31.12.08

Más libros

Desde Santander, Alberto Santamaría me hace llegar El poema envenenado, el libro de ensayo que publicó Pre-Textos. Como aperitivo, he podido disfrutar de El alma de un oso blanco (La mirada creadora), una breve antología poética de su admirado paisano Luis Felipe Vivanco -un autor casi olvidado que, por cierto, tan bien escribió sobre la obra de Ortega Muñoz- al que ha añadido un penetrante prólogo que lo vuelve a situar en el mapa lírico de su tiempo.
Ya conocía Un animal rozado por el tiempo, de María José Flores. Por la sencilla razón de que uno tomó la decisión de publicarlo. Julián Rodríguez ha cuidado una preciosa edición que se ajusta de la mejor manera posible a la palabra esencial de la poeta de Burguillos.

29.12.08

Libritos

Compré La isla, del triestino Giani Stuparich, hace unos meses en Mérida. Apenas lo abrí, ya en casa, lo dejé de nuevo en la estantería: porque, contra lo previsto, era un relato (una novela breve, mejor) y porque trataba de la muerte de un padre que viaja, en compañía de su hijo, a su isla natal; un tema, como he comentado más de una vez, doloroso para mí. Al ver La isla mencionada entre los libros del año (un decir) de Babelia, me picó la curiosidad y la rescaté de su rincón. Me alegro. A punto de terminarla, no es que uno crea que merezca el vulgar calificativo de "libro del año" sino mucho más. Es, como quiere el tópico y el chiste fácil, una obra "mayúscula" editada por Minúscula. Otra vez un libro de unas pocas páginas se hace tan grande como el de centenares. Una sensación que también me visitó ayer después de leer otra obra necesaria: ¿Para qué sirve la literatura?, de Antoine Compagnon (Cuadernos del Acantilado), un apasionado elogio de los libros y la lectura capaz de levantar el ánimo a cualquier letraherido.

27.12.08

"Otros colores", de Pamuk

A uno le cuesta leer novelas pero le encanta leer libros de novelistas. De Orhan Pamuk, por ejemplo, he leído Estambul y La maleta de mi padre (dos libros que me gustaron mucho) y sin embargo ninguna de sus novelas, y eso que de Nieve tengo hace tiempo un ejemplar en casa. Esta primera semana de vacaciones (merecedoras, por fin, de tal nombre) he leído Otros colores (como los antes citados, publicado por Mondadori) y también me ha gustado. Incluso cuando habla de sus novelas. Del escritor turco, que pudo ser ingeniero (como su abuelo y su padre) o pintor o arquitecto, me gusta especialmente la pasión que transmite por su oficio. "Trabajo como un oficinista", confiesa. Es alguien -sí, uno entre tantos- que ha elegido la literatura como centro y razón de su vida. Se nota. Es algo que se comprende a la perfección en esta obra miscelánea donde se mezclan los recuerdos personales ("la muerte de cada hombre empieza con la de su padre"), los libros y las lecturas, la política (centrada en su ser fronterizo, siempre entre Oriente y Occidente), sus novelas o sus viajes americanos. Una de las últimas secciones del libro, "Cuadros y textos", es, con todo, la que más me ha sorprendido. Como lector, no sólo comparto con Pamuk la mencionada pasión por la literatura sino también por la arquitectura (y allí, Estambul) así que "¿Por qué no me hice arquitecto?" o "La mezquita Selimiye" tenían, a la fuerza, que interesarme.
Qué ligeras se hacen, a veces, casi quinientas páginas. Qué pena que un libro se termine tan pronto.

26.12.08

"Las herencias", de Bonnett

Ya mostré aquí mi sorpresa cuando Piedad Bonnett adelantó en la revista CHA un puñado de poemas de su libro Las herencias. Lo ha publicado Visor en su lujosa colección Palabra de Honor y, una vez leído y releído debidamente, puedo asegurar que es uno de los mejores libros de poesía con los que me he cruzado en los últimos años y -o eso creo- una de las obras mayores de la poesía en español de estos tiempos. A la altura, en fin, de la mejor tradición de la poesía colombiana, una de las mejores de nuestra lengua.
Para este lector, bastaría la última sección, la que da título al volumen, para afirmarlo pero no hay poema que me haya dejado indiferente. Al revés, todos y cada uno son tan memorables como los presentados en Cuadernos Hispanoamericanos y están escritos con una fuerza capaz de desarmar a cualquiera. Son, en fin, de verdad.
Por aquello de que las circunstancias mandan, copio unos versos de "En Ollataytambo":

En la humilde librería de pueblo,
entre best-sellers y guías de turismo,
ha aparecido, ave extraña y reciente,
el último libro de mi amigo poeta.
El que prometió enviarme, sin lograrlo:
entre su promesa y esta tarde soleada
sobrevino su muerte.

25.12.08

Naranjas















"Naranjas con sol de noviembre" titula el poeta Antonio Cabrera su felicitación navideña. Muy hermosa. Como un poema.

Felicitación




















Envía Chema Corrales la suya. "La he elaborado, dice, a partir de papeles viejos de periódicos para evitar el despilfarro de materias y energía, pero antes de triturar el papel seleccioné solo noticias buenas y positivas aparecidas a lo largo de 2008". Añade que "la hoja es de uno de los robles que crecen en el Campus de la Universidad, un árbol que representa la fortaleza y la longevidad".

23.12.08

López-Vega traduce a Różycki

He aquí un espléndido poema, "Fortaleza", del poeta polaco Tomasz Różycki.

22.12.08

"Desde fuera" en el blog de V. L. Mora

Álvaro Valverde, Desde fuera; Tusquets, Barcelona, 2008. “A modo de inventario” es el primer verso de uno de los poemas de Desde fuera, y da la impresión de que el autor de Plasencia, al borde de los 50, recapitula o inventaría una descripción existencial, marcada más por la búsqueda de equilibrio que por la efectiva consecución del mismo (problemas de ser occidental, los orientales sobrellevan mejor este asunto). La indagación elegíaca es una de las características más reconocibles de la poesía de Valverde, presente ya en su excelente Ensayando círculos (1995), poemario que nos sirvió a muchos para conocer esta poética sustancializada y contenida, tan enemiga de la falsa profundidad como del aspaviento innecesario. Valverde tiene una voz muy personal, capaz de saltar de las tierras extremeñas a las praderas holandesas sin necesidad de variar su tono meditativo y sosegado. En uno de los mejores poemas de este libro, “El viaje de mi vida”, el yo se disuelve en un personaje diez años mayor que repasa el “espacio metafísico” de la breve distancia entre su casa natal y la que ahora ocupa. Una variante de ese paseo meditante la reflexión es el propio Desde fuera, lleno de viajes, sobre todo de viajes interiores, y que sitúa en el juego dialéctico del par conceptual interioridad/exterioridad su clásica estructura.
(Del blog de Vicente Luis Mora)

18.12.08

"Desde fuera" en El Cultural

Con cierto retraso (o no, nunca es tarde...), se publica en El Cultural de El Mundo una reseña de Desde fuera que firma Túa Blesa. Muy de agradecer.

Navidad

Sin porqué (más allá de un mero acto torpe y mecánico de su gabinete), me llega la felicitación de Navidad de la consejera de Cultura y Turismo. Se limita a reproducir con su letra una insulsa frase de Paul Claudel sobre la felicidad. Es lo que tiene echar mano de citas célebres. Ésta figura incluso en internet.
Antes de tirar el tarjetón, le da a uno tiempo a preguntarse si sabrá esa señora que ese poeta y diplomático francés era el más católico de los escritores de su tiempo y un hombre, en esencia, conservador. Lo digo porque ella es -o era- muy de izquierdas. Ya, ya sabemos que estas cosas no las elige ella, pero cuando menos las transcribe. Y las firma. Luego, las decide. Bueno, qué se puede esperar de alguien que en la reciente presentación de un libro recalcó, para regocijo de los presentes (muchos de ellos estudiantes universitarios), que lo había leído "entero". En ésas estamos. Uno, en fin, sólo desea que le dejen las Fiestas en paz. Éstas y las que vengan.

13.12.08

De camino a Babadag

Como hago siempre, feché la compra de este libro el 9 de abril de este año. Recuerdo que lo empecé a leer con interés. Conocía a su autor, Andrzej Stasiuk, del que ya había leído Dukla y Mi Europa (todos en Acantilado). Por lo que fuera (qué difícil era casi todo hace unos meses), dejé la lectura para el verano. Tampoco pudo ser. En mi caso, el calor se lleva mal con cierta literatura. Con la más exigente, podría decir. El caso es que en pocos días he terminado lo que empecé y, además, con la sensación de que ha sido una de las experiencias lectoras más gratificantes de mi vida. El de Stasiuk no es un libro de viajes cualquiera, aunque básicamente lo es. Híbrido de muchas cosas -de la teoría política a la poesía, pasando por la filosofía y la antropología-, este Camino es sobre todo el relato de una pasión: la que Stasiuk, polaco de Varsovia, siente por paisajes y lugares de nombres impronunciables que, por más remotos y lejanos que parezcan, están situados en el corazón de Europa. Una pasión fría, tal vez. Llena de una densa y penetrante melancolía. Siempre por carreteras secundarias, abominando de las ciudades grandes y de las autopistas, el viajero llega (y nosotros con él) a lugares de Hungría, Rumanía, Albania (memorable su viaje a Shqiperia), Moldavia, Eslovaquia... donde el "presente dura desde siempre". "Países inevidentes", dice él, a los que va por "mi tendencia a la periferia, mi atracción por las provincias, el amor perverso a todo lo que se extingue, se pierde y se deteriora". "Elijo -confiesa- lo viejo".
Por eso su pasaporte tiene sellos de tantas fronteras. Stasiuk hace suyo el verso de Bishop: "Más delicados que los colores de los mapas de los historiadores son los colores de los cartógrafos". Cita, por si acaso, a Danilo Kiš quien, citando a Andersen, dejó escrito que "viajar es vivir". De eso se trata.
A pesar de que nada en el libro tiene desperdicio, me quedo con el extenso capítulo final, el que da título al volumen. Allí, por ejemplo, vuelve sobre una "obsesión": la de los gitanos, que él busca incansablemente en todos los sitios a los que va. "La Europa sin fronteras, concluye Stasiuk, es un sueño gitano".
En fin, un libro inagotable al que uno volverá, como cada poco regresa el autor a los lugares visitados para comprobar que siguen allí. Para saber, incluso, si existen.
Hago mía su frase, "describo el pasado y el espacio porque es lo único que hay" y me felicito porque haya editores que publican libros así. A los que, por cierto, les vendría muy bien un mapa.

11.12.08

Leticia

Mi hija y sus broches

Cuento

No volvemos a la realidad hasta que la soñamos. Al despertarme, era aún de noche. En el sueño, estábamos sentados casi al lado. Había más gente. No sé quién. De golpe, con un arrojo impropio, le dije que iba a contárselo todo por primera y última vez y le pedí que me mirara a los ojos. Él lo hizo. Eran de un exagerado y penetrante color azul. Luego repetí mi verdad. La verdad, mejor: sólo hay una. Sonó tres veces en mi boca la palabra indecente (la repito desde hace tiempo con frecuencia, se ve que hasta dormido). Hubo más, pero no lo recuerdo. El calvo, encantador, nunca dejó de sonreír.

10.12.08

El Aula, por Achótegui

Eduardo Achótegui, vasco de Badajoz, publica en Hoy un artículo sobre el Aula de Poesía Enrique Díez-Canedo, una de las cosas que más quiso su amigo Ángel Campos.

Contexto en Barcelona















Antonio Flórez me envía su crónica de la celebración anoche en Barcelona del número 2 de Contexto y, de paso, del Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial conseguido por Libros del Asteroide, Barataria, Papel de liar, Impedimenta, Nórdica, Sexto Piso y Periférica. Uno de sus directores, Julián Rodríguez, "llevó la vocería", como dice Antonio. Fue en la librería La Central de la calle Mallorca. En las foto los cuatro extremeños (que se sepa) presentes en el acto. De izquierda a derecha: Antonio, Álex, Efi y Julián.