"En realidad, en lo que se refiere a la literatura, ya todo acabó, aunque
quizás esto por suerte también se pueda todavía matizar. Pero es
innegable que la prosa se ha convertido en un producto más del mercado:
algo que es interesante, distinguido, esforzado, respetado, pero
irremediablemente insignificante. Queda preguntarse, sin embargo, si no
hay ni una sola salida, a pesar de que ya sepamos todos que dejar las
montañas nos hizo sobrepasar de largo el final del juego. Y entonces uno
a veces cree ver señales para seguir navegando, porque vislumbra los
casos de un puñado de escritores que captaron la gravedad del momento y
lo que escribieron fue enfermizo y canibalesco, absurdo y exasperado,
pero paradójicamente también feliz y auténtico. Fueron esencialmente
gente zumbada —escritores obsesivos, maníacos, trastornados en el buen
sentido de la palabra— que escribieron de un modo más desesperado que la
revolución, lo que en cierta forma les convirtió en herederos
indirectos de los misántropos desahuciados de antaño. Sus obras fueron
increíblemente honestas y tuvieron un poder liberador". Enrique Vila-Matas, "Música para malogrados", El País.
9.6.12
Lugares
"Uno apenas se mueve de un lugar, pero los lugares no se quedan quietos, se convierten en otros".
José Luis García Martín
José Luis García Martín
8.6.12
Una novela de Fernando Sanmartín
No sabría decir si ésta es la primera novela de Fernando Sanmartín. Parece que sí. Los editores no destacan ese hecho. Estoy de acuerdo. Al fin y al cabo, el escritor zaragozano no es nuevo en el panorama narrativo y, además, me da la impresión de que clasificar sus libros en un género determinado es imposible: sus dietarios contienen relatos y sus cuentos pudieran ser calificados como poemas en prosa. Sólo sus poesía, señalada como tal, está compuesta por poemas; así, en su penúltimo libro, El llanto de los boxeadores (La Isla de Siltolá). En Te veo triste, sobre todo una novela corta (una nouvelle), esa mezcla es perfecta. Su argumento es sencillo y puede resumirse del siguiente modo: el escritor Luis Sampiero muere y deja a su hija Marta una nota: "Dile a Carmen Cabrera que he muerto". Pero también participa del diario (las anotaciones de Sampiero en sus cuadernos de viaje) y, con las formas delicadas que gasta Sanmartín, de la poesía, aunque nada más lejos de la tópica novela de poeta que este libro. Al revés. Que enganche desde las primeras líneas es buena señal de su carácter eminentemente narrativo. Uno aprovechó el silencio de la mañana de Ferias para leerla de una sentada. Había empezado la tarde anterior con las primeras páginas y nada me apetecía más. Lo hice lápiz en mano, algo poco usual cuando de novela se trata. Y eso porque otro género (con perdón) presente en Te veo triste es el aforístico: el narrador (no está escrita en primera persona) se expresa a veces en un tono sentencioso y dice: "El paso del tiempo es un mendigo cuyo nombre jamás conoceremos" o "Eso es la vida en ocasiones. Un reloj averiado" o "Cada ciudad tiene su diario íntimo" o, pongo por caso, "Somos una consecuencia de lo inesperado". Se podrían espigar muchos más y, ahora que está de moda, ensamblar -tomando sentencias del resto de su obra- un bonito volumen de aforismos.
Otro de los rasgos destacables es el uso de las metáforas, una manía, ya ven, de Sampiero.
Su prosa, marca de la casa, se apoya en la fragilidad, la sugerencia, el velamiento y, más que nada, en la sutileza. De ahí que lo poético no le sea ajeno.
¿Sus temas? El amor (el paternofilial y el otro: Carmen, Juan), la muerte (no en vano ése es el meollo de la novela), los viajes (que nunca faltan en la literatura de FS)...
El clima, muy conseguido, desde el mismo título, es melancólico: "Adicción a la melancolía", dijo Connolly. O triste. Siempre, eso sí, desde la serenidad, por desesperada que sea. Una atmósfera muy adecuada para expresar "desvalimiento", que es lo que siente Marta ante la inesperada muerte de su padre.
También hay reflexión sobre leer y sobre escribir, sobre librerías y bibliotecas, algo natural si tenemos en cuenta que el protagonista era escritor.
Hay palabras clave que se repiten, algunas con cierta frecuencia: búsqueda, pasado, curiosidad, cobijo (o refugio)... Dan pistas fiables al lector quien, por cierto, es tratado con la cortesía orteguiana de la claridad, por más que esta prosa nada tenga que ver con la muy engolada del filósofo.
Porque he leído otros libros de FS, no he podido evitar las comparaciones. No de calidad. Me refiero a las coincidencias: viajes de sus diarios que sirven para la trama. Lugares habituales, como la ventosa Zaragoza (omnipresente, un personaje más), o no tanto: Varsovia, Dublín, Cracovia, Hondarribia -y los barcos-... También hay otros deliberados guiños detectables: la aparición de nombres reales (Antón Castro, Daniel Gascón, Melero, Martínez de Pisón...), pongo por caso. Cuando llevaba uno dándole vueltas a la idea de que el ambiente de la novela y hasta su tono me recordaban al mallorquín José Carlos Llop, Sanmartín lo cita expresamente. Como en los casos anteriores, entiendo que a modo de homenaje. En esta ocasión, doble: por lo que esta novela tiene de modianesco: las listas, los datos, las direcciones, los nombres...
Hay mucho de FS en los contados personajes de Te veo triste. Normal. Con todo, el lector es incapaz de mirar desde fuera la narración y se inmiscuye en ella con todas las consecuencias. Eso me pasó al menos a mí, que sentí un inesperado estremecimiento al leer las últimas líneas, se presintieran o no. Precioso final, sin duda.
Me agradan, y termino, algunas coincidencias con los personajes: el gusto por el té, por los cuadernos con las hojas en blanco (y no cuadriculadas), por los lápices de los hoteles, por la librería Tropismes (en Bruselas, "ciudad bolígrafo", trabaja como traductora Marta Sampiero), que Sampiero regalara a Carmen un libro de Coppola, etc. Eso y que uno también escribe y, además, tiene una hija que, como Marta, un año de estos (eso espero) se ganará la vida con un idioma distinto al materno. Son detalles, sí, pero, como bien sabe Fernando Sanmartín, es importante que otros miren cosas que a uno le interesan.
Ah, qué edición, la de Xordica, tan adecuada al contenido. Me cuesta imaginar este libro en un formato más hermoso y mejor. Una delicia.
7.6.12
Aramburu y Crusoe
Winston Manrique Sabogal sigue con la serie La fantasía de vivir en un libro (Papeles Perdidos, El País). Aquí, Fernando Aramburu fantasea con irse a vivir a la isla de Robinson Crusoe. Sólo por una temporada, que a este hombre le gusta la gente.
Una lectura
Antonio Gracia ha publicado en su blog la minuciosa lectura de uno de mis poemas, "Mecánica terrestre". Comentario lo llama él. Gracias.
6.6.12
La poesía de Hilario Barrero
Tiene gracia que a uno le llegue desde el barrio neoyorkino de Brooklyn un libro que ha sido editado a 80 kilómetros de mi casa e impreso a 35. Me refiero a Libro de familia, de Hilario Barrero (Toledo, 1946), que reside en la ciudad norteamericana desde 1978, donde ejerce como profesor universitario y traductor, entre otras tareas.
Agrupa poemas escritos en una década, de 2001 a 2011 y lo publica la desigual colección de poesía abeZetario de la Diputación de Cáceres.
Conocía al Barrero diarista, pero no al poeta. O no como es debido. Para eso es necesario haber leído, por lo menos, uno de sus libros con atención y al completo. La experiencia ha sido del todo positiva. Empezó bien, por el prólogo, escrito por otro profesor que escribe, mi paisano José Muñoz Millanes, quien resuelve, con la solvencia que le caracteriza, algo más que un mero trámite. La vinculación de esta poesía a la de Lowell (el del memorable Life Studies), su carácter fotográfico, los retratos fisiognómicos de condición anglosajona que remiten a los de la famosa Antología de Spoon River (insertos en la segunda parte), la vitalidad (la del que se siente feliz y vivo y, al tiempo, es capaz de presentir la derrota y la muerte)... Luego, al enfrentarse con los poemas de una forma directa, lo anunciado se hace evidente. Poemas, por cierto, nada retóricos ni afectados, llenos de memoria y de vida, de episodios cotidianos, de experiencias estables o viajeras, que se leen sin querer gracias a esa difícil sencillez que el poeta se empeña en mantener, por cortesía, verso a verso. Poesía, la de Barrero, fibrosa, concisa, calculada, donde nada sobra. Sentimental en el mejor sentido. En la que uno, siguiendo el título del libro, encuentra la familiaridad precisa para darse por concernido en lo que allí se dice o pasa. Que cuenta más que canta. Agridulce, o melancólica, porque al placer de existir, que se celebra, le sucede la tristeza de cuanto acaba, que se lamenta. Sin aspavientos, eso sí. Ni en un sentido ni en otro. Con la deliberada elegancia adoptada por alguien que se limita a describir, con la natural intensidad, lo que ve pasar delante de sus ojos.
Si les pica la curiosidad, pueden leer el poema "Correspondencia" en el blog de Jesús Aparicio y "Zona WI-FI (Gran Café, Instituto esquina Munuza, Gijón)" en el de Carlos Gómez.
Si les pica la curiosidad, pueden leer el poema "Correspondencia" en el blog de Jesús Aparicio y "Zona WI-FI (Gran Café, Instituto esquina Munuza, Gijón)" en el de Carlos Gómez.
5.6.12
Cien mil millones de poemas
Buenas tardes,
Desde Demipage nos complace comunicaros que Cien mil millones de poemas, homenaje a Raymond Queneau, ha sido galardonado con el Premio 2012 al Libro Mejor Editado.
La Subdirección General de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas nos comunica lo siguiente:
Me es grato comunicarle que el Jurado del Concurso Nacional para la concesión del Premio 2012 a los Libros Mejor Editados, en la reunión de hoy 5 de junio, falló otorgar el Segundo Premio en la modalidad de Obras Generales y de Divulgación a la obra "cien millones de poemas", de varios autores, presentada por su editorial.
Enhorabuena a los autores que han participado en este homenaje a Raymond Queneau y a todos los que han apoyado el proyecto!!!
Gracias, equipo!
La Subdirección General de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas nos comunica lo siguiente:
Me es grato comunicarle que el Jurado del Concurso Nacional para la concesión del Premio 2012 a los Libros Mejor Editados, en la reunión de hoy 5 de junio, falló otorgar el Segundo Premio en la modalidad de Obras Generales y de Divulgación a la obra "cien millones de poemas", de varios autores, presentada por su editorial.
Enhorabuena a los autores que han participado en este homenaje a Raymond Queneau y a todos los que han apoyado el proyecto!!!
Gracias, equipo!
Poetas polacos de hoy
Poesía a contragolpe (Antología de poesía polaca contemporánea. Autores nacidos entre 1960 y 1980) se titula la magna obra que Xavier Farré, Abel Murcia y Gerardo Beltrán han preparado, con el debido entusiasmo, para los lectores de poesía en español que, además, admiramos la poesía polaca contemporánea. Que conocemos, por cierto, gracias a ellos. La selección está compuesta por 61 poetas y se dan a conocer 8 poemas de cada uno, como explica Murcia. Ingente tarea que se ve recompensada con la publicación del libro en Prensas Universitarias de Zaragoza, en la colección La gruta de las palabras, que dirige Fernando Sanmartín. Por suerte, ya está en camino.
4.6.12
Los ensayos de Montejo
La Biblioteca Sibila - Fundación BBVA de Poesía en Español llega al número 30 de la colección con un libro imprescindible: El taller blanco y otros ensayos, de Eugenio Montejo (Caracas, 1938-Valencia, Venezuela, 2008), uno de los grandes nombres de la poesía hispanoamericana contemporánea. Sí, habíamos reconocido la importancia de su poesía, muy bien divulgada en España, pero no habíamos tenido acceso hasta ahora a la edición del corpus (casi) completo de sus ensayos, al menos a este lado del charco, un hueco que este libro viene a llenar (una obra, cabe precisar, complementario de El cuaderno de Blas Coll, que aquí publicó Pre-Textos). A los textos que componen la versión original del libro (publicada en 1983), el perspicaz editor, Juan Carlos Marset, ha añadido seis ensayos de los últimos años del poeta venezolano.
Tras una breve introducción acerca de la poesía en un tiempo sin poesía, que remata con una cita de Herbert Read: "El poeta tiene todos los privilegios, menos el de mentir", Montejo aborda la poesía del mexicano Pellicer, poeta de la luz del trópico, para seguir después con la de su paisano, el "raro" y "mal leído" Ramos Sucre y la obra "insular, señera y distante" de alguien que la final de su vida dijo: "Leopardi es mi igual". Después, Cavafis, "poetas de la historia" y "de la vejez"; el expresionista Biel; el rumano y silencioso Lucian Blaga, que disputó el Nobel a JRJ; el desconocido (para uno) Simón Rodríguez, poeta tipógrafo; el argentino Raúl Gustavo Aguirre, líder del movimiento Poesía Buenos Aires, allá por los cincuenta; Mairena, el heterónimo machadiano tan presente en su obra; el pintor Reverón (que a uno le descubrió, cómo no, Juan Manuel Bonet) y su "cruda intemperie marina", que le sirve de pretexto para hablar de viajeros ilustres por las costas del litoral venezolano y sus playones solitarios; el sorprendente Alejandro Rossi (cómo olvidar su Manual del distraído); Pepe Bianco, alma de la revista Sur; Lisboa, ciudad al lado de un río donde Montejo vivió, "ciudad oblicua" (como la lluvia de Pessoa) de los calceteiros; Gervasi, uno de sus maestros, diplomático como él; el brasileño Cassiano Ricardo (la poesía es "una isla rodeada de palabras por todas partes"); los "emisarios de la escritura oblicua" (Malte y Rilke, Teste y Valéry, Caeiro y Pessoa, Mairena y Machado, Barnabooth y Larbaud...), escritores "de espejo", de la "disolución del yo" (Bachmann), poetas del "desdoblamiento" y la heteronimia; Borges (los Borges de Borges); el portugués Sá-Carneiro, a quien compara con Sucre (nacieron con días de diferencia), en un ensayo muy bien trabado: elegantes y torturados poetas de espejos y laberintos, suicidas los dos (Sá-Carneiro en París a los 26, Sucre en Ginebra a los 40), políglotas y traductores ambos; el aforista Lichtenberg, fumador de pipa de tabaco de Varinas (de la Barinas venezolana); Lisboa de nuevo, su primera llegada en barco, días antes de la Revolución del 25 de abril; Pedro Lastra y los monosílabos (del que comenta su precioso poema "Ya hablaremos de nuestra juventud"); Gonzalo Rojas, "poeta de la madurez", como Cavafis; Carlos Germán Belli...
No he mencionado dos ensayos capitales del libro. El que le da título, "El taller blanco", donde Montejo explica la importancia que tuvo el horno de pan de su familia para que él fuera poeta (una hermosa y blanca metáfora), y "Fragmentario", donde recoge reflexiones de pura poética. "El poeta moderno es duro", "ya se sabe separado de una pureza inocente" (que le recuerda el "busco un país inocente" de su admirado Ungaretti). "Pasivamente femenina es la creación". "En todas las palabras de un poema ha de leerse siempre su necesidad". "Se ha olvidado que la poesía debe crear una música que nos haga pensar".
El autor de Alfabeto del mundo (un libro que tengo siempre a mano), quien hizo suyo el comentario de su paisano Rafael Cadenas: la poesía nos hace "más vivo el vivir", convencido de que ella "encarna el lenguaje de la intimidad, el lenguaje con que a solas nos hablamos a nosotros mismos y hablamos a los seres y cosas que más nos atañen", escribió: "El hombre es, pues, fatalmente oscuro. Sólo mediante el relámpago del poema se logra, cuando se logra, atisbar algo de la claridad que es como decir la identidad de quien lo escribe, a la vez que puede servirnos para columbrar la de quien lo lee". Y que lo diga.
(Fotografía de Lisbeth Salas)
3.6.12
Poética
"Esa es la ocupación del poeta. No hablar en vagas categorías, sino escribir de lo particular, como trabaja un médico, sobre un paciente, sobre la cosa delante de él, para descubrir lo universal en lo particular. John Dewey había dicho (lo descubrí completamente por casualidad): «lo local es lo único universal, sobre eso se construye todo el arte.»"
William Carlos Williams, Autobiografía
2.6.12
Con Ara Güler
Deliciosa entrevista de Blanca López Arangüena (El País) con el fotógrafo turco Ara Güler, quien mejor ha retratado (en blanco y negro) el Estambul de los años sesenta y setenta, cuando aún era la ciudad que ha escrito Pamuk. Antón Castro acaba de recordarlo.
«“El Estambul real es el antiguo. El actual es una copia de América”, asegura mientras mastica un lokum, dulce típico que se sirve con el café turco. “Los turcos no entienden nada. Están copiando los edificios americanos cuando tienen su propia arquitectura, su propia civilización, el Imperio Otomano. Y no lo están usando. En mis fotos no verás un rascacielos”.»
Bibliotecas placentinas
«Sobre todo, puntualiza Victoria Domínguez, nos parece
descabellado eliminar la partida de 4.803 euros destinados a las
bibliotecas de los barrios». Estas bibliotecas, alega, sirven para
articular la ciudad culturalmente y acercar un servicio que se da desde
el Ayuntamiento a los vecinos. A los niños de estos barrios, agrega, no
solo les sirve para consultar libros, sino también como fomento de la
lectura, como centro para estudiar o como centro cultural.
UPEX defenderá que esta partida en especial regrese a los
presupuestos «y se siga defendiendo la lectura y la cultura no con
palabras vacías y sí con partidas presupuestaria llenas».
Declaraciones de la concejala de UPEX en el Ayuntamiento de Plasencia recogidas en el HOY.
1.6.12
Chaves Nogales
Juan Marqués y Juan Bonilla han coordinado un libro, con tono de sereno homenaje, que lleva por título esos dos apellidos que cualquier lector avisado asocia a la sensatez, la lucidez y la decencia (por parafrasear a Eva Díaz), los del periodista Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1944). Al cuidado del tipógrafo Abel Feu, lo publica La Isla de Siltolá y la edición es tan sobria como adecuada.
Fue la omnicitada María Isabel (Maribel) Cintas quien, a partir de su tesis doctoral, dio a conocer el grueso de su producción narrativa y periodística (Obra narrativa completa. Diputación de Sevilla) y, de paso, descubrió a un escritor verdadero e imprescindible. Un año después, en 1994, Andrés Trapiello confirmaba ese rescate por todo lo alto en la primera edición de Las armas y las letras. Chaves dejaba de ser, para los más, el desconocido que, por desgracia, era.
Español sin rencor de la Tercera España, republicano, liberal, masón y demócrata, tuvo que exiliarse después de la Guerra Civil, de la que fue cronista de excepción, porque, según él mismo, "había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros". Su lema: "Andar y contar es mi oficio".
Tras una nota preliminar de los editores literarios, escriben sobre su obra, sobre cada uno de sus libros, diez autores: la citada Eva Díaz, los también mencionados Bonilla & Marqués, Fernando Iwasaki, Jordi Amat, Felipe Benítez Reyes, Sergio Campos, Nicolás Sesma, Daniel Gascón y María Isabel Cintas, especialista por antonomasia y responsable de numerosas reediciones de esas obras (recogidas en una práctica bibliografía al final del volumen) y biógrafa del periodista en Chaves Nogales. El oficio de contar (Fundación Lara, 2011). A estos textos hay que añadir una panorámica de Trapiello, "Anotaciones sueltas sobre Chaves Nogales, una conversación entre Cintas y Bonilla, así como un cuestionario a dos editores: Luis Solano (de Libros del Asteroide) y David González (de Almuzara).
Por suerte, no estamos ante textos de ocasión, sino ante análisis breves pero certeros de los pocos pero esenciales libros que ese hombre escribió: La ciudad, El maestro Juan Martínez que estaba allí, Juan Belmonte: matador de toros o A sangre y fuego, por citar sólo los más representativos.
"Un tipo simplemente sensato, lúcido y decente", dice de él Eva Díaz; "ser narrador fue su manera de estar acompañado", según Bonilla; "periodista liberal que gastaba una prosa clara de alta precisión", en opinión de Jordi Amat, Chaves Nogales brilla en estas páginas con una fuerza inusitada que dejan entrever un "retrato moral", "un entendimiento de la vida", por traer unas palabras del bonito ensayo de Felipe Benítez sobre el libro de Belmonte, que se le pueden aplicar perfectamente.
Sirva esta elocuente cita final, tomada de La agonía de Francia y escrita en 1941, para fijar al personaje: "Francia sabe, y no ha podido olvidarlo, que hasta ahora no se ha descubierto ninguna forma de convivencia humana superior al diálogo, ni se ha encontrado un sistema de gobierno más perfecto que una asamblea deliberante, ni hay otro régimen de selección mejor que el de la libre concurrencia: es decir; la paz, la libertad, la democracia.
En el mundo no hay más".
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