5.11.13

Cernuda, 50 años


L. C.

Vedlo ajeno. Con la sonrisa
amable que no tuvo, el bigote,
el cabello hacia atrás,
‑muy bien peinado‑
la mirada perdida,
las arrugas.
                           Vedlo distante.
Lejos de todo, sí,
y de casi todos.
Dignamente mayor, con esa edad
que siempre hemos dudado que alcanzara.
Porque su rostro era en los libros
el del joven
                          poeta sevillano,
el del ausente
en la foto coral del veintisiete.
Del brazo de Aleixandre, y del de Bergamín,
del brazo fraternal de García Lorca.
Contra Guillén y Alonso, 
contra su fiel mentor, Pedro Salinas.

Ahora, al verlo retratado en el periódico
junto a otros escritores, se me antoja
aún mucho más lejano.

No encaja en mis esquemas
su imagen desvaída rodeada
de doctos académicos, poetas,
pintores de renombre,
de científicos...
                                   Su figura,
entre sutil y fantasmal, no me parece
que cuadre en esa escena bien sobrada
de rostros satisfechos, triunfadores,
cargados de laureles y prebendas.

Desdeñoso, atildado, puro, recto,
reticente, exquisito, seco, serio,
dicen ser adjetivos que le incumben.
Confunden la poesía y el poeta;
la tristeza mortal, con la leyenda.

Sin embargo,
                             al leer sus poemas,
una sombra
señala genuina, insobornable,
de qué remota luz su procedencia.

(De Mecánica terrestre)


3.11.13

Trío de Álogos (y más)

Microsoft
«El término "álogo" fue acuñado por Javier Sánchez Menéndez y definido como "el comentario a una entrada de blog". Dicho término acabó dando nombre a una colección específica de las Ediciones de La Isla de Siltolá, donde se vienen publicando -en unos hermosos y manejables volúmenes- unas selecciones de entradas de determinados blogs», nos contaba en el suyo, El juego de la taba, Elías Moro, que ahora publica en esa misma colección Manga por hombro; un libro, conviene destacarlo, que se abre con un cariñoso prólogo del periodista y escritor Antón Castro titulado "Fotografía de un escritor en libertad", un vivo retrato de cuerpo entero que le hace justicia. Como las palabras que el londinense Eduardo Moga dedica a la escritora Olga Bernad: "La tristeza iluminadora", al frente de Algunos cisnes negros, donde se recogen "setenta y cinco prosas aparecidas en el blog Caricias perplejas durante el período que va desde mayo de 2008 a mayo de 2013"; prosas que pierden la fecha, como en el caso de Elías Moro, quien ha sacrificado incluso el orden cronológico, y cualquier otro, porque quería "caos, un poquito de caos". No es el caso de José María Cumbreño, que en La temperatura de las palabras reúne algunas vigorosas e insumisas entradas de (Casi) diario de JMC, escritas entre enero de 2009 y septiembre de 2011. 
Hace tiempo José Luis García Martín me pidió algunas del mío para publicarlas en la revista Clarín. Ante mis dudas, me advirtió que, una vez en papel, no serían lo mismo. Y así fue. O eso me pareció. Lo que sucede tras (re)leer las páginas de estos volúmenes que uno ya leyó en su día, cuando se fueron colgando en la red. Lo mismo que me ha pasado con las reunidas por el citado Martín en Línea roja, la última entrega de sus diarios, editada exquisitamente por Impronta, donde sus lectores habituales encontramos una vez más al profesor vocacional, al viajero reincidente, al impertinente tertuliano, al lector incansable, al crítico acerado, al rutinario paseante... 
Termino, pero vuelvo al principio. Para mencionar otra vez al editor Javier Sánchez Menéndez y su nueva entrega literaria, con ecos cernudianos, El libro de los indolentes (1. Encuentro en Camarinal), que publica Imagine Cloud Editions, otra obra en la que el yo, lo reflexivo y lo memorialístico marcan el tono. 

2.11.13

Palabras de Muñoz Molina

El Roto
"En nuestro país, la ineptitud general y la negligencia de otras épocas ha dado paso, con este Gobierno, a una beligerancia vengativa. (...) Desde hace años, metódicamente, con toda la saña del ignorante hacia el saber y todo el resentimiento casi genético de las clases dominantes españolas hacia la ilustración, el Gobierno central, y los Gobiernos regionales y Ayuntamientos que le son afines, parecen empeñados en debilitar y hasta eliminar cualquiera de las formas de creatividad y de conocimiento que se hacen en nuestro idioma. Han arruinado los teatros y los cines subiéndoles insensatamente los impuestos. Han castigado a los maestros y a los profesores de la enseñanza pública reduciéndoles los sueldos y obligándoles a dar clase en aulas superpobladas. Han destruido una gran parte del tejido de investigación científica que costó tanto levantar. Han ahogado a las revistas culturales eliminando suscripciones a las bibliotecas públicas, tan castigadas en sus presupuestos que muchas veces ya no pueden permitirse la compra de libros nuevos. Han seguido permitiendo la impunidad de la piratería, sumiéndonos más aún en un descrédito internacional que perjudica más aún la imagen ya penosa de nuestro país, y que además contribuye al enriquecimiento de esas compañías de telecomunicaciones que ofrecen luego puestos tan bien remunerados a los exministros. (En esto hay que reconocer que el mérito no les pertenece en exclusiva: la izquierda es tan culpable como la derecha de cultivar la demagogia de lo gratuito). Subvencionan el fútbol, las corridas de toros, las fiestas más brutales, los casinos, la fabricación y la venta de coches: pero no hacen nada por defender una industria del libro que es la más importante del mundo en español y por lo tanto crea riqueza y puestos de trabajo. En Francia la izquierda y la derecha se unen para poner límite a los abusos insolentes de Amazon y defender las librerías: en España, el presidente de la Comunidad de Madrid inaugura oficialmente el almacén de Amazon." Así escribía hace poco Antonio Muñoz Molina en el suplemento Babelia de El País, en su artículo  "Grandes borrascas de palabras". El pasado sábado, el novelista fue entrevistado, precisamente, por el principal diario francés, Le Monde. Francisco Javier Irazoki me ha hecho llegar, traducidas por él, algunas frases que a continuación transcribo: "En política, hay que ser moderado porque los deseos de los unos deben respetar los deseos de los otros. Yo soy radical en pocas cuestiones: la igualdad entre el hombre y la mujer, el derecho a la educación y a la sanidad, y la separación entre la Iglesia y el Estado. Ser moderado es reconocer la complejidad del mundo. Las instituciones políticas deben tender hacia la moderación. Y moderado no significa ser tibio. Se puede ser apasionadamente moderado. La moderación no es la indiferencia. Un moderado también se indigna. Intenta observar racionalmente, y después pone la observación por encima de la opinión. Camus era un moderado furioso. Orwell o Conrad, también. Ponían la realidad concreta de los seres humanos delante de los fantasmas ideológicos. La ideología corrompe el lenguaje. En una democracia, el lenguaje es fundamental".

1.11.13

Discursino

Así lo denomina el propio GHB. En su blog: "Vivimos tiempos de desventura económica, de desánimo civil y de penuria cultural, en un contexto de sustantivos adversos y adjetivos intercambiables: tiempos de incertidumbre estructural. Pertenecemos, además, a una región acostumbrada a los rigores estadísticos, con experiencia histórica en sinsabores y estoicismos. Todo ello, sin duda, conduce a la melancolía y también, quizás, al ensimismamiento. Así las cosas, no sé si la literatura sigue teniendo algún valor, más allá de los alivios analgésicos que a menudo proporciona, o si se hunde cada vez más hondamente en los índices de la insignificancia. No obstante, siempre he creído no sólo que la literatura es necesaria, sino que, a pesar de todos los pesares, prevalecerá: porque dice lo que no puede ser dicho de otro modo y porque es la manifestación más singular de la especie humana, inexorablemente unida a su origen, su sentido y su destino. De ahí que empeñarse en su pervivencia, aunque con pocos frutos y muchos titubeos, sea un alto privilegio y una labor continua en el estruendo y la oquedad de la hojarasca. Que se considere además tarea digna de honores y de un galardón cuyo ingenio gramatical combina el territorio y el tiempo presente con la palabra de cada día es una distinción que, más aún por gratuita e inmerecida, no cabe sino agradecer y un estímulo que viene a corroborar antiguas y perennes certidumbres. Gracias, pues: al diario Hoy, a sus trabajadores y a sus lectores. Gracias y buenas noches."

Nómada

Sofía Moro
«Aquel verso de Hugo Claus es para él como un relámpago. Un hombre feliz sorprendido por la duda. “Hugo era un hombre de éxito, él también era un relámpago, un autor teatral celebradísimo, pero la duda existía para él. Si uno es inteligente sabe que siempre puede pasar algo, y efectivamente sucedió con él, atacado por este Alzheimer que combatió hasta que ya no pudo más…”.
Hugo Claus era diferente, “yo soy nómada”, dice Nooteboom. “Para él, el lugar no era nada, vivir en cualquier sitio era un accidente. La esencia de mi nomadismo es que tengo una casa a la que vuelvo. Para mí sería una catástrofe perder el lugar. Yo me mudo, pero la casa sigue”». Cees Nooteboom con Juan Cruz. El País Semanal

31.10.13

Carta de Badajoz

HOY / Brígido Fernández
Cinco años después vuelve uno al Palacio de Congresos Manuel Rojas de Badajoz y parece que fue ayer cuando me despidí allí mismo de Angelito (sin saberlo, para siempre), al que su antiguo alumno, Ángel Ortiz, director del diario HOY, citó como traductor de unos versos de Pessoa traídos con pertinencia a colación; alguien, Pámpano, que hubiera disfrutado de veras al ver a nuestro amigo Gonzalo recibir el Premio Extremeño de HOY en una gala (que patrocinó Iberdrola) muy bien organizada (entre bastidores, Javier Moreno Romaguera, de +magín) que resulto ágil y divertida gracias al monologuista, todo un descubrimiento, Daniel Delacámara y donde, ausencias mediante, sólo pesó el desnortado y noventayochista discurso de Monago (que devino en vulgar mitin), sobre todo después de escuchar las atinadas palabras del citado Ortiz y del alcalde de Badajoz, que por fin cuenta, o eso diría, con un representante digno de esa dinámica ciudad fronteriza.
Abundaban, sí, las autoridades, aunque brilló por su ausencia la consejera de Educación y Cultura, cuya presencia hubiera reafirmado la doble condición de escritor y profesor de GHB. Y su apoyo al teatro y al cine acompañando a Natalia Tena.
Uno no vio a escritores por allí. O apenas. Bueno, en rigor no vi a casi nadie, que esos tumultos sociales me aturden. Por cierto, al entrar en el Palacio me enteré de que debía pronunciar unas palabras y, mientras el acto se sucedía, entre risas y disertaciones, pergeñé mentalmente cuatro ideas para salir del atolladero. A saber, que me hizo mucha ilusión saber por boca de Merche Barrado (quien, por suerte, estuvo a mi lado toda la velada) que GHB había sido elegido; que ya era hora de que después de diez años se concediera el galardón a un escritor (por más que muchos lo merecieran, y no al revés, como parece dar a entender mi estimado López-Lago); que los no premiados estarán de acuerdo, por unanimidad (me atrevo a confirmar este extremo), en que el designado haya sido GHB; y, en fin, si no recuerdo mal, que además de amigo había sido un maestro. Doble suerte. Ah, le recordé, mirándole de lejos, que los dos empezamos a torear en esa plaza, él con su Mísera y uno con su Territorio, a cuenta, respectivamente, de los fondos públicos de la Diputación pacense y el Ayuntamiento.
Un par de cañas y alguna tapa acompañaron la amena conversación con la que dimos por cerrada nuestra breve escala en Badajoz. A la velocidad del rayo (por una vez tuvimos conductor y qué coche), volvimos a casa. No diré en cuánto tiempo para no violentar a los de Tráfico. O a Obama, que nos estará leyendo.

30.10.13

Cuarenta años de poesía

Hace poco traía a este rincón la noticia de que la Fundación Gerardo Diego había publicado, en su colección Bodega y azotea, el Diccionario Bibliográfico de la Poesía en Cantabria (1970-2010). Pues bien, la misma, muy activa Fundación da a la imprenta, en otra de sus colecciones: Pliegos La sorpresa, Confianza en la verdad, un lúcido análisis sobre ese asunto de uno de los mejores poetas cántabros y españoles de su generación, Rafael Fombellida, protagonista de ese momento dulce que ha vivido y vive la poesía de Cantabria, antes Santander. Se publica con motivo de unas Jornadas celebradas recientemente bajo el rótulo Cuarenta años de poesía en Cantabria (1970-2010).
De ese diccionario dice Fombellida que "nace con vocación de ejemplaridad en el modelo, y de inequívoca fiabilidad".
Añade, entre otras muchas cosas, que "Si hay una óptica que queda comprometida por la ecuanimidad científica del DBPC, esta es la localista, desacreditada y deformante, pero férreamente afecta a subjetividades, prestigios fraudulentos y anormales pretericiones". Un mal común.
"Si la poesía escrita hoy en Cantabria vive un momento floreciente, su historiografía, ya no lejana, urgía una herramienta de precisión como el DBPC", resume. Algo que debería tenerse en cuenta en otras regiones de España, como ésta, Extremadura, sin ir más lejos. De ahí que uno sienta, como ya dije, envidia por una obra así. También por una fundación tan útil como la Gerardo Diego y su Centro de Documentación de la Poesía Española del Siglo XX, "bajo la segura guía de Pureza Canelo", precisa Fombellida, que, por cierto, es extremeña. 

29.10.13

JRM

© Daniel Mordzinski
Salvador Vaquero entrevista al poeta y periodista Javier Rodríguez Marcos en su sección Letras desnudas de El Periódico Extremadura. 

-Un recuerdo de la infancia.
-Con mis padres y mi hermano en el río de Hoyos. Los cuatro, por cierto, parecíamos inmortales.

-Un viaje inolvidable. 
-Arezzo-Urbino en autobús de línea parando en Monterchi y Borgo San Sepolcro. Con mi mujer. 

-Un reto como escritor. 
-Que concuerden el sujeto y el predicado. Más ambicioso, escribir algo sobre Las Hurdes que transmita verdad.

28.10.13

De Tánger

Pocos ponen en duda que Tánger es una de las grandes ciudades literarias del mundo. No hace falta echar mano de la erudición ni tan siquiera de la memoria básica de cualquier lector para demostrarlo. Lo de Bowles, del que acaban de reunirse sus prosas viajeras, es, desde hace tiempo, un lugar común. 
La bibliografía sobre esa ciudad de las afueras de África, para decirlo con Morábito, es ingente. Por centrarnos en la poesía, acabo de leer dos libros que la tienen como protagonista. 

El primero, Café Hafa, de Verónica Aranda, fue Premio "Antonio Oliver Belmás", está publicado por Tres Fronteras Ediciones y lo leo gracias a la mediación del también poeta Mario Lourtau (y de su madre), buen conocedor del norte de África, donde trabaja. 
Aranda lo hizo en el Instituto Cervantes de Tánger y estos hermosos poemas reflejan su vida en la ciudad ("el viejo Tánger de los fugitivos"), a modo de diario. Son versos evocadores, cálidos y cercanos, que se adaptan muy bien al tono sereno del lugar que describen. Sus calles tortuosas, sus famosos cafés, sus zocos, sus cines... También viaja a ciudades próximas: Tetuán, Xauen, Fez... Y nos acerca, en el último tramo, "Al lil" (la noche), a la intimidad del amor. 
Cita Aranda, entre otros, a Haro Tecglen, para quien Tánger era, sobre todo, un estado de ánimo. Lo que, en mi modesta opinión, sigue siendo. Algo que vienen a demostrar libros como éste.

El segundo, más áspero y menos complaciente con ese enclave mítico, entre otras cosas porque en él hay una historia que el narrador necesita olvidar, se titula Fracaso de Tánger y es obra del corresponsal y periodista Alfonso Armada, que lo fecha en 1982. Está publicado, y de qué curiosa manera, por Valparaíso Ediciones.
Al entregármelo, el librero se quejó. Ya había devuelto un ejemplar y éste también venía averiado. Pero no. Pronto caímos en la cuenta. Ni las cubiertas estaban al revés ni los poemas de las páginas pares se habían calcado, a modo de espejo de tinta, en las impares. Como explica Eduardo Jordá (autor de un libro sobre Tánger) en la contracubierta (que es también la cubierta) el libro "se puede leer en dos direcciones: de atrás hacia adelante, como leemos todos en Europa, pero también de adelante hacia atrás, como se lee en árabe". Un curioso alarde, sin duda. 
Por lo demás, lo que de verdad importa, un Tánger más tormentoso y oscuro se abre paso entre sus páginas, sin que por eso se pueda evitar que esa maldita o bendita ciudad, y quienes viven o sufren en ella, acabe encendiéndose en medio de la errática, laberíntica caminata. Brillan, como plazas luminosas, las sakkías, "especie de haikus magrebíes", según Jordá. 

Dos maneras distintas, pero genuinas, de ver la ciudad y dos modos de decirla muy diferentes confluyen en la multiplicidad caleidoscópica de Tánger. Una y muchas, como cualquiera. Eso sí, viajeros y fugitivos, hombres y mujeres en tránsito, se refieren a ella con una suerte de vocabulario, se diría, esencial, donde no faltan el té, las avispas, el viento, las callejas...
Uno que, hechizado, como tantos, por el extraordinario misterio tangerino (lo que saben bien quienes frecuentan este blog), también ha escrito su particular canción de Tánger, no puede por menos que leer estos versos con la emoción del cómplice. Como escribe Alfonso Armada: "Feliz quien olvida su destino". En Tánger, claro.

27.10.13

Los aforismos de Logan

WL
Martín López-Vega, que sigue igual de atento a todo cuanto sucede y pasa (ahora desde Estados Unidos), nos descubre los aforismos del profesor, crítico y poeta William Logan (Boston, 1950), "una de esas moscas cojoneras (con perdón por lo de mosca) que no vienen mal en ningún paisaje para evitar que la tropa sestee más de la cuenta". Espabilan, no cabe duda.
Por mi parte, he dado con otro puñado en la revista Círculo de Poesía. Algunos coinciden. La traducción es del escritor y periodista mexicano establecido en Chicago, Gerardo Cadenas. Pertenecen también a la serie que se publicó en la revista Poetry el pasado mes de marzo.

26.10.13

El caso Azúa

Autobiografía de papel se publica después de Autobiografía sin vida, dos libros complementarios donde Félix de Azúa demuestra que se puede escribir sobre la propia vida sin que ésta apenas intervenga, dando prioridad a las ideas. Allí el protagonismo fue para las artes; aquí, para las letras. 
Se aclara, además, que se trata de dar testimonio de una experiencia común a una generación. Estamos, en consecuencia, ante un “caso” (“mi caso”). “No es el discurso de un yo, sino el de un caso”. Con límite de fechas: entre 1960 y 1980.
Por medio, un cambio. El del concepto de cultura. Entre un “mundo literario tan desaparecido como la Atlántida”, que él conoció (tal los nacidos antes de los setenta) y la aparición de lo que denomina “democracia total”, el igualitario “todo vale” posmoderno. El fin del canon y la jerarquía que fijaban, por decantación, las élites y las oligarquías, en vigor durante siglos, a favor de que cualquiera es escritor o artista y cuanto haga, bueno. De ahí a lo mercantil, a la obra de arte considerada como producto de la industria cultural, hay un paso. O ni eso.
En orden de intervención, el libro aborda la poesía, la novela, el ensayo y el periodismo, los géneros que ha venido practicando Azúa, los mismos que ha ido, sucesivamente, abandonando. A cada uno le dedica dos capítulos (a la poesía, tres). En el primero reflexiona (ensaya) sobre lo general y en el segundo aterriza en lo particular.
A la poesía dedica páginas lúcidas y melancólicas. Tras reconocer su tradicional “estatuto superior”, su “origen sagrado”, la consideración romántica de “arte supremo”, explica el derrumbe de la “gran fortaleza de la literatura” apoyándose en la obra de un grupo de poetas y pensadores que le sirve para ejemplificar esa metamorfosis con trazas de caída.
En lo personal, cuenta cómo “un puñado de ilustrados en un país salvaje”, esto es, los Novísimos, efectuaron el cambio interior (habitado por el “cainismo”: o católico o judío) hacia un tipo de poesía no castiza, de “religión lingüística”, con “protagonismo del significante”, “lenguaje de lo incomunicable”, rupturista hasta cierto punto, pues él y sus amigos pertenecen a la última generación que tuvo maestros, “que enlazó respetuosamente con el pasado”. Los del “descubrimiento inconsciente de la posmodernidad” y la cultura de masas.
Cuando comprendió que sus poemas no estaban a la altura de la alta misión de la poesía, convertida en mercancía o letras de canciones, abandonó su práctica (“fracasé como poeta”) y se pasó a la novela.
Un novelista es “un poeta que quiere ser leído por las masas o por lo menos por un gran número de ciudadanos”. Cuestión de estadísticas. Quien publica novelas “acepta de buen grado la mercantilización”. Después de analizar la historia y situación de ésta en la época contemporánea, llega a conclusiones como que su triunfo es reciente y su valoración académica baja. Aterriza en el contexto español y vuelve sobre garbanceros (”línea castiza”) y cosmopolitas (él y los suyos: Marías, Vila-Matas, etc.), con parada y fonda en Benet (maestro indiscutible), Ferlosio y Mendoza, amén de constatar, entre otras cosas, que la “liberación del cainismo” fue posible gracias a los hispanoamericanos.
En ese camino de la “decepción”, el paso siguiente fue el del ensayo. “Muerta la religión, queda el ensayo”, escribe. “Somos los primitivos de nuestra era” y “aún estamos ensayando cómo se sobrevive en una sociedad sin dios y sin ayuda externa”. El arte –su historia, su crítica- ha sido en sus “tentativas” lo más relevante y sobre ello vuelve, más perspicaz que nunca, a fin de desenmascarar esa impostura.
Justifica Azúa su paso por el periodismo (el género que más ha ampliado su espacio fáctico) en función de su importancia para la divulgación de ideas y para hacer literatura. Más desde que llegó esta veloz revolución tecnológica globalizada en el que nos movemos, donde “todos somos periodistas”. La televisión, Internet, los blogs… Al fondo, la omnívora “democracia total”, ese monstruo que condiciona y dirige nuestras vidas y que en el futuro tal ver llegue a ser “un estado totalitario feliz”.
Cierra el volumen –“breve reportaje”, dice– un ameno capítulo sobre el fin de los sombreros, prendas que evitaban que se escapara “la vieja costumbre occidental de pensar, de perder la mirada por encima del gentío”. Y una promesa: “explicarme a mí mismo cuál fue mi principio. Mi Génesis”. Esperamos.

Nota: Esta reseña ha aprecido publicada en el número 359, octubre de 2013, de la revista Quimera

25.10.13

PNG

EFE
Si esto fuera una república independiente, también uno declararía Persona non grata al nefasto ministro Wert.
No es el único político digno de ese deshonroso título, pero, a mi modo de ver, nadie lo merece más. Se ha aplicado lo de la cultura del esfuerzo con un interés digno de sobresaliente. O de matrícula de honor, aunque aquí chirríe la palabra honor.
Comprendo su intención de abandonar la política en cuanto liquide el asunto educativo. ¡Qué tío!
Por cierto, que uno fuera ayer a trabajar (tuve mis razones) no significa que no deteste todo lo que su impresentable ley representa. Su ley, sus recortes (y los de todos sus consejeros y consejeras), su subida de tasas universitarias (he ahí un buen motivo para acudir, mal que me pesara, al colegio) o el endurecimiento de las becas.  Lo digo por lo del camelo de "la mayoría silenciosa".

El Roto

24.10.13

Clarín, 107

Esta vez se ha retrasado un poco su llegada. O acaso mi impaciencia era mayor. Había leído por aquí y por allá algunas opiniones sobre este número de la revista Clarín y estaba deseando tenerlo en las manos. Por ejemplo, para completar la particular visión de Andrés Trapiello sobre su querido Juan Ramón. Ha sido una estupenda idea publicar en papel sus dos conferencias sobre el poeta de Moguer, las que pronunció en la Fundación March el pasado invierno en torno a su vida y sus versos: "La vida hipocondriaca de Juan Ramón Jiménez" y "Poesía y verdad en Juan Ramón Jiménez". 
Mucho me han gustado también los artículos "El secreto de Baroja. A propósito del estilo literario barojiano", de Francisco Fuster García, y "En la tumba de Borges", de Antonio Bravo ("and ne forhtedon na": "que ellos no temieran"), unas pesquisas con aires de novela policiaca. 
Por mi devoción por lo monacal, he disfrutado con "Desiertos de vida retirada. La soledad sonora en la noche, el cántico y la llama", de Pedro García Martín (siempre me pregunto si este colaborador habitual será hermano del director de la revista).
Con gusto he leído también los diarios mexicanos de mi paisano, el diplomático, traductor y poeta Luis María Marina. Y "Sándor Márai y la nostalgia del mundo de anteayer", de Maurizio Serra (aunque me haya chocado leer que su hijo murió "a causa de un émbolo").
Aunque suelen pesar sobre nosotros las primeras versiones leídas de tal o cual poeta extranjero, no he podido resistirme a los encantos de las nuevas traducciones de Cavafis (¡qué poeta!) realizadas por Juan Manuel Macías. Cinco poemas (entre ellos un impecable "Esperando a los bárbaros") que le dejan a uno con ganas de más. 
Magnífica me ha parecido la entrevista de José Antonio Llera & Louis M. Bourne al veterano Antonio Ferres. "Tengo 89 años. A veces pienso si no sería mejor quedarme dormido definitivamente uno de estos días y dejarle el gato a mi amiga Fuencisla", dice. Y más adelante: "La poesía es la punta de lanza de la literatura. (...) Si un escritor antes no ha hecho poesía yo siempre tengo reservas respecto a su obra". Por cierto, tengo que localizar su Caminando por Las Hurdes.
Tampoco me ha decepcionado el diario de viaje de Benítez Ariza en Tánger; mal que a uno le pese, cada día más de moda. Ni el paseo por Perugia de Bernardo Fáñez (que en principio creí un heterónimo de Martín, pero que existe, es profesor universitario, como él, y "otro enamorado" de esa ciudad italiana), ni la reflexión de Carlos Moreno Guerrero sobre el declive y desafección del periódico El País.
A falta de algunas lecturas, dejo para el final lo que debería haber comentado al principio, aquello que, sobre todo, iba buscando en esta entrega. Me refiero a "Variaciones sobre lo inexplicable", del poeta Francisco Alba, un impresionante texto, por llamarlo de alguna manera, sobre la inesperada y accidental muerte de su todavía joven mujer. Hay que leerlo. Memorable.
No faltan, en fin, y como siempre, un puñado de reseñas (una mía, del último libro de Ripoll).
Redondo, sí, este Clarín