15.7.18

Poemas ingleses

Jordi Doce (Gijón, 1967), no hace falta recordarlo, es uno de los nombres mayores de la poesía española contemporánea. Y no sólo por su condición de poeta (su último libro, No estábamos allí, publicado por Pre-Textos, lo ha demostrado de sobra y por eso ha aspirado a nuestros premios más importantes), pues a esta hay que sumarle la de crítico y ensayista (acaba de aparecer una reunión de artículos, Curvas de nivel, que cartografía su formación literaria, sus gustos y disgustos, que es tanto como decir, teniendo en cuenta su elevado y exigente criterio, un mapa fiable de nuestro panorama lírico), así como la de traductor. A la poesía inglesa, precisamente, dedicaba dos capítulos del libro que acabo de citar, editado por La Isla de Siltolá.
Desde que se licenció en Filología Inglesa en la Universidad de Oviedo, se doctoró en Letras en la de Sheffield y fue lector en la de Oxford, no ha dejado de reflexionar sobre la literatura escrita en esa prolífica lengua y de verter al español a los poetas de esa inmensa tradición. De ese trabajo gustoso dan fe numerosos libros traducidos por él, de autores tan fundamentales como Hughes, Tomlinson, Eliot, Simic, Burnside, Carson, etc. Ya forman parte de la formación sentimental (esto es, poética) de más de una generación de vates tanto de uno como de otro lado del Atlántico.
La asturiana Trea publica ahora Libro de los otros. Se trata de una amplia muestra de poemas ingleses que corresponden, en su mayor parte, a poetas que usan ese idioma, nacidos en Gran Bretaña, Estados Unidos o Australia, si bien traslada unos pocos de otras lenguas (como los de Bei Dao), siempre a través del inglés. Lleva por subtítulo "Versiones comentadas". En efecto, cada poema lleva el precioso añadido de una nota que le hace no sólo más comprensible, sino también más personal y cercano. Hay mucha autobiografía en estas slevee notes. Es significativo lo que estos “créditos” aportan. Sobre todo, erudición y conocimiento. Y don de síntesis. Asombra a veces su rigor. Digno de un anglista profesional, cabe añadir. La categoría de su crítica puede compararse con la anglosajona, a la que no deja de homenajear. Pienso en Eliot, por ejemplo, y no porque pretenda exagerar. Estamos, en fin, ante un lector incisivo e inteligente que destila, cuando procede, ironía y humor. Alguien que facilita a los otros lectores la compleja, intensa tarea que supone leer poesía. 
Los poemas escogidos no lo son porque sí. Quiero decir que, a pesar de que el propio gusto marque la elección, su sentido, digamos, de responsabilidad lectora consigue que la antología se convierta en paradigma de lo que la poesía inglesa contemporánea es y representa. 
Estas versiones se han venido publicado en Perros en la playa, el blog de Doce, pero no cabe duda de que al leerlas, debidamente corregidas, en papel cobran otra vida; al menos para los seres analógicos, más honda e interesante. 
Para encajar, nunca mejor dicho, los comentarios y los poemas en las páginas, el maquetista ha tenido que lograr ciertas filigranas tipográficas que a uno le parecen tan arriesgadas como efectivas, pero que no tienen por qué agradar a todos. 
El gusto al que antes me refería, "más ecléctico que confuso", da para un amplio y variado florilegio ordenado alfabéticamente (por los apellidos de los concurrentes) en el que encontramos poemas y poetas conocidos, otros que no lo son tanto y hasta perfectos desconocidos, al menos para los más.
De los primeros podemos citar, entre otros, a Ashbery, Auden, Burnside, Auster, Carson, Dickinson, Donne, Eliot, Glück, Graves, Heaney, Hughes, Hill, Koch, Lawrence, Nabokov, O'Hara, Plath, Pound, Shakespeare, Simic, Spender, Strand, Thomas, Tomlinson, Williams o Yeats. Pero, insisto, hay más. Como Boyle, al que conoció a través de Eugenio Montejo; Duffy, Poeta Laureada; Feinstein,  traductora de Ajmátova y Tsvetáyeva, biógrafa de Hughes; Gibbon, del que presenta "Oda: en una estación se servicio de 24 horas"; Graham, un exquisito poeta de la naturaleza; Hewitt, un descubrimiento; y Jeffers, Justice, Muir (con vida de novela), Rakosi, Redgrove ("En el huerto", excepcional), la centenaria Replansky, Romer, Smart, Tanning o Yang.
El fervor de Doce por la poesía inglesa se ve recompensado por este brillante ejercicio de literatura comparada que ningún lector de poesía que se precie debería perderse. 

Libro de los otros
Jordi Doce
Ediciones Trea, Gijón, 2018. 432 páginas.

Nota. Esta reseña ha aparecido en el número 135 de la revista literaria Clarín.

13.7.18

La poesía de Ana Ilce Gómez

Esto de la lectura de poesía es muy azaroso. Estaba entre los libros por leer. A la espera. Entonces encontré un comentario de Julián Rodríguez. En su muro de Facebook, donde escribe ahora un diario que no hay que perderse, más si tenemos en cuenta que el editor ha sometido, de momento, al narrador. Poco después, su hermano Javier publicaba en su periódico, El País, un artículo en defensa de esta poesía. Lo titulaba "Mujer difícil". Desde hace mucho tengo en alta estima las recomendaciones de los Rodríguez y confío en su criterio, así que fui sin dilación a por la Poesía reunida de Ana Ilce Gómez y, apenas abrí el libro, calculado prólogo de Sergio Ramírez mediante, me convertí en un rendido admirador de sus versos. Su editor, el pre-texto Manuel Borrás (al que escribí en cuanto terminé la lectura para agradecerle que lo hubiera incluido en su selecto catálogo y felicitarle por ello), me cuenta que esta poesía también fue para él "toda una revelación". Y añade: "La pena fue no haber llegado a tiempo para que viese en vida materializada esa edición de su poesía reunida, que, además, le hacía una ilusión inmensa. Qué le vamos a hacer". Ha prometido explicarme con detalle "esta hermosa historia con final triste". Por cierto, un inciso para expresar un deseo: que publique algún día, en su casa o en otra, sus memorias de editor. Merecerían la pena. Puede que esté en ello.
En Nicaragüa nació Gómez. En el 45. Un país de poetas (el inmenso Rubén Darío, Claribel Alegría, Ernesto Cardenal...), pero nada poético, a los hechos recientes me remito. Del dictador Somoza al dictador Ortega, del somocismo al sandinismo. Y ella allí. Lejos de todo y de casi todos. En la Comunidad Indígena de Maninbó, al norte. Tan discreta en la vida como en su poesía, que vienen a ser dos caras de la misma, de(s)preciada moneda. A eso le llamamos coherencia.
Su biografía es transparente, como sus versos, que nos atrapan por su misteriosa claridad. Escribió esta mujer (para que luego digan) poemas admirables. Sólo dos libros y un puñado de hermosos inéditos. No sé si acabará en el canon de la feraz poesía hispanoamericana (este volumen puede hacer mucho por ello), pero puedo asegurar que en el mío ya figura. Nunca es tarde. Ni importa haber descubierto otro Mediterráneo. Por suerte, abundan. Los de verdad, digo, no los de temporada. Por lo demás, mientras daba mi paseo matutino (qué remedio, el calor aprieta), pensaba: ¿qué diré de la poesía de Ana Ilce Gómez? Y me respondí: nada. ¿A quien le apetece que le destripen el argumento y el final de una buena película? Entren y lean. Me da que no van a arrepentirse. 

A UNA MESA

Esta mesa fue de mi abuelo.
Sobre ella más de una vez reclinó su cabeza
y durmió largas siestas
donde se mezclaban vía crucis tormentas
toques de queda
y mujeres furtivas que se marchaban a la nada.

Esta mesa fue de mi padre.
Sobre ella pintaba pájaros y vírgenes
y naturalezas vivas
y mi madre aplanchaba sobre ella
con la plancha de carbón.

¿Quién era más triste:
la plancha, el carbón o mi madre?

Mía también fue esta mesa
y sobre ella escribí un día estos versos
que nadie se atrevería a publicar.

Cada generación tiene su historia.
Cada sueño su raíz. Cada mesa es como
la palma de una mano. Sus líneas
nos pueden revelar en el momento preciso
de dónde proviene
la madera de los sueños
la nostalgia de las manos
o el lenguaje cifrado
del corazón.

De Las ceremonias del silencio (1989).

11.7.18

Poética rareza

Subir al origen. Antología comentada de poesía occidental no hispánica (1800-1941), del poeta, crítico y profesor José María Castrillón (Avilés, 1966) es mucho más que un mero florilegio. Es el libro, ante todo, de un consumado lector que nos presenta una selección de poemas significativos de un puñado de poetas que fundaron la Modernidad al final del Romanticismo. Todos nacieron antes de 1900. Por apuntar dos ideas que subraya Castrillón en su prólogo, son poetas que consagran lo subjetivo y que se apoyan, sobre todo, en el lenguaje. Entre ellos (son veintidós), anoto a mis preferidos en orden de aparición: Wordsworth, Novalis, Keats, Baudelaire, Dickinson, Rilke, Yeats, Cavafis, Pessoa, Eliot, Perse, Stevens, Montale y Ajmátova. 
Tras una semblanza previa, tan personal como todo lo que concierne a esta obra, se muestran algunos poemas de cada autor que son previamente comentados. Tanto estos como las semblanzas están llenos de iluminaciones, de sutilezas, ya se dijo, propias de un lector que sabe bien de lo que habla. Al que no le importa introducir es esos textos la ficción narrativa, algo que aporta todavía más interés a este singular proyecto, aquilatado, piensa uno, a lo largo de los años.
La mayor parte de las veces, esos versos se han traducido expresamente para esta edición. De lenguas como el inglés, el francés, el ruso, el italiano y el alemán. Por personas tan solventes como Jordi Doce, Mario Domínguez Parra, Juan Andrés García Román, Tomás Sánchez Santiago o Juan Carlos Mestre. El propio Castrillón interviene en no pocas de las versiones. Otras veces echa mano de otras ya publicadas, como las de Stevens de Sánchez Robayna y Jiménez Heffernan, por ejemplo, o las de la flamante directora general del Libro, Olvido García Valdés, en el caso de la citada poeta de San Petersburgo.
Pero no acaba la cosa ahí. Después de los poemas de cada poeta se añade uno bajo el rótulo "Homenaje de la poesía hispánica". Se trata de un poema escrito por un contemporáneo, ya sea español o hispanoamericano, que recrea, digamos, la poética de aquél, lo que no deja de constituir una antología dentro de la otra antología. A ésta habría que sumar una tercera, la que Castrillón denomina precisamente "Otra antología" donde incluye semblanzas bibiobibliográficas de poetas que en muchos casos podrían haber formado parte de la primera y que, por lo demás, también están en el origen de la poética moderna occidental: Hölderlin, Williams, Frost, Ungaretti...
Una página web, titulada como el libro (tomado de un verso de Jovellanos), amplía la información del volumen y da noticia de los poetas elegidos, de los mencionados traductores o de las respectivas obras del conjunto. Al final, se condensa una práctica bibliografía básica.
No hace falta decir que hay un componente didáctico en este logrado empeño que busca "lectores no especializados". Para alumnos de Bachillerato o Filología, sí, pero también para poetas jóvenes que no se contenten con ser vulgares parapoetas. Y, en fin, para cualquier lector de poesía, conozca o no a estos autores y a sus obras. Cómo he disfrutado con los inteligentes comentarios del editor y cuánto de los versos de estos maestros perennes e indiscutibles a los que uno nunca se cansa de volver.
Trea vuelve a acertar. Estos asturianos... 

8.7.18

Un poema inédito

INÉS

La habitación del fondo.
La más oscura.
Tal vez la más pequeña.
Al final de un pasillo
que huele en mi memoria
a tubería.
Y ella en el cuarto.
Menuda y enlutada.
Callada en el silencio.
Negra en lo negro.
Nos acercábamos con miedo
a saludarla.
Apenas si salía
de aquel angosto encierro
que a mí se me antojaba
injusto y triste.
Inés, mi bisabuela,
la madre de Ramón,
la abuela de Ramón,
que era mi padre.
Al besarla, pinchaba.
¿La escuchamos hablar
alguna vez?
Hoy, desde aquella silla
que se pierde en el tiempo
acaso pronuncia estas palabras.

Nota: Este poema ha aparecido en el número 127 de la revista TURIA, en el especial "Letras de España y Perú".
La ilustración es del pintor Vilhelm Hammershøi: el cuadro "Frederikke Hammershøi, the artist's mother" (1886).

3.7.18

Sarah Holland-Batt en EC


Los peligros/The Hazards
Sarah Holland-Batt
Traducción de Gabriel Ventura
Vaso Roto, Madrid, 2018. 115 páginas

Apabulla el currículum de la joven poeta australiana Sarah Holland-Batt (Southport, Queensland, 1982). Creció entre su país y Estados Unidos y ha vivido en Italia y Japón. Posee un título en Literatura, un MPhil en Inglés y un Máster en Filosofía por la Universidad de Queensland, además de un MFA en Poesía de la Universidad de Nueva York, donde disfrutó de una Beca Fulbright. Ha recibido otras: la MacDowell Colony, la Chateau de Lavigny, la Hawthornden, una de viaje Marten Bequest, así como las residencias de literatura Asialink y del Consejo de Australia en el BR Whiting Studio en Roma. Actualmente es profesora de Escritura Creativa en Queensland 
Tras su extraordinario debut con Aria (2008), Los peligros (2015) ganó el Prime Minister's Literary Award. Este libro nos presenta en España (gracias a una ejemplar traducción que ha debido resultar costosa) una poesía lejana en todos los sentidos, apenas representada aquí por la de Les Murray (Lumen, 2000).
Desde el primer verso del primer poema (“Siempre he amado la vida traslúcida”), el lector observa la capacidad imaginativa de Holland-Batt (pues lo inimaginable / como quiera ocurre”) y, lo que es más importante, la fuerza plástica de su lenguaje. “Mis poemas son actos de pensamiento”, ha dicho. “Para mí, escribir poesía es un proceso totalmente consciente y mis intenciones son bastante transparentes para mí”. También para quienes se acercan a estos versos elegantes y suntuosos que se deslizan con aparente facilidad, con fluidez, ante los ojos sorprendidos de quien lee.
El cosmopolitismo, una de sus señas de identidad, que va de lo local a lo universal (“Botany”), está respaldado por sus poemas. Los de una incansable viajera que se mueve entre la atención y la perplejidad. Desde el “perfecto” pasado (irlandés o australiano). Sin descartar lo histórico y hasta lo épico de los primeros asentamientos. Desde la infancia y la familia (padre, abuelos), que se detiene en el “verano eterno” de “La casa de las orquídeas”. Bajo una lluvia “oblicua”, como la de Pessoa. A veces estos extensos poemas son tan abigarrados y espesos como la exuberante vegetación tropical que describen (“el garabato púrpura de la buganvilla”). Flores, plantas, árboles que nombra minuciosamente. Del mismo modo que los animales, omnipresentes, como realidad y como metáfora, a lo largo de la obra. Aunque ella se declara admiradora de Bishop y Glück (se celebra esa sabia elección), en esta suerte de bestiario (léase la segunda parte) ve uno la mano de Moore. Guacamayos, anguilas, periquitos, zarigüeyas, hormigas, gatos, cangrejos, buitres…
Alguien ha mencionado la palabra “psicogeografía” y, en efecto, el paisaje (“Guisantes del desierto”) y la visión interior se entremezclan para expresar pensamientos y sentimientos. Lugares de su tierra natal, ya se dijo, de América (Norte y Central: California, Costa Rica, La Habana, etc.) y de Europa (a la que dedica la tercera parte) donde sitúa sus experiencias: Berlín, Ravello, Roma (“Hoy quiero mirar y no ser”), Orvieto, etc. Aunque no lo parezca, amorosas casi siempre: “Tenemos tan poco tiempo. Deberíamos amar”. “Amor, amor, como una canción olvidada…” Sin perder por ello el tono elegíaco y melancólico. “No termina la pena, nunca”. Ni la muerte.
Su poesía es inteligente y culta sin ambages. No poca, ecfrástica: sobre obras de Goya (y su perro), Ingres, Hammershøi (“por encima de todo / el amor por la luz”, que “nos sobrevive”), Vermeer, Freud (“ha sobrevivido al sexo”), Hopper, Matisse (en Collioure)... No, “No terminan las imágenes”, como titula uno de los mejores poemas del conjunto. Y musical: Bach, Shumann, Brahms, Scarlatti… Está, además, con sutileza, llena de literatura: Eliot (“Primavera: las Gracias”), Lowell (“La invención del éter”), Olds y Simic (la primera, profesora suya en Nueva York, a los que agradece la lectura de sus poemas inéditos)…
En la última parte, Holland-Batt torna aún más intimista (no es en vano ese guiño a Cal Lowell) y cierra magistralmente su libro con el poema que le da título.

Nota: Esta reseña apareció el pasado viernes 29 de junio en El Cultural