memoria alemana del amigo bolonio y su supuesta adhesión a esas ideas. Ciertas o no tanto, cuando de verdad sonó, en mi casa y en todas, el nombre del por aquel entonces juez Barbero, fue cuando se hizo cargo del famoso caso Filesa, de tan triste memoria para muchos. Lejos de mi intención entrar ahora en asunto tan vidrioso, aunque uno tenga su opinión sobre el tema y deteste, más que nada, la hipocresía de quienes no fueron pillados en falta pero hicieron aproximadamente lo mismo. Poco después de su abandono de la magistratura vino a Plasencia para celebrar no sé qué aniversario de la finalización de sus estudios de bachillerato y volvió a sonar su nombre en casa por aquello de que mi padre, compañero suyo de curso, pertenecía a la comisión organizadora. Como sonó cuando le eligieron académico de la Extremeña.
Su amor por Plasencia le llevó a lanzar, años atrás, una invectiva contra el ayuntamiento a cuenta de la degradación urbanística alcanzada por nuestra impar ciudad natal. Supongo que las críticas a su razonado toque de atención (inasumibles por los políticos de turno, da igual el partido) le disuadirían de volver a la carga, a pesar de que hayamos ido a peor.
La última vez que hablé con él (no sé si también la primera) fue desde el tanatorio donde se velaba a mi padre, su amigo Ramón. Fue cariñoso y agradecí no poco el detalle de llamar a un sitio tan siniestro. Con su delgado hilo de voz vinieron a mi memoria las palabras de Ramón acerca de su verdadera envergadura, la moral quiero decir.
Acaso Marino Barbero será uno de los pocos placentinos del siglo que merecerá del futuro un un poco de respeto. Por encima de una causa concreta, por muy llamativa que ésta fuera, quedarán sus libros de Derecho Penal, materia de la que fue un singular y consumado maestro, y quedará su ejemplo, al menos hasta que mueran sus alumnos y discípulos; no tanto las lecciones del brillante profesor que sin duda era, sino las otras, las más importantes, las aprendidas de su impecable comportamiento ético, del liberal que en rigor era, en tiempos aciagos, cuando no era tan fácil serlo como ahora. 

9.11.12

El desierto verde

Como otros escritores, pienso en Trapiello, Eduardo Moga (Barcelona, 1962) ha hecho de Extremadura una de sus patrias. En su caso, por causas familiares. Ángeles, su mujer (quien, por cierto, acaba de obtener una plaza como médico en un importante hospital de Londres, lo que supondrá el inminente traslado del domicilio familiar a la capital británica), es de Hoyos, un precioso pueblo de la cacereña Sierra de Gata, y allí, desde hace cuatro años, pasan el mes de julio. Tras finalizar las obras de su casa; nueva, aunque sea vieja. Uno tuvo la suerte de visitarla hace dos. Por eso, y porque en ella viven unos amigos muy queridos, mi lectura de El desierto verde (Editora Regional de Extremadura, 2012) ha sido muy particular. Honda. Íntima. Muy emocionante, en suma.
Con ellos conversé largo y tendido, recorrí las calles que se nombran en los poemas, fui hasta la fuente que se describe -a la entrada o a la salida, según- y otros sitios que aparecen en esas páginas. Por otro lado, conozco también las inmediaciones del pueblo; la piscina natural, por ejemplo, otro enclave principal de esos veranos serranos.
Parte de lo que acabo de contar se explica en el prólogo del autor. Él lo denomina así; para uno, ese es el primer poema del libro, no sólo por su lugar en el índice. Comienza con una afirmación elocuente: que el libro "constituye un homenaje al paisaje extremeño". Precisa que "pretende captar ese paisaje volátil e inmóvil; o, más bien, pretende captar el impacto de ese paisaje en mí". Y añade: "El paisaje no es, en realidad, sino otro pretexto para errar por mis paisajes interiores".
Los catorce poemas sin título (con excepciones: "Sendero de la Cuesta", "Fonte Santa", "Trevejo", "El Jevero", "Los Álamos, 9") que forman este libro -ya publicado a finales de 2011 en Ediciones El Gato Gris, en una tirada reducida para bibliófilos con ilustraciones de Santiago Serrano-, escrito en Hoyos y Sant Cugat del Vallès entre julio y agosto de 2010, son, a excepción del primero (que "celebra el fin de la afasia" poética, "tras años de resecamiento"), poemas en prosa. "El poema en prosa -me parece- se extravía menos en las sonoridades y las anfractuosidades retóricas del poema versal, y atiende con más permeabilidad a los accidentes de la sintaxis, esto es, del pensamiento".
Que nadie, dicho lo dicho, espere delicuescencias líricas, descripcionismo al uso, versos complacientes, delirios bucólicos y otras lindezas por el estilo. Moga es un poeta moderno, autor de numerosos libros de poesía (Ángel mortal, La luz oída (Premio Adonais), El barro en la mirada, Unánime fuego, El corazón, la nada, La montaña hendida, Las horas y los labios, Soliloquio para dos, Los haikús del tren, Cuerpo sin mí y Bajo la piel, los días), traductor (de Frank O'Hara, Charles Bukowski, Tess Gallagher, Ramon Llull, Arthur Rimbaud y William Faulkner, entre otros), crítico y lector promiscuo, editor en la desaparecida editorial DVD. Que nadie se equivoque. Por eso me alegra tanto que quien yo bien sé se diera cuenta de la importancia de incorporar a la colección de Poesía de la Editora esta entrega, inédita a (casi) todos los efectos. Es una voz que suma. Una voz importante.
En lo que respecta a este desierto verde (un tópico extremeño), Moga ofrece a los lectores un perfecto destilado de la máxima atención que presta a cuanto le rodea, de meditación existencial en medio de un paisaje muy concreto (que es uno y múltiple). Son fruto de un intenso estado de consciencia. Un hombre mira y piensa bajo la luz. Una luz "que es otra luz". "El mediodía es oscuro: induce a la ceguera".
Alguien que escribe: "No sé lo que emerge, salvo que esta ignorancia es la realidad". O "Sólo el dolor nos ampara". O "La transparencia es un lugar cenagoso; el vacío no puede atravesarse". O, por fin, "la intemperie es también una morada".
Y que dice lo que dice con una gran riqueza verbal, barroca a trechos; con un vocabulario preciso que se aleja de las palabras familiares o gastadas por el uso común, que sólo atiende a la busca del término exacto. Un lenguaje, por lo demás, de una plasticidad notable.
Por sus versículos, digamos, transitan los caballos (que suenan en pasado), hablan las piedras ("La piedra se mueve; yo permanezco"), canta un gallo ("-cabrón-"), discurre un río (el Jálama)... El poeta, que reflexiona sobre la propia escritura (en "Fonte Santa", pongo por caso), hace suya la memoria de Ángeles ("Yo he hecho mío ese recuerdo") y siente nostalgia de lo que no vivió. Comprendo bien esa sensación, que uno hace suya.
Imagino a Eduardo Moga leyendo en voz alta estos poemas. Como él sabe hacerlo (ya le oímos en Morille). Con su particular tono de voz, que tanto ayuda a ello. En Badajoz, en el Aula Díez-Canedo que va a visitar próximamente. Uno, puede recrear además, ya se dijo, los paisajes exteriores e interiores de su desierto verde. Puede observarlo, a debida distancia, tendido en su cuarto, leyendo o escribiendo en su desván "blanco" o bañándose en el río. En ese lugar donde en uno de los poemas se ve a sí mismo desnudo; donde se zambulle, desde el cuerpo, en una dolorosa meditación sobre el fin y la muerte. "Me alejo, hoy, nunca, nada".

8.11.12

Carvajal gana el Nacional

Sin querer, con su renuncia al Premio Nacional de Narrativa, Javier Marías complicaba un poco la vida al poeta que ganara el de Poesía. La concesión al profesor granadino Antonio Carvajal (Albolote, 1943) del galardón institucional por su libro Un girasol flotante despeja todas las dudas. Cualquier lector de este país, haya leído o no ese libro (éste, ay, es mi caso), reconocerá que estamos ante un acto de justicia, porque se entiende que el premio, más allá de lo concreto, se le concede por una obra extensa, exigente y personalísima, al margen de modos y modas. Doy por seguro que el jurado lo ha tenido en cuenta. 
Que Un girasol flotante se haya publicado en una editorial pequeña y periférica, la asturiana KRK (la misma en la que aparecieron los primeras entregas de Menéndez Salmón, por cierto), es un hecho significativo si tenemos en cuenta la larga trayectoria de Carvajal y su indudable crédito como poeta.
Me alegro como lector, que es lo que importa. Sus libros me han acompañado desde que era muy joven y, por encima de otras consideraciones, siempre he admirado su forma de proceder; digna de quien, acaso, merezca ostentar el título de "il miglior fabbro" de la poesía española contemporánea. 
Sé que nuestro común amigo Jesús García Calderón está también muy contento. Con ellos compartí una calurosa jornada en Badajoz (una ciudad que conoce bien), cuando presentamos en la Feria del Libro una antología de poemas del primero que prologó con maestría el segundo. Sí, hay premios y premios.

El no escritorio de GHB

Sigue adelante Proyecto Escritorio, de Jesús Ortega. Gonzalo Hidalgo Bayal nos presenta el suyo no sin confesar, entre paréntesis, que "siempre usamos en casa la palabra ‘biblioteca’: ni ‘estudio’ ni ‘escritorio’ figuran en el vocabulario doméstico".
Hace poco era otro amigo, Álex Chico, el que nos enseñaba su mesa de escribir.
Lo importante, más allá de los nombres, es que en esos lugares, más o menos secretos, se da forma a los libros que gustosos leemos.

7.11.12

Otoñada

Por encima de su vitola poética, a su pesar incluso, a uno, como a tantos, no deja de asombrarle el otoño. Su belleza natural, digamos. Así, mi hijo, la otra tarde, al contemplar el paisaje de Valdeamor y las sierras adyacentes, con el Pinajarro en frente, subiendo por Baños, no pudo por menos que expresar su sorpresa al ver los dorados bosques de castaños, las líneas amarillas de los chopos y las hojas de color corinto de otros árboles de nombre indistinguible. Uno asintió y, sin dejar de atender a lo importante, miraba de reojo esos matices que, a pesar de la reiteración, siempre parecen inéditos. La visión otoñal no dejó de acompañarnos el resto del camino: por el Castañar bejarano, en las cercanías de Piedrahíta, en la bajada de Villatoro y ya cerca de Segovia o en la misma ciudad castellana, nuestro destino. A la vuelta, ya solo, la noche había emboscado ese horizonte. Se limitaba uno a evocarlo entre las sombras. Y todo parecía mucho menos oscuro.

6.11.12

Leyendo a Zoki

Tiene razón Zoki cuando dice desde Radio París: "En diversos círculos se sigue repitiendo una especie de mantra: la hondura artística está reservada a los que caminan en el interior de los abismos. Sospecho que de esta frágil certeza han salido bastantes naderías. En mi opinión, la búsqueda del malditismo es trivial y sus simas presentan a menudo la forma de una mirada injusta. Disiento de quienes piensan que la calidad creativa es el fruto de alguna derrota íntima. He encontrado más profundidad en artistas que desde la lucidez resaltan la existencia". Luego confiesa que le acompaña un buen modelo: la poesía de Sánchez Rosillo. "Aunque la angustia tenga mucha fama en nuestra cultura, el escritor propone su alternativa: la consciencia contra la simpleza sombría", añade. Uno asiente, sí, pero no deja de pensar en quienes tienden sin remedio a la melancolía, que no es lo mismo pero se le parece. Los elegíacos incurables. Qué difícil resulta sobreponerse a tanta y tan pertinaz desgracia. Más allá de la crisis, no seamos simples. Cosa distinta es la retahila de jeremiadas con la que algunos nos azuzan. La caída en esa cansina cultura de la queja en la muchos navegan a sus anchas, tan a gusto. Como si las aguas de la época no fueran procelosas.

5.11.12

Como antes

Días de difuntos, gristes, como casi todo lo que nos ocurre, con queja o sin ella. Ayer, sin embargo, pudimos salir de ese círculo y volvimos al campo, al molino, para celebrar en familia, con cierto retraso, el cumpleaños de Alberto. Él llega a 19 y hoy mi padre, de vivir, cumpliría 83. Tras el arroz de costumbre (uno debió ser oriental en otra vida), di un buen paseo. El "corto", sí, pero fueron unos kilómetros bien aprovechados, sin lluvia. Sólo me crucé con unos cuantos cazadores. Sólo se oían, aquí y allá, más cerca que lejos, sus disparos. Por eso no vi, como solía ocurrirme en esta época, perdices o conejos. ¡Para darme a mí ese gusto estaban! Y sonaba, cómo no, el agua de la garganta, al pasar por los puentes. Después, la lumbre, como siempre. Y su lenguaje de llamas y de brasas, indescifrable e infinito. Y la conversación. Y los recuerdos. Salvo de los periódicos, no hubo lectura.
Brutus cojea cada vez más por culpa de su vieja herida. A su alrededor, corren y saltan más gatos que nunca. Echa uno de menos aquellos domingos "molineros". Han sido muchos años. Volveremos pronto, me digo, pero nunca se sabe.

4.11.12

Las cosas que me ocupan: un palimpsesto










Dije aquí atrás que me gustaría leer los diarios de Juan Malpartida. Dicho y hecho. Bueno, me ha llevado su tiempo. Al vuelo de la página (Fórcola, 2011) tiene casi quinientas y, digámoslo pronto, no se trata de un diario al uso, aunque eso ponga en el subtítulo del libro, acotado por las fechas 1990 - 2000.
Leído lápiz en ristre, cada entrada lleva su correspondiente título, por eso tiene algo de enciclopedia o de diccionario enciclopédico, muy acorde con su tono (¡qué bien le hubiera venido un índice onomástico!) y, aunque no se anota la fecha exacta, sí se especifica el mes y, cómo no, el año.
Se ve a las claras que quien lo escribe es, ante todo, un lector. Un lector voraz, pero concienzudo. Alguien que piensa: mientras haya libros y lectura no moriré. El rigor es, sin duda, una de las características del diario y eso me lleva a otra conclusión: Malpartida es, amén de lector, o por eso mismo, un crítico exigente y lúcido que no le teme a la verdad. Este hombre, a los hechos me remito, no tiene pelos en la lengua. Más allá, subyace tras este diario la condición de ensayista de quien lo ha escrito. De su admiración por ese género y por quienes lo cultivan hablan sus constantes referencias a unos y otros; Savater, el que más. Por otra parte, no conviene olvidar que JM es responsable de la sección de ensayo del ABC Cultural y que ha ejercido la crítica en la revista Cuadernos Hispanoamericanos, de la que en la actualidad es director.
La reflexión, en el linde de la filosofía (otra constante en la obra), cuando no concebida desde dentro, le permite, como decía, adentrarse no solo en territorios personales, los más propios del género, sino en muchos otros que amplían el panorama y, vuelvo al principio, hacen de las "anotaciones" de este libro, además de una obra mayor, una especie de "palimpsesto", como indica él mismo en la primera línea. Da igual que asunto aborde, la literatura o la pintura, la política o la citada filosofía (Althusser, Heidegger, Castaneda, Steiner, Cioran...)
Un capítulo aparte merecen las meditaciones sobre poesía escritas a partir de la propia (Malpartida es más que nada un poeta) y de la de otros: Tomlimson (un amigo), Eliot (del que tradujo La tierra baldía), Gil-Albert (oportunamente recordado), Lorca, Alberti, Gorostiza, Cernuda, Haroldo de Campos, Enrique Molina, Valente y, por encima de todos, Paz, Octavio Paz, acaso el nombre que más se repite en estos diarios, figura tutelar, mentor, amigo y maestro. Son muchas las páginas, ya digo, dedicadas a él, a su vida y a su obra en años, por cierto, decisivos para el Nobel mexicano, los últimos, cuando, entre otras cosas, se quema su biblioteca, enferma y muere.
Y ya que hablo de poesía, no faltan algunas líneas donde visita el otro lado de la lírica: la miseria de los premios amañados, las traiciones sibilinas, las tendencias dominantes, los que van de poetas...
No le duelen prendas defender esa línea poética que parte de lo que precisamente Paz denominó "tradición de la ruptura", y, en consecuencia, echa de menos que nuestra poesía patria, tan "provinciana" según él, no haya transcurrido por derroteros más modernos y arriesgados en lo formal (que lo es todo) después de la renovación vanguardista que tuvo lugar el siglo pasado.
A diferencia de otros diarios, el de Malpartida no oculta, salvo rarísimas excepciones, los nombre y apellidos de las personas a las que se refiere. Tampoco ciertas antipatías y algún suceso siniestro, como la salida de Félix Grande de la dirección de CHA y todo el revuelo que aquella decisión, tomada en su momento por política, acarreó. 
Viajero incansable (México, Brasil, Argentina, EEUU, Alemania, etc.), moralista no sé si confeso, conversador incesante (en eso está también con Paz: toda verdad es un diálogo), incisivo, irónico, entusiasta ("creo en el entusiasmo"), volcado en su tarea intelectual y literaria y desdeñoso del éxito, la promoción y la vida social del escritor ("hay que trabajar la obra, no el personaje"), se podría decir de JM, tomando unas palabras del poeta Gil-Albert, que estamos ante "un español que razona", rara avis en estos lares y no sólo ahora. Un español, cabe añadir, cosmopolita sin impostación, más ciudadano del mundo que cualquier otra cosa, algo lógico si tenemos en cuenta que para él las fronteras se abren a partir de la literatura y de la lengua, defensor a ultranza del español de aquí y de allá, de España y de toda América. Del español y no sólo: por eso defiende la traducción como vía de acercamiento a otras realidades que son en realidad la misma, universal y humana.
"Recordar duele", afirma JM. Más cuando se trata de sucesos íntimos, que no abundan pero tampoco faltan en el volumen. Así, las referencias a su primera mujer, muerta prematuramente antes de cumplir 30 años; a las relaciones con su hija, a sus padres (a los que dedica intensas y emotivas páginas); a su segunda paternidad tardía; a Marbella, su pueblo natal (1956); a su salida temprana de la casa familiar; a su difícil adolescencia (otra constante, asociada al mar), etc. En este sentido, Al vuelo de la página es también una autobiografía escrita a través del sinuoso zigzag de la memoria.
Aunque conozco y leo a Juan Malpartida desde hace mucho y comparto con él amistades comunes (Jordi Doce, entonces en Sheffield, y el ultramarino Orlando González Esteva, por ejemplo), sólo ahora, tras leer este libro he podido calibrar debidamente su sitio en la poesía y en la literatura española de nuestro tiempo. Dije antes "obra mayor" y no me arrepiento del calificativo: hay en ella solidez y estilo. De entre las suyas, merece ser destacado este empeño memorialístico. Como lo más genuino acaso. A pesar, sí, de que la poesía (que aquí, de una u otra manera, no falta) sea lo más suyo. O lo que él más quiere.

3.11.12

Hombres (y mujeres)

"El hombre, si no lo aplacan la convicción moral, la democracia, ciertas formas piadosas de la religión, es tan bestia esta mañana como durante la edad de las cavernas. Denle un arma, un ideal, la promesa de un premio, asústenlo y verán". Fernando Aramburu, "Matad, muchachos" (El Cultural)

2.11.12

García Calvo

 










Se imponen las circunstancias. Se me imponen, quiero decir. Ayer murió García Calvo y eso da fe de su clasicidad. Sólo un clásico español se muere el Día de Todos los Santos. Siempre dudé de que este hombre fuera un moderno. Al uso, digamos. No me refiero, claro está al personaje, que lo tuvo. Y bien que lució. Sobre todo de cara a la galería. 
Uno ha leído poco su poesía. Casi nada, la verdad. Me interesaron más sus teorías lingüísticas y sus traducciones. Y no poco las versiones que hizo de sus poemas Amancio Prada.
Hace un par de años, caminando muerto de frío por Zamora, di por casualidad con su casa. No es difícil: está en el centro. La miré, recordé al dueño, seguí. Allí ha muerto. Su compañera durante 36 años, la extremeña Isabel Escudero, ha declarado a la agencia Efe que García Calvo era "el último combatiente contra las mentiras de la realidad". Tal vez.

(Nota: la fotografía de la casa de AGC está tomada del blog Mi unicornio azul.)

Premios, premios, premios

Al tiempo que se apagan los ecos de lo ocurrido en el Premio "Ciudad de Burgos", que fue noticia por eso y no porque un libro de poesía, acaso importante, dejará de ser inédito, se extingue el leve murmullo que levantara el fallo de los "Ciudad de Badajoz". A estas alturas se sabe de sobra que esos premios, como casi todos los de provincias, son silenciosos e invisibles, más, si como hace al caso (no ocurre, recalco, con todos), carecen de prestigio, ni reconocido ni nada. Pudieron llegar a algo, pero se quedaron, de esto hace años, insisto, en nada. Golosinas destinadas, excepciones mediante, a los sempiternos cazapremios. Su único relumbre es la fiesta social que monta el ayuntamiento con la excusa del fallo, donde el PP saca pecho cultural y algunos, claro, se lo creen. Allá ellos. ¿Eco? La benéfica prensa regional.
En su última edición, por ahora (para esto al parecer no hay recortes), ganó otra maldita novela sobre la Segunda Guerra Mundial, parafraseando el famoso título del otrora pacense Isaac Rosa. (Por cierto, no puedo resistir la tentación de copiar aquí un párrafo de la noticia: «"Estoy muy, muy feliz", dijo el autor desde el otro lado del teléfono, nervioso aún por el galardón y por las palabras que le había regalado el portavoz del jurado, el escritor Javier Marías» Que no era Javier sino Fernando.) En España, comentaba, siguen siendo legión los novelistas que se aprovechan de la dichosa guerra como útil yacimiento literario. Menos mal que siempre habrá un Menéndez Salmón -en lo mundial- o un Trapiello -en lo nacional- que nos redima de tanta y tan cansina batallita.

1.11.12

Al margen

"Tan significativos como los poetas paradigmáticos son los atípicos, que se escapan a todo encasillamiento. Giorgio Caproni (1912-1990) pertenece a estos últimos. No se plegó a corrientes, consignas ni mandarinatos. Lo que le acarreó críticas, exclusiones y disgustos". Jaime Siles, "Poeta al margen", ABC Cultural, nº 1064, sábado 27 de octubre de 2012.