12.2.09

Agua

Ayer me acerqué hasta la presa y pude ver los primeros frutales en flor de la temporada. Las mimosas están también fuera. La tarde estaba radiante. Ya no se acordaba uno de esa luz tan nítida; por lo demás, tan propia de estos parajes. El río volvía a correr y eso se notaba especialmente en la pesquera del kilómetro 4. Además, la corriente se ha llevado, o casi, la desagradable espuma blanca que venía cubriendo las orillas.
El domingo también pude dar, por fin, un paseo por el campo. Esra cosa de ver cómo iba la garganta, con el abundante caudal de otros inviernos.
Lo natural, a pesar de sus rutinas, siempre nos sorprende.

Premios de la Música

Como todo, estos premios tienen más de una cara. La positiva, me alegro, que le conceden a "nuestro" Pablo Guerrero el premio Toda una Vida. La mala, que la ceremonia del Palacio de Congresos "Manuel Rojas" de Badajoz nos va a costar a los extremeños (vía Consejería del ramo) 400.000 euros de nada. Está visto que se nos va la fuerza... por la música.

¡Vengan poetas!

Algunos nos enteramos el domingo por Trazos de que la Biblioteca Regional va a realizar en su sede pacense una serie de exposiciones (de "microexposiciones" habla en mismo periódico en su Agenda) sobre poetas de la tierra. Nada como la poesía para la pobreza. A falta de ideas o de presupuesto, digo. Comienzan con una sobre Ángel Campos. Le seguirán de inmediato las dedicadas a Irene S. Carrón, José Antonio Zambrano, Santiago Castelo y Ada Salas. En el artículo que firma el director de la institución, se nos informa de que luego vendrán más. La pluralidad, esa coartada. En la lista de nominaciones, figuran, "entre otros", mil y un nombres. Ya se sabe que los poetas abundan. Como la mala hierba, se suele repetir. Bueno, al menos los presuntos. De hecho, no conozco ni de oídas a varios de los mencionados. Por lo mismo, siguen sonándome algunos "invisibles", que no están ni se les espera. Otros, por supuesto, me suenan de más. Cosas mías.
Me llama, por fin, la atención que no aparezca en el florilegio (un término que le encantaba a Pámpano) el poeta por excelencia de esta nueva época. El de la vara alta. Será para disimular. O que ya se le ha caído al comisario (y a otros) la cara de vergüenza.

11.2.09

Vuelve Sciascia

Leí el otro día el otro día el magnífico reportaje del periodista Miguel Mora sobre la no vida de Roberto Saviano, el autor de Gomorra. Inevitable no recordar a Sciascia. Su ejemplo. Esa mañana había leído, con inmenso placer, A cada cual, lo suyo, recién rescatada por Tusquets en una nueva traducción. Al terminarla, no obstante, el mismo descontento: ¿por qué se habrá terminado tan pronto?

"Estados sucesivos"




















Ya está en Amazon el libro
Estados sucesivos. Poesía (1983-2008), de Efi Cubero, con prólogo de Federico Martínez Reyes. Lo ha publicado la UNAM, en concreto el servicio de publicaciones de la Facultad de Arquitectura y Humanidades.

Antonio en Baluerna




















Veintiocho son ya las entregas de Baluerna, Cuadernos del viajero, la colección de la Estación de Autobuses de Cáceres al cuidado de Eduardo Hernández. En la última, dos poemas del poeta extremeño y colombiano Antonio María Flórez que, además, traduce al portugués Eduardo Fonseca dos Santos. Una delicia, sin duda.

10.2.09

Lectura

La lectura de poemas de Heaney en el Círculo. Aquí.

Los de Argamasilla

Sí, los de Argamasilla, querido Fernando, no dan tregua. Uno, por ejemplo, incapaz de comprender ni de lejos eso que llaman "hecho poético", pésimo lector de casi todo y en especial de poesía, aprovechando que por Badajoz pasa el Guadiana y el título de la última obra de Irene (comentada aquí, premio "Antonio Machado en Baeza") es Ningún mensaje nuevo, dice, desde los cerros de Úbeda, que el libro "no apela a ese mundo de los blogs, páginas webs o e-mails en el que tantos creadores parecen refocilarse". ¡Uf! Ni Marías. ¿A cuento de qué ese excurso? ¿No se hablaba de poemas? Para liar la cosa aún más, añade: "Tampoco es que se abomine –lo que sería estúpido– de las nuevas tecnologías". ¿Entonces? Y esto, claro, lo publica en su blog, por coherencia. Hay que ser retorcido.
Otro, no menos osado, nos ofrece una pieza exquisita en el Boletín de la RAEX: La Real Academia de Extremadura en Sicilia. Ese pomposo título encubre la crónica de un viaje a la isla italiana de varios académicos... y acompañantes. Una excursión, vamos. Al poco de empezar su caro diario, escribe sobre Mérida: "veíamos a media luz la ciudad romana, se asemejaba a un ánfora achatada, como si la escarcha nocturna hubiera cincelado su perfil anejo y selecto, reflejándolo en rojizos suaves en las mejillas serenas del Guadiana". No me extraña que a una amiga de Badajoz le guste la "buena pluma" del de Jerez. Pues eso. ¡Que no decaiga!

6.2.09

Cartones y don Cipriano

Agustín "Cartones" ha muerto. Tanto el Hoy como el Extremadura recuerdan al mendigo más popular y querido de esta ciudad. Aunque le enterrarán en Peraleda de la Mata, se informa de que un grupo de placentinas ofrecerá una misa por él en la Catedral. Qué menos.
En los mismos medios se da cuenta también de otro fallecimiento, el del miembro de la curia romana, obispo de Tagora e Hijo Predilecto de Plasencia, Cipriano Calderón. Fue director del L'Osservatore Romano.

5.2.09

Plasencia escrita

Alguien dijo que si los hombres no escribieran, no existirían las ciudades. La nuestra, Plasencia, no es, según creo, una excepción. Al revés. Uno tuvo muy temprano, desde que empecé a ser lector, la intuición de que ésta era una ciudad literaria o susceptible de serlo, de ahí que la convirtiera en el centro de ese territorio, más imaginario que real, en el que me propuse que vivieran tanto el protagonista –aproximadamente yo- de mis poemas como los personajes, con el tiempo (entonces no sospechaba que eso llegaría a ocurrir), de mis novelas, por llamar a mis libros narrativos de algún modo. Para bien o para mal, lo siento a veces como condena y otras como bendición, casi nunca me he apartado de los paisajes (del alma) que pueden contemplarse en torno a Plasencia. A sus tierras, como se decía antes. En lo sustancial, los valles del Jerte y del Ambroz, así como la comarca de La Vera. Pero como decía, sobre todo las calles de esta ciudad murada de la que uno casi nunca ha salido y de la que, sin embargo, como en el verso de Ungaretti, “la meta es partir”.

Que Plasencia, en fin, es una ciudad literaria, es decir, escrita, lo demuestran diferentes libros que la han tenido como referente. Sin ningún afán exhaustivo (no es uno el erudito que cabría al caso), paso a comentar algunos.

El que prefiero, también el más antiguo, es la Descripción de Plasencia del Luis de Toro. Fechado por su autor en 1573, el médico placentino lo escribió en latín y, ya digo, pocas páginas sobre esta ciudad superan las de esa especie de “guía turística” del siglo XVI, como la calificó Domingo Sánchez Loro, que no ha perdido ni un ápice de su original frescura y donde se retrata a esta ciudad de una manera insuperable. No haría falta decirlo, tal es nuestra proverbial desidia, pero carecemos de una edición asequible de la obrita que, con todo, se puede leer entre las páginas de las Historias placentinas inéditas (I. C. El Brocense. Cáceres, 1985), del citado S. Loro, o, más difícil, en la edición de Marceliano Sayáns Castaños, Descripción de la ciudad y obispado de Plasencia, por Luis de Toro (La Victoria, Plasencia, 1961).

También me gusta recordar, dando un salto en el tiempo, las pocas pero muy interesantes páginas que el pintor José Gutiérrez-Solana le dedica a esta ciudad en La España negra, donde llega en tren (desde Tembleque), a principios del siglo veinte, cansado, sucio y lleno de polvo. Refleja allí un pueblo abrasado bajo el sol del verano cuyas construcciones se confunden con el color terroso del paisaje circundante. Habla, por lo demás, de sus calles, de sus tabernas, de sus mujeres, de sus posadas… y de sus muertos, que cree abundantes.

Por esa época visitaba cada poco esta plaza el maestro y poeta José María Gabriel y Galán, vecino del Guijo, quien convertido, por matrimonio (se casó en la iglesia de San Esteban), en propietario rural bajaba los martes a proveerse de lo necesario para las tareas del campo y, además, para las literarias, que eran, sin duda, las que más le interesaban. Baste citar su poema “La Cenéfica” para dar fe de la presencia de Plasencia en su inolvidable obra.

Mucho más adelante aparecen las primeras obras de dos novelistas placentinos nacidos en 1940 que, marca de la época, se llaman José Antonio y se apellidan García Blázquez y Gabriel y Galán (nieto del mencionado vate), respectivamente.

Gonzalo Hidalgo Bayal comenta en su ensayo La novela asonante que “aunque los personajes suelen moverse por grandes ciudades (Madrid, Barcelona, París, Nueva York), siempre surge una ciudad media en sus orígenes (como Plasencia, por ejemplo)”. Hace alusión a las novelas de García Blázquez (No encontré rosas para mi madre, El rito, Señora muerte, Rey de ruinas, etc.), que empezó a publicar una década antes que su paisano, en los sesenta, y donde Veletas (como él la llama) pasa a ser un trasunto de su tierra natal, una ciudad opresora de la que huyó muy joven y a la que ha vuelto esporádicamente y de forma, casi siempre, clandestina.

En Gabriel y Galán, otro placentino “de fuera”, viajero también como García Blázquez, Plasencia aparece de un modo más circunstancial. A pesar de eso, son memorables las primeras páginas de su novela más famosa, Muchos años después, donde aparecen evocados, pongo por caso, los singulares canchos que nos rodean (nos rodeaban, mejor).

He citado a GHB y es precisamente éste, natural de Higuera de Albalat (1950), pero vecino de Plasencia desde muy temprana edad, quien quizás mejor ha sabido trasladar al papel el espíritu (caso de que lo tenga y de que sólo sea uno) de esta ciudad que él ha rebautizado como Murania. Porque de novela se trata, no hace falta explicar que la ficción manda. Con todo, ya digo, uno rastrea fácilmente tal o cual rincón detrás de las vidas de los personajes que pululan por las calles de Mísera fue, señora, la osadía, Amad a la dama o Paradoja del interventor, aunque aventuro que será en su próximo libro, que saldrá inminentemente, El espíritu áspero (un auténtico novelón), donde Murania respire con todo su esplendor de la mano de su protagonista, don Gumersindo, un profesor de latín que se jubila.

Otros autores, jóvenes ahora y también placentinos, han llevado a sus primeras obras, de forma más o menos velada, a Plasencia. Hablo de Juan Ramón Santos (un cuentista que va camino de convertirse en novelista, con dos libros publicados, Cortometrajes y El círculo de Viena) y de Álex Chico (un poeta que en su único libro publicado, La tristeza del eco, da una importancia decisiva al sitio donde nació).

A esta ciudad, conviene recordarlo, en el momento de su fundación hace más de ochocientos años, le ha dedicado una novela Jesús Sánchez Adalid bajo el título El alma de la ciudad.

Para terminar, y en lo que a uno respecta, sólo cabe añadir a lo que ya dije al principio una paradoja. Puede que no hubiera escrito nada de haber nacido en otra parte o, acaso, dondequiera que hubiera nacido habría inventado una ciudad aproximadamente como ésta. Para que existiera, la habría escrito. Sí, porque la mía es, como la de todos, una ciudad de la memoria, más imaginada que real, más de mis sueños (y mis pesadillas) que cualquier otra cosa. Ésa que aparece, porque no quería perderla, entre las líneas de mis libros de poesía y, más aún, entre las de mis dos novelas: Las murallas del mundo y Alguien que no existe.


(Publicado en Torre Lucía, periódico escolar del Colegio Público Alfonso VIII de Plasencia)

4.2.09

Vacío figurado

El pintor placentino Emilio Gañán expondrá una instalación a partir de junio en el Meiac de Badajoz. Será su primera incursión en lo tridimensional. Se trata, además, de un Proyecto ABCD. Ahí, en el suplemento cultural del diario madrileño, nos encontramos el pasado sábado con esta carta al crítico Javier Díaz-Guardiola que no deja de ser una reflexión sobre la obra.

2.2.09

Ecos















Tiene razón Miguel Ángel, no estaban nuestras voces -la de Jordi y la mía- para tirar cohetes y eso que, por paradójico que parezca, las clases -y las constantes voces que uno da para poner un poco de orden en el grupo que me ha tocado en suerte- me han arreglado no poco la garganta.
Copio una versión mejorada de la fotografía que ilustra el comentario de Miguel Ángel (se recomienda pinchar sobre ella). Eran otros tiempos, ay.

Amigos

Me acuerdo mucho estos días, los del 200 aniversario del nacimiento de Darwin y los 150 de la publicación de El origen de las especies, de mi amigo Fernando Pérez. No en vano es el autor de La introducción del darwinismo en la Extremadura decimonónica. Estaría disfrutando mucho con tantos artículos y ensayos sobre aquel sagaz viajero y gozando de las reediciones de sus libros. En fin, ojalá sirva de algo que otros lo hagamos por él.


Solemos decir con la ligereza del tópico que la mejor manera de recordar al escritor muerto es leer sus libros. Sí, esto puede que sirva para alguien al que sólo conocemos a través de sus obras. Cuando el fallecido no es un amigo. Uno, por ejemplo, sigue siendo incapaz de acercarse siquiera a los poemas de Ángel Campos. Cada vez que lo intento me puede la pena. La tristeza me vence. No he pasado del prólogo de Miguel Ángel Lama a su poesía completa. Ya sabemos , por cierto, que se presentará en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el próximo 6 de marzo. Sus editores, un grupo de amigos y algún que otro representante institucional preparan ése y otros actos. Eso me cuentan.

Dos novelistas vascos y la poesía

En una entrevista de Ander Landáburu a Ramiro Pinilla publicada en Babelia, el periodista comenta a propósito de la nueva novela del escritor vasco que “se produce un diálogo interesante entre ellos sobre la inutilidad de ser poeta y la percepción de la realidad”, a lo que Pinilla responde: “En cierto modo hay un choque entre el ser poeta, que es, digamos, la autosublimación del yo, y la persona que escribe y narra. En este caso vemos cómo un poeta quiere narrar y no puede. Y es así porque un poeta no puede narrar, incluso las excepciones”. “¿Incluso Pablo Neruda o Bertolt Brecht, por dar algún ejemplo?”, dice Landáburu. “Incluyamos a todos –responde Pinilla-. Al poeta que escribe la narrativa no le va. La esencia suya es la poesía. Un buen poeta no puede escribir una buena novela. Está demasiado metido en su yo, y la novela es impresión, es ponerse en el lugar de los personajes”.
En Público, Peio H. Riaño le pregunta a Fernando Aramburu: “Desde Fuegos con limón, usted es un contador de historias. ¿Se olvidó de la poesía a pesar de haberla practicado?”, y el novelista vasco responde:
“Lo que yo entiendo por poético no se ciñe exclusivamente a la escritura en versos. Es decir, escribir poesía no supone llegar automáticamente a un resultado poético. En mi evolución personal, pasé de escribir versos a otra cosa, donde la búsqueda de lo poético todavía persiste. Practicar otros géneros me permite hablar desde puntos de vista que no son exclusivamente los míos. Cuando uno escribe poesía, se expresa él y lo hace con sus palabras suyas, vamos a decir, y no aplicadas a un personaje de ficción. Por otro lado, lo que se entiende convencionalmente por poético excluye el humor, las descripciones, las reflexiones Eso eran limitaciones muy grandes. Se me quedó pequeño, porque me apetecía contar. Pero no me llevó a prescindir lo que conocemos por poético: la belleza de la expresión, la densidad y la hondura del pensamiento. A eso no he renunciado nunca”. “Tampoco ha renunciado al cuidado por lo poético”, comenta entonces Riaño. “Sí, porque el lenguaje es lo que el lector debería olvidar para llegar a la historia. Lo que el escritor pone en las páginas son palabras, frases, idioma. Si uno no lo maneja con suficiente altura literaria, es muy difícil que llegue a ofrecer a sus lectores algo valioso. Al decir altura, me refiero a cosas muy concretas, como la precisión de la imagen que se quería transmitir”, responde Aramburu.

1.2.09

"Ningún mensaje nuevo"

Es el título del último libro de Irene Sánchez Carrón, poeta de Navaconcejo, en el Valle del Jerte, que vive y trabaja en Badajoz. Lo ha publicado Hiperión y ganó el premio "Antonio Machado en Baeza". Es su cuarto libro, plaquettes aparte. Con el segundo, Escenas principales de un actor secundario, ganó el Adonais en 1999.
La suya es una poesía de línea clara, precisa y sobria en extremo y, digamos, anglófila. En este libro los poemas se vuelven sobre la propia escritura (sin que la metapoética invada esa reflexión), sobre la infancia y el mundo rural perdidos, sobre el amor y sus más amables circunstancias ("Carpe diem para un amante indeciso" se titula la segunda parte) o sobre la ausencia (que es el nombre de la tercera), donde cobra protagonismo la muerte. A ella pertenece un hermoso poema titulado "De senectute" que, por cierto, escuchamos hace unos días, leído por su autora, en el programa El ojo crítico, de Rne. Un buen libro, en fin, que uno se alegra de haber leído.