ÁLVARO VALVERDE. TERRITORIO. POESÍA REUNIDA (1985-2025)
Conviene destacar, antes de comenzar este comentario, que
estamos ante la poesía reunida de Álvaro Valverde, no ante su poesía completa,
y me refiero a este aspecto porque el autor ha suprimido una gran parte de los
poemas que integraban sus primeras entregas, “Territorio” ―libro que yo adquirí
en el mes de junio de un ya lejano 1985― “Sombra de la memoria” y “Lugar
del elogio”―mi ejemplar está fechado 1988―. Ni que decir tiene que el autor
posee la potestad para suprimir aquellos poemas que considera esbozos,
tentativas o para intervenir, en su caso, los versos que no le agraden, en aras
de dotar a su obra de una unidad y coherencia personales, al fin y al cabo, él
es quien los ha escrito. El autor nos ofrece así, aquilatada, podada, la obra
en la que se reconoce, obra que se extiende a lo largo de 40 años de creación,
en los que, además de poesía, ha escrito novela, diarios y centenares de
reseñas sobre poesía.
El volumen se inicia con una sección titulada «Primeros
poemas», encabezada por un poema del que reproducimos el verso final: «Hagamos
de este lugar un territorio» y lo hacemos porque dicho lugar parece remitir en
este caso al espacio del poema, un espacio que apenas ha sufrido alteraciones
estéticas a lo largo de los años, aunque, como escribe en el «Epílogo» Gonzalo
Hidalgo Bayal, «Su poesía ha ido ganando con el tiempo en hondura (o
ahondamiento, como la mano que busca guijarros en el fondo de la garganta) y en
expansión (personajes, escenarios y experiencia: los sucesivos azares de la
biografía)». El arraigo del yo poético en un territorio es un punto de partida
relevante para analizar la trayectoria posterior, su búsqueda se convierte en
el foco de su itinerario poético, un itinerario en el que la poesía aborda
tanto elementos cotidianos, sean estos insignificantes o cruciales, como
episodios y personajes de nuestra tradición cultural, ampliamente representada,
por otra parte, en las citas que encabezan algunos poemas. La exploración de
una amplia gama de lugares ―«En lo que al espacio se refiere, el territorio
poético de Álvaro Valverde ―afirma Hidalgo Bayal― lo componen en singular o
plural, y de menos a más, la casa, la ciudad, el campo y el ancho mundo, en una
concatenación estrechamente vinculada de círculos concéntricos»―, desde lo
rural a lo urbano, desde lo conocido a lo por descubrir a través de viajes que
convierten esa exploración externa en una acumulación interna de experiencia y
de una no menos amplia gama de emociones y sentimientos se lleva a cabo a
través de una poesía contenida, reflexiva, de expresión diáfana, con una
poética, en fin, que pueden resumir estos versos: «…sencillez, no afectación. /
Humildad, no opulencia. / Concisión, no hojarasca» y que refleja un enfoque
aparentemente práctico, pero que, al mismo tiempo, evoca la intención de
iluminar lo cotidiano y demuestra la relación, tan improbable en ocasiones,
entre lo objetivo y lo imaginado, entre lo sentido y lo vivido, como sucede en
esos viajes al interior de uno mismo, que se aventuran más allá de la seguridad
del entorno familiar y son, por lo tanto, experiencias, no diré inquietantes,
pero sí sorprendentes a la hora de realizar un autoexamen, porque, sí, hay
mucho de biográfico en los poemas de Álvaro Valverde, aunque ese biografismo
sea, como dice Gonzalo Bayal, «siempre hacia afuera, exterior, documental, sin
lágrimas ni psicoanálisis». Quizá sea esta la manera de liberar el
sentimiento íntimo para dotarlo de un significado universal. La subjetividad
puede ser el camino más directo hacia el entendimiento gradual de la realidad
porque hay una profunda relación con los elementos naturales que intensifica,
por medio de imágenes ciertamente convencionales, además la espiritualidad del
poeta. No solo la descripción de lo natural, de lo rural sirve de escenario a
la indagación lingüística, el mundo urbano también ocupa un lugar destacado en
sus poemas, pero es un mundo hecho, por decirlo así, a la medida del ser
humano. Valverde no habla de grandes urbes posmodernas que, por lo general,
trasmiten una hostilidad estereotipada, sino de aquellas ciudades que alientan
una relación más equilibrada, que permiten construir una especie de hogar a
través de recuerdos, de ideas, de experiencias personales que se suman a las
experiencias acumuladas por generaciones anteriores. Nos referimos, claro es, a
ciudades con historia, como la misma ciudad, Plasencia, en la que el poeta
reside, ciudades en la que se percibe el sentido de permanencia y de arraigo.
Quedan por decir muchas cosas sobre esta poesía reunida, de hecho, solo he
apuntado algunas ideas con respecto al espacio, mientras que todo lo referente
a la evocación, a un pasado que parece estar vivo en sus poemas por su
continuidad con el presente, debe quedar para otra ocasión. Sí me gustaría
señalar, para concluir, la magnífica factura de esta edición, que recoge,
además de los libros editados, un conjunto de poemas recogidos en otras
publicaciones, un libro inédito, “Geografías del jardín”, un apéndice con la
relación cronológica de los títulos publicados y un prólogo imprescindible como
pocos, no solo por el exhaustivo análisis de la poesía de Álvaro Valverde, sino
por la complicidad amical que desprende, del novelista Gonzalo Hidalgo Bayal.
Si somos de los que creemos que la escritura procura consuelo para paliar las
adversidades de la vida, la poesía de Álvaro Valverde debería expedirse en las
farmacias.
Reseña publicada en El Diario Montañés, 13/02/2026 y en el blog Literatura y arte.

