Territorio: Poesía reunida (1985-2025), de Álvaro
Valverde, abarca un proyecto poético de cuatro décadas caracterizado por una
coherencia temática notable, donde la exploración del espacio funciona como eje
vertebrador de una interrogación sostenida sobre el ser contemporáneo. Este volumen
documenta ciudades muy diversas que comparten una condición
fundamental: son espacios marcados por tensiones entre permanencia y
desaparición, entre la memoria que preserva y la ruina que borra.
El poema que abre el libro establece desde muy temprano las
coordenadas de una poética: «Hagamos de este lugar un territorio». El
imperativo colectivo señala que el territorio no preexiste a la acción humana
sino que se constituye mediante ella y exige una voluntad plural. Este gesto
fundacional replica la operación que la poesía realiza: construir espacios
mediante el lenguaje.
De sus dos primeras obras, Territorio y Sombra
de la memoria, Valverde ha seleccionado apenas un puñado de excelentes
poemas. Tras Las aguas detenidas llega Una oculta
razón, con el que el autor gana el Premio Loewe, y del que Gonzalo Hidalgo
Bayal, en su estupendo epílogo, dice que es «el primer libro en que Álvaro
Valverde se reconoce plenamente». Enclave inaugura el poemario
con la imagen de un sujeto «sentado frente al muro que levanta / dos árboles
meciéndose», contemplando «la torpe maquinaria de las horas» y «la película
gris de los recuerdos». La identidad se revela como discontinuidad, y el
enclave como punto de detención desde el cual interrogar «una razón que valga
la respuesta / de estar —frente a este tiempo— / aquí esperando». Cementerio
alemán, Yuste desmonta la función del cementerio militar: «Nada
preserva, en cambio, la memoria / de aquellos que cayeron en combate». Ante el
fracaso de la monumentalización, el texto propone el silencio «solemne» bajo
«la sombra sin sombra de los viejos olivos» y la disolución del yo en «las
últimas luces» donde «la mirada se pierde, / luminosa de eterno».
"El muro funciona como clave de Plasencias al
explicitar la lógica que subyace al conjunto: la necesidad del cercamiento como
condición de posibilidad de la subjetividad"
A Una oculta razón le suceden A
debida distancia, Ensayando círculos, El reino
oscuro, Mecánica terrestre, Desde fuera y Plasencias,
un recorrido personal por la ciudad natal del poeta. En este libro, la
subjetividad individual se une a la comunidad y al territorio compartido. Ciudad condensa
el enclaustramiento urbano: «son tantos los viajes que nunca has emprendido /
que al hacer el recuento de los días pasados / en esta amurallada ciudad en la
que vives / constatas con dolor —y sientes lástima— / que fuiste en su interior
un prisionero». El entorno urbano absorbe el futuro convirtiendo las
posibilidades en ausencias. Casa natal documenta la
imposibilidad del retorno mediante un inventario arquitectónico detallado del
espacio doméstico. La casa «está en venta» con «vistas al derribo», y el poema
la reconstruye con una minuciosidad que revela su carácter fundacional. Cada elemento
ocupa su lugar exacto en la geometría recordada, pero la constatación
final es devastadora: «Parecía más grande y es al cabo / pequeña, muy pequeña.
/ Mi padre, que era joven, ya está muerto». El mundo entero de la infancia se
contrae hasta caber en una frase, y la subordinada deja caer la muerte como un
dato insoportable. El muro funciona como clave de Plasencias al
explicitar la lógica que subyace al conjunto: la necesidad del cercamiento como
condición de posibilidad de la subjetividad. El muro es protección y límite,
posibilidad y restricción.
En Más allá, Tánger, cincuenta poemas breves a
dos voces, Valverde introduce una geografía radicalmente distinta: la
ciudad cosmopolita perdida, el espacio marcado por memorias ajenas que el
hablante hace propias. El autor, que desde este libro trabaja un poema más sobrio,
nos sumerge en un mundo bello y doloroso. Las piezas inaugurales establecen su
tiempo: «ves la ciudad volver. / Emerge, blanca, / de su sueño de siglos». El
sujeto «superpone / a tu propia memoria / la de otros. / Ellos sí la gozaron. /
Y aún la sufren». El poema 14 sitúa a Tánger en una constelación de enclaves
portuarios decadentes: «como en Nápoles, Cádiz o Lisboa, / aquí respiras
tiempo». El 15 introduce una paradoja fundamental: «Mi Tánger es real. Está
trazado / sobre un rastro preciso de recuerdos / que han ido rescatando con
nostalgia / personas que vivieron su verdad». Estas evocaciones pertenecen
a «un puñado de almas incapaces / de dejar ese sitio fronterizo», referencia a
dos historias familiares que se cruzan, pero también a todos esos artistas que
la habitaron. El poema 50 constata la imposibilidad de la partida con un gesto
mínimo y machadiano que sostiene todo el peso elegíaco del libro: «Sola, en el
mirador, / has fijado una imagen / para llevar contigo. / Una vista de la ciudad
/ que es, además, eso que llaman / un paisaje del alma».
"Territorio representa una de las
aportaciones más singulares y coherentes a la poesía española contemporánea,
con un lenguaje capaz de habitar la complejidad de la vida con naturalidad,
haciéndola transitable"
Tras Más allá, Tánger, Valverde publica El
cuarto del siroco, con un conmovedor homenaje a Ángel Campos Pámpano, Extremamour,
y Sobre el azar del mapa, paseo poético por Sofía, Grandson y
Ginebra. El presente volumen incluye un poemario inédito, Geografías
del jardín, fechado en 2025. La sección Oriente propone el
jardín japonés como espacio que permite revelar «el mundo natural en su
complejidad» mediante la selección y disposición de «apenas unos cuantos
elementos: / piedra, madera y musgo. / Arena y grava. / Azaleas y arces. /
Agua, puentes y lagos». El poema 2 plantea la pregunta sobre la persistencia de
la novedad: «La he visto tantas veces; sin embargo, / ¿por qué siempre parece
la primera?», refiriéndose a la floración del cerezo. La respuesta está en
la mirada: «Si miras hacia arriba, debajo de las ramas, / el cielo es una luz
nunca antes vista». El giro es sutil y decisivo: basta cambiar el ángulo para
que el cielo deje de ser fondo y se convierta en acontecimiento. El 25 afirma
la importancia del vacío: los espacios huecos del jardín «donde acaso parece
que no hay nada / y está todo», introduciendo el concepto japonés del ma.
La sección Occidente establece un contraste mediante la
introducción de jardines marcados por una violencia fundacional. El poema sobre
Monticello expone la contradicción del sueño americano: «En Monticello,
Jefferson / concibió un paraíso», una casa neoclásica «que imitaba a
Palladio». Pero el dístico final resignifica todo: «Belleza que, no
obstante, / sostuvieron esclavos». El texto siguiente introduce una
característica distintiva: «Los jardines de América / no suelen ser cerrados. /
Muros, cercas o setos / son defensas inútiles. / Prima el césped. Lo abierto».
Las defensas son innecesarias porque el territorio ya fue «limpiado» de sus
habitantes originales. Un poema sobre Yuste introduce una modalidad intermedia:
el jardín como espacio de retiro del poder. El jardín de Yuste sintetiza
tradiciones múltiples que culminan en la imagen de «una vieja parra virgen /
agarrada a la piedra como el tiempo / a un lejano vergel tal vez eterno». La
pieza final funciona como ars poetica del libro y del
conjunto: «Nada menos natural que un jardín. / Lo mismo que un poema. / Sin
embargo, uno busca, / por medios simulados, / que quien lo lee / aprecie
sencillez, no afectación. / Humildad, no opulencia. / Concisión, no hojarasca»;
lo que en el jardín es materia muerta, en el poema es exceso retórico.
Territorio. Poesía reunida (1985-2025) representa
una de las aportaciones más singulares y coherentes a la poesía española
contemporánea. Valverde ha construido un lenguaje capaz de habitar la
complejidad de la vida con naturalidad, haciéndola transitable. Su escritura se
caracteriza por una economía expresiva notable, al servicio de la hondura: «en
la claridad está la mayor profundidad»; y en donde la brevedad condensa sin
reducir: «Como el agua, / que la mano atraviesa confiada / y nunca, sin
embargo, toca fondo». Esta transparencia, de una enorme carga lírica, es
el resultado de décadas puliendo el lenguaje, hasta alcanzar esa sobriedad que
requiere «medios simulados» para parecer espontánea.
"Frente a la distracción estructural que caracteriza
nuestro momento histórico, donde la experiencia se fragmenta en estímulos
discontinuos, Valverde, un flâneur auténtico, defiende la
posibilidad de pasear y detenerse meditativamente"
Uno de los puntos de mayor originalidad de este volumen
reside en su capacidad para articular una cartografía afectiva de la
contemporaneidad que trasciende lo meramente local sin caer en la abstracción
universalista. Lo que unifica esta geografía diversa es el reconocimiento de
que habitamos espacios marcados por pérdidas irrecuperables, memorias
fragmentarias, ruinas materiales y temporales, pero que es posible construir
lugares habitables. Plasencia es, en este sentido, sinécdoque de múltiples
territorios. También los distintos tipos de viaje: «acaso los viajes más largos
que he emprendido / fueron los interiores». Esta capacidad de pensar lo
universal mediante lo particular, de extraer de geografías específicas
intuiciones aplicables a la condición contemporánea, sitúa a Valverde en el
linaje de poetas-pensadores como Cernuda, Francisco Brines o Eugénio de
Andrade.
La cuestión del tiempo atraviesa el conjunto con particular
intensidad. Valverde reconoce que habitamos simultáneamente estratos temporales
diversos que no se sintetizan en un presente unificado. Su poesía reconoce la
fragilidad, la melancolía y la persistencia. Las cosas están «a un paso de no
ser, pero aún con vida», fórmula que condensa una ética de la precariedad.
"Valverde ha construido, libro a libro, viaje a viaje,
un cuerpo de obra que funciona como manual de orientación para quienes
habitamos territorios marcados por la precariedad"
Esta poesía reunida ofrece algo escaso en la lírica
contemporánea: una ética humanista de la atención sostenida. Frente a la
distracción estructural que caracteriza nuestro momento histórico, donde la
experiencia se fragmenta en estímulos discontinuos, Valverde, un flâneur auténtico,
defiende la posibilidad de pasear y detenerse meditativamente: «pensar el
sentimiento y sentir el pensamiento». Su defensa de la lentitud, de la
percepción educada, de la capacidad de ver profundidad donde la mirada
apresurada solo encuentra superficie, constituye una forma de resistencia
cultural cuyo valor excede lo estrictamente literario, y conecta con
reflexiones contemporáneas sobre la atención y la percepción, de Simone Weil a
Merleau-Ponty pasando por los estudios recientes sobre slow thinking.
Territorio demuestra que es posible una poesía
que rehúya tanto el confesionalismo narcisista como la opacidad deliberada, que
sea accesible sin ser simplista, que atienda a lo local sin encerrarse en el
provincialismo, que reconozca las pérdidas sin regodearse en el lamento.
Valverde ha construido, libro a libro, viaje a viaje, un cuerpo de obra que
funciona como manual de orientación para quienes habitamos territorios marcados
por la precariedad. No ofrece soluciones ni consuelos fáciles, pero sí algo más
valioso: ejemplos concretos de cómo sostener la mirada sobre lo que se
desvanece, de cómo construir refugios provisionales en medio de la intemperie y
convertir la fragilidad en ocasión de belleza. Esta generosidad discreta define
el valor perdurable de una obra que, cuatro décadas después de sus inicios, se
revela como una de las contribuciones más consistentes y necesarias a la poesía
española reciente.
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Autor: Álvaro Valverde. Título: Territorio.
Poesía Reunida (1985-2025). Editorial: Tusquets.
NOTA. Esta reseña se ha publicado en la revista Zenda.













