12.7.12

El novelista Pablo García Baena

P. G. B. con J. L. Morante, Eduardo García y Á.V. Córdoba, 2004















Rosa Luque ha entrevistado a Pablo García Baena para el diario Córdoba con motivo de su 91 cumpleaños. En un momento de la larga conversación (que tiene una segunda parte), tras relatar el poeta cordobés una anécdota del entierro del pintor Romero de Torres, la periodista comenta: "Podría haber sido el punto de partido de una novela... si alguna vez se hubiera decidido a escribir novelas". A lo que el autor de Antes que el tiempo acabe responde: ¡"Uy, no, por Dios, qué pesadez! (ríe) Un poemita corto, y pocos".

Por alusiones

José Luis Sevillano comenta en Anaqueles polvorientos su lectura de Un centro fugitivo. Thank you.

11.7.12

Hopper

Autorretrato, 1925-30. Whitney Museum of American Art, NY


















Una de esas visitas relámpago que solemos hacer los de provincias a Madrid -de compras, de médicos-, nos ha permitido recorrer la comentada exposición Hopper, inaugurada el mes pasado en el Museo Thyssen-Bornemisza.
Ignoro si, como dice uno de sus comisarios, Tomàs Llorens, Hooper es el mejor pintor norteamericano del XX, lo que viene a querer decir uno de los mejores del mundo en ese controvertido siglo, también para el arte. Le molesta a uno que se trate a los músicos, los escritores y los artistas en general como si fueran deportistas. Como si sus obras fueran computables. Una cosa es el canon, necesario, y otra las clasificaciones competitivas, del todo prescindibles en materia cultural.
Lo que sí puedo afirmar, con toda la modestia que cabe al caso, es que sus cuadros me gustan. Desde hace mucho, añadiría. Sí, por la cantidad de gente que se amontonaba en las salas -y eso que el horario era intempestivo (casi a la hora de comer) y los grupos entraban de quince en quince-, por la abundancia de productos de merchandising que vendían a la salida, se puede asegurar que el neoyorkino de Nyack está de moda. 
Esta querencia por la obra de Hopper no es nueva entre escritores y, menos aún, entre poetas. Una de las monografías más conocidas sobre su obra, Silent Theater: The Art of Edward Hopper, está escrita por Mark Strand (aquí la publicó Lumen), el poeta canadiense residente en Madrid, que también está, por cierto, de moda.
Hay algo en su pintura que inspira. A lo mejor es que es poética; es decir, que en sus asuntos y en su forma de revelarlos hay, sea esto lo que quiera que sea, poesía. Soledad, melancolía, ensimismamiento, sugerencia, luz... son palabras que definen, entre muchas, ese estado de ánimo al que me refiero. Tal vez, ya digo, pura poesía.
No hablo de técnica, aunque según el citado Llorens, sea impecable, de consumado artesano, en el mejor y más noble sentido del término; de alguien, en suma, que conocía bien su oficio.
Me han encantado las cubiertas de las revistas que ilustró. Preciosas, como comentó una señora a mi lado, las acuarelas. Estupendos -ah, la belleza de lo pequeño- los grabados. Y qué decir de los cuadros más conocidos, tanto las escenas de interior (Sol de mañana, Habitación de hotel) como los de casas, ciudades, carreteras y paisajes (norteamericanísimos). 
Me han dejado indiferente los cuadros, digamos, "teatrales". Lo suponía: iba uno a ver lo que ya había entrevisto en las páginas de los libros y las enciclopedias, en papel y en internet.
No se ha prodigado uno recorriendo exposiciones. Y menos desde que los ciudadanos nos hemos vuelto tan cultos que formamos interminables filas para entrar en los museos. Ésta no será fácil de olvidar. Hoy la visita relámpago de los provincianos a la capital ha cundido. Tanto como a uno le ha rentado la pintura poética -o sólo literaria, vete a ver- del misterioso y solitario Edward Hopper.

10.7.12

La poesía de Arango

Hace seis años, en este mismo blog, publiqué un poema de José Manuel Arango que no ha dejado de perseguirme desde que lo leí por vez primera: Hölderlin, el número VII de su primer libro, Este lugar de la noche (1973). Por fin he tenido ocasión de leer su Poesía Completa, que, en edición de Francisco José Cruz, publicó la Biblioteca de Poesía en Español de Sibila-Fundación BBVA en 2009. Reúne los versos de sus cuatro libros -el ya citado, Signos (1978), Cantiga (1987) y Montañas (1995)-, así como "Otros poemas" y "Poemas póstumos". Es un libro excepcional, sin duda. De uno de los muchos poetas excelentes que Colombia ha dado. Y sigue dando. Traductor, y no en vano, de la sin par Emily Dickinson. Copio aquí dos poemas.

XXXVI. EL PADRE

A veces
veo en mis manos las manos 
de mi padre y mi voz
es la suya

un oscuro terror
me toca

quizá en la noche 
sueño sus sueños

y la fría furia 
y el recuerdo de lugares no vistos

son él, repitiéndose
soy él, que vuelve

cara detenida de mi padre
bajo la piel, sobre los huesos de mi cara


DEL CAMINO

No hay camino, dijo el maestro.

Y si acaso hubiera un camino
nadie podría hallarlo.

Y si alguien por ventura lo hallara
no podría enseñarlo a otro.

En "La bailarina sonámbula", un homenaje a Lezama Lima, Arango escribió: "La poesía debe ser un baile. El ritmo, la música le son consustanciales. Si la prosa corresponde al caminar llano, la poesía corresponde a la danza. (...) Porque la poesía es como un baile sonámbulo, una conjunción de mesura y de sueño".

9.7.12

Cultura y pobreza

Le pregunta Enric González al novelista griego, nacido en la comunidad armenia de Estambul, Petros Márkaris: ¿Y las consecuencias culturales del desastre? Y el autor de novela negra (que aquí edita Tusquets) responde: "Grecia era un país pobre con un alto nivel cultural. No solo poesía, no solo teatro, no solo música: podría darle muchos nombres. Las películas de mi amigo Theo Angelopoulos son un ejemplo. Pero en 1980 no solo decidimos que habíamos acabado con la pobreza, sino también con los valores de la pobreza, morales y culturales. Ahora estamos volviendo a la pobreza, pero sin valores. Es una de las cosas que más me preocupan, porque cuanto más pobre eres, más valores morales y más cultura necesitas.

8.7.12

Santa ira

Vaya por delante que uso la palabra ira en la primera acepción del diccionario: "Pasión del alma, que causa indignación y enojo". 
Soy uno de tantos que, por educación y por costumbre, emplea la expresión "si Dios quiere". Me cuesta hablar de algo que previsiblemente pasará en el futuro sin que medie esa frase hecha. No hay intención religiosa por mi parte, sólo rutina. 
La que no he usado nunca es otra por el estilo, que Rajoy ha puesto de moda: "como Dios manda", y que va, creo yo, más allá de lo deseable y hasta de lo razonable cuando quien la utiliza es un político que, para colmo, ostenta el cargo de presidente del Gobierno de un país que en su Constitución -artículo 16- establece el principio de aconfesionalidad del Estado. De alguien, añado, que gobierna para todos, con independencia de que sean creyentes (de la religión que sea) o no. Por eso, ayer, cuando vi una Tercera de ABC firmada por Esperanza Aguirre con el título "Por un bachillerato como Dios manda", me indigné como es debido, no sé si también "como Dios manda". Menos mal que la presidenta de la Comunidad de Madrid es liberal. De pacotilla, como casi todos los liberales de aquí, que limitan su presunto liberalismo a lo meramente económico (por eso el famoso casino -puticlub, según otros- no es inmoral). 
Por atinada que sea su reflexión (que parte del fallecimiento de Max Mazin y se retrotrae al bachillerato que nació en Alemania de la mano de Bismarck, ahí es nada), ¿es pertinente traer a colación a Dios, siquiera sea mediante frase hecha, cuando de educación y de planes de estudio se trata? Ay, las palabras. Y luego se quejan de las provocaciones, así las llaman, laicistas. ¿Estos son los que critican a quienes propugnan estados islámicos?
Bien está que doña Esperanza plantee la "resurrección del bachillerato perdido", pero que no lo haga bajo otra advocación que las de sus intereses. Por rancios, o no, que nos parezcan.

7.7.12

Contra VO

Mi amigo Miguel Ángel Lama lo ha dicho con toda claridad. Me sumo a su razonable queja. Uno se inclina por el viejo refrán: ¡qué atrevida es la ignorancia!

Leyendo a De Bonstetten

Reconforta leer en estos tiempos calamitosos al suizo Charles Victor de Bonstetten, liberal, ilustrado y aristócrata (en ese orden) que nació en Berna en 1745 y murió en Ginebra, como Borges, en 1832. Un año antes, publicó las memorias de su apasionante vida: Recuerdos escritos en 1831, que aquí ha publicado, con traducción y prólogo de Manuel Arranz, la editorial Periférica. 
Espigo de su libro unas cuantas citas.
"¿Por qué los tontos no ven nunca nada?".
"La costumbre de situar fuera de nosotros las sensaciones que están en nosotros es la fuente inagotable de todo lo maravilloso".
"No hay nada más poético que los niños".
"La felicidad o la infelicidad del hombre hay que buscarlos en la teoría de los sentimientos morales".
"Los hombres hacen las instituciones, y después las instituciones hacen a los hombres".
"En cualquier lugar donde los hombres de mundo permanezcan ajenos a la educación pública, los sabios serán reprimidos y los hombres de mundo carecerán de principios". 
"No hay nada comparable a Venecia".
"En todas partes la situación de la lengua es la medida de la civilización presente o pasada".
"Se ama porque se está amando".
"¡Afortunado el país donde el vínculo del matrimonio puede romperse!".
"Sin amistad y sin amor, el mundo es un desierto". 
Y las dos que prefiero:
"Uno es poeta en los hechos como lo es con palabras" y "Durante la tormenta, no es el pasado, sino el futuro lo que hay que atreverse a mirar de frente".

6.7.12

Una panorámica

El profesor de secundaria y estudioso de la literatura Antonio Salguero Carvajal ha conseguido sacar adelante un viejo proyecto que aparece bajo el título Panorámica poética extremeña (Antología del siglo I al siglo XXI) y bajo los auspicios de la Fundación Jesús Delgado Valhondo. El volumen, de más de trescientas páginas, ha perdido parte del carácter didáctico que pretendía darle su autor a favor de su condición antológica. Con todo, mantiene su clara vocación de manual. La breve presentación, tal vez demasiado, comienza con estas palabras: "Panorámica poética extremeña es un recorrido cronológico por la historia lírica de Extremadura, con el objetivo de seleccionar una amplia muestra de poemas de poetas nacidos dentro del espacio geográfico que hoy se denomina Extremadura". Lo más significativo de la loable antología estriba, pues, en considerar extremeños a poetas y poemas de Augusta Emerita (inscripciones fúnebres o conmemorativas) o del Badajoz árabe y no, como hasta ahora, desde el Renacimiento hasta hoy.
Esa muestra se realiza por periodos: Poesía de la Antigüedad, Medieval, Renacentista, Barroca, Neoclásica, Romántica, Realista, Modernista, de la Generación del 98, de la del 14, Vanguardista y del 27, del 36, Existencial, Social, del Conocimiento, de la Transición, de la Renovación, de Fin de Siglo y Actual. 
Se completa la obra con una bibliografía, una webgrafía y un índice onomástico.
En cada parte selecciona poemas de distintos poetas, los más significativos, a su entender, de ese momento. En total, 298 poemas de 44 poetas. 
Las introducciones a cada capítulo son de indudable naturaleza divulgativa y didáctica. Más acertados en lo que compete estrictamente a Extremadura y no tanto cuando se trata de abordar aspectos, digamos, nacionales. A medida que se acercan a la actualidad, los errores abundan y menudean las afirmaciones inexactas. Por poner un ejemplo, entre los poetas extremeños de la denominada Poesía de la Renovación (1980-1990), se incluye a Aníbal Núñez. 
Más atinados me parecen los comentarios destinados a cada poeta. Siempre, eso sí, prima el punto de vista del profesor en detrimento del que podría ofrecer el crítico, con ser, ya digo, correctos. Leer poesía no es un ejercicio cualquiera, algo que salta a la vista en este tipo de textos especulativos.
Por lo demás, la "estructura cronológica" no deja de ser una forzada convención que induce, como digo, a equívocos. Como mueve a equívocos la brevísima interpretación que Salguero hace de cada poema (en nota a pie de página), de nuevo en el sentido de lo presuntamente didáctico. Vuelvo a lo dicho más arriba.
De cubiertas dignas, pero de edición bastante triste (por culpa de la maquetación, los subrayados, la paginación de las hojas en blanco, etc.), lo mejor del libro son sus poemas.
No hace falta decir que, como en toda antología, el lector echará de menos los versos de algunos y le sobrarán los de otros. Siendo, como es, tan selectiva, hay presencias indignas y clamorosas ausencias. Con todo, prima el equilibrio. No se trataba de hacer apuestas y las pocas que hay, en lo referente a la poesía denominada Actual (la de cualquier poeta vivo lo es), salen bien paradas con Rodríguez Marcos, Cumbreño, Reseco y Casado.
Dejo para el final un detalle, pero significativo. En ningún caso y en ningún lugar del libro se menciona al poeta Ángel Campos Pámpano como él decidió que se le nombrara: con los dos apellidos. Ni una.

5.7.12

Molinos

Contra ellos nos las volvemos a ver. Y esta vez va en serio. Los placentinos tendrán dentro de poco unos cuantos aerogeneradores coronando la modesta sierra de Santa Bárbara, como informa Antonio Sánchez Ocaña en Hoy. Lo más gracioso es que la decisión de colocarlos ahí es de otro ayuntamiento, el vecino de Malpartida de Plasencia, que será quien se lleve los beneficios, amén de algunos particulares. Siglos de burlas acerca de la tosquedad de los chinatos terminarán, o eso me temo, con este mal chiste. El paisaje de ese sitio que aparece, de una forma u otra, en las novelas de Gonzalo Hidalgo Bayal, pues vive justo enfrente, terminará de malograrse. Y la aspiración de que nos declaren Patrimonio de la Humanidad acabará volando también, como tantas cosas en este ventoso lugar.

La reseña ultramarina


UN CENTRO FUGITIVO DE ÁLVARO VALVERDE

Antonio María Flórez

En uno de sus primeros poemas publicados, “Hojas de acanto y rosas”, Álvaro Valverde plantea el núcleo germinal de su poesía, una poesía con una voz que se ha hecho reconocible desde sus inicios por su dicción precisa y su ritmo acompasado, por su carácter meditativo y a veces elegíaco; y por componerse desde su Plasencia natal (1959), un lugar que el poeta ha convertido en “territorio” y atalaya de observación del mundo y de sí mismo.
Valverde, ganador temprano del Loewe, tal vez el premio poético más importante de España, con Una oculta razón (1991), desde entonces se ha convertido en uno de los autores referenciales de su generación y una de las voces más sólidas de la poesía española contemporánea, con libros tan solventes como A debida distancia (1993), Mecánica terrestre (2002) o Desde fuera (2008).
En buena hora la editorial sevillana Siltolá, en su colección Arrecifes, acaba de publicar Un centro fugitivo (2012), una muy completa antología en la que el autor ha cedido al crítico Jordi Doce la potestad y la responsabilidad de seleccionar lo más significativo de su obra de los últimos 25 años. En ella, en una sesuda nota introductoria, Doce caracteriza y devela las claves de una poesía que ahonda en el conocimiento del paisaje cercano, desde lo real y lo simbólico, y va desde fuera a lo más íntimo del ser humano, y desde aquí, centrífugamente, en círculos,  “viviendo en un afuera que es condición forzosa de ese querer ir adentro que los poemas encarnan con obstinación”.
Heredero del más hondo linaje meditativo de Machado, Unamuno, Cernuda y la poesía anglosajona, son reconocibles las influencias de la obra de César Simón, María Zambrano, Francisco Brines, Aníbal Núñez, Antonio Colinas y los “Novísimos” menos culteranos, así como de su paisano José Antonio Gabriel y Galán. El paso del  tiempo y sus estragos en los seres y los lugares, las reflexiones sobre el sentido de la vida y la sustancia de los sueños, sobre la metáfora del mundo y de la luz que ilumina nuestro viaje. Un deje de melancolía, un cierto fatalismo, condicionan y abruman, a veces, su dicción poética; no obstante, en sus últimos textos, inéditos, se aprecia una cierta evolución hacia una poesía un tanto más impresionista y despojada, como los dedicados a Tánger o al pintor Ortega Muñoz.
He aquí, pues, en nuestra opinión, uno de los libros más importantes publicados hasta ahora este año en España, que merecen toda nuestra atención por la calidad de una obra del todo  consolidada y por el magisterio de un poeta como Álvaro Valverde que marca una ruta distinta y muy personal, ajena a los condicionantes mediáticos, tan propios de la poesía española de las últimas décadas.
(Publicado en Papel Salmón, La Patria, 1 de julio de 2012)
Fotografía de A. M. Flórez. Hotel Vegas Altas de Don Benito

4.7.12

Ultramarina

Antonio María Flórez publica en Papel Salmón, suplemento dominical del periódico colombiano La Patria, un reportaje sobre Un centro fugitivo. Incluye una breve selección de poemas. Agradecido.

3.7.12

Un hombre hueco

Sólo trataba con gente famosa. Sólo tenía amigos importantes. Sólo se codeaba con escritores de postín. Con ganadores de premios prestigiosos. Sólo hacía viajes a destinos ilustres. Sólo se alojaba en hoteles célebres y comía en restaurantes con estrellas Michelin. Nada era normal o vulgar en su vida. O eso contaba en sus escritos. Debía ser duro: por lo poca cosa que era él.

2.7.12

Poemas chinos

José Luis García Martín publica en su blog una antología de poemas chinos de la dinastía Tang (618-907) que, según él, "proceden del libro Poesía y pintura de la dinastía Tang, editado en Pekín por China Intercontinental Press. Los poemas vienen en la versión original (casi tan difícil de entender para un chino de hoy como para nosotros el griego) y traducidos a un improbable español por el profesor Chang Shiru. Yo traté de intuir lo que el poeta quería decir a través de los que Chang Shiru le hacía decir".

1.7.12

Otro Parra














No Nicanor, José Luis. Madrileño del 44, aunque su vida haya transcurrido en Valencia. Poeta tardío (su primer libro es del 89), era para mí un desconocido hasta que cayó hace unos días en mis manos una antología suya, Cimas y abismos (Renacimiento), con selección y prólogo del también poeta Antonio Cabrera. Los poemas corresponden a sus libros Un hacha para el hielo, Del otro lado de la cumbre (1996), La pérdida del reino (1977), Los dones suficientes (2000), Tiempo de renuncia (2004) y De la frontera (2009), así como unos cuantos inéditos, adelanto de un libro que publicará Pre-Textos (que se ocupó de los tres últimos) el próximo otoño. 
Con ser cierto que hay un "insuficiente conocimiento" de su poesía entre los lectores españoles y que se da una evidente "desubicación generacional" (por eso Parra no aparece en los recuentos habituales), tiene razón Cabrera al afirmar al final de su hermoso y entregado prólogo que "el tiempo va a ser clemente con la obra de José Luis Parra". Después de leer sus versos no es difícil coincidir con ese vaticinio. 
Poesía de la experiencia (a pesar de lo gastado del término, por elevación lo es), tremendamente vitalista, de tono coloquial y lenguaje conversacional, con regusto clásico (sutiles homenajes se deslizan entre líneas), de marcado carácter autobiográfico, el protagonista de estos poemas viene a ser un hombre de mediana o avanzada edad que fuma (constantemente: hay alusiones a ello a lo largo de todo el libro), que bebe (y vive) en los bares, solitario en compañía (a veces), que enferma, se enamora (rara vez), que es consciente del paso inexorable del tiempo y, sobre todo, que tiene miedo. Alguien que no pocas veces recuerda una figura capital: su madre. Los poemas del noctámbulo Parra, tienden, por todo lo dicho, a la elegía, si bien en ocasiones se transforman en himnos: celebración de la mañana, de la luz, del verano, de la vida. Vida que para él "es condena": "Si tan sólo vivir tales estragos acarrea, / es terrible estar vivo".
En una entrevista fechada un 20 de noviembre, Parra afirmaba: "la verdad es que la muerte ha sido el motor de toda mi poesía". Es lo primero que deduce quien se acerca a ella. "Morir es coherente. / Y bien está que así sea", escribe. 
Eso no obsta para que el humor se cuele en sus versos. En poemas como "Esperando a Bárbara" (un homenaje a Cavafis), por ejemplo. Un humor que, con sus dosis de inevitable ironía, esquiva el patetismo, a pesar de que a veces se insinúe cierta autocomplacencia en el dolor y en la queja. 
Al modo brinesco (a Brines precisamente le dedica un poema), se podría decir que la poesía de Parra es el ensayo de una despedida. El poeta anticipa la muerte desde la vida; el desamor cuando aún está enamorado; la enfermedad cuando todavía está sano; la vejez cuando la edad no le ha vencido del todo. Tal vez de aquí se deduzca la importancia que tiene en su obra el asunto de la identidad: "¿Quién me protegerá / de mí mismo?", escribe. O: "¿Quién es yo? ¿A dónde me dirijo?". Poesía de daños, devastaciones, decadencias y derrotas, Parra se escuda en la lucidez para dar cuenta de sí. Por duro que eso sea: "Me llamo Nadie y nada me ilusiona".
Son muchos los poemas que uno destacaría: "Somníferos", " Days of wine and roses", "Café Malvarrosa", "Purgatorio", "Foto de familia", "Todavía", "Meditación en un aniversario", "Adelante, viajero", "Plantas naturales y plantas literarias"...
Los últimos son especialmente intensos. Más breves y certeros, sin ninguna concesión, más directos y sustanciales. En este sentido, el libro que se anuncia será uno de los mejores de Parra, o eso intuyo. 
A modo de poética, en "El mismo dios de lo servido" dejó escrito: 

Ya es suficiente recompensa
el poema en sí mismo

No te envanezcan, pues, elogios
tal vez inmerecidos,
ni te enfurezca  crítica injusta o arbitraria.

Humilde y orgulloso, aplícate en tu oficio;
pon atención, entrega
                                     y si sabes esperar
con la sabia paciencia con que esperan 
los pocos elegidos,
seguro que algún día, el breve aleteo de la gracia
descienda sobre ti. 

                                Verás agradecido,
de pronto aparecer entre la niebla,
Venecia fascinante, el edificio
resuelto del poema. 

Poco importan, entonces, la pobreza
y el fracaso, el estigma de los vicios;
poco, la fama lisonjera.

Tu premio, el mismo dios de lo servido.

Lo demás es, como diría Toni Garrido, o ruido o silencio. 

(Nota: la fotografía es de Susana Benet)