27.3.26

Para la libertad

García Calderón (Badajoz, 1959), doctor en Derecho, es fiscal desde 1985, docente en universidades españolas y extranjeras, experto en cooperación para el análisis de la legislación cultural y la defensa de los bienes culturales, académico de distintas Reales Academias de Granada, Córdoba y Extremadura, titular de la Academia Europea de Ciencias, Artes y Letras (con sede en París) y tiene en su haber importantes condecoraciones y reconocimientos. Fue vocal de la Comisión para la Modernización del Lenguaje Jurídico.
Como ensayista, ha publicado La protección penal del Patrimonio arqueológico; El Mal de la Muralla; Una ciudad traicionadaLa ciudad de Badajoz como temperamento; Una frontera invertida. La Raya de Portugal como antítesis de la frontera; y La era de los nombres ocultos. Sobre la intimidad vencida y la identidad digital.
A pesar de este amplio historial ―relacionado, sobre todo, con el derecho y la jurisprudencia―, nunca ha descuidado García Calderón su vocación poética. Suyas son las palabras: “Normalmente, el poeta verdadero no es aquel que busca y decide esta singular condición, sino aquel otro al que le viene impuesta como una especie de oscuro deber primigenio que, aunque a veces lo desee, no puede eludir. No toma la decisión, es la decisión la que lo toma a él”. Fruto de esa delicada labor, quince libros, entre ellos, La provinciaLa moneda secretaUn lugar en el norteLa soledad partidaLos nudos de la vidaLa mirada desnudaLas visitas de CaronteUn cuaderno de Tokio o Condición de refugio.
En 2006 apareció en la Editora Regional de Extremadura La soledad partida, una antología prologada por Antonio Carvajal. En ese mismo sello (colección La Gaveta) había publicado Los regalos sombríos (relatos). La revista Ánfora Nova le dedicó en 2009 un monográfico: “Jesús García Calderón: La lúcida voz de la memoria”.
Cuando escribo estas líneas está a punto de salir La ciudad ilustrada. En torno al autor y su obra, que recoge una amplia nota bibliográfica, cinco poemas inéditos, los ensayos Una frontera invertida y La era de los nombres ocultos y un soneto manuscrito.
Si he sido algo prolijo en lo que respecta al currículo es porque, según creo, Condición partisana es un libro con una impronta moral infranqueable, muy relacionada, por tanto, con la profesión de su autor. “Al elegir el campo de batalla / opté por la justicia”, leemos.
Según la IA, “la condición partisana se refiere al estado o la acción de ser un partisano, que es un guerrillero que combate a un ejército invasor o a un gobierno ilegítimo”. La RAE lo resuelve con un escueto: “guerrillero”. No es el caso. Aquí ese estado debe ser contemplado en cursiva, es decir, de manera figurada o metafórica. Se nos advierte en la nota editorial de que “el desarrollo tecnológico y la nueva naturaleza que viene imponiéndose poco a poco en la sociedad de nuestro tiempo, requiere una visión crítica del hostil entorno que nos rodea para proteger la libertad y la verdadera cultura”. Y de que la “juventud moral” (no la “simplemente cronológica”, por decirlo con Torga), “debe guiar esta lucha pacífica y discreta, llena de intensas paradojas y no pocos peligros”. El partisano se convierte de hecho en el protagonista del libro; a su pesar, pues “Para ser partisano es necesario / no querer serlo”. Un libro unitario, compuesto por treinta cantos de treinta versos cada uno, numerados y sin título, divididos a su vez en tres estrofas de diez.
El tono ―meditativo y sentencioso―  es un tanto desabrido, nada complaciente. Lo normal cuando “la vida se desnuda” y la verdad se abre paso: “Casi nada / pervive más allá de los tristes / despojos que produce la existencia”. “Las palabras que marcan tu destino / no las escucha nadie”.
Gira en torno a términos clave: vida, conciencia (“despierta / debe ser atributo / del mejor partisano”, cuando la tienes, “la vida / se suspende”), cansancio, fracaso (“Solo quien ha perdido / puede ser partisano y convertir / la derrota en un punto de partida”, dice, y: “Cuando todo es derrota, la derrota / no existe”), odio (“es mezquino”, “siempre nos traiciona”, “es ridículo y ensucia / la esencia y el valor de las palabras”), derrota (“Tu patria es conocer que la derrota / resulta inevitable”), libertad (que “no puede /definirse”, “un secreto”, leemos en el poema XXIII), frontera, soledad (“es torpe”), traición (y lealtad), silencio (“De todos los deberes / es sin duda el silencio el más ingrato”, escribe, y en otra parte: “El arma más certera es el silencio. / No es callar. Es guardarlo / envuelto en su firmeza”), miedo (“El mejor partisano es quien consigue / hacer del miedo el mejor compañero”)…  
La lucha del partisano, porque “ya no existen trincheras”, debe ser gestionada por él: “Tú eres / tu propio parapeto y tu refugio”, afirma.
El partisano, en fin, es un hombre que viaja. De ciudad en ciudad (léanse los poemas XVII, XVIII y XIX: Badajoz, Elvas, La Raya). Como quien huye (un “fugitivo”), aunque sepa que “las ciudades nos comprenden”. Alguien que recala en solitarios cuartos de hotel, “esos “falsos lugares de nadie”, sitios de paso en los que se centran los poemas XII, XIII y XIV.
“Andar no es caminar. Caminar solo: / Eso sí es caminar”. “Una forma de hablar consigo mismo / y descubrir el orden de sus pasos”. Por la “eterna novidade do mundo”.
Partidario de editoriales tan honestas como discretas, algunos lectores desinformados se perderán un libro excelente, acaso el mejor que García Calderón haya dado a la imprenta.
 
Condición partisana
Jesús García Calderón
El torno gráfico, Granada, 2025. 43 páginas. 12,00 €

NOTA. Esta reseña se ha publicado en el número 2 del año 2025 de la Revista de Estudios Extremeños. Diputación de Badajoz