20.2.26

Carlos Alcorta lee "Territorio"


ÁLVARO VALVERDE. TERRITORIO. POESÍA REUNIDA (1985-2025)

Conviene destacar, antes de comenzar este comentario, que estamos ante la poesía reunida de Álvaro Valverde, no ante su poesía completa, y me refiero a este aspecto porque el autor ha suprimido una gran parte de los poemas que integraban sus primeras entregas, “Territorio” ―libro que yo adquirí en el mes de junio de un ya lejano 1985―  “Sombra de la memoria” y “Lugar del elogio”―mi ejemplar está fechado 1988―. Ni que decir tiene que el autor posee la potestad para suprimir aquellos poemas que considera esbozos, tentativas o para intervenir, en su caso, los versos que no le agraden, en aras de dotar a su obra de una unidad y coherencia personales, al fin y al cabo, él es quien los ha escrito. El autor nos ofrece así, aquilatada, podada, la obra en la que se reconoce, obra que se extiende a lo largo de 40 años de creación, en los que, además de poesía, ha escrito novela, diarios y centenares de reseñas sobre poesía.
El volumen se inicia con una sección titulada «Primeros poemas», encabezada por un poema del que reproducimos el verso final: «Hagamos de este lugar un territorio» y lo hacemos porque dicho lugar parece remitir en este caso al espacio del poema, un espacio que apenas ha sufrido alteraciones estéticas a lo largo de los años, aunque, como escribe en el «Epílogo» Gonzalo Hidalgo Bayal, «Su poesía ha ido ganando con el tiempo en hondura (o ahondamiento, como la mano que busca guijarros en el fondo de la garganta) y en expansión (personajes, escenarios y experiencia: los sucesivos azares de la biografía)». El arraigo del yo poético en un territorio es un punto de partida relevante para analizar la trayectoria posterior, su búsqueda se convierte en el foco de su itinerario poético, un itinerario en el que la poesía aborda tanto elementos cotidianos, sean estos insignificantes o cruciales, como episodios y personajes de nuestra tradición cultural, ampliamente representada, por otra parte, en las citas que encabezan algunos poemas. La exploración de una amplia gama de lugares ―«En lo que al espacio se refiere, el territorio poético de Álvaro Valverde ―afirma Hidalgo Bayal― lo componen en singular o plural, y de menos a más, la casa, la ciudad, el campo y el ancho mundo, en una concatenación estrechamente vinculada de círculos concéntricos»―, desde lo rural a lo urbano, desde lo conocido a lo por descubrir a través de viajes que convierten esa exploración externa en una acumulación interna de experiencia y de una no menos amplia gama de emociones y sentimientos se lleva a cabo a través de una poesía contenida, reflexiva, de expresión diáfana, con una poética, en fin, que pueden resumir estos versos: «…sencillez, no afectación. / Humildad, no opulencia. / Concisión, no hojarasca» y que refleja un enfoque aparentemente práctico, pero que, al mismo tiempo, evoca la intención de iluminar lo cotidiano y demuestra la relación, tan improbable en ocasiones, entre lo objetivo y lo imaginado, entre lo sentido y lo vivido, como sucede en esos viajes al interior de uno mismo, que se aventuran más allá de la seguridad del entorno familiar y son, por lo tanto, experiencias, no diré inquietantes, pero sí sorprendentes a la hora de realizar un autoexamen, porque, sí, hay mucho de biográfico en los poemas de Álvaro Valverde, aunque ese biografismo sea, como dice Gonzalo Bayal, «siempre hacia afuera, exterior, documental, sin lágrimas ni psicoanálisis».  Quizá sea esta la manera de liberar el sentimiento íntimo para dotarlo de un significado universal. La subjetividad puede ser el camino más directo hacia el entendimiento gradual de la realidad porque hay una profunda relación con los elementos naturales que intensifica, por medio de imágenes ciertamente convencionales, además la espiritualidad del poeta. No solo la descripción de lo natural, de lo rural sirve de escenario a la indagación lingüística, el mundo urbano también ocupa un lugar destacado en sus poemas, pero es un mundo hecho, por decirlo así, a la medida del ser humano. Valverde no habla de grandes urbes posmodernas que, por lo general, trasmiten una hostilidad estereotipada, sino de aquellas ciudades que alientan una relación más equilibrada, que permiten construir una especie de hogar a través de recuerdos, de ideas, de experiencias personales que se suman a las experiencias acumuladas por generaciones anteriores. Nos referimos, claro es, a ciudades con historia, como la misma ciudad, Plasencia, en la que el poeta reside, ciudades en la que se percibe el sentido de permanencia y de arraigo. Quedan por decir muchas cosas sobre esta poesía reunida, de hecho, solo he apuntado algunas ideas con respecto al espacio, mientras que todo lo referente a la evocación, a un pasado que parece estar vivo en sus poemas por su continuidad con el presente, debe quedar para otra ocasión. Sí me gustaría señalar, para concluir, la magnífica factura de esta edición, que recoge, además de los libros editados, un conjunto de poemas recogidos en otras publicaciones, un libro inédito, “Geografías del jardín”, un apéndice con la relación cronológica de los títulos publicados y un prólogo imprescindible como pocos, no solo por el exhaustivo análisis de la poesía de Álvaro Valverde, sino por la complicidad amical que desprende, del novelista Gonzalo Hidalgo Bayal. Si somos de los que creemos que la escritura procura consuelo para paliar las adversidades de la vida, la poesía de Álvaro Valverde debería expedirse en las farmacias.
 
Reseña publicada en El Diario Montañés, 13/02/2026 y en el blog Literatura y arte.