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17.2.23

Reseñables

POESÍA
Se ha vuelto insegura la columna de libros reseñables que he venido leyendo en las últimas semanas. El triunfo de la vida, por ejemplo, de Percy Bysshe Shelley (Pre- Textos), traducido por Luis Castellví Laukamp y con una introducción ejemplar de Prue Shaw. Una maravilla que gracias al mencionado prólogo y a la brillante versión pierde parte de esa presunta oscuridad que le atribuyen. 
Mucho me ha sorprendido también Del dominio, de Guillevic (Editorial Cántico), traducido por Rafael Antúnez y Juan Antonio Bernier. Una muestra de la gran poesía francesa del XX. Naturaleza en estado puro. Pura metafísica. Palabra esencial. Lo infinito en un verso. Chapeau!
En la misma colección ve la luz Cuaderno de cuatro años, de Eugenio Montale, el último gran libro, publicado en el 77, del poeta italiano, Nobel dos años antes. La traducción ha estado a cargo de Fruela Fernández y Andrés Navarro y está lleno de poemas memorables con versos que atraviesan como aforismos y que nos hieren a causa de la lúcida ironía que contienen. Por ejemplo, "Hemos dado / lo mejor de nosotros mismos para empeorar el mundo". O "La moral dispone de pocas palabras". Y "No existen vidas breves o largas / sólo vidas ciertas o muertas o afines". "Por desgracia, sólo he tenido la palabra", concluye. He echado en falta un prólogo de cierta enjundia y no una mera nota biográfica. O algunas notas. Montale no es un poeta ni simple ni sencillo. 
Por seguir con las traducciones, qué memorable despedida la de nuestro añorado Paco Uriz con Llueve en la taza, sus versiones de un puñado de poemas de Henrik Nordbrandt que edita Nórdica con ilustraciones de Kike de la Rubia y un espléndido prólogo de Juan Marqués a la altura de lo que viene después. 
De Nadie nos cuida en el sueño (Pre-Textos), de Cristóbal Domínguez Durán, habló con la solvencia que le caracteriza Jordi Doce en La Lectura. A esa reseña remito al lector curioso. No podría uno decirlo mejor. Un segundo libro que, de cara al futuro, nos apremia a prestar la atención que merecen los versos de este vejeriego.
También en el sello valenciano (y también con premio) se publica Químicamente puro, de Andrés García Cerdán, que fue premio Brines, uno de los mejores libros de poesía que uno ha leído últimamente. Lo abro ahora de nuevo y veo sus páginas llenas de signos y subrayados con lápiz, los que utilizo para destacar lo que me sale al encuentro; señal de que todo (o casi) me pareció aprovechable. 
Otro libro también premiado por jurados competentes, como los dos anteriores, y escrito por otro poeta joven es Historia del tacto, del marbellí Sergio Navarro. Se publica en la Colección Literaria de la Universidad Popular de San Sebastián de los Reyes, lo que no será obstáculo para que el lector curioso lo encuentre. Es su tercer libro y los anteriores están en Pre-Textos y Adonais/Rialp, respectivamente. Con este reafirma su condición de poeta excelente. El extenso poema "El milagro de la caridad de Luis Cernuda" (que tiene mucho que ver con el poeta sevillano, claro, pero también con la estadía de Navarro en Cambridge) justifica el calificativo que acabo de emplear. Otro tanto cabe decir de la sección "Siete casas bajo el mar", donde inserta en sus propio poemas otros de distintos poetas estadounidenses traducidos a un castellano medieval semejante al que utilizó Jorge Manrique en sus famosas Coplas. Sorprendente. Como el resto del volumen. Este hombre sabe lo que hace.
En otra colección de Pre-Textos, La Cruz del Sur, La casa del secreto, del cubano Ernesto Hernández Busto, barcelonés desde el 99. Gira en torno al soneto. Escritos por él y por otros (es un excelente traductor). Para colmo de bienes, incluye una coda sobre esa perfecta composición poética y unas notas filológicas y eruditas que abundan en su importancia. Toda una lección sonetística
Qué agradable sorpresa la de descubrir la poesía del argentino, residente en España, Walter Cassara. He leído Ladera umbría  (HDJ/Huesos de Jibia) y me ha parecido un libro potente, muy personal, escrito con un lenguaje también poderoso que, sin embargo, aborda asuntos cotidianos, de la vida ordinaria que lleva alguien que vive en un pequeño pueblo serrano, "en estas recónditas estribaciones del Guadarrama". La naturaleza montañosa ("la herida del paisaje") y lo rural ("Hombre con carretilla", "La cabra"), sí, pero tamizado por lecturas de poetas y artistas universales (De la Tour, Benjamin, Celan, Hokusai, Zurbarán, Beuys...). "No pintamos la vida, sino su extrañeza", escribe. Este hombre "mira en el silencio del ver", como el Starosta de Spinetta. 
De "un asombro discreto" y de "los quehaceres umbríos" habla Carlos Battilana en su epílogo. Sostiene que, mediante esos poemas en prosa, Cassara "se atreve a explorar esa densidad" que mezcla los "hechos cotidianos"  y el citado "asombro". "Con la misma sencillez, el mismo arte, me he entregado a la inocencia", podría resumir esta poética de la verdad.
A destiempo he leído Soñar con bicicletas, de Ángeles Mora (Tusquets). Me quedo con los poemas de las dos primeras partes, "Mi vida secreta" y "La luz del poema", por más que todo el libro esté lleno de poemas logrados. Ah, los recuerdos. 
De una pieza me ha dejado Gente que bebe, de Alberto Tesán (Milenio). Poemas en prosa, la mayoría, que Jesús Aguado califica en El Ciervo como "poemas desolados y lúcidos que se beben al lector sin misericordia". Con "Mis amigos poetas" basta. "Qué difícil no temblar", asevera Aguado. Pasen y lean. Luego...
Tampoco tiene desperdicio Los poetas feroces cuentan lobos para dormir, de Pedro Flores (Cálamo). Aunque lo parece, no es un poeta joven. Quiero decir que el desparpajo, la frescura y la ferocidad que encierran sus versos no cuadran con lo habitual en un poeta en mitad de la cincuentena. O sí, ya se ve. Juego literario de alto nivel. Para muestra, "Viejo poeta provinciano". El libro, desde luego, le ha salido redondo. Y el jurado que lo premio lo sabe. 
Justo Jorge Padrón, un poeta que llegó a sonar para el Nobel (?), falleció (a los 78 años, en 2021) sin culminar su magna obra poética: Hespérida. Canto Universal de las Islas Canarias. Sale ahora la cuarta y póstuma entrega (con prólogo de Maximiano Trapero), que lleva por subtítulo Soliloquio de Carlos V en Yuste. Recorre la vida del emperador desde su nacimiento en Gante hasta su muerte en ese precioso rincón de La Vera de Plasencia. Los dos últimos cantos hablan precisamente de Yuste: "Retiro en Yuste" y "Muerte del emperador". Su apuesta por la poesía histórica, poco habitual en nuestros día, me ha parecido tan curiosa como acertada. Será, me digo, porque siempre he sentido un amor especial por ese lugar y un aprecio por el hombre -el más poderoso del mundo entonces- que abdicó para retirarse a estas recónditas soledades nuestras.
Termino la sección lírica con las tres nuevas entregas de la exquisita colección El Leopardo de las Nieves: Mysterium lunæ, del irlandés Colm Tóibín (traducido por Enrique Juncosa, editor de la colección junto a Andrés Mengs); Una vuelta por el lado salvaje, del argentino Samuel Bossini; y Gare du Nord, del colombiano Fernando Herrera. Tres piezas poéticas de calado.

PROSA
Como si fuera a ser el último (Libros del Aire) titula Hilario Barrero el nuevo tomo de sus diarios, de la serie "Diarios de Brooklyn", que es donde vive. Corresponde al año 2016. En el prólogo a Elogio de la cordura, la última entrega de los impertinentes, pandémicos y amenos (salvo cuando habla en contra de las vacunas y de Juan Carlos I, más de medio libro) de José Luis García Martín (amigo de Barrero y personaje de sus páginas), Abelardo Linares sostiene, y con razón, que lo de la "escasez de escritos autobiográficos en la literatura española hace tiempo que ha dejado de ser cierto, si es que alguna vez lo fue". Quienes hemos frecuentado los de Barrero volvemos a encontrarnos con lugares, escritores, costumbres, aficiones y personas que nos resultan familiares. Con un pie siempre en su Toledo natal (y en la memoria), Barrero logra, con una prosa muy elaborada que no carece, a pesar de eso, de naturalidad, hacernos partícipes de su vida. De ahí que la vivamos como propia. 
¿Sus temas? El irremediable y enojoso avance de la edad, los problemas de salud, los paseos por el parque, las largas noches y los amaneceres, las pérdidas de conocidos y amigos, las visitas a las longevas vecinas y los viajeros de paso... Y, sobre todo, el amor, destinado a vencer a la mismísima muerte. 
He disfrutado con Baroja & yo. Un poco de compañía, de Andrés Trapiello. Elaborado a partir de unas cartas manuscritas inéditas de Juan Terrasa, nos permite conocer de primera mano (pocos más barojianos que el poeta de Manzaneda de Torío) anécdotas y categorías acerca de la vida y la obra de uno de nuestros clásicos. Y todo con el reconocible tono incisivo del autor de Las armas y las letras
Otro muy distinto tiene Nebrija y Extremadura, de Dionisio Á. Martín Nieto, que publica la benemérita Editora Regional de Extremadura en la prestigiosa colección Estudio con motivo del quinto centenario de su muerte y que incluye una separata de Raulowsky con llamativas ilustraciones alusivas a la obra del de Lebrija. La biografía (y más, por lo que tiene de puesta al día) da cuenta del paso del gramático por esta tierra: Villanueva de la Serena, Zalamea, Alcántara, Brozas... En Plasencia vivió, tras casarse con una paisana, uno de sus hijos: Francisco.

11.9.21

Lecturas veraniegas I


El verano no es, ni de lejos, mi estación preferida y menos después de jubilarme. Antes, al fin y al cabo eran días de vacaciones. Una de las cosas que peor llevo, sudores mediante, es leer. Envidio a quienes son capaces de meterse entre ojo y ojo lo que no han leído en el resto del año. O a los que siguen haciéndolo al mismo ritmo. Ni siquiera en la piscina he sido capaz de aprovechar el tiempo como otras veces. Así y todo, algunos libros han caído. Ni la mitad de las mitad de los que me han ido llegando estos últimos meses. A no pocos ya he renunciado definitivamente tras un injusto vistazo. Los que por diversas razones han superado la criba están colocados en una inestable columna en la mesa de al lado. Tendré que ubicarlos en algún sitio, pero aún no sé dónde (vuelvo a llenar cajas con destino a la cochera y las estanterías no dan más de sí). De las lecturas recientes, y sin ánimo de ejercer la crítica (aunque leer siempre lo sea), destacaría la de algunos libros de poesía. Variaciones sobre un tema dado (Visor), pongo por caso, de Ana Blandiana, traducido por Viorica Patea y Natalia Carbajosa, una emocionante, extensa elegía a su marido muerto y un hermoso canto de amor. Llevo mucho echándome en cara que no he leído como merece a la poeta rumana que el próximo 18 de septiembre presenta en Madrid sus dos últimos libros. Después de esta lectura, no hay excusa. 
Azul distinto (Pre-Textos), de Gabriel Insausti, no me ha dejado indiferente. Al revés. Logrados me parecen estos cuarenta y dos poemas centrados en París, esa ciudad tan mítica como interminable. 
No había oído hablar del griego Nicos Cavadías (1910-1975), del que Alianza publica su Poesía completa. En un volumen que no llega a las 200 páginas. Fue un viajero. Y, a su modo, un maldito. Marino, por más señas. David Hernández de la Fuente consigue trasladar al castellano su mundo, lleno de aventuras y puertos lejanos. Una fascinante deriva. 
En Vandalia cien (2002-2021). Casi veinte años de poesía hispánica contemporánea, Jacobo Cortines, su director, e Ignacio F. Garmendia seleccionan poemas de los libros que esa acreditada, imprescindible colección sevillana ha venido publicando estos últimos lustros. En orden cronológico, de Antonio de Zayas a Aitor Francos. No cabe duda, a las pruebas de este florilegio me remito, de que el acierto ha sido pleno. O casi. 
Marcos Tramón (Oviedo, 1971), poeta vinculado a la tertulia Oliver, la de José Luis García Martín, me sorprende gratamente con su libro Como una sola luz (BajAmar). La suya es una poesía cercana, vital, melancólica, cernudiana y, sobre todo, de verdad. Al leer sus versos tocamos al hombre que él es. Su elegante discreción le reconcilia a uno con la lírica. 
El cacereño Jesús María Gómez y Flores (1964) ha escrito Las erratas de la existencia (Pigmalión), un libro áspero, desasosegante, sin concesiones, muy adecuado para describir lo que no pocos sentimos en medio de esta época atroz de incesante pandemia. 
Otro cacereño, el veterano militar Juan Carlos Rodríguez Búrdalo (1946), publica La vida en un podcast, con prólogo del periodista José Julián Barriga Bravo. Habla éste de "poesía elegiaca", y no se equivoca. Lo mejor, coincido con Barriga, poemas como "Protocolos parentales" (dos, uno dedicado a su madre y otro a la recuperación de los restos de su padre, del que Búrdalo fue hijo póstumo). Lo peor, la edición, poco cuidada, con lo poco que cuesta hacer las cosas bien. Con todo, los versos sobreviven a pesar del dicho de JRJ. 
Dos libros de la sevillana Renacimiento (y muchos más) merecen ser mencionados: Si preguntan por mí, de J. R. Barat (Valencia, 1959), y Un tigre se aleja, de Rubén Martín Díaz (Albacete, 1980). 
La de Barat es una poesía confesional, biográfica y de la memoria. Apegada a la vida. De claridad mediterránea: limpia y luminosa. Sin trampa ni cartón, diría. Del conjunto sólo me sobra un poema: Blue jeans, y no por políticamente incorrecto. 
La de Martín Díaz, que vuelve después de un lustro de silencio, sorprende por su madurez, mucho más que un problema de edad. No, no es por lo de la cuarentena, que también, sino por la solidez de su propuesta. Meditativa, de la mirada, en busca de ese "espacio de lo imposible" que nombró Juarroz. De "extraña sencillez", por decirlo con el título de uno de estos poemas. Se veía venir. Aprovecho para subrayar la importancia que ha alcanzado la poesía escrita por albaceteños; poetas como Andrés García Cerdán, al que dedica un poema, Pedro Gascón o Valentín Carcelén, de los que leí no hace mucho, respectivamente, Las mudas soledades y El momento, dos libros publicados por la albaceteña Chamán Ediciones que me hubiera gustado reseñar. 
Termino con dos libros de autores jóvenes que me han acompañado también este verano: Triestino (Editorial Cántico), de Luis Bravo (Madrid, 1994), que debe su título no a la literaria ciudad italiana, como creí en un principio, sino al nombre de la colección de poesía que dirigió en los ochenta Trapiello, donde Bravo encontró a sus maestros; y Glory hole (Vitrubio), potente ópera prima de Tente Garrido, un extremeño que vive en La Raya, autor, y eso se nota en sus versos, de las letras del grupo de punk-rock-hardcore-melódico Antikracia
Esperan, en fin, obras de Glück (tres ha publicado ya Visor, traducidas por Andrés Catalán, que saca en Pre-Textos, donde hasta ahora habíamos leído a la Nobel estadounidense, Variaciones romanas), Rivero Taravillo, Hilario Barrero, Riechmann, Talens, Carnero, Barrett Browning (en versión de Benítez Ariza)... Seguimos. 

Nota: Ilustra esta entrada "Lector compulsivo", un acrílico sobre lienzo de Pablo Gallo.

20.10.17

Tres antologías

No dejan de publicarse antologías. De la obra de un determinado autor o, como éstas, de poetas jóvenes (o no) y periféricos que uno considera centrales para intentar comprender el rico, variado panorama de la poesía española actual.
13. Antoloxía da Poesía Galega próxima, de María Xesús Nogueira, publicada al alimón y de manera exquisita, en edición bilingüe, por la compostelana Chan de Pólvora y la madrileña papelesmínimos, reúne poemas de trece jóvenes poetas, de ahí el título, nacidos entre 1982 y 1996. Seis son mujeres. De entre los elegidos, destacaría a Berta Dávila y a Gonzalo Hermo, ambos consiguieron en su día el Premio de la Crítica y el segundo el Nacional de Poesía Joven 'Miguel Hernández' por Celebración. El prólogo de Nogueira es ejemplar. Allí explica que estos poetas llegan a la vida cuando en Galicia, años 80, surgen hechos tan sustanciales como la aprobación del Estatuto de Autonomía, el Decreto de Bilingüismo o la Ley de Normalización Lingüística. Entre los criterios de la muestra, además del de la edad, haber publicado al menos un libro (desde 2005) y que los versos de cada uno tengan la debida calidad (por la capacidad de crear "universos poéticos propios y coherentes"). Lo objetivo y lo subjetivo.
Destaca que no hay trazos grupales ni generacionales, que todos tienen estudios universitarios (otra constante de la joven poesía española), que son nativos digitales (el uso de las tecnologías es un asunto insoslayable, sobre todo en lo referente a la difusión de estas obras), que tienen mucha cercanía a la música, etc. Analiza en su minucioso limiar todo lo referente a los premios, las revistas (Dorna, Expresión Poética Galega, por ejemplo), los blogs y el modesto, pero efectivo, mundo editorial gallego
No se trataba, aclara la antóloga, de ofrecer una "panorámica, sino una "muestra de voces representativas". La diversidad. La versión en dos lenguas le aporta una riqueza que no quiero desdeñar.

Mucho por venir. Muestra consultada de poesía asturiana (2008-2017) es un curioso florilegio, publicado por MaremágnuM Ediciones, del que no es responsable una sola persona, como suele ocurrir, sino un puñado de críticos y lectores, diez en concreto, a los que se preguntó por el nombre de sus jóvenes poetas asturianos preferidos. Con estos requisitos: la selección tenía que ser de poetas arraigados en Asturias y nacidos después de 1985. Se recomendaba también que dichos poetas tuviesen al menos un libro publicado o que sus poemas hubieran aparecido en revistas o suplementos de difusión nacional.
De esa encuesta ha salido esta variada selección: Alba González Sanz, Laura Casielles, Cristian David López, Rodrigo Olay, Diego Álvarez Miguel, Sara A. Palicio, Miguel Floriano, Mario Vega, Xaime Martínez, Candela de las Heras y Rocío Acebal. Como en la antología anterior, la presencia femenina es notable. O significativa, cuando menos. Cinco de once. Ya era hora. 
Ya que fui consultado, me agrada comprobar que de los diez nombres elegidos, entre los diecisiete preseleccionados, sólo uno no está en la lista definitiva. Eso sí, de algunos de los libros de estos autores se ha hablado en este rincón y algunos estaban incluidos en la antología Siete mundos, de Carlos Iglesias Díez y Pablo Núñez. No soy especialista en poesía asturiana, pero no cabe duda que los poetas norteños, nada nuevo, están entre los mejores de este país llamado (todavía) España. 
Como bien dice en el prólogo-entrevista José Luis García Martín (una persona fundamental si de la poesía del Principado se trata, incansable animador de iniciativas líricas), "Las antologías consultadas —si se elige bien a quien se consulta— presentan una mayor garantía de objetividad, no dependen solo del criterio de una persona". Ojalá sea el caso. Por lo leído, eso parece. 
Destaca el crítico la "pérdida de provincialismo" de esta nueva poesía. "El centro puede estar ahora en cualquier parte", matiza. Luego declara que "Entre los veinte y los treinta años, hay muchos poetas por los que apostar, un pelotón de promesas. A partir de los cuarenta, ya van quedando menos. La mayoría se dedican a otra cosa o, lo que es peor, a ganar premios" y que en la muestra "podemos encontrar algunas muestras de realismo, ecos del surrealismo, ejercicios de culturalismo, abundante poesía elegíaca, el omnipresente simbolismo". Con la causticidad que le caracteriza concluye: "Los poetas jóvenes tienen una próxima fecha de caducidad, en seguida son sustituidos por otros. Solo unos pocos siguen siendo poetas después de ser jóvenes; la mayoría dejan de serlo, aunque sigan publicando libros de poemas". 

El peligro y el sueño. La escuela poética de Albacete (2000-2016)está publicada por Celya y su editor es el poeta albaceteño Andrés García Cerdán. Aquí la restricción es mayor: no una región o comunidad autónoma, sino una provincia. Con todo, en las cuatrocientas páginas del volumen encontramos lo único que importa, venga de donde venga (no nos vamos a poner ahora, con la que está cayendo, nacionalistas): poesía. Los reunidos son veintiocho poetas, de los cuales sólo seis son mujeres. Tampoco se circunscribe la muestra a la poesía joven, con haberla. Si bien faltan muchas fechas de nacimiento (un gesto de coquetería), el poeta mayor nació en 1959 y el más joven en el 92.
La antología lleva un curioso frontispicio de Antonio Gamoneda, realizado con fragmentos de los poemas de los distintos autores, y un epílogo múltiple que firman los poetas, críticos y editores Antonio Lucas, Carmelo Guillén, Luis Bagué Quílez, Pablo García Casado, Carlos Alcorta, Dionisia García, Javier Lorenzo y Javier Sánchez Menéndez.
Los poetas son, entre otros: Arturo Tendero (el de La siesta del lobo), Rubén Martín Díaz (ganador de los premios Adonais y Ojo Crítico de RNE), Constantino Molina (Premio Nacional de Poesía Joven), Antonio Rodríguez, León Molina (aforista y antólogo de aforismos), Juan Carlos Gea (gijonés de residencia, director del Semanal de Cultura de La Voz de Asturias) y Ángel Antonio Herrera (más conocido en su faceta de periodista). Y el seleccionador, Andrés García Cerdán, que acaba de publicar  Puntos de No Retorno, un libro sólido y solvente que mereció el Premio San Juan de la Cruz de Fontiveros. Tiene razón cuando afirma, en su encendido y pormenorizado prólogo, que a principios del siglo XXI se ha dado en Albacete una suerte de eclosión poética intergeneracional. Digna de estudio y, ante todo, de lectura, añade uno. Desde la periferia, sí, y desde la independencia. Al amor de empeños como Barcarola, una isla de modernidad en ese llano en llamas. O en hielo, si del invierno hablamos. Esto es una prueba de que tan mal no han resultado las cosas en esta España de las Autonomías. Muchas regiones alcanzaron su redención cultural gracias a eso; tan criticado, sin demasiada razón, ahora. 

15.1.16

Barbarie

Sí, Barbarie (Rialp) es el lacónico título, con ecos cavafianos, que Andrés García Cerdán, albaceteño de Fuenteálamo (1972), ha puesto a un libro breve pero intenso que ha llamado poderosamente mi atención y que he leído, no me duelen prendas decirlo, con creciente interés. Más allá de que conociera la entrega anterior de Cerdán, La sangre, y, por tanto, al autor, la primera pista fiable sobre la calidad de la obra no me vino dada por la fajita con el anuncio de que había conseguido el premio 'Alegría' del Ayuntamiento de Santander, eso más bien me inquietaba, sino por los nombres que formaban parte del jurado que se lo concedió: además del director de Adonais (me niego a colocar la enojosa tilde), Martínez Mesanza, Carlos Alcorta y Luis Salcines. Que esos tres excelentes lectores estuvieran ahí, me pareció, de antemano, una garantía. Y el premio en sí, por qué no, de esos no controlados por los de siempre; galardones provinciales, como los otros, pero limpios y honrados. Yendo a lo que importa, Barbarie empieza con Flash, donde leemos: "Este poema explota en ti: / tú eres su estallido". Pero que nadie se alarme. Aunque el título sea tan contundente, la cita de Girondo, con "cápsula de dinamita" incluida, tan explosiva y el primer poema aluda, con aquél, a la falta de cultura y de civilidad y a la violencia (según el DRAE), no es tan fiero el león como lo pintan. En "La piedra", el segundo, se asoma Valente, lo que a uno le tranquiliza, y en el tercero, "Pescadores", ya ve uno claro por dónde camina Cerdán y que lo que al lector le espera es una sucesión de agradables sorpresas en forma de versos. Sí, que nadie se llame a engaño, lo que aquí se plantea es un problema de lenguaje. Un problema, aclaro, muy bien resuelto. "Ludus magnus" nos da la clave clásica del conjunto, una reinterpretación certera del viejo tema de las ruinas. "Los bárbaros", un largo poema central (por algo se eligió como título), nombra a los terroristas que destruyen esas ruinas, de Nínive a Mosul y Bamiyán: "Hoy el mundo es un sitio más vulgar", leemos. Y: "No merecemos / este destino innoble". Que después titule un poema "Raimond Carver" (y en el "Brindis" final lo relacione con Roger Wolfe) no es, me parece, significativo. Uno no ve aquí "realismo sucio" por ninguna parte. Cerdán está por encima de algunos de sus modelos. Para bien, claro. Creo que es menos maldito de lo que cree. Y si no, léase "Eloy", dedicado a su "maestro" Rosillo, donde éste le dice, y él lo escribe, "que mis poemas seguían siendo radicales / pero que ahora había serenidad en ellos". Esta es, tal vez, la clave. Frente al libro anterior (el único que he leído de Cerdán), donde la música sonaba mucho más fuerte, si vale la modesta metáfora. Porque "Al fin, / la inspiración no es más que ese deseo / vehemente -aclaró- de escribir / el poema". Porque "Desde luego, la poesía / necesitaba entrega / y disciplina / y soledad".
Estamos ante una poesía culta (que evoca a Yorick). Y fresca. En "Fresas", por ejemplo, donde muestra el contraste entre la dulzura de la fruta y la amargura de lo que ocurre en Kenya. O en "Manzana".
En "Arroyos", otro de los poemas logrados del libro, escucha uno ecos del mencionado Rosillo. O de Trapiello o Gallego, cada cual en su onda. Su clara sencillez, nos redime de tanta y tan injusta barbarie.
Lo natal está presente "En la piscina de Fuenteálamo", donde no cesa el verano con los amigos. Luego viaja a Ámsterdam y elogia la juventud: "No tienen edad los jóvenes". "Sus cuerpos / no saben de la muerte". O a Harar, al desierto: "me entrego a su espejismo".
Preciosa resulta la presencia del "lirio del jardín" en "Historia naturalis": "Perdonadlo por su belleza, / por su arrogancia".
"Óxido" es pura precisión. Y siguen los aciertos en "19 de marzo" (los libros, los autores, que menciona por sus nombres de pila), "Correr en la cinta" (la vida, lo autobiográfico), "Bañeras" , uno de los mejores, que empieza con un verso rotundo y provocador: "No hay nada más hermoso que la muerte".  A continuación, menciona a Sócrates, Zweig, Cobain y otros ilustres suicidas. De nuevo, la potencia, una suerte de energía lírica que sobrecoge. Como en "La muerte del derviche": "Vuélcate en el delirio", "deshazte de ti mismo", que termina: "Y a los pies de la nada cae muerto".
Se cierra el volumen (tan bonito y manejable como todos los de esta legendaria colección) con "Autrorretrato (Reloaded)", que a uno le parece, sin recargo, un broche perfecto para concluir este libro de poesía digno de tal nombre. No es poco.

8.6.15

Libros, libros, libros

Libros que uno ha leído, sí, pero a los que no les puedo dedicar todo el espacio que quisiera y que, a buen seguro, merecen.
Libros como Aguanieve, de Ramiro Gairín (Zaragoza, 1980), que publica La Isla de Siltolá, un puñado de haikus agrupados de tres en tres (por página) que suenan con la debida frescura y, contra lo habitual, ambientados en el medio urbano, no en la naturaleza, y en situaciones cotidianas, algo menos extraño. Un trago de agua fresca, sí, que nos ofrece un hombre que trabaja como técnico de hidráulica e hidrología. 
Bartleby Editores presenta Ficciones para una autobiografía, de Ángeles Mora (Rute, Córdoba, 1952), un conjunto de poemas que se adaptan a la perfección a la cita de Borges del inicio: "Las (...) piezas de este libro no requieren mayor elucidación". Así, sin trampa ni cartón, Mora recuerda. Allí: lo femenino, ese mundo; el Sur, esa atmósfera; la soledad, esa llevadera carga; la infancia, ese paraíso (a veces); el verano, esa eternidad cuando se es niño; lo doméstico... Más lejos, Cracovia: el viaje. 
José Luis García Herrera (Esplugues de Llobregat, 1974) publica en Jizo Ediciones Mares de hierba (Libro de Escocia), con prólogo de Francisco Acuyo. Autor de numerosos libros y de otros tantos premios, aquí se va hasta Escocia y escribe, a modo de diario o de guía de viajes, un grupo de poemas situados en distintos lugares de aquellas septentrionales y húmedas tierras, donde no siempre es fácil distinguir la prosa del verso (de hecho habla en la página 59 de "narrar"). Con todo, agradece uno la pormenorizada excursión, más con estos calores. 
Algo parecido, salvando las distancias, hace José Carlos Díaz (Gijón, 1962) en Convalecencia en Remior, que publica Cuadernos de Poesía "Heracles y nosotros". También a modo de diario, Díaz, evoca una estancia en esa playa nórdica y lucense que le sirve para meditar sobre el paso del tiempo, la edad que avanza inexorable, los hijos, el amor ("En qué momento fue el amor costumbre")... Poesía autobiográfica, sin pretensiones ("Procuro escribir sin imposturas"), de línea clara, que, según el autor, es, más que "sentencia", "incertidumbre".
Vertientes se titula el libro de Evelyn de Lezcano (Canarias, siglo XX) que edita Huerga & Fierro. Islas, mitos, mares, dioses, símbolos... Poesía escueta, seca y directa, intensa y evocativa, de tono inspirado e íntimo que da a luz un extenso poema fragmentado, a modo también de notas de un diario. 
Sucesión de lunas, de Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaíra, 1973), publicado por anantes, lleva un prólogo del poeta y crítico Manuel Rico que nos evita dar explicaciones redundantes. En efecto, en el libro hay imaginación. Son protagonistas, a modo de símbolos, la noche y la lluvia. Estamos ante un libro-poema, dice Rico, donde prima la poesía amorosa. Se mezclan poemas en verso y poemas en prosa. En la primera parte, la principal preocupación es el lenguaje (se usa a menudo la palabra "palabras"). En la segunda, la lluvia pasa a primer término, "como si se tratara del personaje de una ficción".
Con La sangre, Andrés García Cerdán (Fuenteálamo, Albacete, 1972), bloguero, ganó el premio "Ciudad de Almuñécar", lo que le ha permitido, entre otras cosas, que la editorial granadina Valparaíso le publique su libro. Con cinco de poesía ya publicados, se aprecia el oficio de G. Cerdán, sus múltiples lecturas y su debilidad por la música (léase el extenso poema central "Velvet Blues", dedicado a Lou Reed o el poema "Morir en Albacete" y téngase en cuenta que este hombre ha grabado con un grupo de punk-rock), así como su condición de viajero (Florencia, Kiev, París, Londres...). Se ve que vivir en un pueblo de dos mil y pico habitantes no es obstáculo para escribir una poesía culta donde las referencias personales me mezclan con aquellas que proceden de los libros, el arte, las ciudades y, cómo no, de la música. Por movida que ésta sea.