En 2024, más de dos décadas de silencio después, el poeta Francisco
Bejarano publicaba por sorpresa Contra el júbilo. Ahora, a los ochenta
de su edad, da a la imprenta este nuevo libro que se une a Transparencia
indebida, Recinto murado, Las tardes (Premio
Nacional de la Crítica) y El regreso, los que componen su obra
poética. Cabe sumar dos antologías: Un juego peligroso, publicada (La
Isla de Siltolá, 2011), con edición y prólogo de José Julio Cabanillas, y Los
demonios de la melancolía, que acaba de publicar Renacimiento en su icónica
colección de florilegios al cuidado de Fernando Taboada.
Seis partes componen Muchachos, que incluye delicadas
ilustraciones de Álvarez Mejuto.
“Porque la vida sigue en los recuerdos” y “se acaba del todo
cuando te dejan de recordar”, evoca Bejarano a “los muchachos que amé”. “Han
muerto todos”.
Los poemas de esa sección me parecen los más logrados, como
“Secreto” (“El amor verdadero, su pureza, / se hace vulgar si median las
palabras”) o “Fragilidad de la belleza”. La elegante dicción clásica del
jerezano se acompasa bien al tono melancólico y elegíaco de unos versos que aluden
veladamente a lo prohibido. Eran otros tiempos; sin embargo, “¿qué haremos /
con al persistencia de lo vivido?”.
No falta la nota culturalista: “El recuerdo y la
contemplación bastan. / Es un arte mayor el erotismo”. En “Un mundo masculino” revive
a personajes griegos (Estratón de Sardes), romanos (Marco Aurelio) o artúricos (Sir
Galaz); en “Salón de inmortales”, a chicos (normalmente desnudos) que protagonizan
obras de arte famosas, de Broc, Leys, Canova, Gainsborough o Sorolla; en “Devociones
privadas”, a actores de cine: Brandon de Wilde, Colin Farrell, Matt Damon, etc.
El libro se cierra con un bonito homenaje a Pasolini: “Los libros nos
transmiten la añoranza / de tiempos y existencias no vividas”.
Francisco Bejarano
Pre-Textos, Valencia, 2025. 84 páginas. 15 €
NOTA: Esta reseña se ha publicado en EL CULTURAL.

