7.9.10

Silencio

En previsión del mucho ruido que uno tendrá que oír cuando empiece, la semana que viene, el curso escolar (vuelvo, ay, con mis queridas "fieras" de hace dos años), llevo unos días enfrascado en un libro muy recomendable del que, por cierto, daba cuenta el domingo El País. Me refiero a No sufrir compañía (Acantilado), del musicólogo, ensayista y poeta Ramón Andrés. (Recuerdo, por ejemplo, lo mucho que me gustó La línea de las cosas, que ganó el premio Ciudad de Córdoba un año después que A debida distancia y, en consecuencia, fue publicado por Hiperión, y he venido echando de menos que no haya insistido más en la poesía.) No sufrir compañía lleva como subtítulo Escritos místicos sobre el silencio. He leído aún poco -la lectura de estos textos debe hacerse con el debido sosiego, meditándose-, pero lo suficiente para volver sobre uno de mis paisanos más queridos, Pedro de Alcántara (aquí el tratamiento de la santidad sobra). O sobre Luis de León, uno de mis poetas de cabecera. El prólogo, conviene decirlo, también es de lectura obligatoria ya que se trata de un ensayo de calado donde Andrés demuestra su ejemplar sabiduría. En estos tiempos de tribulación, bienvenida sean obras como ésta y editores valientes como Vallcorba. Sí, para quedarse mudo.