29.5.06

Empacho

No será uno quien niegue la mayor parte de la literatura de Rivas, ni una ni tres veces. Ahora bien, de ahí a tragar al personaje... Ya nos dejó tirados en las aulas literarias extremeñas hace bien poco y con el peor de los estilos. Yo me acuerdo.
Se empeñan los medios en empacharnos y luego pasa lo que pasa. Que si Vargas, que si Rivas... Sí, será que leemos, mayormente, El País. Por poner otro ejemplo, ¿hay alguien que no conozca todavía a los jóvenes poetas de siempre reanunciados ayer en el colorín del mismo diario? Si salen más en los papeles que la Jurado.

28.5.06

La tierra alta

Este es el título del nuevo libro de Antonio Moreno, otro nombre imprescindible de la excelente poesía valenciana. Lo ha publicado Trapiello en su colección La Veleta y es tan hermoso por fuera como por dentro. Una delicia que he degustado esta tarde bajo la parra. No es mal sitio ese para leer esta poesía clara y honda. Lo he leído del tirón, aunque sin prisa.
"A nadie salva el canto", escribe, por más que el consuelo que proporciona dé a veces esa sensación.

Colas

En su artículo de hoy en El País, dice Rioyo que le gustaría ver en la Feria del Libro de Madrid la "cola de Azcona, de Longares, o la de Hidalgo Bayal, que no tendrá cola, que seguramente no firmará, pero que con su Paradoja del interventor nos reconforta y nos anima a seguir creyendo en la literatura”. Pues eso.

27.5.06

Valverde, 10 años

Cuando salga publicado este artículo, se habrán clausurado los actos del Homenaje al poeta, profesor y traductor José María Valverde que han tenido lugar en Barcelona con motivo del décimo aniversario de su fallecimiento. Comenzaron el pasado 27 de abril con una conferencia de Rosa Regás y terminaron ayer con la inauguración de una biblioteca que lleva su nombre y una mesa redonda titulada “José María entre nosotros” donde participaron viejos amigos como Martín de Riquer, Francisco Rico o Esther Tusquets y su hija Mariana.
Además de las conferencias y las mesas redondas (aparte de la mencionada, hubo otra en la que participaron, entre otros, Fernández Buey y Felipe Aranguren, el hijo del filósofo con el que se solidarizó el autor de Ser de palabra para partir al exilio canadiense), ha tenido lugar una exposición denominada “José María Valverde: imágenes y palabras”. Todos los actos han sido organizados por el Colegio Mayor Penyafort-Montserrat-Llull y la Cátedra Valverde de la Universidad de Barcelona.
Gracias a las gestiones de Efi Cubero -poeta de Granja de Torrehermosa y amiga personal de la familia- ha habido en el Homenaje presencia extremeña. No sólo institucional (el Consejero de Cultura asistió a la clausura junto al Conseller de Cultura de la Generalitat, Ferran Mascarell, y a Màrius Rubiralta, Rector de la Universidad de Barcelona) sino también en lo que a la citada exposición se refiere. Para eso se han enviado cuadernillos del Aula Literaria de Cáceres que lleva su nombre (y que él no llegó a conocer), así como el del Aula “Díez-Canedo” de Badajoz (donde leyó en 1993) y otros materiales relacionados con su obra (como una edición facsímil de sus traducciones de Hölderlin para Adonais) y con Extremadura, su región natal.
Que José María Valverde Pacheco naciera en la localidad fronteriza de Valencia de Alcántara es un asunto azaroso —nadie elige el pueblo en el que nace—, pero también insoslayable. En un texto titulado “Poética y metafísica”, publicado en la Antología Consultada de Adonais en 1952, escribe: “¿Debo decir algo de mí? Que nací en Extremadura, en la raya de Portugal, en 1926”.
Ángel Campos Pámpano, en un artículo publicado en La Gazetilla de la UBEX en 1996, pone estas palabras en boca de Valverde: "Mi infancia, en realidad es madrileña. Sin embargo, soy extremeño por los dieciséis costados: mi bisabuelo Valverde tejía y vendía paños en Valencia de Alcántara; mi bisabuelo Fructuoso Pacheco, en Cáceres, era llamado "el Pantalonino", lo que sugiere que había dejado el calzón campesino por la prenda burguesa, pero yo soy valentino porque mi madre quiso llevarme a nacer junto a su madre. En 1935 estuve una temporada con los abuelos en Valencia de Alcántara (…). Luego volví algún tiempo, al final de la Guerra Civil -recuerdo que en casa se recibía el HOY”.
Tras una visita fugaz en 1974, el discípulo de Antonio Machado, como quería que le recordasen, volvió a Extremadura en 1993, invitado, ya se dijo, por el Aula “Díez-Canedo”. Visitó también su pueblo y se emocionó al recibir en el instituto de secundaria un sello de caucho con su nombre (el centro se denomina “Lostau-Valverde”).
Se suele decir que con Extremadura tuvo un desencuentro. Puede que así fuera en algunos momentos de su vida pero eso debió cambiar radicalmente en los últimos años, cuando regresó aquí y, a buen seguro, pudo comprobar que nada era igual que antes. Extremadura llevaba tiempo recorriendo un camino que conducía decididamente hacia el resurgimiento y normalización cultural. Y ahí, en ese contexto, cuando una nueva generación de escritores extremeños aportaba inéditos aires de rigor y modernidad a la literatura española, no podía faltar la figura de José María Valverde, un extremeño que, como tantos, había vivido fuera de su tierra. Desde ese momento se hace explícito un vínculo que ya existía para muchos lectores y escritores extremeños que habían frecuentado sus poemas, sus traducciones y sus ensayos y que le admiraban.
Valverde era y es un referente ineludible. Puede que un tanto forzado por las circunstancias, sí. Al fin y al cabo nunca hemos estado sobrados de escritores nacidos en Extremadura capaces de ejercer el magisterio intelectual que necesitábamos. Pero no por eso su importancia ha sido y es menos decisiva.
La primera gran vindicación del poeta en la región se debe, por cierto, a una iniciativa del periódico HOY que a finales del año 1992 publicó un cuadernillo, que coordinó Ángel Campos, dedicado al escritor valentino en el que colaboraron, entre otros, Francisco Umbral y Rafael Argullol, junto a jóvenes escritores de Extremadura.

Como insinué antes, es posible que la Extremadura que llegó a atisbar José María Valverde modificase su percepción de nuestra realidad. Puede que eso le ayudara a reconciliarse con un parte sustancial de la memoria de su familia y de su infancia. Por eso y por muchas cosas más era necesario que Extremadura participara activamente en su Homenaje. Felizmente, así ha sido.

Poses


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Cristobal Manuel

Veo al historiado Manuel Rivas en un foto de El País, sentado en el suelo. Demasiada pose, poeta. Por mucho que se rice el pelo, ya está mayor para ir de niño malo. Lo primero que he recordado al verlo es la famosa foto de Aznar y Rajoy de la misma guisa en el último congreso del PP. Gonzalo, tenías razón.

23.5.06

Orugas

Soy testigo del desastre. Una plaga de orugas está destruyendo multitud de árboles de nuestra zona. En los alrededores del molino, la cosa es preocupante. Hemos visto cómo se ha perdido un cerezo en cuestión de días. Cuelgan algunas cerezas, sí, pero el árbol no tiene hojas. De los robles mejor no hablar.
El problema no es nuevo: el año pasado ya causaron estragos los malditos y repugnantes bichitos. Pasear ahora por los caminos del campo da auténtico asco. No por nada al animalito se le llama popularmente "lagarta peluda".
En fin, remito al reportaje que publica HOY en su edición placentina. Pena.

22.5.06

De feria en feria

Bien saben quienes me conocen que uno no es precisamente aficionado a las ferias. Como he contado más de una vez, ni siquiera de niño disfruté de ellas. Me mareaba en los cacharritos, no me sentaban muy allá los churros y el ruido me ha aturdido desde siempre, sobre todo si se trata de esa bulla dañina del ferial. Pero no todas las ferias son así. Están las del libro: silenciosas y civilizadas, donde el ritmo está adaptado a la medida humana y donde no se necesitan más agentes externos para instalarse en la euforia que tener gusto por la lectura y admirar a esos seres benéficos y pacientes que suelen ser los libreros.
A punto de clausurarse la Feria del Libro de Badajoz y acercándose la inauguración de la de Mérida, cuando las de Almendralejo, Cáceres y Plasencia, por citar a las más importantes, ya son sólo memoria, puede uno contar aquí algunas anécdotas que, como todas, franquean lo meramente circunstancial o irrelevante, o eso me parece.
Son cosas que uno ha vivido en primera persona que, como suele recordar el novelista colombiano Fernando Vallejo, es la única creíble a estas alturas de la historia. Por suerte, como recordaba hace unos días Fran Rodríguez Criado, quienes escribimos en los periódicos no siempre somos periodistas y, en consecuencia, podemos saltarnos a la torera esa tácita condición que se impone a los de la profesión de no hablar nunca de uno mismo y de sus comunes o extraordinarias circunstancias.
Así, en Cáceres, por empezar desde atrás, asistí al nacimiento de un libro singular, de una colección necesaria y de un escritor que, precisamente, escribe en este periódico. Me refiero a La frontera que nunca existió, a “Viajeros y estables” y a (José Ramón) Alonso de la Torre. En Badajoz, donde estuvimos juntos alrededor de la misma obra, comentó que él elabora reportajes por más que a sus lectores nos parezca que lo que fabrica en realidad, nunca mejor dicho, es literatura, esa que siempre ha germinado a la humilde sombra efímera de los diarios.
También allí, en el Paseo de Cánovas, con las alergias a flor de piel, pude emocionarme escuchando a José Luis Rozas hablar de un poeta, su padre, que fue además, y para siempre, el maestro de toda una generación de poetas extremeños, y no de las peores.
Y ya que hablamos de emociones y de familias, de única puedo calificar la experiencia que vivimos un puñado de fieles cuando asistimos a la presentación de la novela inédita Memorial del piano, de Alfonso Albalá, en Plasencia. Tras la exhaustiva intervención de su editor literario, el profesor Torres Nebrera, tomó la palabra Gracia Albalá, una de las hijas del escritor cauriense, que habló de su padre desde la admiración, sí, pero con ese deseable rigor que requieren las mejores lecturas. Conversar con ella, sus hermanas, su cuñado y su madre confirmó que editar buenos libros es garantía de felicidad, propia y ajena.
Digo emociones y no puedo por menos que recordar las que sentimos (generalizo a propósito), bajo el tórrido calor veraniego de un Badajoz en llamas, al presentar la Gaveta de gavetas dedicada a la memoria de Fernando Pérez. Sólo el tono sereno que imprimió Gonzalo Hidalgo a su discurso pudo aminorar el dolor hasta el límite de lo soportable.
Otra emoción, sin duda más llevadera, sentimos unas horas antes, pero ante el mismo bochorno, al celebrar la salida de una antología poética ejemplar (por los poemas que incluye): La soledad partida, de Jesús García Calderón. Después, nos sentamos con él Simón Viola (editor de Vargueño de saudades¸ de López Prudencio, que presentamos en su ciudad natal esa mañana), Engracia Domínguez (de la ERE), Antonio Carvajal, el poeta y profesor granadino, prologuista del libro, y uno, claro. Lo mejor, la conversación. El mano a mano de Jesús y Antonio fue (es) memorable. Se habló de poesía, como es lógico, pero también de otras cosas. No en vano, Jesús lleva una doble vida: la de poeta (de lo que no va) y la de Fiscal Jefe de Andalucía (que lo es, sí, pero de lo que tampoco presume). Lo más apasionante, con todo, fue el relato de sus viajes por América. El editor que ocasionalmente soy no ve el momento de que pase al papel esas aventuras. Y luego nos las entregue, por supuesto. Van de lo hilarante a lo trágico, como la vida misma. La muy intensa que lleva, con una dignidad y una pasión que sobrecogen, mi admirado amigo.
De estas Ferias no sale uno mareado, al revés. Y las diversiones que proporcionan tampoco son de tómbola y caseta. Son compatibles, eso sí, con las cañas y los finos, lo que me trae a la memoria la mención al aguaducho en el postrero artículo de Fernando Pérez y su última aparición pública en una Feria donde este año, en forma de libro, también ha estado.

(Del HOY)

20.5.06

Nuevo en la plaza

A punto de publicar en Mondadori una nueva novela, Ninguna necesidad, Julián Rodríguez inaugura blog. Se le echaba de menos en el club. El primer post da en el clavo. Como era de esperar. Que dure.

Premio Giovanni Pontiero



Enhorabuena, Ángel.

17.5.06

Toros (o cuernos)

El puticlub más famoso del pueblo (denominado, eufemísticamente, hotel-pub) anunciaba esta tarde por megafonía que celebra la Feria de San Isidro. Del 18 al 21. Dicen que hay "muchas y poderosas razones" para asistir. Teniendo en cuenta que es un sitio de cuernos (para ponerlos, digo), está bien traído lo de festejar allí la cosa taurina.

Una comida en Badajoz

Ayer en Badajoz el calor era insoportable. Por la mañana, presentamos en la Feria del Libro, en una carpa de plástico (pero con aire acondicionado) a pleno sol, dos libros de la ERE: Vargueño de saudades, de López Prudencio, un delicioso animal melancólico (en edición de Simón Viola), y La soledad partida, de Jesús García Calderón, una antología que demuestra a las claras el buen poeta que es. Después, nos fuimos a comer. Además de Simón y Jesús, nos sentamos a la mesa Engracia Domínguez, de la ERE (toda una institución), Antonio Carvajal, el poeta y profesor granadino, prologuista del libro de García Calderón, y uno mismo, claro. La comida estuvo a la altura. No, no hablo de las viandas (sabrosas y aceptables) sino de la conversación. El mano a mano de Jesús y Antonio fue (es) memorable. Se habló de poesía, como es lógico, pero también de otras cosas. No en vano, Jesús lleva una doble vida: la de poeta (de lo que no va) y la de Fiscal Jefe de Andalucía (que lo es, sí, pero de lo que tampoco presume). Lo más apasionante, con todo, fue el relato de sus viajes por América. El editor que ocasionalmente soy no ve el momento de que pase al papel esas aventuras. Y luego nos las entregue, por supuesto. Van de lo hilarante a lo trágico, como la vida misma. La muy intensa que lleva, con una dignidad y una pasión que sobrecogen, mi admirado amigo.

Bru de Sala dixit

"Mediante las últimas técnicas de estudio de la topografía cerebral, sería fácil saber qué regiones están activas en cada momento. No creo que se hayan aplicado aún a la diferencia entre entretenimiento y cultura, pero os puedo asegurar que tienen una contundente base científica. La cultura, el arte, encienden múltiples e importantes regiones de la mente. El entretenimiento es placentero, pero las deja más a oscuras que en la vida real".

Xavier Bru de Sala, Reto, no rapto. Cultura/s de La Vanguardia

GHB sobre Gaveta de gavetas

Gonzalo Hidalgo Bayal ha colgado en su blog el texto que leyó ayer tarde en Badajoz, en la Feria del Libro, con motivo de la presentación de Gaveta de gavetas.

23 años

“Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis", escribió Montaigne. Algo así ha debido pasarle a José María Aznar en su reciente visita a Cáceres, justo cuando dijo aquello de que Extremadura no ha avanzado y sigue «en el mismo sitio en el que se empezó» hace 23 años, tal como se recogió en los periódicos.
Uno iba oyendo la radio del coche, tan tranquilo y, ¡zas!, el ex presidente que comienza a leer su discurso. Su tono era cansino y su convicción escasa (esas cosas no pueden disimularse). Tropezaba cada poco con las palabras (otra señal inequívoca de que la cosa resultaba forzada). Iba ensartando en una ristra esos lugares comunes que quienes frecuentamos los medios de comunicación conocemos perfectamente, por archirepetidos, cuando de pronto mencionó lo que he dicho hace un momento y no pude por menos que darme, de inmediato, por ofendido. Por el mero hecho de ser (y sentirme) extremeño, ni más ni menos. Aunque hemos avanzado mucho por el camino de la autoestima, después de tantos siglos de humillación seguimos siendo proclives a según que comentarios. Sí, somos frágiles, vulnerables y nos duele en lo más hondo (generalizo deliberadamente) que vuelvan a compararnos con los que éramos y que, sin duda, ya no somos; aquéllos “indios de la nación” del triste poema del Padre Salas.
¿Cómo que Extremadura no ha avanzado y sigue en el mismo sitio que hace 23 años? ¿Se puede admitir este vergonzante insulto a la inteligencia? Para empezar, se ve a las claras que Aznar no nos ha frecuentado (como presidente del gobierno, no vino nunca). O que, de haberlo hecho, habrá sido para visitar la finca de algunos amigos y, claro, el campo, en según qué sitios, ha cambiado poco; por ejemplo, cerca de Monfragüe. Para seguir, ¿dónde están los que se dan por humillados cuando un nacionalista, un escritor o un cómico no nos tratan con el debido respeto? Porque por un quítame allá esas pajas hay que ver cómo se ponen a veces. ¿Pudieron los militantes del PP extremeño, empezando por sus estirados dirigentes, no darse por aludidos cuando Aznar dijo eso? ¿No se les removieron las tripas? Al fin y al cabo eso es lo fácil cuando la boutade te pilla comiendo, lo que hacían en el castillo de las Arguijuelas de Abajo. ¿Es que acaso no han contribuido ellos a que este estado de cosas cambiara? Por aterrizar, ¿están las ciudades donde ellos gobiernan igual que entonces? ¿Y eso no es acaso Extremadura?
Más preocupante me parece, y no sé si estoy solo, que los extremeños de uno y otro signo, sólo por serlo o por sentirse tales, regionalistas o no (¿dónde estaba esta vez don Pedro Cañada?), no se hayan dado por agraviados. “No sé si estamos ante un pueblo inteligente al que le resbala que vengan a ofendernos, o ante un pueblo al que se le puede ofender gratis”, me ha confiado alguien que nos conoce bien. Ahí está el dilema. O hemos madurado mucho en poco tiempo o estamos lejos de haberlo hecho.
Por lo demás, ¿se imaginan a un político responsable (y yo, que conste, a Aznar no le tengo por tal desde lo de la guerra de Irak) diciendo algo equivalente en similares circunstancias? Por algo tuvieron que llamarle la atención cuando se entrometió hace unos meses en la política interior mexicana.
No hay inteligencia, insisto, que soporte ese absurdo análisis, por llamarlo de alguna manera. Me imagino que, para colmo, lo que Aznar leyó con torpeza (como ahora usa tanto en inglés, lo mismo está perdiendo el dominio del español) no es fruto del trabajo de los sesudos investigadores de FAES sino de las preclaras mentes de algunos populares extremeños y eso sí que da verdadera lástima.
Que a Extremadura, por usar una frase famosa, no la conoce ni la madre que la parió es algo que puede suscribir cualquiera. Cualquiera, preciso, que no esté ciego (y hablo en sentido figurado) o que no tenga anteojeras o que, en fin, no sufra del síndrome de “a sus órdenes”, tan caro a los del “prietas las filas”. ¿Cómo podríamos mirarnos a la cara si estuviéramos igual que hace más de dos décadas? No habría bastantes psicólogos, terapeutas y psiquiatras para tratarnos. Estaríamos desesperados por culpa de esa manifiesta irrealidad que sólo vive en las mentes enfermas de algunos y, a lo que se ve, en la desinformada opinión de alguien que ni nos conoce, ni nos entiende, ni nos aprecia.
España entera ha cambiado por completo en estos lustros de democracia y libertad que nos contemplan. Unas regiones más que otras, por supuesto. ¿Hace falta volver a explicar el porqué? A una derecha de la que, en rigor, es heredera la de hoy le debemos los extremeños nuestra indigna situación de partida. De eso hace… 23 años. Los mismos que no llevan, ay, en el poder.

14.5.06

La patria

Esta casa de espesas paredes coloniales
y un patio de azaleas muy decimonónico
hace varios siglos que se viene abajo.
Como si nada las personas van y vienen
por las habitaciones en ruina,
hacen el amor, bailan, escriben cartas.
A menudo silban balas o es tal vez el viento
que silba a través del techo desfondado.
En esta casa los vivos duermen con los muertos,
imitan sus costumbres, repiten sus gestos
y cuando cantan, cantan sus fracasos.
Todo es ruina en esta casa,
están en ruina el abrazo y la música,
el destino, cada mañana, la risa son ruina;
las lágrimas, el silencio, los sueños.
Las ventanas muestran paisajes destruidos,
carne y ceniza se confunden en las caras,
en las bocas las palabras se revuelven con miedo.
En esta casa todos estamos enterrados vivos.

María Mercedes Carranza