18.4.21

Jordi Doce en Plasencia

MARTES 20 DE ABRIL DE 2021
20:00 HORAS. SALA VERDUGO

Lectura-conferencia de JORDI DOCE
Aula de Literatura "José Antonio Gabriel y Galán"



Jordi Doce (Gijón, 1967) es autor, entre otros, de los libros de poemas 
Diálogo de la sombra (1997), Lección de permanencia (2000), Otras lunas (2002), Gran angular (2005) y No estábamos allí (mejor libro de poesía del año según El Cultural y Premio Nacional «Meléndez Valdés» al mejor libro de poemas publicado en España en 2016). En 2019 publicó En la rueda de las apariciones, una antología de poemas escritos desde 1990.
En prosa ha publicado los libros de notas y aforismos Hormigas blancas (2005) y Perros en la playa (2011), los ensayos Imán y desafío (IV Premio de Ensayo Casa de América, 2005), La ciudad consciente (2010), Las formas disconformes. Lecturas de poesía hispánica (2013), Zona de divagar (2014) y La puerta verde. Lecturas de poesía angloamericana contemporánea (2019), el libro de artículos Curvas de nivel (2017) y otro de entrevistas literarias, Don de lenguas (2015), además de La vida en suspenso (2020), su diario del confinamiento.
Ha preparado ediciones de la poesía de William Blake, T.S. Eliot, W. H. Auden, Charles Tomlinson, Ted Hughes, Geoffrey Hill, Charles Simic, Paul Auster y Anne Carson, entre otros, y de la prosa de Thomas de Quincey y John Ruskin. Recientemente ha reunido una selección de sus traducciones de poesía inglesa en Libro de los otros (2018).
Fue lector de español en la Universidad de Oxford (1997-2000), y actualmente reside y trabaja en Madrid como editor, traductor y profesor de escritura creativa.

Entrada libre y gratuita hasta completar el aforo. Aforo actual: 50 butacas.

Organizan: Asociación de Escritores Extremeños, Excmo. Ayuntamiento de Plasencia e institutos de enseñanza secundaria de Plasencia

No hace falta que subraye mi alegría por la presencia de Jordi Doce en el Aula placentina. Debió venir mucho antes, pero... Más vale tarde... Atentos, que diría el maestro Aguilar. 

16.4.21

Siempre Machado

“Un Machado para el siglo XXI”, reza en la cubierta de esta nueva antología de poemas de Antonio Machado, A orillas del gran silencio, que publica Calambur. Que la edición, la selección y la introducción sean de Rafael Alarcón Sierra, profesor de la Universidad de Jaén, es una garantía. Estamos, sin duda, ante uno de los máximos especialistas en su obra y, por eso, uno de los estudiosos que se ocupan del fondo Colección Unicaja Manuscritos de los Hermanos Machado. Gracias a eso este selecto florilegio, que quiere ocupar un hueco “entre su obra completa y las selecciones escolares”, incluye la transcripción de un puñado de poemas desconocidos, en rigor, “borradores de composiciones inéditas” que se conservan en varios cuadernos de trabajo del poeta, del ciclo de Leonor y del ciclo de Guiomar. 
Su prólogo es una delicia. Y sin renegar del didactismo. La síntesis ideal para comprender el verdadero alcance de la obra del sevillano. Empieza por afirmar que es “un clásico moderno” al que nunca hemos dejado de leer y que ha influido en buena parte de la poesía que viene después de él. Por encima, cabe puntualizar, de las circunstancias sociopolíticas de España, incluida la dictadura franquista. Lo subraya Luis Alberto de Cuenca en “Don Antonio Machado”, el texto (políticamente incorrecto) que abre su edición de Campos de Castilla (Reino de Cordelia), ilustrada con cuadros de “nuestro príncipe de paisajistas”, el pintor leonés José Carralero. 
Sí, Machado sigue vigente y hasta representa la idea de cierta España, la del fracaso de la Segunda República, por más que, vuelvo a De Cuenca, sus versos y su ejemplo moral estén por encima del nefasto concepto de las dos Españas.  
Con JRJ, otro andaluz, “conforman la columna vertebral, el trono del árbol de la poesía moderna española”. 
Se refiere después a la complejidad que esconde su presunta sencillez. Es, anota, “un misterio que nunca se acaba”.
Resume su “objetivo”, que no era pequeño: “conseguir una poesía que caminara naturalmente entre lo intuitivo y lo racional; entre lo subjetivo y lo objetivo; entre lo individual y lo genérico; entre la esencialidad y la temporalidad”. 
Pasa después a analizar su etapa simbolista, la de Soledades  y Soledades, Galerías. Otros poemas. “La poesía es entendida no solo como creación estética, sino como un camino de exploración hacia lo absoluto”. Explica su “concepción orgánica del libro”, algo que empieza precisamente con el modernismo. 
Destaca de su poética “la brevedad, sobriedad y concentración expresiva”, su “contención y condensación emocional”. “Es el triunfo de la interioridad subjetiva”. “El poema se reduce a lo esencial, se desprende en lo posible de lo narrativo, lo anecdótico o circunstancial” (una lección que no aplicó en los ochenta la nueva sentimentalidad y buena parte de la “poesía de la experiencia”).
Nos habla Alarcón de sus “espacios simbólicos”: “el parque o el jardín solitario”, la ciudad muerta, el crepúsculo, el camino... Según él, lo que caracteriza la poesía machadiana es, en primer lugar, “la concentración y sobriedad de su lírica; en segundo lugar, “la intensidad, condensación y homogeneidad de sus recursos simbólicos”; en tercer lugar, “la obsesión recurrente por el pasado, el tiempo y la muerte”; y en cuarto lugar, “la lucidez con que expone el fracaso de su búsqueda”. 
Campos de Castilla inaugura otra etapa. El año de la muerte de su esposa Leonor y de su traslado de Soria a Baeza. Un cúmulo de circunstancias le obliga a cambiar de planes. Como confiesa Alarcón, “a partir de ese momento, no puedo evitar ver toda la obra de Antonio Machado como un inmenso naufragio, entre cuyos restos aparecen pecios deslumbrantes”. 
Es “un libro heterogéneo”, donde pesa la presencia de la “España rural”. Ahonda en la “contemplación del paisaje”, más que “una proyección de su estado de ánimo”. Aquí “la verdad personal es inseparable de la verdad social”. “Hay un fuerte componente cívico, moral y regeneracionista”, “una reflexión integral sobre el alma del mundo, del hombre y de la poesía”. “La imagen poética debe expresar sentimientos, no conceptos o ideas”. Ahí, “viudo y derrotado”, Leonor, algunos elogios, lo popular...
De Baeza (donde culmina sus estudios) se traslada a Segovia (donde vive desde 1919 a 1932) y, por fin, a Madrid. Llega luego Nuevas canciones que pasa a formar parte en sus Poesías completas. El paso a la prosa es un hecho, no sin antes hacer mención a su etapa teatral, que lleva cabo con su hermano Manuel. Para entonces, Machado es ya un poeta “anacrónico”, “se convierte en un lúcido «moderno antimoderno», en un crítico de la modernidad”. Cuando llegan los apócrifos, Abel Martín y Juan de Mairena (“dos filósofos peregrinos”), la escritura en prosa “ya es mayoritaria” en Machado. “la paradoja es, si lo pensamos bien, que sus apócrifos son a la vez un fracaso y un triunfo: el fracaso de su búsqueda lírica; el triunfo de una prosa a la altura de su mejor poesía”. La parte de su obra que le aporta, por cierto, mayor modernidad. Otra paradoja. Una prosa, según Alarcón, “clara, precisa, bienhumorada, irónica, escéptica y conversacional”. Sin duda, el Mairena es un libro “divertido, inteligente y excepcional, que está a la altura de su mejor poesía”. Que “en su forma resulta seguramente mucho más moderna”, matiza Alarcón. 
Tras la edición de las Poesías completas del 36, sólo queda mencionar su libro La guerra (1936-1937). Lo que vino al final ya lo sabemos: el exilio, Collioure, la muerte. 
No creo, en fin, que el profesor Alarcón Sierra haya incurrido en “herejía” por pertrechar esta nueva muestra de poemas machadianos. La selección es, como quiso, “extensa y representativa” y en ella se conjugan el criterio histórico y filológico con el gusto personal. No, no se echa en falta ninguno de sus grandes poemas; poemas de los que uno ya dijo cuanto podía (o sabía) en un encuentro sevillano sobre el poeta donde, por suerte, compartí mesa con el antólogo. “La palabra compartida (una lectura actual de Antonio Machado” titulé aquello, un texto que se publicó después en la revista Cuadernos Hispanoamericanos.
Por cierto, cabe anotar que el crítico José Luis García Martín ha publicado recientemente en la editorial Impronta una antología machadiana (que no comento porque la desconozco) bajo el título Hoy es siempre todavía.
Al leer y releer esta poesía, el lector vuelve a sentir que se encuentra ante un poeta verdadero. De los pocos destinados a vencer al tiempo.
 
A orillas del gran silencio. Antología poética
Edición, selección e introducción de Rafael Alarcón Sierra
Calambur, Madrid, 2021. 252 páginas. 14

NOTA: Esta reseña se ha publicado en la revista digital asturiana EL CUADERNO. 

6.4.21

La poesía de Luciano Feria


Reseño en Cuadernos Hispanoamericanos el libro Sentido y melancolía (RIL Editores), la poesía completa del poeta extremeño Luciano Feria.

4.4.21

Dos poemas de Antonio Deltoro



POEMA

Un buen lector de poesía
puede ver, con los ojos cerrados,
un poema en versos,

pero el poema es,

en sus oídos,

más allá de sus surcos,
una duración,
una existencia.


UNA MESA

Sosteniendo su peso
y otros más en su lomo;
rectangular, bien hecha,
con las patas redondas,
sigue siendo la misma.

La hizo un carpintero
que amaba la madera.

La diseñó mi padre
como única mesa
de un departamento
que fue el primero
que rentaron en México.

Luego se cambiaron
a uno más amplio;

él la acortó,
para que sirviera
como auxiliar
de una mesa redonda;
pasó del centro
a un costado
sin perder el aplomo,
inmune a los giros
de la Tierra y la suerte.

Antes que terminara
en la cocina,
me la llevé a mi cuarto
y se hizo escritorio.

Muchas casas después,
poblada por papeles y libros,
es la protagonista de esta crónica:

un cuadrúpedo de lomo hospitalario,
cuyas patas son anclas
que se aferran al piso,
y sin embargo,
se mueve.

Nota: Estos dos poemas inéditos del poeta mexicano Antonio Deltoro han sido publicados en la revista Paraíso (número 17), que dirige Juan Carlos Abril. La fotografía está tomada de una reseña de Fabio Morábito sobre su poesía reunida (Visor) que apareció hace unos años en infoLibre.

3.4.21

Los frutos imprevistos del asombro

José Saborit (Valencia, 1960) dibuja desde niño y en la actualidad es catedrático de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia, donde enseña desde 1985. Su carrera docente (en las aulas y fuera de ellas) ha sido intensa. Es, además, Académico de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.
Más allá, como pintor, ha realizado numerosas exposiciones colectivas e individuales y su obra figura en diferentes instituciones y colecciones privadas nacionales y extranjeras. Sus cuadros y dibujos son, por generalizar, figurativos y podrían encuadrarse dentro de lo que se conoce como “pintura del paisaje”. Es también autor de ensayos como La imagen publicitaria en televisión, El hígado de las estrellas, La construcción de la Naturaleza (con José L. Albelda), Retórica de la pintura (con Alberto Carrere), El sol del membrillo. Una película de Víctor Erice sobre el trabajo del pintor Antonio López y Formas de caminar (donde reunió una serie de columnas publicadas en el diario ABC). También es autor de textos para catálogos de artes plásticas, revistas y diarios y, junto a Manuel Ramírez, ha dirigido la colección de libros de arte y literatura Correspondencias (Pre-Textos-UPV).
Pero hay otra vertiente de Saborit que no conviene olvidar: la de poeta. En 2008 publicó su ópera prima: Flor de sal, libro al que han seguido La eternidad y un día, La misma savia (Premio Unicaja) y Carta al hijo.
No sé hasta qué punto estamos ante un pintor que escribe o ante un poeta que pinta. Sin descuidar al hombre que reflexiona, poco importa en qué campo. Después de leer Con los ojos de nadie, lo que este lector tiene claro es que Saborit es poeta. Quiero decir que si a alguien se le diese a leer este libro sin informarle de las otras facetas artísticas que cultiva, confirmaría lo que señalo. Y sin demora. Desde el primer poema. Se titula “Ahora”, está dedicado a la memoria de Agustín García Calvo (un poeta que vuelve) y su primera estrofa dice: “Porque el paso es efímero / y consuela nombrar / la hora que habitamos / se inventó la palabra / que intenta traducir / lo que no tiene nombre, / la palabra que muere / cuando se sustantiva / y se escribe «el ahora»”. Termina: “Ahora no es memoria. / Ahora no es potencia. // Ahora es sólo ahora, siempre ahora”.
Se aprecia de inmediato esa impronta meditativa que caracteriza la poesía de Saborit. La suya y, por extensión, la de un nutrido grupo de poetas, una suerte de nueva “escuela levantina”, a los que se nombra en el libro a través de las dedicatorias de los poemas y del volumen en sí, ofrecido a Lola Mascarell y a Antonio Cabrera. A estos nombres podemos sumar los, también citados, Vicente Gallego, Carlos Marzal, Juan Vicente Piqueras (al que dedica uno de los mejores poemas del conjunto: “Aquí, ahora”: “Llegamos hasta aquí / con los ojos cerrados”) o Antonio Moreno. Su maestro, está claro, también aparece en la lista y no es otro que el gran, éste sí, Francisco Brines.
Que estemos ante un poeta al que no sea preciso adjetivar no significa que el libro no sea el de alguien que ve el mundo a través de la mirada (palabra esencial) del pintor. Hay muestra de ello en no pocos poemas; así, “Blanco sobre blanco”, “El ojo gira”, “Lección del ojo”, “Ante una pintura”, “Del ver”, “Acuarela”, “Preguntas del ojo”, etc. Qué decir de “Pincelada taoísta”, dedicado a otra poeta del grupo valenciano: Susana Benet.
Antes, en la misma cubierta, donde aparece “La sombra”; para uno, el primer poema del libro.
No es sólo la mirada, se aprecia además en el cuidado por los detalles, por aquello que a cualquiera le podría pasar desapercibido, pero no a Saborit. Léase, por ejemplo, “Idilio”, unos versos sobre plantas y flores. O “Cristal roto”, donde reflexiona acerca de su oficio.
Y todo, claro, bajo la luz. La del Mediterráneo. Otra constante que da forma a las cosas, que, al iluminarlas, las hace aún más significantes.
En poemas como “Desvelo” el aire es levemente metafísico. O en “A lo lejos”.
“Pausa” y los tres poemas con el título “Caminar” (I, II y III) me recuerdan a Cabrera, otro feliz caminante: “¿hay otra levedad / más cierta que el andar?”. “Caminar es el ritmo que nos salva”.
La perplejidad está muy presente en esta poesía. Lo cotidiano no deja de sorprender a quien observa lo que le rodea con ojos nuevos, con una mirada atenta y penetrante. Como ocurre en “La casa de tu casa”: “¿Cómo hacerse una idea desde dentro?”.
La naturaleza es arte y parte de la poesía (y de la vida, dos términos inseparables) de Saborit. En “Traducción”, pongo por caso, otro poema logrado. O en el precioso “Ver el verde”.
La mujer (y el amor y el deseo) se deslizan con sutileza (nunca falta misterio en esta poética) en “A mano alzada”, “Cima” y “Regresos”.
“Viaje” nos lleva a los olores y a la infancia. Como “Barro”: “Después de tanto andar / la infancia se hizo barro en la memoria”.
“Columnas de humo” define a la perfección la mencionada poética, una mezcla de mirada, emoción y pensamiento. La que, por cierto, se refleja en “Versos”.
En “Sombras” brilla la amistad. En “Autorretrato”, el camino machadiano. En “Concéntrico” (que dedica a los Pre-Textos), el verano. En “Brasas”, la nostalgia agosteña del fuego. Una mediterraneidad que no cesa. En “Vencejos”, por fin, vuela de nuevo el espíritu aéreo e inmortal de Antonio Cabrera.
“Edad”, dedicado a Brines, recoge a la perfección la lección aprendida del maestro: “Nada tienes que hacer, sólo dejarte, / persistir a la espera en abandono, / con los ojos abiertos y sin prisa, / sentir cómo se encienden los minutos, / cómo llena tus manos, ya desnudas, / los frutos imprevistos del asombro”.
“Desaparición” cierra este libro singular y muy hermoso. Empieza: “Me esfumo, me evaporo en cuanto escribo”. Paradójicamente, añade: “No hay nada que conozca, / nada de lo que yo pueda dar cuenta”. Luego concluye: “Yo es ahora un extraño”.
 
Con los ojos de nadie
José Saborit
Pre-Textos, Valencia, 2021. 70 páginas. 15 €

Nota: Esta reseña se ha publicado en EL CUADERNO.