2.10.10

Velasco

Hablando de Abelardo, me encuentro por sorpresa con sus emocionadas palabras en El Mundo por la muerte prematura del poeta Miguel Ángel Velasco que ha muerto en Palma en "extrañas circunstancias". Fue el editor de su último libro, que ha pasado desapercibido, y de una antología de un poeta transgresor como pocos. He leído casi todos sus libros desde que ganó el Adonais, aunque prefería los últimos. Una pena, sí.

1.10.10

Abelardo Linares

Entre mis pecados literarios de juventud (pobre del que no los haya tenido) se cuenta el de mostrarme un tanto displicente -y hasta beligerante a veces- con la denominada, en bruto, "poesía de la experiencia".  Ello no me impidió, sin embargo, leer y hasta apreciar los versos de un puñado de compañeros de generación adscritos, con razón o sin ella, a esa corriente central en la poesía española del último tercio del siglo XX. Ya allí, no puedo olvidar, por ejemplo, mi suscripción a la revista Fin de siglo ni los volúmenes de Renacimiento que compré (y sigo comprando) y que ahora -sobrios, clásicos y elegantes- menudean por los estantes de mi biblioteca. No pocos de aquellos poetas publicaron sus primeros libros en la editorial sevillana. Detrás, Abelardo Linares, un referente de la edición y la bibliofilia, a quien conocimos a primeros de los ochenta en Montánchez, en unas jornadas poéticas organizadas por Diego Doncel, Antonio Galán y Pablo Jiménez en la que participaron, entre otros, Aníbal Núñez, Felipe Benítez Reyes, Felipe Núñez y José Luis García Martín. No fueron unos días demasiado tranquilos, sobre todo si tenemos en cuenta las escasas actividades previstas y el lugar ameno y sosegado donde se desarrollaron, pero esa es otra historia.
Acabo de leer el último libro de Linares y, lo diré sin rodeos, me ha gustado mucho. Sé que es una simpleza, pero me atrevería a decir que es el mejor de los suyos. Al menos, el que a este lector más y mejor le ha llegado. Lo que en un principio me pareció doblemente extraño (que el poeta  publicara cuando ya le daba uno por jubilado para la lírica y que la obra apareciera en Tusquets) ahora, una vez leído, me causa cualquier cosa menos sorpresa. Este hecho, con independencia de otras consideraciones, vuelve a incidir en una verdad ya del todo palmaria: que esa colección puede que no sea la mejor (esto no es una carrera de Fórmula 1), pero sí una de las más plurales del panorama poético en español. No me importa decirlo "desde dentro". Ni pretendo ser imparcial. Ya está uno mayorcito para eso.   
Y ningún otro cielo reúne poemas escritos entre 1993 y 2009. No lo parece: la sensación es de unidad más que de dispersión. Será, quizá, porque uno siempre escribe, como diría otro autor renacentista, "el mismo libro".
Si a algo se le puede llamar madurez es a esta manera de escribir donde, con la debida naturalidad y la inevitable sabiduría, lo sencillo se intuye complejo y lo oscuro brilla con una claridad manifiesta. Poemas con el skyline neoyorkino al fondo; poemas de circunstancia que no tienen nada de circunstanciales (como las jondas "Soleares" de la segunda parte); poemas de "secreta música" (los que prefiero) donde parece conversar en voz baja sobre eternos asuntos con viejos amigos (Luis García Montero, Carlos Marzal, Lorenzo Martín del Burgo...); poemas, por fin, de amor; de más amor, diría, porque lo son en realidad de desamor y desencuentro. Así, pero no sólo, los de la postrera sección del volumen, "Llámame ayer" ("Pues mañana no existe y todo es noche,/ llámame ayer"), como "El amor se lo merece" o "Velocísimo".
Ya se dijo: un libro espléndido de un poeta del que uno, ay, ya no esperaba semejante deslumbramiento.

30.9.10

Este blog

Voy guardando las entradas de este blog, que empezó a publicarse en mayo de 2005, en un documento de Word que llamo "Bitácora". A día de hoy, ocupa un total de 553 páginas (sin imágenes) y contiene 251.153 palabras. Si uno fuera novelista de largo aliento, no sé, pero para un presunto poeta estas cifras no dejan de impresionar un poco. Este será el libro más gordo que uno escriba, aunque no esté ni siquiera en papel.

29.9.10

Literatura y violencia en Colombia

El poeta Antonio María Flórez dictó el año pasado en la Universidad de Barcelona, en el marco del ciclo Miradas: Arte y violencia en Colombia, una conferencia que ahora publica la Revista de Estudios Extremeños con el título "Reflexiones sobre literatura y violencia".

28.9.10

Sobre el poema meditativo

"Versos que piensan" titula Jordi Doce una espléndida reflexión sobre el poema meditativo. Quienes hemos caminado por esos derroteros agradecemos más que nadie estas iluminaciones poéticas propias de alguien que sabe muy bien lo que se dice.

25.9.10

Debilidad

Siente uno debilidad por los poetas y novelistas por antonomasia; por los que se autoproclaman genios incomprendidos en su negra provincia sin Flaubert; por los independientes que, eso sí, publican sus libros gracias a las subvenciones públicas de ayuntamientos, diputaciones y autonomías con las que, por supuesto, nada tienen que ver; por los que dicen que los premios están dados, pero se presentan a ellos y los ganan; por los que atacan y critican a las instituciones -la Junta o la Universidad, pongo por caso- para luego solicitarles becas, ayudas y otras prebendas (computables incluso en el currículo) y disfrutar, al tiempo, de su inocente hospitalidad; por los que critican las capillitas, aunque ejerzan de santones en su propia peña lírica, o al presunto stablisment literario, aunque nada les gustaría más que formar parte de él; por los que parecen seniles pero en realidad son patéticos; por los que se sirven de sus cargos, y no de sus libros, para hacer carrera; por los que van de poetas por la vida y el disfraz les delata; por los que dejan que otros pidan para ellos honores que saben de sobra que no se merecen; por los que confunden una mentira con su verdad; también por los que les invitan a explayarse en las páginas de los periódicos y por los que, cómplices, les jalean desde semejante rencor. Siente uno, en fin, debilidad por esos seres entrañables que nos recuerdan nuestro lado oscuro. Ese, ay, que nunca deberíamos enseñar. Por estética.
Dichoso el que pueda hacer suyos los versos del poeta marroquí Abdellatif Laabi:  
La única cosa
de la que puedo enorgullecerme
es de no haberme quejado nunca
y de no haber reivindicado nada 
para mí mismo. 
(Traducción de Laura Casielles, para la revista Clarín)

24.9.10

Las Cortes de Cádiz

Hace 200 años que comenzó el parlamentarismo en España y Josemari Lama lo recuerda en el diario Hoy. Un puñado de extremeños estuvieron allí, de parte del mejor país.

23.9.10

Por alusiones

En Bajo la lluvia, el cuaderno de J. Jorge Sánchez. Obrigado.

21.9.10

Machadiana

Fue una jornada muy machadiana, sí, pero al revés. Quiero decir que por la mañana, en clase, hubo de todo menos monotonía: mis alumnos siguen siendo, dos años después, las fierecillas que dejé, por decirlo de una manera pedagógicamente correcta. Por la tarde, en el paseo por el campo, las protagonistas fueron las moscas, pero tampoco se portaron como en el poema del bueno de don Antonio. Qué pesadas, Dios mío. Ya no recordaba lo que era recorrer los contornos del molino en septiembre. Una nube de moscas rodeó mi cabeza, me zumbó en los oídos, desde que salí hasta que llegué. De nada sirvió que me pusiera en las orejas unas ramitas de albahaca (uno de los olores, por cierto, que más me gusta), ni la gorra calada, ni las gafas de sol.  Paré lo justo para refrescarme en la fuente de los alisos y creí que me comían. A medio camino opté por una rama de árbol larga y la fui agitando, a modo de limpiaparabrisas, el resto de paseo. Sólo las intermitentes ráfagas de viento me aliviaban un poco del ataque de las dichosas moscas. Para verme. Qué cruz.

20.9.10

Riechmann y otros

Con la lucidez y la radicalidad a que nos tiene acostumbrados, publica Jorge Riechmann un nuevo libro de poesía (y van...) bajo el título (tan original como todos los suyos) de Pablo Neruda y una familia de lobos. Aparece en una nueva y hermosa colección, La grúa de piedra, que dirige en Santander Luis Alberto Salcines, el más conspicuo estudioso de la poesía cántabra contemporánea, donde ya han aparecido entregas de Ángel Sopeña  (un más que interesante poeta secreto), Ana García Negrete y Fernando Abascal.
Volviendo a Riechmann, no hace falta decir que sigue empeñado -bendito empeño- en hacernos ver lo que, de puro obvio y evidente, no vemos. No tanto por denunciar cuanto por mostrar, ya digo la realidad real. ¿Poesía social? Sí, no, bueno, que diría el otro. Cercanos al aforismo, siempre reflexivos y contundentes, sin concesiones a la retórica, políticos sin ambages, los versos y versículos de este libro permiten que nos demos de bruces con la vida que disfrutamos y el mundo que padecemos, o viceversa. Nada humano le es ajeno al poeta Riechmann. Y eso sirve para la belleza, el amor, la verdad y la poesía (que no siempre es lo mismo),  pero también para el cambio tecnológico o el desarrollo sostenible. Para muestra, en fin, un botón:
Podíamos escoger
entre lo malo y lo peor
y decíamos que los tiempos eran sombríos


Ahora que solo vamos pudiendo elegir
entre lo peor y lo catastrófico
¿qué adjetivo emplearemos para estos tiempos
nuestros?


O dos:
La vida como obra de arte
no sería una propuesta estética
sino política y existencial

Y no estaríamos hablando de lujo
sino de lo irrevocable

19.9.10

Labordeta

Decir Labordeta es volver a la adolescencia, a la primera juventud. Sus canciones forman parte de la música de fondo -nunca mejor dicho- de aquellos años, diría Colinas, tan intensos como difíciles. En realidad, nunca han dejado de acompañarnos.
Aunque ya le escuchábamos, la llegada a Plasencia del cura Javier, un aragonés convencido, intensificó nuestro aprecio por sus discos. Al lado de los de casa: Pablo Guerrero y Luis Pastor, siempre un paso por delante. Y de otros, nacionales o extranjeros: cantautores no faltaban.
Ya he contado que por mediación de Félix Romeo (entonces, un referente para quienes nos planteábamos la objeción de conciencia al servicio militar) le llegamos a conocer en persona. Fuimos a grabar un programa de TVE, de la serie Los Poetas (?), a Prado del Rey y quiso que comiéramos antes juntos. La comida y el sitio (un salón cuartelario o colegial) no eran buenos, pero su conversación y su amabilidad superaron todas nuestras expectativas. No siempre está alguien a la altura de la admiración que le profesamos. No fue el caso.
Labordeta ha sido y es un referente moral en un país falto de ciudadanos ejemplares. Sin retórica lo afirmo. Desde el escenario, los libros, los programas de televisión (mochila al hombro) o, airado, en las Cortes. Nos seguirá acompañando por un tiempo. ¿Quién querría olvidarse de un hombre así?

18.9.10

Piedras al agua

Cuando Antonio Cabrera (Medina Sidonia, 1958) publicó en 2000 su primer libro de poemas, sus compañeros de promoción poética ya tenían varios ejemplares en las librerías y algunos, incluso, ya habían sacado una primera edición de sus poesías completas. De ahí que su nombre falte en los recuentos y antologías fundacionales del grupo de los Ochenta (las serias y las publicitarias) y, ya aquí al lado, en otras  más recientes como Poetas de la democracia, de Prieto de Paula. Esta tardanza no ha impedido que críticos y lectores (y, por eso, poetas) le consideren uno de los nombres mayores de nuestra poesía reciente. Su incorporación a la colección Nuevos Textos Sagrados de Tusquets  (donde abundan los compañeros de viaje  generacional) es elocuente. Todo esto viene a demostrar que lo único que importa, a la corta y a la larga, son los libros que se escriben, pues es ahí donde está la poesía y no en otra parte. Tampoco la cantidad es significativa: Piedras al agua es el cuarto de los suyos y reúne el puñado de poemas justos, ni más ni menos. Tampoco es Cabrera un poeta que juegue al despiste: su nueva obra es fruto de un mundo y una voz que sus lectores ya conocíamos. Puede que el primero se ensanche y la segunda se ahonde, pero eso es normal entre seres que viajan y piensan, que pasean y sienten. Que viven y sufren y gozan. La presencia de la naturaleza (auténtica marca de la casa), el feroz paso del tiempo (a través de las estaciones), los sencillos afectos familiares y domésticos (las dos Adelinas, Daniel, su madre...) y, sobre todo, las reflexiones de un hombre que enseña y practica la filosofía dan forma a este libro preciso y luminoso. A mí, por poner un ejemplo, me ha llegado al alma Cementerio de Peliceira, uno de los poemas más despojados y estremecedores del volumen. Recomendar Piedras al agua no es necesario. Lo imprescindible es leerlo.

17.9.10

Grillos

Algunos ya sabíamos que el arte contemporáneo era una jaula de grillos, de ahí que la famosa exposición cacereña nos haya extrañado lo justo. Lo peor es que detrás, cómo no, estaba el mecenas tonto del dinero público. Si no fuera por él, ¿dónde estaría ese presunto arte? Sobre grillos reflexiona hoy JDF.

15.9.10

Tres poemas inéditos

En la revista de creación y pensamiento Las razones del aviador, por deferencia de sus directores, José María Castrillón y Jordi Doce. La fotografía es de mi hijo Alberto y está tomada en junio en el barrio Cimadevilla de Gijón.

Lecturas: JR y MS

Ya hablé de la llegada de dos nuevos libros de Julián Rodríguez. Forman parte de un nuevo ciclo del escritor extremeño, "Piezas breves" y los ha publicado errata naturae en su colección "La mujer cíclope". Tríptico reúne tres relatos (vamos a llamarlos así) y Santos que yo te pinte está compuesto por un único, tenso  e implacable monólogo que recuerda al Rodríguez más radical, en el mejor sentido del término. Aquí no hay concesiones. Basta leer la "Nota del autor" que figura al final del delgado volumen. La que sucede a los textos de Tríptico tiene un valor añadido: es una suerte de poética que vendría a explicar (un término, lo sé, ambiguo e insuficiente), que ilumina, la muy personal aventura literaria de JR. La suscribo de pe a pa. En todo caso, son dos pasos más hacia el afianzamiento de un mundo sin parangón en las letras españolas recientes. Por sustantivo y propio.
A veces echo de menos las conversaciones con Julián camino de Mérida. Por cierto, hace alusión en uno de los libros que acabo de citar a ese hablar en voz baja que tanto le caracteriza. Uno, decía, afinaba el oído y escuchaba atento, porque su hablar parco, como su literatura, no hace concesiones a la palabrería ni a la retórica. Un día mencionó la primera novela debidamente publicitada de Ricardo Menéndez Salmón, La ofensa. Lo traigo a cuento por la sencilla razón de que he terminado (gracias, Nahir) La luz es más antigua que el amor, la segunda de las suyas que leo tras el ya mencionado. Me ha gustado mucho. Coincido con casi todos los críticos que la han reseñado en que el capítulo dedicado a Rothko y el que dedica a otro pintor (inventado), Semiasin, son acaso los mejores de la novela y, por volver a la crítica, también duda uno mucho de que se trate de eso, de una novela. Al uso, digamos, porque novela sin duda es. Parafraseando a MS, lo que aquí se narra es "la vida tal y como sucede". O eso le parece a uno. Excelente.