Catorce títulos forman el exigente catálogo de la colección
de poesía de Editorial Milenio, dirigida hasta el pasado año por Josep M.
Rodríguez y ahora por Carlos Marzal.
Cuestión de fe, del director del Cervantes de Tánger,
se publica tres años después de su anterior entrega, Cerezas, que como
otras consiguió premio: el Ciudad de Lucena Lara Cantizani. Eso ocurrió con Atenas,
que se alzó con el Loewe; Adverbios de lugar, distinguido con el Ciudad
de Melilla; y La hora de irse, con el Jaén.
De éste dice Marzal: “Algunos libros parecen querer
edificarse sobre arenas movedizas: por la tradición a la que escogen
pertenecer, por la dificultad de sus asuntos, y por la variedad de tonos”. No,
fácil no era narrar en verso “la propia historia matrimonial” (el matrimonio, “Más
que un contrato es un misterio”) y algo de “suicidio literario” sí tenía a
priori. Por suerte, Piqueras sale indemne del desafío, a pesar de que el
componente terapéutico de este tipo de operación lírica suele dar en
catástrofe. Pocas cosas más difíciles que la poesía amorosa (ese “canto caníbal”),
donde casi siempre descuella el desamor.
“Hoy me he muerto para nacer de nuevo” es el primer verso
del libro. Elocuente. Al fondo, “la lluvia lenta de lo que ya no”. Y en medio,
el desconcierto: “voy de ninguna parte a ningún sitio”. Y aquí y allá la
levedad del aforismo: “Solo el amor se atreve a pronunciar / esa palabra que
nos sueña: siempre”.
El libro no deja de ser una conversación. Con la amada y
consigo mismo. Un diálogo donde se pone en cuestión la propia identidad: ser o
no ser, tú o yo.
Escrito entre Roma, Atenas y Argel, confirma, ay, que “En el
amor todo es cuestión de fe”. Que basta “amar y ser amado”.
Juan Vicente Piqueras
Editorial Milenio, Lérida, 2026. 114 páginas. 15 €
NOTA. Esta reseña se ha publicado en EL CULTURAL.


