
15.2.06
Valencia
Detalle
11.2.06
En Suabia
Debo ser un antiguo (no me atrevo a usar la palabra clásico), pero me encanta el tono de Pujol. Pura poesía, que no poesía pura. No sé si será moderno. Ni si uno, porque le gusta cómo escribe, lo será o no. Uno no aspira a según qué imposturas. Vamos, que me da lo mismo. Al menos ahora, después de disfrutar hondamente con la consolación de su poesía. Me bastan versos como estos, puestos en boca de Eduard Mörike:
A veces me pregunto
qué significan cosas cotidianas
como el amor, la luz o la tristeza.
Muerte
Ayer, enterrábamos en Garganta la Olla a una tía de Yolanda. Era muy mayor, sí, pero la echaremos siempre de menos porque era el centro de aquel jardín mágico del que he hablado otras veces. Uno hacía allí recuento a solas de los momentos felices que hemos vivido en torno a la mesa de piedra (una antigua piedra de molino) que ella siempre estaba dispuesta a llenar de comida, bebida y cariño.
Me entero ahora de que el ser anónimo del que hablaban en la radio esta mañana temprano, que había muerto carbonizado en un incendio a las afueras de Badajoz, era otro viejo conocido, el fotógrafo Antonio Covarsí. Colaboró con Pablo Guerrero en algunos de sus libros de poemas, uno de ellos publicado por la Editora, Tiempo que espera. Tambien en la ERE se publicó el catálogo de su exposición La luz incierta. Lisboa 2002-2003.
También ilustró Jola, el libro de Ángel Campos sobre el devastador incendio que asoló La Raya hace un par de veranos. Quién iba a decir que...
"Y entonces, la muerte", que diría van Wilderode. Siempre la muerte.
9.2.06
Lectura
Uno ganó también allí su primer premio literario, año arriba o abajo.
El ciclo está coordinado por un viejo amigo, el poeta Francisco Castaño. Es un perfecto cómplice de Marisa Muñoz, la directora, y de Nicanor Gómez, responsables directos del prestigio pasado, presente y aun futuro de ese centro educativo, mucho más que una residencia de estudiantes.
Todos salimos corriendo tras la lectura. Los alumnos a sus exámenes, el público y Luis a su casa (donde se habían reunido sus amigos para ver el Real Madrid-Zaragoza) y Paco y yo a la carretera. Me alegró ver en la sala a mi compañero de periódico, José María Peña. Y a Nieves Martín, de Radio Círculo.
Pasamos un rato agradable, sin duda.
8.2.06
Editores
El arte de avergonzar a los editores
Uno de los pasatiempos cíclicos en el mundo del libro consiste en enviar obras de autores importantes, publicadas o inéditas, pero en cualquier caso ocultando su origen, a editores de prestigio para ver cuál es su reacción, que suele ser de rechazo. A veces han sido periodistas quienes lo han hecho, a veces los autores mismos como es el caso de Joyce Carol Oates o Doris Lessing; el mundo anglosajón es especialmente proclive a este deporte. La última jugada ha corrido a cargo del ´Sunday Times´ de Londres, que mandó mecanoscritos de primeros capítulos de autores ganadores del Booker Prize como V. S. Naipaul y Stanley Middleton atribuyéndolos a autores desconocidos a una veintena de editores y agentes. Nadie reconoció la verdadera autoría y solo una agente de Londres expresó interés en el fragmento de Middleton; los restantes receptores (editoriales como Bloomsbury y Time Warner, y figuras como Cristopher Little, descubridor de J. K. Rowling) rechazaron los textos. En la polémica que ha seguido, los dos escritores afectados y otros colegas han criticado la falta de olfato editorial, mientras que los profesionales pillados en falta alegan que no dan abasto con todo lo que les llega. Editores españoles, vigilad: podéis estar en el punto de mira de otro bromista.
El método de la frase
"Tomad una obra de estos autores (Flaubert, Faulkner, Joyce, Beckett...), abrid al azar y sospesad una frase. Lo hacéis varias veces y vais apuntando el resultado. Si las frases excepcionales, cinceladas, fulgurantes, pasmosas, geniales, o simplemente buenas o brillantes, no son todas, poco faltará. En Virgilio, en Dante, en Shakespeare, son diez de diez, y en grado superlativo. Las suertes virgilianas consistían en enfrentarse al futuro mediante un verso de la ´Eneida´ escogido al azar. De ello se deduce que toda frase del gran Virgilio nos dice algo sobre cualquier situación imaginable. Estamos pues en las antípodas narrativas de la marquesa que Mallarmé se abstuvo de crear porque no sabía cómo quitarle los guantes sin caer en la más lamentable de las banalidades".
"He aquí pues un método bien sencillo, al alcance de todo el mundo, para valorar a los escritores. Abrid varias veces por el método virgiliano un best seller cualquiera. ¿Con qué frases os topáis? Si son todas, aisladas del contexto, para tirar, e incluso con la nariz tapada, de tanto hedor como exhalan, el autor no es un escritor verdadero sino un artesano del entretenimiento. Tal vez muy bueno, pero no un artista de la palabra".
Con todo, lo mejor es leerlo completo.
Descubrimiento
7.2.06
Jardín del Edén
Entre los animales hallados, se destacan: un ave de cabeza naranja que se alimenta sólo de miel; un canguro dorado, cuyos parientes más cercanos se creían extintos; una especie de mamífero Echidnas (un mamífero primitivo que pone huevos); y una rara ave del paraíso "Berlepsch", descripta por exploradores del siglo XIX pero nunca antes vista.
(cadenaser.com)
5.2.06
Llamas escritas
Me he propuesto escribir sobre la experiencia de esa intensa lectura. Sí, como dice otro poeta insular, Paco León (en Ábaco, su diario recién publicado), "leer es una forma de vida" que nos transforma. Después de leer la poesía de Pons uno ya es (aproximadamente) otro.
El árbol de las mariposas
Acaba de aparecer un libro singular por muchos motivos. Ya de por sí el original lo es, debido, antes que nada, a la indudable calidad poética que logró infundirle su autor, Anton van Wilderode. Sólo eso ha permitido editar algo tan insólito como el volumen a que aludo, donde ser reúnen cinco versiones distintas de El árbol de las mariposas: en neerlandés (la lengua materna del poeta), español, francés, portugués e inglés.
Ya tuvimos ocasión de ocuparnos en su momento de la traducción castellana que publicó la editorial Calima en una excelente versión de José Luis Reina Palazón. Uno tuvo el honor de presentar la obra en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres hace unos años. Ahora se vuelve a recoger y, como decimos, se le suman otras en diferentes idiomas. Me apetece resaltar una de ellas, la realizada en portugués por Ruy Ventura, un joven poeta alentejano vinculado a Extremadura. La poesía melancólica del poeta flamenco se adapta especialmente bien a esa lengua saudosa. Apesadumbrada, sobre todo, porque al fin y al cabo describe el viaje sin retorno del emperador Carlos I de España y V de Alemania (como decíamos en el colegio) desde Flandes hasta Yuste, por más que el itinerario lírico se limite a su periplo español, desde el puerto de Laredo hasta el monasterio situado en un remoto rincón de La Vera, su “casa de la muerte” para decirlo con palabras del polígrafo Mario Praz.
Anton van Wilderode, seudónimo de Cyriel Coupé, que vivió entre 1918 y 1998 en la Provincia de Flandes Oriental, en la tierra de Waas, que estudió Filosofía y Filología Clásica en Gante y Lovaina y fue ordenado sacerdote en 1944, captó a la perfección el espíritu de un hombre que ha renunciado a su imperio y se dirige, conscientemente, a su último retiro. Sí, de lo que aquí se da cuenta en versos de cuidada ejecutoria, de exigente armonía, salpimentada por los rigores del metro, la estrofa y la rima (que han trasladado con desusada pericia los traductores), es de las postrimerías de la vida y los prolegómenos de la muerte de un hombre, un hombre solo y enfermo, triste y cansado, que ve acercarse su final rodeado de figuras fantasmales: las de su familia (su padre, Felipe El Hermoso, y su madre, Juana La Loca), su mujer, Isabel de Portugal, y sus hijos (hay poemas dedicados a Felipe y a Jeromín), sus amigos, sus aliados y enemigos, sus ciudades (de Granada a Koudenberg pasando por Valladolid, Burgos, Sevilla, Génova, Gante o Bruselas) y, claro está, también sus frustraciones y sus sueños. Y todo ello, ah paradoja, en medio de un paraje paradisíaco y recóndito, rodeado de un espeso boscaje, ajeno al mundo y a sus adjetivas pompas, como un monje ya, a un paso de morir pero aún con vida. El momento es solemne. Grave y grandioso, no tanto por ser él el personaje que es, sino porque es simplemente un hombre a punto de dar el paso definitivo hacia el que todos encaminamos, querámoslo o no, nuestra existencia. Ése, y no otro, es el personaje poético de Carlos que pone en pie Anton van Wilderode; un ser humano, demasiado humano, que hurta a las sombras del pasado, del dolor y del insomnio un poco más de vida entreteniéndose en el estudio de viejos mapas y en la recomposición de gastados relojes, símbolos, no se olvide, de lo que es el espacio y es el tiempo.
No eligió mal el título su autor. Se nos explica que “El árbol de las mariposas (De vlinderboom) es, según el botánico inglés Adam Buddle (1660-1715), un arbusto procedente de China que puede alcanzar hasta cuatro metros de alto; alrededor de sus largos racimos de flores se reúnen enjambres de mariposas. Así revolotean los recuerdos como mariposas alrededor de un hombre que se queda solo”. Está bien traído el ejemplo.
Enriquecen el volumen, con forma alargada de cuaderno (diseño de Ruiz de Gopegui Rando), además de los prólogos institucionales (el libro de la Fundación Academia Europea de Yuste está patrocinado por la Consejería de Cultura, el Círculo Internacional de Amigos de A. van Wilderode, las dos Diputaciones extremeñas y el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España), unas discretas pero efectivas fotografías que, junto a la reproducción de algunos cuadros, añaden capacidad de sugerencia a lo que ya de por sí es palabra inspirada.
No sería justo olvidar cuatro nombres que, entre otros, están detrás de este mágico proyecto. Me refiero a Antonio Ventura Díaz, director de la FAEY; a su gerente, Matías Sánchez González; a Beatrijs van Craenenbroeck, alma del Círculo de Amigos del poeta y, cómo no, a Miguel Ángel Martín, el hombre de la Fundación en Bruselas.
Uno, que leyó en Cortewalle y en Utrecht poemas de El árbol de las mariposas, se alegra de que esta aventura haya concluido de la mejor manera posible.
(Del HOY)
3.2.06
Una anécdota
Luego pensé: tengo un hermano sacerdote y este tipo impresentable le ofende indirectamente. Y, con él, a mí, que le quiero y le respeto. Por otra parte, aunque no milite en ningún partido, me siento cercano a las posiciones que el energúmeno criticaba. ¿Soy por eso hijo de "mala madre"? Dando por supuesto que no, sin querer se insultaba a sí mismo: mi madre seguro que está mucho más cerca de sus planteamientos que de los míos. Si es que a lo del clérigo se le pueden llamar "planteamientos", claro.
En fin, el café estuvo hoy especialmente amargo. Empieza a dar asco escuchar a según qué memos. Y luego predicará sobre la caridad, el amor y el perdón. ¡Cínico!
2.2.06
Colinas lee a Zagajewski

