Acabo de salir de uno de los sueños más bonitos y melancólicos de mi vida. Transcurría en una casa de campo y delante de ella pasaba el tren. Un viejo tren lento y de madera que, como el lugar, tenía un inequívoco aire inglés. Habíamos ido allí a pasar el fin de semana. La casa era de Fernando Pérez. De su familia, mejor. Estaba Susi pero también Celes. Él sólo aparecía a veces. Yolanda igual. Y nuestros hijos. Todos aparecíamos o desaparecíamos como por arte de magia. El sitio era cálido y confortable. Lleno de telas y de libros. Fuera llovía. Llegaba gente o simplemente pasaba pero todos recordaban a Fernando que, como digo, era más bien un ausente, una sombra: alguien que ha muerto. Por eso cada poco llorábamos mansamente de emoción al evocar esta o aquella anécdota, este o aquel encuentro. Pasado y presente se fundían en un tiempo apacible. Poco antes de despertarme, hacíamos las maletas y hablábamos de volver. Se ve que de algunas personas uno no se va nunca.
14.5.09
13.5.09
Krasznahorkai
El escritor húngaro László Krasznahorkai fue invitado por la Fundación Ortega Muñoz a visitar Extremadura y a partir de esa experiencia ha escrito un intenso relato titulado El último lobo, primer libro de la bonita colección Territorios Escritos que dirige Mercedes Monmany para la mencionada Fundación. Aunque lo sustancial es el relato, ficciones por tanto, no deja de ser interesante la visión, como casi siempre perpleja, del centroeuropeo acerca de esta angosta esquina de la tierra. Áspera de espíritu, como la escritura descarnada del autor de Melancolía de la resistencia.
La nota rota
Como el libro anterior, publica Hiperión La nota rota, de Francisco Javier Irazoki. Son retratos de músicos que admira, no pocos de jazz. También otros contemporáneos, del pop y el rock, y algunos clásicos, incluidos, cómo no, flamencos. Músicos innovadores que no pocas veces han tenido una biografía trágica. Lo terminé ayer, el día de la muerte de Antonio Vega, paradigma -dicen- del artista maldito de nuestro tiempo.
Algún retrato comienza como si fuera una novela: "Esta es la vida de alguien que necesita huir", dice a propósito de Heitor Villa-Lobos.
Es un libro delicioso, más para alguien que se considera (o casi) un analfabeto musical. Lo ha escrito un poeta. Se nota. Un poeta, eso sí, que conoce muy bien el mundo que describe. He anotado, en fin, unas palabras de Leonard Cohen a quien la escritura le parece "lo contrario de la abundancia, lo contrario del lujo"porque me han parecido toda una declaración de intenciones.
Algún retrato comienza como si fuera una novela: "Esta es la vida de alguien que necesita huir", dice a propósito de Heitor Villa-Lobos.
Es un libro delicioso, más para alguien que se considera (o casi) un analfabeto musical. Lo ha escrito un poeta. Se nota. Un poeta, eso sí, que conoce muy bien el mundo que describe. He anotado, en fin, unas palabras de Leonard Cohen a quien la escritura le parece "lo contrario de la abundancia, lo contrario del lujo"porque me han parecido toda una declaración de intenciones.
12.5.09
Trazos
En el suplemento del periódico regional se publicó el pasado domingo una entrevista -otra- con GHB. La firmaba Simón Viola y es una pena que no la cuelgue en su blog. Al parecer, el que viene saldrá una reseña de Alonso Guerrero sobre su novela.
En esas mismas páginas se deslizaba un curioso error. Se recordaba el cumpleaños de Ángel Campos que ese mismo día habría cumplido 52 y no 57. Sí, en 1957 nació.
En esas mismas páginas se deslizaba un curioso error. Se recordaba el cumpleaños de Ángel Campos que ese mismo día habría cumplido 52 y no 57. Sí, en 1957 nació.
11.5.09
Con Trapiello
Ayer se publicó en el diario Hoy una conversación entre Andrés Trapiello y Juan Domingo Fernández. Un escritor extremeño con fama de emboscado. Excelente, como todas las de la serie.
8.5.09
¿Y ahora?
Cuando terminé de leer la novela de Gonzalo sentí un molesto vacío existencial. No exagero. Tenía varios libros a la espera. Nahir me había enviado desde Seix-Barral lo último del vitalísimo Caballero Bonald y La ofensa, de Menéndez Salmón, al que aún no he leído. Mientras sigo con la poesía de Efi Cubero y a la espera de meterme con La nota rota, de Irazoki, ¿qué leo?, me dije. Qué, añadí, capaz de salvarme del esplín. Un sobre de la Editora con un ejemplar de Cuaderno escolar resolvió todas mis dudas. Leería a Juanra Santos. Lo releería, mejor. Impreso ya su libro en papel, como es debido. A pesar del azar, no se trata de un gesto casual. En no pocos de esos relatos encuentra uno, salvando todas las distancias que el tópico aconseja mantener, el rastro literario de Hidalgo Bayal. No hablo, líbreme Dios, de imitación. Ni siquiera de influencias. Es algo más sutil. La lección bien aprendida. Las lecciones, mejor. Más que de años de taller con los consiguientes ejercicios retóricos, de lecturas atentas y bien asimiladas. Detalles que superan la mera confluencia entre un maestro y el más aventajado de sus discípulos. De escritor a escritor.
7.5.09
Carta de Almendralejo
¡Qué largo se me hizo el viaje! Parece mentira cómo se acostumbra uno a lo bueno, esto es, a ser peatón. Nada más entrar -y menuda entrada principal va a tener muy pronto esa ciudad, casi igual que cualquiera de la mía- el humor patrio vuelve a sorprenderme: unas vallas y unas banderolas rodean un solar donde se anuncia la construcción del edificio... Letizia.
Iba uno a la presentación de los libros que ganaron los premios literarios que concede el ayuntamiento, Carolina Coronado y José de Espronceda. En concreto, para decir algo a propósito de En terreno de nadie, de Rosa Vicente. José Luis Bernal hizo lo propio con la novela de Juan Fernández, El canadiense.
Bajo la carpa del Parque de Espronceda, puro centro de Almendralejo, el calor era asfixiante y uno iba con su chaquetina. Salvo por eso, todo transcurrió debidamente. En primera fila, una asistente de excepción: Ana María Matute, invitada a la Feria. Por lo demás, no va uno a descubrir ahora al profesor Bernal (acabo de recibir Diez bibliografías del 27, donde él se ocupa de Gerardo Diego), que hizo una presentación magnífica de la primera novela de un escritor de Zarza Capilla que trabaja en Fuenlabrada.
Uno, tras reconocer la excelente organización del certamen, empezó reconociendo que esa presentación tenía que haberla hecho Ángel Campos y que, de haber podido, sin duda se habría acercado a Almendralejo para ponderar el libro de su vieja amiga. La conocía bien, desde sus tiempos de estudiantes en Salamanca. No en vano fue el prologuista de su primera poesía reunida (1977-1997). Por eso dije sí de inmediato cuando me llamó Maite, dispuesto a ocupar, ay, su lugar.
Expliqué que, si bien breve, la obra de Rosa Vicente se basta y se sobra para que uno, lector suyo desde el principio, pueda y deba considerarla como una de las mejores del panorama. Porque tiene voz propia y porque en poesía la intensidad lo es todo. Cité, a modo de ejemplos, otras trayectorias extremeñas de tres promociones distintas: Pureza Canelo, Ada Salas (que sustituirá a Ángel en el jurado) e Irene Sánchez Carrón.
Del libro en sí -en preciosa edición de Pre-Textos- destaqué el tono melancólico, propio -añadió ella luego- de quien hace un ajuste de cuentas con la vida. Recordé que está escrito "en medio del camino de la vida" (tres de los componentes de la mesa éramos del 59) y cité a Gonzalo Hidalgo Bayal por medio de uno de los personajes de su última novela para desmentir que la felicidad exista. Es verdad que en la segunda parte, "Fue febrero el lugar y el tiempo Roma", se suaviza esa derrota y la ciudad italiana que se le oculta a los turistas, la crecida del Tíber, el cine, el sabor del chocolate, las librerías o los amigos le permiten adoptar un ritmo distinto, más alegre y confiado si se quiere.
Me parece, en fin, un libro limpio, "de verdad", por repetir una expresión que me enseñó Bernardo Atxaga.
Olvidé hacer alusión a la influencia de Aníbal Núñez en su poesía que, más allá, atraviesa la de otros poetas extremeños de nuestra generación. Me quedé con ganas de leer algún poema, pero...
El penúltimo del libro está dedicado "a Fernando Tomás Pérez, que creyó siempre en mi poesía". Expliqué que me tocó llevar a cabo una decisión que no le dio tiempo a concluir a él: la de publicar en la Editora El libro de los bosques, lo que me convirtió en su editor ocasional. Nada comparable a lo que ya había hecho Fernando respecto a este libro y, más aún, a la coedición con Pre-Textos del segundo de los suyos, Salvo el humo. También a mí, dije para terminar, me gustaría merecer ese elogio. Porque uno también ha creído y cree en la poesía de Rosa Vicente.
Iba uno a la presentación de los libros que ganaron los premios literarios que concede el ayuntamiento, Carolina Coronado y José de Espronceda. En concreto, para decir algo a propósito de En terreno de nadie, de Rosa Vicente. José Luis Bernal hizo lo propio con la novela de Juan Fernández, El canadiense.
Bajo la carpa del Parque de Espronceda, puro centro de Almendralejo, el calor era asfixiante y uno iba con su chaquetina. Salvo por eso, todo transcurrió debidamente. En primera fila, una asistente de excepción: Ana María Matute, invitada a la Feria. Por lo demás, no va uno a descubrir ahora al profesor Bernal (acabo de recibir Diez bibliografías del 27, donde él se ocupa de Gerardo Diego), que hizo una presentación magnífica de la primera novela de un escritor de Zarza Capilla que trabaja en Fuenlabrada.
Uno, tras reconocer la excelente organización del certamen, empezó reconociendo que esa presentación tenía que haberla hecho Ángel Campos y que, de haber podido, sin duda se habría acercado a Almendralejo para ponderar el libro de su vieja amiga. La conocía bien, desde sus tiempos de estudiantes en Salamanca. No en vano fue el prologuista de su primera poesía reunida (1977-1997). Por eso dije sí de inmediato cuando me llamó Maite, dispuesto a ocupar, ay, su lugar.
Expliqué que, si bien breve, la obra de Rosa Vicente se basta y se sobra para que uno, lector suyo desde el principio, pueda y deba considerarla como una de las mejores del panorama. Porque tiene voz propia y porque en poesía la intensidad lo es todo. Cité, a modo de ejemplos, otras trayectorias extremeñas de tres promociones distintas: Pureza Canelo, Ada Salas (que sustituirá a Ángel en el jurado) e Irene Sánchez Carrón.
Del libro en sí -en preciosa edición de Pre-Textos- destaqué el tono melancólico, propio -añadió ella luego- de quien hace un ajuste de cuentas con la vida. Recordé que está escrito "en medio del camino de la vida" (tres de los componentes de la mesa éramos del 59) y cité a Gonzalo Hidalgo Bayal por medio de uno de los personajes de su última novela para desmentir que la felicidad exista. Es verdad que en la segunda parte, "Fue febrero el lugar y el tiempo Roma", se suaviza esa derrota y la ciudad italiana que se le oculta a los turistas, la crecida del Tíber, el cine, el sabor del chocolate, las librerías o los amigos le permiten adoptar un ritmo distinto, más alegre y confiado si se quiere.
Me parece, en fin, un libro limpio, "de verdad", por repetir una expresión que me enseñó Bernardo Atxaga.
Olvidé hacer alusión a la influencia de Aníbal Núñez en su poesía que, más allá, atraviesa la de otros poetas extremeños de nuestra generación. Me quedé con ganas de leer algún poema, pero...
El penúltimo del libro está dedicado "a Fernando Tomás Pérez, que creyó siempre en mi poesía". Expliqué que me tocó llevar a cabo una decisión que no le dio tiempo a concluir a él: la de publicar en la Editora El libro de los bosques, lo que me convirtió en su editor ocasional. Nada comparable a lo que ya había hecho Fernando respecto a este libro y, más aún, a la coedición con Pre-Textos del segundo de los suyos, Salvo el humo. También a mí, dije para terminar, me gustaría merecer ese elogio. Porque uno también ha creído y cree en la poesía de Rosa Vicente.
5.5.09
4.5.09
Cuaderno escolar
Como es lógico, no todos los libros que tomé (que tomamos, María José) la decisión publicar son recibidos por uno con el mismo entusiasmo. No es el caso de Cuaderno escolar, de Juan Ramón Santos. Ya está, me dicen, en las librerías. Aparece en una de la colecciones más exigentes de la Editora, La Gaveta, también una de las más bonitas y con mayor proyección. El libro de Juanra lo merece. Estoy deseando verlo. No es lo mismo leer el mecanoscrito que las páginas impresas. Estoy tan contento, en fin, como el escritor. O más.(El escaneado de la cubierta es de Julio Pérez)
Cita
"Cuando el túnel de la madurez, en forma de atonía y desidia, coincide con el túnel de la historia, o de los tiempos, o de las épocas sin esperanza, cabe decir que al hombre afectado le ha tocado el peor de los destinos, la conjunción de su etapa activa con un paréntesis del tiempo, una nefasta síntesis de miedo y sombra". GHB, El espíritu áspero, cap. 172, pág. 390.
3.5.09
Nueva editorial
Eduardo Hidalgo y Jesús Salceda han fundado en Santander Quálea Editorial. Los responsables de la colección de poesía son Carlos Alcorta, Rafael Fombellida y Alberto Santamaría, tres poetas que son también tres amigos. Ya están a la venta los primeros títulos, del suizo Fabio Pusterla, los norteamericanos Henri Cole y Robert Lax y el portugués Gomes Miranda. Ojalá tenga suerte esta editorial que "nace con la intención de acercar al lector textos de autores, preferentemente europeos o norteamericanos, aunando la mejor tradición literaria clásica con lo más selecto de la narrativa y el ensayo contemporáneo".
2.5.09
Carol Ann Duffy, Poet Laureate
El curriculum de la señora Schofield
¿En cuál de las comedias de Shakespeare
Portia le dice a Antonio “debes
preparar para el cuchillo tu pecho”?
¿Quién, enloquecido por los celos,
mató a su esposa? ¿Y qué bruja de Escocia
sabía que llegaba Algo malvado? ¿Quién dijo
“es esto que veo una daga”? ¿En qué tragedia?
¿De quién es el acero desenvainado
que llevó a Tibaldo a la muerte?
¿A quién le dijo “et tu” el César agonizante? ¿Por qué?
¿Ya sabes lo que significa “hay algo
podrido en Dinamarca”? Explica
cómo la poesía acecha a los humanos
al igual que la luna enamorada
a la tierra en llanto, a la tierra en risa.
Cómo hacemos de ella oraciones. Nada
viene de nada: dilo de nuevo. ¿Qué rey
lo dijo? Podemos comenzar.
¿En cuál de las comedias de Shakespeare
Portia le dice a Antonio “debes
preparar para el cuchillo tu pecho”?
¿Quién, enloquecido por los celos,
mató a su esposa? ¿Y qué bruja de Escocia
sabía que llegaba Algo malvado? ¿Quién dijo
“es esto que veo una daga”? ¿En qué tragedia?
¿De quién es el acero desenvainado
que llevó a Tibaldo a la muerte?
¿A quién le dijo “et tu” el César agonizante? ¿Por qué?
¿Ya sabes lo que significa “hay algo
podrido en Dinamarca”? Explica
cómo la poesía acecha a los humanos
al igual que la luna enamorada
a la tierra en llanto, a la tierra en risa.
Cómo hacemos de ella oraciones. Nada
viene de nada: dilo de nuevo. ¿Qué rey
lo dijo? Podemos comenzar.
Carol Ann Duffy, ha sido nombrada la primera Poet Laureate desde 1668. Detrás de este poema (traducido por José Luis Justes) hay una curiosa historia. Más en el blog de Jordi Doce.
1.5.09
Beatus Ivre
Voy por la página 281, capítulo 120, de El espíritu áspero. A estas alturas del relato ya sé que esta novela de GHB será recibida por la crítica y por los lectores (él ya tiene los suyos, que irán a más) con los máximos parabienes y, lo que más me importa, estoy disfrutando de lo lindo con ella. Era infundado su temor, expresado en el diálogo con Menéndez Salmón, del que ya se informó aquí, de que no fuera bien entendida, por aquello de que es una novela humorística (no sólo, aunque el humor pese), distinta de las dos anteriores (a las publicadas por Tusquets me refiero, las que han dado a conocer a HB a la inmensa minoría). Uno, en fin, no esperaba menos. En soledad y en silencio, son muchos los años que le ha dedicado el escritor a esta aventura. Me consta (como lector, no como amigo) que está escrita con la mayor ambición y que tiene voluntad y estilo (con perdón) de libro total, si se me permite la simpleza. Quiero decir que cabe en ella un áspero mundo, que es a la vez muchos mundos: Casas del Juglar, Murania, Madrid, etcétera. También una vida, que son muchas también: las de todos los personajes, Sín antes que ninguno, que pululan por sus apretadas páginas. Me quedan muchas por leer, pero ya anticipo que me pareceran al cabo pocas. Y es que en esta novela me quedaría a vivir, en esta aquidad y ahoridad, una larga temporada.
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