17.2.23

Reseñables

POESÍA
Se ha vuelto insegura la columna de libros reseñables que he venido leyendo en las últimas semanas. El triunfo de la vida, por ejemplo, de Percy Bysshe Shelley (Pre- Textos), traducido por Luis Castellví Laukamp y con una introducción ejemplar de Prue Shaw. Una maravilla que gracias al mencionado prólogo y a la brillante versión pierde parte de esa presunta oscuridad que le atribuyen. 
Mucho me ha sorprendido también Del dominio, de Guillevic (Editorial Cántico), traducido por Rafael Antúnez y Juan Antonio Bernier. Una muestra de la gran poesía francesa del XX. Naturaleza en estado puro. Pura metafísica. Palabra esencial. Lo infinito en un verso. Chapeau!
En la misma colección ve la luz Cuaderno de cuatro años, de Eugenio Montale, el último gran libro, publicado en el 77, del poeta italiano, Nobel dos años antes. La traducción ha estado a cargo de Fruela Fernández y Andrés Navarro y está lleno de poemas memorables con versos que atraviesan como aforismos y que nos hieren a causa de la lúcida ironía que contienen. Por ejemplo, "Hemos dado / lo mejor de nosotros mismos para empeorar el mundo". O "La moral dispone de pocas palabras". Y "No existen vidas breves o largas / sólo vidas ciertas o muertas o afines". "Por desgracia, sólo he tenido la palabra", concluye. He echado en falta un prólogo de cierta enjundia y no una mera nota biográfica. O algunas notas. Montale no es un poeta ni simple ni sencillo. 
Por seguir con las traducciones, qué memorable despedida la de nuestro añorado Paco Uriz con Llueve en la taza, sus versiones de un puñado de poemas de Henrik Nordbrandt que edita Nórdica con ilustraciones de Kike de la Rubia y un espléndido prólogo de Juan Marqués a la altura de lo que viene después. 
De Nadie nos cuida en el sueño (Pre-Textos), de Cristóbal Domínguez Durán, habló con la solvencia que le caracteriza Jordi Doce en La Lectura. A esa reseña remito al lector curioso. No podría uno decirlo mejor. Un segundo libro que, de cara al futuro, nos apremia a prestar la atención que merecen los versos de este vejeriego.
También en el sello valenciano (y también con premio) se publica Químicamente puro, de Andrés García Cerdán, que fue premio Brines, uno de los mejores libros de poesía que uno ha leído últimamente. Lo abro ahora de nuevo y veo sus páginas llenas de signos y subrayados con lápiz, los que utilizo para destacar lo que me sale al encuentro; señal de que todo (o casi) me pareció aprovechable. 
Otro libro también premiado por jurados competentes, como los dos anteriores, y escrito por otro poeta joven es Historia del tacto, del marbellí Sergio Navarro. Se publica en la Colección Literaria de la Universidad Popular de San Sebastián de los Reyes, lo que no será obstáculo para que el lector curioso lo encuentre. Es su tercer libro y los anteriores están en Pre-Textos y Adonais/Rialp, respectivamente. Con este reafirma su condición de poeta excelente. El extenso poema "El milagro de la caridad de Luis Cernuda" (que tiene mucho que ver con el poeta sevillano, claro, pero también con la estadía de Navarro en Cambridge) justifica el calificativo que acabo de emplear. Otro tanto cabe decir de la sección "Siete casas bajo el mar", donde inserta en sus propio poemas otros de distintos poetas estadounidenses traducidos a un castellano medieval semejante al que utilizó Jorge Manrique en sus famosas Coplas. Sorprendente. Como el resto del volumen. Este hombre sabe lo que hace.
En otra colección de Pre-Textos, La Cruz del Sur, La casa del secreto, del cubano Ernesto Hernández Busto, barcelonés desde el 99. Gira en torno al soneto. Escritos por él y por otros (es un excelente traductor). Para colmo de bienes, incluye una coda sobre esa perfecta composición poética y unas notas filológicas y eruditas que abundan en su importancia. Toda una lección sonetística
Qué agradable sorpresa la de descubrir la poesía del argentino, residente en España, Walter Cassara. He leído Ladera umbría  (HDJ/Huesos de Jibia) y me ha parecido un libro potente, muy personal, escrito con un lenguaje también poderoso que, sin embargo, aborda asuntos cotidianos, de la vida ordinaria que lleva alguien que vive en un pequeño pueblo serrano, "en estas recónditas estribaciones del Guadarrama". La naturaleza montañosa ("la herida del paisaje") y lo rural ("Hombre con carretilla", "La cabra"), sí, pero tamizado por lecturas de poetas y artistas universales (De la Tour, Benjamin, Celan, Hokusai, Zurbarán, Beuys...). "No pintamos la vida, sino su extrañeza", escribe. Este hombre "mira en el silencio del ver", como el Starosta de Spinetta. 
De "un asombro discreto" y de "los quehaceres umbríos" habla Carlos Battilana en su epílogo. Sostiene que, mediante esos poemas en prosa, Cassara "se atreve a explorar esa densidad" que mezcla los "hechos cotidianos"  y el citado "asombro". "Con la misma sencillez, el mismo arte, me he entregado a la inocencia", podría resumir esta poética de la verdad.
A destiempo he leído Soñar con bicicletas, de Ángeles Mora (Tusquets). Me quedo con los poemas de las dos primeras partes, "Mi vida secreta" y "La luz del poema", por más que todo el libro esté lleno de poemas logrados. Ah, los recuerdos. 
De una pieza me ha dejado Gente que bebe, de Alberto Tesán (Milenio). Poemas en prosa, la mayoría, que Jesús Aguado califica en El Ciervo como "poemas desolados y lúcidos que se beben al lector sin misericordia". Con "Mis amigos poetas" basta. "Qué difícil no temblar", asevera Aguado. Pasen y lean. Luego...
Tampoco tiene desperdicio Los poetas feroces cuentan lobos para dormir, de Pedro Flores (Cálamo). Aunque lo parece, no es un poeta joven. Quiero decir que el desparpajo, la frescura y la ferocidad que encierran sus versos no cuadran con lo habitual en un poeta en mitad de la cincuentena. O sí, ya se ve. Juego literario de alto nivel. Para muestra, "Viejo poeta provinciano". El libro, desde luego, le ha salido redondo. Y el jurado que lo premio lo sabe. 
Justo Jorge Padrón, un poeta que llegó a sonar para el Nobel (?), falleció (a los 78 años, en 2021) sin culminar su magna obra poética: Hespérida. Canto Universal de las Islas Canarias. Sale ahora la cuarta y póstuma entrega (con prólogo de Maximiano Trapero), que lleva por subtítulo Soliloquio de Carlos V en Yuste. Recorre la vida del emperador desde su nacimiento en Gante hasta su muerte en ese precioso rincón de La Vera de Plasencia. Los dos últimos cantos hablan precisamente de Yuste: "Retiro en Yuste" y "Muerte del emperador". Su apuesta por la poesía histórica, poco habitual en nuestros día, me ha parecido tan curiosa como acertada. Será, me digo, porque siempre he sentido un amor especial por ese lugar y un aprecio por el hombre -el más poderoso del mundo entonces- que abdicó para retirarse a estas recónditas soledades nuestras.
Termino la sección lírica con las tres nuevas entregas de la exquisita colección El Leopardo de las Nieves: Mysterium lunæ, del irlandés Colm Tóibín (traducido por Enrique Juncosa, editor de la colección junto a Andrés Mengs); Una vuelta por el lado salvaje, del argentino Samuel Bossini; y Gare du Nord, del colombiano Fernando Herrera. Tres piezas poéticas de calado.

PROSA
Como si fuera a ser el último (Libros del Aire) titula Hilario Barrero el nuevo tomo de sus diarios, de la serie "Diarios de Brooklyn", que es donde vive. Corresponde al año 2016. En el prólogo a Elogio de la cordura, la última entrega de los impertinentes, pandémicos y amenos (salvo cuando habla en contra de las vacunas y de Juan Carlos I, más de medio libro) de José Luis García Martín (amigo de Barrero y personaje de sus páginas), Abelardo Linares sostiene, y con razón, que lo de la "escasez de escritos autobiográficos en la literatura española hace tiempo que ha dejado de ser cierto, si es que alguna vez lo fue". Quienes hemos frecuentado los de Barrero volvemos a encontrarnos con lugares, escritores, costumbres, aficiones y personas que nos resultan familiares. Con un pie siempre en su Toledo natal (y en la memoria), Barrero logra, con una prosa muy elaborada que no carece, a pesar de eso, de naturalidad, hacernos partícipes de su vida. De ahí que la vivamos como propia. 
¿Sus temas? El irremediable y enojoso avance de la edad, los problemas de salud, los paseos por el parque, las largas noches y los amaneceres, las pérdidas de conocidos y amigos, las visitas a las longevas vecinas y los viajeros de paso... Y, sobre todo, el amor, destinado a vencer a la mismísima muerte. 
He disfrutado con Baroja & yo. Un poco de compañía, de Andrés Trapiello. Elaborado a partir de unas cartas manuscritas inéditas de Juan Terrasa, nos permite conocer de primera mano (pocos más barojianos que el poeta de Manzaneda de Torío) anécdotas y categorías acerca de la vida y la obra de uno de nuestros clásicos. Y todo con el reconocible tono incisivo del autor de Las armas y las letras
Otro muy distinto tiene Nebrija y Extremadura, de Dionisio Á. Martín Nieto, que publica la benemérita Editora Regional de Extremadura en la prestigiosa colección Estudio con motivo del quinto centenario de su muerte y que incluye una separata de Raulowsky con llamativas ilustraciones alusivas a la obra del de Lebrija. La biografía (y más, por lo que tiene de puesta al día) da cuenta del paso del gramático por esta tierra: Villanueva de la Serena, Zalamea, Alcántara, Brozas... En Plasencia vivió, tras casarse con una paisana, uno de sus hijos: Francisco.