17.2.19

Entre bastidores

Backstage. 18 entrevistas (y algunas notas) alrededor de la poesía contemporánea, de Mauricio Medo (Lima, 1965), autor de Manicomio y Cuando el destino dejó de ser víspera (Poesía reunida 2005-2015), es el resultado de que un buen día, constatando que "el ego terminó por sepultar la razón de ser de gran parte de las reseñas", Medo se decidiera a pasarse a la entrevista como método de análisis de las obras poéticas. Algunos de esos "ejercicios de reflexión y diálogo" se agrupan aquí, en tres bloques que se corresponden a poetas de diferentes edades o, si se prefiere, de distintas generaciones. Todos pertenecen a una corriente central en la poesía "latinoamericana", el neobrarroco o neobarroso, según el término aplicado por Néstor Perlongher que tanto se cita en la obra. Hablamos de una poesía de estirpe vanguardista. De una "poesía de la dificultad". "Lenguaje sierpe" (Kozer). Contra la poesía "conversacional", digamos. ¿Un maestro? Nicanor Parra, sobre todos. Y César Vallejo. 
La cosa no podía empezar mejor: la conversación con el exiliado cubano y judío José Kozer, uno de los grandes poetas de nuestra lengua. "Vengo de un amalgama de hablas", dice. 
Le siguen poetas como Tamara Kamenszain, Eduardo Milán y Zurita, tal vez el más conocido del grupo. En todas las entrevistas encontrará el lector que lea con lápiz iluminaciones e ideas que subrayar, sea o no practicante de esta tendencia poética. 
En el segundo apartado figuran los nombres de la gallega Chus Pato (con Benito del Pliego y Xiaoxiao, los españoles de un libro donde aparecen dos norteamericanos: Mary Jo Bang y Charles Bernstein), Reynaldo Jiménez, Roger Santiváñez, Rafael Courtoisie, Mario Arteca, León Féliz Batista y Victoria Guerrero. En el tercero, por fin, Jerónimo Pimentel, H. H. Montecinos, Juan José Ródinas, Jorge Posada y el colectivo Ánima Lisa.
Hablé de subrayados. Kamenszain dice que trabaja "escriborroteando". Milán afirma que la poesía es "un acto contra la pobreza", que además de escribirla "hay también que generar un pensamiento poético que no excluya al mundo" y que detesta "a la gente que trafica con el exilio" (yo también).  Zurita, el de "Ni pena ni miedo", dice que se niega a leer "todo aquello que tenga pretensión artística". Pato ratifica que escribir un poema es siempre "una experiencia de lenguaje". Jiménez, por su parte, que escribirla "es ejercer de crítica tocando connnotaciones", que "el poema no necesariamente dice, sino hace" (siguiendo a José Ignacio Padilla) y que "el canon no es la tradición". Recuerda, en fin, que no hay "poeta de valía que no sea a su vez un lector". Santiváñez, como Kozer, siente una "necesidad insaciable de escribir apasionadamente poesía todos los días", una poesía que "crea un mundo aparte, tiene su propia realidad que es la del lenguaje". Courtoisie cree que "la poesía es capaz de deslumbrar al lector". "Ni efusión sensible, ni desborde afectivo". Arteca asume que ésta es "una obra más de ficción", pariente muy fraternal del cine. Batista, toda una declaración de intenciones, menciona a Aníbal Núñez y añade que "ciertamente, no espero que se comprendan ni mi poesía ni mi intención". Declara que ha escrito y vociferado por ahí su aborrecimiento por lo que considera establecido en poesía. "Enajenar la poesía de sí misma la hará permanecer", concluye. Del Pliego, que también cita al poeta salmantino, que está en contra del "todovalismo" y que escribe desde "un cruce de caminos", dice que "el diálogo sobre poesía ya es poesía", que "nada asumido acríticamente tiene interés" y que "la escritura es cosa de palabras". Guerrero constata: "La poesía no sirve para nada, entendiendo esto, pasas al momento en el que la poesía te da todo". Como el resto, Pimentel está contra la "literatura del café con leche" (Tabarovsky). Explica el siglo XX poético a partir de tres "movimientos", los que impulsan las obras de Celan, Vallejo y Pessoa. Montecinos está a favor de "una nueva poesía que no se mueve en términos exclusivamente literarios, que se empalagan y se hacen literatosos". Rodinás se declara a favor de la "estética del fragmento" y alude a "cinco modelos expresivos" en "el panorama de lo contemporáneo". "Latinoamérica es una provincia del mundo", afirma. Posada dice que "leer y mirar blogs me da una velocidad y un vigor especial". Xiaxiao creer que es necesario "rescatar" la obra de poetas mujeres. Para terminar, Santiago y Rodrigo Vera, Luis Alberto Castillo, Daniel Sánchez y Michael Prado, integrantes del colectivo Ánima Lisa, confiesan que "la poesía hace cosas". 
Hay mucho más entre los diálogos y las notas de este libro al que sólo cabe hacer un reproche: la insuficiente corrección ortotipográfica: hay erratas y errores que podrían haberse subsanado antes de imprimir. Nimios detalles al margen, insisto, hay mucho que aprovechar de estas reflexiones poéticas ultramarinas que completan o complementan las que algunos plantean desde esta orilla del mismo idioma.

Backstage. 18 entrevistas (y algunas notas) alrededor de la poesía contemporánea.
Maurizio Medo
Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2017

Nota: Esta reseña se ha publicado en el número 14 de la revista Paraíso