25.9.11

Es la educación

Leo un interesante artículo sobre la educación del escritor Ismael Grasa en El País. "Pisar el aula" se titula. Sabe de lo que habla: es profesor de un centro privado. De un barrio de Zaragoza, para más señas, al que, claro, no van los chicos de esa zona sino los que vienen de las urbanizaciones de las afueras. Sus circunstancias y las de uno son distintas, pero coincido con muchas de sus afirmaciones. Cuando habla, por ejemplo, de la hipocresía de los políticos (y de otros muchos, añado yo, de cualquier profesión, progres en todo caso) que defienden la escuela pública pero llevan a sus hijos a la concertada o, directamente, a la privada (allí donde la haya). Eso sí, conviene recordar que, por incongruente que a algunos nos siga pareciendo (por eso de que "un Estado no confesional esté pagando escuelas de carácter religioso"), la concertada es también pública, siquiera en la citada financiación, aunque, como explica Grasa con excesivo tacto, "en muchos casos, no se hacen cargo proporcionalmente de los alumnos más problemáticos, bien sea por cuestiones idiomáticas, de aptitud o de extracción social". Bien sabemos lo que hay.
Es de Perogrullo, sí, pero conviene recordar que la escuela (educación o enseñanza) pública se defiende, en primer lugar, enviando a tus hijos a ella, que es lo que ha hecho uno con los suyos. Por coherencia, simplemente. Más si, como hace al caso, perteneces al honorable y vapuleado Cuerpo de Maestros. A nadie se le ocurre tirar piedras contra su propio tejado. Ya. Por eso.

24.9.11

A Jaime Salinas













La Fundación Gerardo Diego publica en su colección Pliegos La Sorpresa un homenaje al editor Jaime Salinas (1926-2011) que, coordinado por José Luis Bernal Salgado (autor de la cariñosa presentación), reúne textos del propio Salinas, Elena Diego, Pureza Canelo y Francisco Javier Díez de Revenga. Se inserta la reproducción de una fotografía del Archivo del poeta cántabro donde se ven, niños aún, a Jaime y su hermana Solita, a su madre, Margarita Bonmatí, y a Germaine Marin (esposa de GD) "al pie de la Magdalena" en el verano santanderino de 1936. "La cabecita rubicunda" a la que se refiere Salinas es la de Elena Diego, que va en el cochecito.
No hace falta recordar que Jaime Salinas fue el primer editor de la poesía completa del Diego y que su familia y la de su compañero del 27, Pedro Salinas, no dejaron de tratarse.
Para más información, el reportaje de Guillermo Balbona publicado por El Diario Montañés hace un par de días.

23.9.11

Reseñina

Esto dice en El Cultural de hoy A. Sáenz de Zaitegui sobre la poesía reunida de Gayga: "Sólo son tres: Descartes mentía, Un país como éste no es el mío y Razón del sueño. Pero qué tres. Último naipe: Poesía completa, 1970-1990 (Mérida: Editora de Extremadura, 2011) es el hat trick de José Antonio Gabriel y Galán: su poesía completa demuestra que es posible ser poeta durante dos décadas (1970-1990) y permanecer inmune a la mediocridad. Hay tantos tan buenos que nos ha costado horas escoger sólo un verso: “No hay relación alguna entre los presidiarios y las flores”. Es la poesía astuta del hombre que se permitió enmendar al dios Blake". 

Vuelven los manifiestos

Como éste, a favor de la Orquesta de Extremadura. Habrá que firmar más, si no al tiempo. Con lo enojoso que es. Y, me temo, lo poco práctico. Además, no faltará quien le señale a uno como socialista, indignado o "de la ceja". Lo de perroflauta ya va a ser más difícil, al menos en mi caso. E imposible, en fin, que te confundan con uno de Izquierda Unida, compañera de viaje de las nuevas autoridades, las mismas que parecen dispuestas a arrasar con todo lo que tenga que ver con la cultura, ese lujo... extremeño. Ni Mao.

Un terremoto literario

El que sufrió Chile el 27 de febrero de 2010. Ya dimos cuenta aquí del libro de Javier Rodríguez Marcos sobre su viaje al después del temblor, Un torpe en un terremoto. Ahora aparece en España, publicado por Candaya, 8.8: el miedo en el espejo, del mexicano Juan Villoro, a quien pilló el seísmo en la planta séptima de un hotel de Santiago. Lo que no aproveche un escritor...

Abre "La Puerta de Tannhäuser"

Será la primera Librería Café de Extremadura (Rúa Zapatería, 22. Esquina con la C/ Arenillas (junto al arco), Plasencia) abre el 21 de octubre a partir de las 18:30. Dicen en Facebook:
Estáis todos invitados, teniendo en cuenta el espacio del local iremos viendo con todos vosotros la mejor manera de poder conoceros y pasar una feliz tarde.
Será una inauguración sencilla en la que os mostraremos mediante acciones y breves actuaciones lo que será el espíritu de este pequeño espacio de ocio y cultura. Intentaremos que sea divertido, dinámico y original. 
El evento está abierto para que invitéis a quien queráis. Por favor difundidlo a vuestros familiares y amigos que no estén en facebook para que lleguemos a todos los placentinos y residentes en la ciudad.
(...)
Importante: sin vosotros no hay Puerta.
(...)
¡¡Amantes de la cultura, del ocio, del cine, de la literatura, de la música, la pintura, la fotografía, las artes alternativas, de las ideas y proyectos nuevos: os esperamos!! 
Allí estaremos. 

22.9.11

Judíos

"Marina Tsvietaieva escribió: “Todos los poetas son judíos”. Yo no soy judío, pero nada que tenga que ver con el mundo judío me es ajeno".
Suscribo ambas afirmaciones, recogidas del blog de José Luis García Martín, que añade: El estudio es la actividad principal del judío. Una clase no se interrumpe ni siquiera para la construcción del templo “porque el mundo se apoya en el aliento de los niños que estudian”.

Coincidencias

Merche Barrado publica en su periódico, el Hoy, un artículo titulado Factura cultural. Bien está que los periodistas aludan a la realidad. 

Noticias plagueras

21.9.11

Noticia de Martín López-Vega

Inaugura en El Cultural Rima interna, un blog, dice, "sin pelos en la rima". Con una intención: "trataremos de analizar, semana a semana, lo que ocurre en la poesía española e internacional, ofreciendo toda la información precisa para no perderse nada interesante y no dejar pasar a ningún rey desnudo..." No es poco. ¡Ánimo!

Una plaga lírica (I)

Plasencia y la poesía se llevan bien. Desde antiguo. El erudito Daniel Berjano publicó a principios del XX, en la Revista de Extremadura, Los poetas placentinos contemporáneos de Lope de Vega, y es que ya en los siglos áureos destacaron, entre otros, los nombres de Micael de Carvajal, Alonso de Acevedo y Luis de Miranda, escritores nacidos aquí, alabados por el mismísimo Cervantes, que formaron parte de un numeroso grupo rescatado del olvido por el aludido Berjano, el bibliógrafo Rodríguez Moñino o el hispanista Joseph E. Gillet. Y cómo no mencionar a Luis de Toro, médico, autor de uno de los textos más hermosos que sobre esta ciudad se hayan escrito. Pura poesía, sí. Como ese lema que don Fadrique de Zúñiga, allá por 1550, mandó grabar en un balcón de su palacio, el que llamamos del Marqués de Mirabel: «Todo pasa», aunque con ello, como ha conjeturado Gonzalo Hidalgo Bayal, otro poeta placentino, “no procurara mayor fin que doblegarse al coqueteo espiritual y efímero del siglo con la ambición expresa de una memoria perdurable”, algo muy poético también.
Sin pretender ningún grado de exhaustividad, que le sobrepasa tanto a uno como al alcance de este preámbulo, podemos dar un salto considerable y, dejando a un lado el prosaico siglo XVIII, aterrizar junto al decimonónico José María Gabriel y Galán, que, a pesar de no ser placentino de nacencia, se paseó por estas calles, se casó en la céntrica iglesia de San Esteban y, de paso, nos legó al menos un poema de evocación inevitable en todo discurso, pregón o prólogo de carácter local que se precie. Más acá, en la segunda mitad del XX, su nieto: José Antonio, éste sí placentín, de quien se acaba de publicar como es debido, muchos años después de su prematura muerte, la poesía reunida.  
Ya rigurosamente contemporáneos, de la Perla del Valle son los poetas Felipe Núñez, al que tuve y tengo por maestro, y mis compañeros de generación Serafín Portillo y Javier Pérez Walias. Como lo es, siquiera sea desde la distancia murciana, Ángel Paniagua.
Pero no acaba con ellos la lista. Sin olvidar a Myriam Rubio y Beatriz Pérez (como se ve no abundan las poetas entre nosotros), en los últimos tiempos se constata un florecimiento poético que uno calificó en su blog, no sin sorna, de auténtica plaga lírica. Sus responsables, sin embargo, son gente seria, preparada y capaz: Álex Chico, Víctor Martín Iglesias, Juan Francisco Fuentes (sobrino de Walias), Víctor Peña Dacosta y José Manuel Chico Morales (hermano de Álex). Los tres primeros ya han publicado su primer libro: La tristeza del eco, Á. Chico (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2008); Cómo hemos llegado a esto (New Jersey, Casavaria, 2010), V. Martín y Tierra, territorio, casa (Sevilla, Argo Ediciones, 2006), J. F. Fuentes. El resto está en ello y Álex Chico a punto de ver publicado, precisamente en Sevilla, su segundo libro, Dimensión de la frontera.

(Nota: en la fotografía, de izquierda a derecha, Álex, José Manuel, Francisco, Víctor M. y Víctor P.)

Una plaga lírica (II)

Nacidos entre 1980 y 1990, poco les une más allá de la azarosa circunstancia de ser naturales de Plasencia y la casualidad de que los cinco son hijos de padres y aun de madres (como en el caso de los dos Víctor) docentes: maestras, maestros o profesores.
Por razones de estudio o de trabajo (su formación es universitaria y quienes trabajan lo hacen en la enseñanza), ninguno reside aquí. Nada nuevo, por cierto: es lo que ha venido ocurriendo con el 99% de los poetas antes mencionados, con vidas ajenas a estas murallas del mundo.
Para confirmar que son hijos de su tiempo, conviene advertir que Víctor Martín ha vivido en Nueva Zelanda y Estados Unidos y que ha viajado, además, por medio mundo, algo en lo que coincide con Álex Chico, otro culo (con perdón) de mal asiento, o con su íntimo amigo Víctor Peña, que ha ejercido en Marruecos.
Será la cercanía del modesto río Jerte, paisajes tan amenos como La Isla y los valles y comarcas que la rodean, la amurallada y provinciana configuración de esta levítica y melancólica ciudad (que incluyera Gutiérrez-Solana en su libro La España negra), la tradición literaria (no sólo poética) de esta angosto rincón del fin de Europa donde una vez convivieron las culturas árabe, judía y cristiana o, en fin, la existencia de un Aula de Literatura que ha contado, en los últimos años, con la presencia de poetas de primera fila, el caso es que algo debe determinar esa suerte de enfermiza inclinación lírica que, ya digo, distingue y singulariza, si tenemos en cuenta las penosas estadísticas, a no pocos vecinos de esta ciudad. Algo por lo que Plasencia, en este sentido, por encima del tópico, podría parecer una ciudad más andaluza que extremeña. Odiosas comparaciones al margen, catálogos de calidades aparte, por encima de cánones, diccionarios, manuales, antologías  y enciclopedias, no cabe duda de que Plasencia ha sido y es tierra de poetas. De poetas conocidos, reconocidos y de otros que acaso sucumbieron en el intento quedando sus versos huérfanos de libro, guardados en un oscuro cajón o legados en una triste herencia. Poetas tan estimados como, pongo por caso, el malogrado funcionario municipal Gaudencio Balbino Marcos, o el perseverante Sixto Martín, que fuera camarero del Danubio, cuyas rimas azulejan una pilastra de La Isla, o, por fin, Manolo Matos, poeta culto e inédito del que uno llegó a leer secretos poemas memorables y que, con su ejemplo, tanto me ayudó a fijar mis primeros, tambaleantes pasos como presunto poeta en ciernes.
Para justificar lo que digo sólo hay un argumento: los poemas que vienen a continuación. Por fortuna, ese puñado de versos no saben, en rigor, ni de autor ni de lugar de nacimiento. La poesía es, antes que nada, universal y anónima. Dejemos, pues, las elucubraciones y pasemos, sin más dilación, a lo que importa.

Álvaro Valverde
Conil, agosto de 2011

20.9.11

Fútbol no, gracias

Por fin alguien a quien no le gusta el fútbol. Creí que era un caso único. Por cierto, ese "alguien", José Manuel Caballero Bonald, respondía así este verano en la revista El Ciervo a la pregunta "¿Eres malo?": "Soy, en el buen sentido de la palabra, malo". Será por eso.

19.9.11

Elecciones

Sí, generales, a la vuelta de la esquina, pero no me refiero a ésas, sino a las que van a tener lugar en la Asociación de Escritores Extremeños para elegir nueva directiva. El momento es delicado. Por la crisis, ya se sabe. Vamos, por la dependencia de las subvenciones. Como casi todo lo que tiene que ver con la cultura en Extremadura (y en el resto de España), la AEEx ha permanecido viva durante más de treinta años gracias a ellas. Esas ayudas han sido básicas para poder subsistir y, cómo no, para poder llevar a cabo sus proyectos. Eso sí, a diferencia de lo ocurrido con otras instituciones endogámicas, ese dinero público se ha gastado de forma responsable y con notables beneficios para la comunidad. Las Aulas Literarias, los Talleres de Relato y Poesía o los Congresos de Escritores son tres buenos ejemplos de ello.
Ocho años, dos legislaturas, ha sido presidente Antonio Sáez Delgado, que no sé si volverá a intentarlo. Antes estuvo uno. Sucedí a Ángel Campos que en sus dos periodos extendió la presencia de las Aulas a las ciudades más importantes de la región, por ejemplo. La fundación de las mismas fue también obra suya, aunque en su condición de vicepresidente de Manuel Pecellín, que relevó a Bernardo V. Carande.
En otros tiempos, estas elecciones tenían su aquél. Quiero decir que había lucha por el poder (¡menudo poder!) y grupos que se enfrentaban, a veces con cierta crudeza... dialéctica. Cosa de poetas, mayormente. La última vez que sucedió eso fue cuando me presenté, a finales de los noventa. Mi contrincante, apoyado por gente íntegra, se quedó más solo que la una el día de la verdad. Con Ángel también hubo batalla. En todo caso, era necesario acudir a las votaciones para defender unos objetivos que creíamos sensatos y viables, de modernización sobre todo, de "pa fuera telarañas", de abrir puertas y ventanas, de eliminar Miravetes y fronteras para dejar que entraran ideas y palabras que nunca habían logrado abrirse paso del todo por estos lares. Un esfuerzo colectivo conseguido por un grupo numeroso de escritores (y de amigos), de dentro y de fuera, que la excusa perfecta de la crisis acaso está a punto de desbaratar. Por eso digo que el momento es complicado. Pocos, me temo, estarán dispuestos a jugársela ante esa situación económica en contra y frente a una administración popular reacia a la cultura (deberían haber escuchado a Zygmunt Bauman en Wroclaw).
Además, la AEEx, gracias a las malas artes de algunos indeseables profesionales, lleva tiempo bajo sospecha: por su presunta vinculación al extinto gobierno socialista. Algunos confundían coincidencia de intereses con pesebrismo, un término que les entusiasmaba. A ver ahora.
Libertad de movimientos y de expresión no faltaron (han sido muchos años en la directiva para constatarlo) y nunca escaseó ni la voluntad política ni el dinero necesario para afrontar programas que interesaban, ya digo, a ambas partes, por más que la iniciativa fuera de los escritores. Quizás por eso nunca concedieron a la AEEx la menoscabada Medalla de Extremadura. Todo lo contrario de lo que ha hecho, legítimamente, el PP en cuanto ha llegado a la Junta. En la derecha, los favores se pagan.
Me he ido desvinculando de la Asociación poco a poco. Hace años que no asisto a sus reuniones y sólo voto por correo. Lo comentaba Javier Marías en su discurso de aceptación del Premio de Literatura Europea del Estado Austriaco: "Creo que la mayoría de los escritores tendemos a sentirnos aislados y además deseamos estarlo, sobre todo a partir de cierta edad. Quizá no sea así al principio -y para los que empiezan jóvenes-". Si puedo acogerme a esta cita de autoridad, es mi caso. Sin embargo, por este inquietante estado de cosas al que estamos llegando, a lo peor este aislamiento encubre, sin querer, una forma de cobardía. No quiero ponerme estupendo, pero clama el silencio con el que escritores e intelectuales (?) extremeños asumen lo que se nos está viniendo encima (y no desde junio, precisamente; la debacle empezó antes). A nosotros (las ayudas a la edición, las becas a la creación e incluso los premios Extremadura han pasado a mejor vida y a no pocos escritores les beneficiaban) y a esa normalidad cultural que tanto costó conseguir. Lo de poner en la hora del mundo, y desde dentro, el reloj literario de esta tierra donde nacimos por azar. De momento, el Aula de Literatura "José Antonio Gabriel y Galán" de Plasencia traerá este curso sólo dos escritores, la mitad de los habituales estos últimos años. En las demás, pasará otro tanto. Me da que la recién creada revista Suroeste pende de un hilo (el de la Diputación de Badajoz) y por poner otro caso ajeno a la Asociación, pero significativo, el suplemento cultural "Trazos", del diario HOY, subvencionado por la antigua Consejería de Cultura, no ha vuelto a salir. Y ya se ve lo que está pasando con el añejo "Felipe Trigo".
De la parálisis administrativa, con todas las instituciones dependientes de la Consejería de Educación y Cultura (Editora, Filmoteca, Museos, Orquesta, Biblioteca...) a la espera de que nombren o confirmen a sus respectivos responsables, mejor no hablar.
En todo caso, en lo que a la literatura respecta, no hablamos de grandes ayudas capaces de desestabilizar los presupuestos o de incrementar el déficit. Insisto, la crisis es sólo la excusa.
No dejo de darle vueltas al asunto y de pensar en mis amigos Fernando Pérez (que fue secretario de la AEEx) y Ángel Campos. Me pregunto: si estuvieran aquí, ¿qué dirían ellos? O mejor: ¿qué harían?

18.9.11

Los de la Plaga leen

Juan Ramón Santos recordaba anoche la primera novela de Fernando Aramburu, Fuegos con limón, donde aparece un pintoresco grupo literario denominado La Placa, compuesto por jóvenes que aspiran a  poetas. Los de nuestra Plaga, subrayó el parecido fonético, ya se puede decir que lo son, por más que dos de ellos sea todavía inéditos. Lo pudimos apreciar ayer, a la caída de la tarde, en la placita de San Martín. Faltaron sillas y cuadernillos. Los organizadores no imaginaron que una lectura sabatina de poesía al aire libre iba a dar para tanto. Y lo dio. El escenario, algo imponente (por lo alto), estaba situado delante de algunas fachadas decrépitas. Tras las palabras de presentación de Juanra (al que Víctor Martín rebautizó luego como Juancar), fueron leyendo o recitando sus poemas, en riguroso orden alfabético. El primero, Álex Chico, que es también el mayor (del 80). Leyó con la seguridad de quien está a punto de ver su segundo libro impreso y nos emocionó con su recuerdo de Ángel Campos, a quien dedica un poema en esta nueva entrega. Uno, que ya ha leído Dimensión de la frontera, puede dar fe de que la poesía de Chico va a más. Su hermano José Manuel, estaba bastante más nervioso, como es normal en alguien nacido diez años después y con muy pocos poemas escritos aún. Fue, quizá por eso, el más breve de una velada, por suerte (nada peor que los excesos líricos), más bien corta. Francisco Fuentes fue más prolijo en la introducción. Hasta ese momento, los hermanos Chico Morales se habían limitado a agradecer a público y organizadores (no había autoridades) la feliz celebración del acto. Fuentes, sin embargo, había preparado un texto que era, a la vez, un poema y una poética, que leyó con convicción y muchas tablas, como el resto de poemas, cortos la mayoría, que recitó a continuación. No olvidó nombrar a su tío, el poeta Pérez Walias, presente en la plaza, con nuevo libro a punto de salir en La Isla de Siltolá.
Víctor Martín Iglesias fue el siguiente y, con su voz potente y el desenfado que le caracteriza, deleitó a familiares, amigos, paisanos y novia con su versos tristes y divertidos, con ese grado justo de dulzura y acidez que él sabe preparar. Al escuchar sus versos en voz alta, prueba de fuego de cualquier poema, comprobé una vez más que tiene un oído estupendo, algo natural si tenemos en cuenta su condición de músico.
Cerró la velada Víctor Peña Dacosta que dio muestras de su particular sentido del humor, de su afilada ironía y, cómo no, de su filológico dominio instrumental. Habrá que estar atentos a lo que este hombre nos pueda ofrecer en el futuro. Potencial y habilidades no le faltan. Nos leyó poemas de las dos líneas argumentales en las que trabaja: Trabajos de amor dispersos y Los papeles del divorcio. Lo sexual prevalece en poemas cargados de frescura y algo de provocación que debieron turbar, ya caída la noche, a más de uno (y de una: su novia, por ejemplo, al que estaba destinado el último).
Un éxito, en fin, esta nueva edición de EncontrArte, un proyecto que puso en marcha hace años Lidia Regidor, sentada ayer en la primera fila. Lo que empezó con una broma en este blog ha terminado en otra cosa bien distinta. Me alegro de que la pobre poesía siga paseándose por Plasencia como por su casa.