18.12.19

2 en El Cultural

José Mateos
Pre-Textos, Valencia, 2019. 72 páginas. 

José Mateos (Jerez, 1963) es pintor, editor, ensayista (Soliloquios y adivinanzas, La Razón y otras dudas, Silencios escogidos, Un mundo en miniatura y El ojo que escucha) y narrador (Historias de un Dios menguante y Un año en la otra vida); pero, sobre todo, poeta. Autor de Días en claro, Canciones, La niebla, Cantos de vida y vuelta y Otras canciones. Y de las recopilaciones Reunión y Poesía esencial.
El título de su nueva entrega no es baladí. Juega con las palabras para referirse a él mismo y a la tonalidad musical que mejor representa su tono poético. Schubart la asoció a los términos solitario y melancólico.
Una cita inicial, de San Juan de la Cruz, resalta esa voluntad de discreción: “No a lo más, sino a lo menos”. Como el primer poema del libro: “Quisiera escribir poemas / sin el dogal riguroso / de los poemas bien hechos”. Luego menciona al silencio y añade: “Como esas flores sin nombre / que hay en los cementerios”.
Por eso desde el principio prima la cortedad, la concisión, la exactitud. En busca, diría de lo imprescindible: “¿No cabe el universo / en esa gota de agua?”
También lo popular y lo clásico, fundidos en coplas, canciones, soleares, endechas, villancicos… Y todo bajo una atmósfera de naturalidad que pasma al lector por su luz, tan limpia.
Se suceden las preguntas, las formuladas por alguien que contempla, desde la extrañeza, “cualquier cosa, lo más simple” y su “razón tiembla”. Lo obvio y lo evidente, la realidad más pura, conducen siempre a la perplejidad. Un ciprés, un álamo, una higuera, una cometa, una lagartija...  “Y esta emoción sin porqué”.
En la segunda parte, abundan los poemas logrados, como “Sin título”, “El balcón abierto”, “Un olor” (“pasar por la vida así, suavemente”)...
A determinada edad, la vivir no deja de ser el ensayo de una despedida; así, la “muerte insaciable” acecha en “Primeras lluvias” (“Yo habré desaparecido”.) o “El último viaje” (“Si algo pudieras llevarte…”).
Y ya que de pérdidas hablamos, en la tercera, la más emotiva, la protagonista es su madre, “en la frontera indecible / que es siempre la enfermedad”, en inhóspitos cuartos hospitalarios donde la infancia y la alegría, a pesar del dolor, sobreviven. Porque ésta “cuando sucede una vez, / sucede ya para siempre”. De ahí que en “Ruinas” (“tu patria”), reafirme su voluntad de canto. Qué “misteriosa claridad”, qué “secreto transparente”.  

Gabriela Riveros
Vaso Roto, Madrid, 2019. 88 páginas. 

La mexicana Riveros (Monterrey, Nuevo León, 1973) tiene una amplia carrera académica y es autora de cuentos y de una novela, Destierros. En la nota final de su ópera prima poética, leemos que “surgió de manera paralela al proceso de escritura” de esa narración, que “hay una estrecha relación entre ambas obras” y que “hay hilos que van de un libro a otro”. Sin haberla leído, destaca también aquí una razón narrativa que hilvana siquiera las tres parte que lo componen.
En un breve prefacio, Alberto Ruy Sánchez alude a su “mirada reflexiva” y a que “toca la grieta viva donde los demonios de la infancia acechan”. A “lo que va dejando el tiempo”. En efecto, desde el presente, Riveros emprende un viaje dantesco a su inocente niñez, sí, pero también a su primera juventud: “el recuento de lo que he sido”, que surge a través de esas “grietas”. Como la de la nostalgia.
Para ello se desdobla, esto es, utiliza el recurso borgeano del doble, de ese otro que además es uno. “Doble vida” se titula el poema inicial, que empieza “Me siento sobre la tarde de mis cinco años”.
 “Ella la otra” pasa a ser una fórmula constante, poema tras poema. Con su otro yo dialoga. En esa conversación se centra la búsqueda. Ahí, los abuelos, el hermano enfermo, la historia de amor con el arqueólogo (en Madrid) y con el exiliado argelino (en París), etc.
Su formación musical aflora en poemas que son música y remiten a ella. Al fondo, su abuela, pianista, persona clave a la que dedica el libro: “soy esa música”.
Los poemas son extensos, discursivos. Los versos fluyen memoriosos con aires de crónica convulsa o de diario impetuoso. “Palabras de fuego”, según Ruy Sánchez. Las que hacen que su vida sea realmente suya.
Detrás, la culpa, la permanente indagación acerca de “la vida que era tuya / y no elegiste”. Lo que ha pasado frente a lo que pudiera haber sucedido. Dos voces, que son una, se preguntan por ese “vivir escindido”. Por ese fatal desdoblamiento. Léase “Invención a dos voces”.
Como ella misma señala, en “Geología propia” está Pacheco y su profética Morirás lejos.
En “Fuerza centrífuga”, la actualidad líquida de las redes sociales: “Afuera hay un marasmo / adentro no hay nadie”.
Cierra el volumen “La menor de los rarámuris”, un largo poema en torno a lo ancestral y al mito.

Nota. Las reseñas de los libros de Mateos y Riveros aparecieron el pasado viernes 13 de diciembre en El Cultural.