5.9.11

Anatxu Zabalbeascoa conversa con el arquitecto José María Sánchez García

Todos sus proyectos están en Extremadura... No ha sido adrede. Hemos estado muy cerquita de construir en otros lugares. Pero allí hemos ganado concursos. 
Esa comunidad ha apostado por la arquitectura joven y nacional con excelentes resultados. ¿Por qué? Creo que fue el empeño de una persona, José Antonio Galván. Él quiso que la protagonista de las nuevas obras de la región fuera la arquitectura y no los arquitectos. En la Consejería de Cultura entendieron esa apuesta y ese empeño en demostrar que las cosas se podían hacer bien y democráticamente con presupuestos ajustados. Él llevó los concursos abiertos a las nuevas instalaciones culturales. Hoy Extremadura tiene un patrimonio arquitectónico contemporáneo, un referente, se conoce fuera de España. Como allí siempre vamos un poco por detrás, se ha aprendido de los errores de otros y se actúa con más cabeza.

Escapada

Soy muy casero. Demasiado. Por eso, concluidas las vacaciones, es raro que le pille a uno el fin de semana fuera de casa. Y, sin embargo, éste... No el lo mismo leer los suplementos culturales de los sábados (con su cal y su arena) en la penumbra del saloncito, me decía, que hacerlo aquí sentado en este banco del paseo marítimo, con la playa de la Fontanilla a mis pies, bajo una luz  limpia y deslumbrante y un viento de poniente que complica la lectura, sí, pero que facilita, y cuánto, la vida.
Un viaje ineludible a Sevilla ha sido la excusa para volver a Conil, un regreso algo rápido y forzado que es, sin duda, constatación también de una vieja querencia.
Cuando llegamos, el diluvio ya había cesado. Di mi paseo (la Fuente del Gallo estaba desierta) y luego subimos a Vejer y volvimos por Barbate y El Palmar, un recorrido que no nos atrevemos a hacer en agosto por aquello de los atascos. Gracias a la ruta, recuperó uno el blanco laberinto vejeriego -que siempre te sorprende con una nueva calle, una nueva ventana o mirador, un vislumbre de paisaje aéreo-; aprecié el intenso, inédito olor a suelo y vegetación empapados que desprendían los pinares barbateños; pude ver del atardecer desde lo alto de Los Caños con el  imponente faro de Trafalgar al fondo; miré los troncos retorcidos y al trasluz del inquietante acebuchal cercano y el perfil blanco, cúbico y compacto de Conil con la torre de Telefónica arriba (qué bonita, por cierto, la fotografía que cuelga en las paredes del bar Los Hermanos donde se recuerda la inauguración del cable telefónico submarino)... Por la noche volvió a llover. A pesar de eso, el centro del pueblo estaba muy animado, con los preparativos de las ferias, como si no fuera septiembre.
El sábado se nos fue la mañana en pasear, leer (ya se dijo) y acercarse a Cádiz para dar una vuelta, entrar en mis algunas librerías (no estaba en Quorum el libro veneciano de Marina Gasparini) y comer en una terraza de la Plaza de San Francisco.
Un pis pas, apenas nada, mucha carretera, y el íntimo convencimiento -demasiado privado para contarlo aquí- de estar viviendo días difíciles de olvidar, intensos de pura necesidad. Lo de fuera que se complementa con lo de dentro. Lo de casa con lo del mundo. 

4.9.11

M. Á. Lama: sobre la educación en España

Copio íntegra la estupenda carta que Miguel Ángel Lama publicó ayer en el diario El País sobre este grave asunto irresuelto que temerarias decisiones autonómicas está agravando y comentarios indignantes y despreciables, como los de Esperanza Aguirre, a favor del desprestigio de los docentes, han puesto de actualidad.
Produce estupor leer la dedicatoria que Pérez Galdós escribió en 1881 para su novela La desheredada y comprobar la vigencia que aún tienen su lamento y su deseo. Galdós, tras referirse a las "dolencias sociales" que acarrea la falta de "reconstituyentes" como la aritmética, la lógica, la moral y el sentido común, y llamar "curanderos y droguistas" a políticos y filósofos, que nos "recetan uno y otro día", dedica su novela a los "verdaderos médicos" que pueden sanarnos: a los maestros de escuela.
Pasan los años, las décadas y se suceden los Gobiernos, y la educación sigue siendo la grave asignatura pendiente de nuestro país, de esta sociedad enferma. No hay ninguna tentativa de reforma seria que implique una aportación presupuestaria de carácter extraordinario -de emergencia- y una conciencia social de trascendencia histórica sobre la educación como base para el progreso de un país. Lejos de esto, se recortan gastos, equiparándolos a los derivados de un despilfarro delictivo o a los de áreas no prioritarias; y se propician situaciones de deficiencia con las que se atenta contra la calidad de la enseñanza y el ánimo de los profesores.
Elevar la nota de corte para estudiar en la Universidad española los títulos que conducen a ser maestro de escuela o profesor de Secundaria no cuesta dinero. Reducir los recursos económicos, materiales y humanos de la educación de un país no solo es un suicidio, sino una afrenta.

"Conversación" en El Cultural













Ha estado uno fuera (lo contaré) unas pocas horas y se le acumulan las noticias (que irán saliendo). Ésta, por ejemplo, que me hace llegar Zoki (ayer leía un texto suyo frente al mar), acerca de la reseña de Conversación, el nuevo libro de Gonzalo Hidalgo Bayal, firmada por Ricardo Senabre en El Cultural. Muy elogiosa, por cierto. Además de ser un excelente analista, conoce la obra de Gonzalo desde el principio. El nombre del profesor estuvo en varias versiones de mi nota sobre los cuentos, pero al final cayó. Era a propósito de una de las citas que se incluyen en la faja de promoción, que es suya. Para próximas ocasiones, que las habrá, se podrá utilizar esta otra: "He aquí unas muestras narrativas para lectores de verdad".

3.9.11

Refrán

El que calla no siempre otorga.

2.9.11

Reglas a las que debe someterse toda crítica

Uno: la crítica debe decir de qué trata el libro. Dos: la crítica debe decir lo que el autor del libro dice acerca de lo que trata el libro. Y tres: la crítica debe decir lo que el crítico piensa sobre lo que el autor dice acerca de lo que trata el libro.
Robert Pinsky, citado por Manuel Rodríguez Rivero.

1.9.11

Llega Clarín

Me refiero a la revista, no el escritor asturiano, como ella. Un número variado, el 94, que aprovecho más allá de lo previsible. Suele pasar. Entre otros textos, además de los Paliques finales (con reseñados y reseñadores de enjundia), un par de poemas del griego y exquisito Elytis (ah, qué jóvenes éramos cuando lo leímos por primera vez) y otros dos del estadounidense y proletario Levine; una conversación de Gabriel Insausti con el poeta Julio Trujillo; unos incisivos aforismos de Marcos Abal ("La timidez es siempre una exageración", "Ser poeta es no usar para nada al poeta que llevamos enterrado dentro, y que abre los ojos automáticamente cuando ve un buen culo", "Nada me parece poco"); un curioso texto de Julio Baquero sobre ranas, oriente y la poesía; algunos trabajos académicos con bibliografía incorporada (que, por suerte, no eran frecuentes en Clarín); un paseo por Sicila de la mano de Martínez-Conde (sin referencias literarias, por cierto) y un ensayo estupendo de Marina Gasparini Lagrange, autora de Laberinto veneciano (un libro publicado por Candaya con el que quiero hacerme), leído en la presentación barcelonesa de sus ensayos sobre la mítica ciudad italiana. "Escribimos desde un lugar, dice, desde un sentimiento, desde una nostalgia. Escribimos desde una pregunta, desde una incertidumbre o desde la necesidad de trazar pertenencias a través de la palabra". Y, con sensatez, añade: "El lugar desde el que se escribe, cualquiera que éste sea, requiere de un tono, de un lenguaje". Y más adelante: "Caminar es una manera de pensar", o, recordando al Señor de la Montaña: "La escritura que me interesa es la que ensaya y no aspira a llegar a ninguna conclusión, pues los Ensayos, como bien tuvo Montaigne en subrayar, hablaban fundamentalmente de sí mismo".

El primer libro de Rodrigo Olay

Se titula Cerrar los ojos para verte (Consejería de Cultura y Turismo del Gobierno del Principado de Asturias, 2011) y con él ganó el Premio Asturias Joven de Poesía 2010. En el jurado, entre poetas que me suenan y que no, Martín López-Vega, un buen referente.
Joven, como el nombre del galardón, es Rodrigo Olay, nacido en Noreña en 1989. Da un poco de vértigo comprobar que los poetas que empiezan a publicar podrían ser ya tus hijos. No en vano un verso dice: "como un viejo que llora cuando escucha «Penélope...». Más llamativo me parece que algunos poemas del libro sean de 2005, cuando el autor contaba 16 años.
No hace falta volver sobre los innumerable tópicos que rodean a una ópera prima. Me da la impresión que Rodrigo Olay ha obrado por derecho. Quiero decir que no ha ocultado lo mucho que esta primera obra tiene de taller de aprendizaje, de ejercicios de manos, de experimentaciones varias, de tanteos. Lógico. Lo peor es que otros intentan disimularlo y, ya digo, nuestro poeta no. Desde el prólogo (firmado por un tal G. de B. en Logroño), un poema en cuaderna vía que homenajea a los antiguos maestros del mester, se le ven a Olay las intenciones. El juego, la ironía, el humor, las experiencias, las lecturas, la infancia, la adolescencia y, sobre todo, el amor (y el desamor) son sus temas. Y él mismo, claro, porque Montaigne no mentía. Nada nuevo tampoco.
El despliegue de formas para abordar esos asuntos es significativo: sonetos, décimas, haikus (el "soneto de los haraganes", según García Martín), soleares, greguerías y, cómo no, poemas, digamos, al uso, componen el variado muestrario de este libro brillante, sin duda, siquiera sea por esa variedad de registros.
Dije "lecturas" y bueno será detenerse en eso: el estudiante de Filología Hispánica ha leído. Y mucho, añado. Nada habitual, me temo. De ahí que en sus versos se encuentren infinidad de referencias. Por citar sólo algunas, explícitas o tácitas: Gil de Biedma, JRJ, Salinas, Borges, Luis Alberto de Cuenca (que podría haber firmado "La noche de los fuegos"), Bonet, Machado, Bécquer, Juaristi, Ángel González... Intuyo una especial, aunque puedo pasarme de listo: la del mencionado José Luis García Martín, residente en Oviedo también y asiduo animador de tertulias poéticas. Noto su presencia en las series de poemas breves de "Por el ojo de la cerradura", "Cantares" y "Según sentencia del tiempo". Con todo, como diría el inquieto crítico y poeta de Aldeanueva criado en Avilés, un puñado de poemas bastan para justificar la edición de este libro. Por ejemplo, "Autorretrato", "Venecia", "Estambul" (dos piezas logradas), "La verdad en el arte es la belleza", "El retrato", "L'amour de loin" (de aires borgeanos) o el excelente "Fatvm", que cierra el volumen. Bueno, no exactamente, porque el juguetón Olay añade un Apppendix probi titulado "El mapa del tesoro" donde nos da cuenta de un hallazgo: cuatro poemas (apócrifos) de un poeta latino, epígono de Marcial y Catulo: Gayo Bruto Olio, a los que llega a partir de una separata de la Universidad de Georgetown. Roderick O'Lay se ocupaba allí de Gayus Brutus Olius y el trabajo formaba parte de unas actas: Studia in honorem George W. Bush (Washington, 2008). Tras dar detallada noticia del descubrimiento, primero en forma de advertencia y luego de introducción (muy graciosa la "Bibliografía citada", con referencias a autores como Miguel Cansado, C. Mustio Collado o L. A. de Villegas), Olay traduce esos cuatro poemas gayolianos (sic) que se mueven, claro está, entre el divertido epigrama y la atenuada pornografía, y son un colofón perfecto para este libro tan variado como entretenido. En todo caso, como dijo Olio: "El poeta / es libre de escribir lo que le salga / de la gloriosa punta de su plectro / y no debe por ello ser juzgado". Vale.

31.8.11

El aparatino

Vamos, el podómetro. Lo tenía mal calibrado. Ya me extrañaba a mí lo poco que caminaba, según él. Aquí atrás hice el recorrido completo del Paseo fluvial -14,5 km desde el Puente de San Lázaro hasta la chimenea de la fábrica de Roco, pasando por la presa, según los paneles informativos- y al llegar a casa el artilugio había medido 9 km y poco. Tengo calculado que en 500 m doy en torno a 500 pasos (530, 534, depende). La cuenta está clara. No doy pasos de 50 cm sino de 1 m, más o menos. No camino despacio. He determinado, por tanto, que tengan 90 cm. Ahora todo va mejor. Ayer volví a dar el Paseo completo y lo comprobé: 14,56 km marcó el invento al final. Muy divertido, sí.

Entrevista a Irazoki y viaje a N. Y.

"Con el desamor tenemos la transparencia de los desaparecidos", dice Irazoki en una entrevista de Beatriz Giovanna Ramírez publicada en la revista Mediaisla.
De su reciente viaje a Nueva York nos cuenta él mismo en el blog de Fernando Valls. 

29.8.11

La razones de Gonzalo Hidalgo Bayal: "Conversación"

Alguien desmenuzará un día de estos la razón narrativa de Gonzalo Hidalgo Bayal de manera semejante (no, igual no) a como él lo hizo con Ferlosio en aquel insólito ensayo que publicó Del Oeste Ediciones. Nombro la editorial porque, de sus libros, once de trece han salido en sellos de "rango secundario o autonómico", por usar palabras de uno de sus personajes, hasta que un buen día -me consta que pudo ser mucho antes: el azar es oblicuo-, Tusquets rescató Paradoja del interventor y, poco después, Campo de amapolas blancas y, por fin, ya como autor de pleno derecho de la acreditada casa barcelonesa, lo que honra a ambas partes, la primera edición de sus dos últimas obras: la novela El espíritu áspero y el libro de cuentos Conversación, a punto de distribuirse en librerías.
En qué medida ha contribuido esta circunstancia a su crecimiento como escritor es algo opinable. Bueno, que gracias a Tusquets se han fijado en él los que cortan el bacalao crítico y académico, y de paso no pocos lectores, es algo obvio. Algunos, críticos y profesores incluidos, le conocíamos desde hacía años (su primera novela es de 1988 y su aterrizaje en Tusquets de 2006) e incluso le reconocíamos como el insólito y excelente escritor que era y es, por utilizar dos adjetivos de la elegante faja naranja que promociona su última entrega. Cosa distinta es que a GHB eso le haya afectado. Apuesto a que él hubiera seguido escribiendo y publicando, a su ritmo, en sellos locales, provinciales o autonómicos sin que ello mermara su categoría de escritor ni le perturbara en lo más íntimo. Si leemos entre líneas, que es como acaso se debe leer, encontraremos, aquí y allá, veladas alusiones a esta cuestión (el éxito, el fracaso, esas minucias). En todo caso, el enigma, si lo hay, se resuelve gracias a otra razón, la moral, que, inseparable de la narrativa, gobierna toda su obra y que en Conversación a uno se le antoja omnipresente, aportando al libro un plus muy de agradecer en estos volátiles tiempos de tribulación que nos ha tocado vivir. Una razón moral que, inseparable de la narrativa, se hace explícita de la única manera lógica en literatura: escribiendo del mejor modo posible, que es lo que él hace.
Este nuevo libro, lo diré pronto, es un paso adelante en eso que llaman (nunca él y yo) "carrera literaria". No le hace más escritor, ya lo era (y grande), pero sí mejor aún, lo que parecía complicado. Un publicista lo despacharía con un simple "Bayal va a más".
Si entramos en materia, lo que no resulta nada sencillo (¡es tanto lo que habría que comentar, tantos los matices de esta escritura caleidoscópica... y tantas las limitaciones de uno!), Conversación está compuesto por cinco cuentos o relatos y en los cinco, lo que da unidad al libro, el diálogo está presente. Para abrirlo, el autor ha elegido la hermosa definición de conversar que aparece en el Tesoro de la lengua castellana o española de Covarrubias.
Así, en "Kalé heméra", el primer cuento (que publicó ayer La Vanguardia), breve y lleno de sutileza, conversan un joven profesor particular de griego y su única alumna, madre de familia y esposa. 
En "Corzo", HB regresa al abrupto territorio de El espíritu áspero, a los parajes angostos y silvestres de Los Huranes, a una geografía inhóspita que sirve de fondo a una historia rural y trágica donde la palabra humana, parca e impenetrable, como esos lugares, se confunde con el silencio. Es, por cierto, el único cuento que no sucede en interiores, espacios más acordes con la civilizada charla.
En "Aquiles y la tortuga" -un cuento con aspecto de novela corta- rescata a su viejo personaje Saúl Olúas. Con ello, el festín verbal (los juegos de palabras, los palíndromos, etc.), marca de la casa, está asegurado. Es muy difícil encontrar en el panorama literario (da igual el género) a un escritor con la capacidad lingüística de GHB, con un dominio del idioma (vivo o muerto: castellano, griego o latín) semejante, por muy famoso o de la Española que sea. Aquí el diálogo se establece entre el citado Olúas y sus tertulianos y, más exactamente, entre Saúl, o Saulo, y un antiguo compañero de estudios, Pedro Enrique, o Petrus. Sin entrar en pormenores que desentrañarían aspectos que sólo el lector debe descubrir y disfrutar, sí merece la pena destacar el despliegue de conocimientos filosóficos que el cuento contiene, un nuevo tour de force que demuestra hasta dónde puede llegar y llega la escritura de HB, esta vez a favor de un personaje, Petrus, aspirante a filósofo, digamos, presocrático. 
"Monólogo del enemigo" es el cuento donde ese fundamento moral a que me refería se hace más evidente. Comienza con una frase lapidaria: "No basta el odio para ser enemigos". Tratado sobre la amistad, profunda reflexión sobre el odio ("el odio es superior al hombre"; el amor, sin embargo, nos hace frágiles), uno encuentra en él, además, auténticas, prácticas lecciones morales. (¿No es esconde detrás de todo escritor de fuste un moralista? ¿No lo fue Camus, un referente de HB?) Sobre la inutilidad de la queja, contra el alarde de victoria ("una forma de la derrota"), etc. De nuevo dos condiscípulos son los protagonistas de un monólogo apasionante que uno de ellos relata a un camarero y varios parroquianos en la penumbra de un bar.
"Reparación", el cuento postrero, un soliloquio, tiene por protagonista a un enclaustrado observador que cuenta a otro -su único y último interlocutor en la vida- las peripecias del reparador, un oscuro individuo a quien aquél ve ("la vida es ver pasar"; "volver o ver volver: de eso se trata"), desde la ventana de su casa, subir ya bajar por la costanilla, en años soz y en años run. Es prodigioso que, a través de unos sucesos sin aparente sustancia, GHB sea capaz de levantar un relato lleno de sentido, riquísimo en detalles y cavilaciones sobre el ser humano, sobre sus dificultades para ver, oír y comprender, donde en un momento dado se alude a una "teoría del sentido de las palabras, de la conversación y del diálogo" expuesto en "diez sagaces proposiciones (o mandamientos)" que el personaje resume al final en "dos tímidos asertos" y que inciden en el tema de la comunicación y sus aciagas limitaciones. Kafkiano, en su más noble y exacta expresión, el cuento me recuerda la atmósfera opresiva y claustrofóbica de El desierto de los tártaros, la famosa novela de Buzzati.
Por lo demás, todo el libro es fruto del "furor taxonómico" de quien lo ha escrito. Alguien provisto de una razón narrativa, insisto, propia e inmarcesible que da cabida a otras: moral, filosófica, simétrica, matemática, fonética, etc. Alguien que desde la "melancolía de la conciencia" ("no somos más que una lenta e inexorable declinación"), desde la "periferia del saber", con plena conciencia de que está narrando (estamos ante artefactos verbales), descree, sus personajes descreen, de la felicidad, ("sólo hay una condición  indispensable para poder ser infeliz: creer en la felicidad..."), de la generosidad (que encubre a la soberbia) o de la campechanía ("uno de los rasgos de la mediocridad"). Alguien que gusta de divagar (aunque siempre vaya provisto de brújula) acerca de todo lo humano (la belleza de hombres y mujeres, pongo por caso) y lo divino (lo bíblico es esencial en esta literatura), que adora las paradojas, que disfruta dándole la vuelta a las frases filosóficas ("yo soy yo y mis limitaciones", "el arte imita al arte", etc.), que detesta la palabra inefable (cómo abordar lo "comprensible, pero imposible de explicar"), que no es dado a la añoranza y la nostalgia, que prefiere, ya se dijo, la resignación y el silencio a la queja, que constata cuánto nos repetimos al contar las cosas, que posee un poderoso sentido del humor (otra de las claves de Conversación), que afirma que "estar solo no es no estar con los demás, sino estar hastiado de uno mismo", que nunca pone un punto y aparte y jamás un punto y coma, alguien, en fin, que conozco, o reconozco, de otras conversaciones, entre cañas y vinos, por nuestras tradicionales rutas sabatinas, porque "cada persona es para la otra solamente lo que dice y lo que cuenta, cada persona es el relato oral de su autobiografía". Alguien que ferlosiano, ahora sí, combate quijotescamente el lenguaje gastado y sus torpes manipulaciones, al que le cuesta juzgar la desconocida vida de los otros cuando ni de la propia se sabe a ciencia cierta, que no soporta las frases hechas y los lugares (y nolugares o sinlugares) comunes, que huye de las palabras vacías, del ”huero palique”, del parlío y de las convenciones lingüísticas. Saúl Olúas lo resume muy bien:  "Hablo, como comprenderéis, desde un punto de vista literario, el único punto de vista en que se sostienen las verdades". De ahí que su literatura, como dijera Manguel en otro contexto, nos atrape y nos conmueva “a través de una tensión creada por las palabras mismas".
Cuando llegó a mis manos Conversación, estaba leyendo los cuentos de Chéjov en la bonita edición de Muñoz Millanes y Víctor Gallego que publicó Pre-Textos hace años. En el prólogo se cita a Cortázar: "no hay diferencia genética entre este tipo de cuentos (el breve moderno) y la poesía como la entendemos a partir de Baudelaire". En este sentido, añadiría todavía una razón más a las ya enumeradas: la poética, que ilumina también, y de qué manera, estos inolvidables relatos de Gonzalo Hidalgo Bayal.

28.8.11

Criticonería

"El español es una lengua que se presta para la criticonería y por eso somos malos críticos y buenos enemigos de nuestros amigos". Valería Luiselli, Los ingrávidos.

27.8.11

Enciclopedia de Extremadura

Es el título de un artículo de Julián Rodríguez que publica hoy El País en su sección La Cuarta Página. Para empezar, la letra A. Esperamos más.

Everett "dixit"

Sergio C. Fanjul. La novela, pues: ¿arte o entretenimiento?
Percival Everett. Idealmente, el arte sería entretenido para la gente. Idealmente, cuando la gente se encontrase con una novela complicada, difícil (a falta de mejor palabra), que supusiese un reto, debería resultar un entretenimiento. Me gustaría vivir en un mundo en el que la gente se obligase a sí misma a comprender cosas que no se entienden fácilmente. Las cosas que suelen parecernos entretenidas tienen un lugar en la cultura, pero no suelen generar pensamiento ni ponen a prueba al consumidor, al espectador.

26.8.11

Aniversario

"Viajan conmigo mis amigos muertos". 
Eugenio Montejo