11.1.26

Para quien ama con verdad

En Cartas a un joven poeta, Rilke desaconseja escribir poemas de amor porque entiende que es difícil para un principiante. Que requieren una madurez de la que aún carece. Uno diría que ni siquiera con ella está garantizado el éxito. Por frecuente que sea ese tema común, la verdadera poesía amorosa dista de ser habitual. Victoria León (Sevilla, 1981) sortea el aprieto y sale indemne. Si bien no todo en Luz de la noche incide en ese asunto capital de la lírica, abundan en su tercer libro los versos que lo ensalzan. Y, ya digo, con sobrada solvencia. Sin caer en los tópicos al uso.
De cinco partes consta. En todas se aprecia las constantes que marcan su voz. El sosegado ritmo que aportan los endecasílabos, su medida más frecuente; “la lengua clara y precisa” a la que se refiere su maestro, Luis Alberto de Cuenca; el misterio, que es, como explica Andrés Trapiello, “aquello que se comprende únicamente si no hay necesidad de explicarlo”. Al fondo, siempre, la cultura clásica; latina (el libro se abre con una cita de Propercio) o inglesa (es traductora de Mary Shelley, Ruskin, Stevenson, Plath…). En “Ruinas”, la primera sección, la más culturalista, menciona el mito de Casandra, el silencio de Hamlet o el De profundis de Wilde (del que vierte un fragmento). Y a la tristeza, otro motivo central de esta poética melancólica. Léase “Lejana tristeza”. En las otras, ya se dijo, el amor domina. En versos como “Todo es verdad en ti cuando me miras”, “Todo amor verdadero es un asombro”, “Fuera del tiempo nuestras sombras se aman”… En poemas como “Revelación”, “La belleza del mundo”, “Recuérdame”, “Quiero ir con aquel a quien amo”, “Gratitud”, “Meditación” o “En silencio”. Sí, “la poesía es un viaje / de vuelta de las sombras”. Luz.
 
Victoria León
Visor, Madrid, 2015. 60 páginas. 12,00 €

NOTA: Esta reseña se ha publicado en EL CULTURAL.