13.3.11

De una conversación sobre Ashbery

Adam Zagajewski. ... me temo que en diez años veremos a Venclova como el último gran poeta tras el cual nos invadieron los bárbaros imitadores de Ashbery
Martín López-Vega. Ashbery es la gran moda, sí, tanto en España como, según tengo entendido, en Polonia y en otros países… 
A. Z. Es delicado para mí hablar de él, porque es una persona maravillosa, y ha escrito grandes poemas, como “Autorretrato en un espejo convexo” pero… escribe demasiado, creo que su máquina de escribir ya ha aprendido a escribir poemas de John Ashbery… Hay algo que sólo él puede reflejar en un poema, la desilusión. Y eso no puede imitarse. Él es un gran poeta, pero no soporto a sus imitadores. 
M. L-V. ¿Y qué es lo que nos pueden hacer perder esos imitadores? 
A. Z. Ciertamente en Europa podemos llegar a perder ese sentimiento de la tradición, de la herencia, que nos ayuda a expresar las experiencias más personales.
(En Yo, etc, el blog de M. L-V.)

12.3.11

Arturito

Fue uno de los personajes placentinos por excelencia. Cuando uno era chico, trabajaba como camarero  precisamente en La Placentina, bar y churrería muy concurrida, sobre todos los martes, cuando venía al mercado la gente de los pueblos y los hombres se acercaba a ver un espectáculo que Arturito, ya transformado en Debora Star (su nombre artístico), dejaba correr. No necesitaba ponerse aquellos trajes de vedette que uno le ha visto en algunas Ferias de su infancia y adolescencia para transformarse en la estrella que él se imaginaba. Ni para añadir más pluma a la que ya tenía. Y así ha venido siendo hasta el final. Hoy le entierran en su pueblo natal, Aldea del Obispo.
Ya no le veremos paseando con su perro por su barrio con uno de esos modelitos tan suyos y saludando a todos con la simpatía a la que nos tenía acostumbrados. Era buena gente. Debió soportar lo indecible detrás de aquella barra, mucho antes que a un gay se le respetara siquiera un poquito. Con todo, supongo que le gustaba provocar. En los últimos años le ficharon en una televisión local y allí hizo de reportero, de comentarista (como Canchoinfiel) y cuantas ocurrencias se le pasaron por la cabeza al jefe de aquel garito, humillantes a veces. Al parecer había llegado a bailar (no sé si también a cantar) en alguna compañía nacional cuando era joven.
Hace unos meses, entré una mañana en una tienda cercana al colegio, muy cerca de su casa, y le vi muy desmejorado. Delgadísimo (pero con el vientre hinchado), con barba de varios días, sordo, mal vestido... Me extrañó: no sabía que estuviera enfermo. Bebió en la misma caja del supermercado una bebida de cacao que acababa de comprar. Tuvieron que abrirle el envase. Me dolió que las vecinas sólo le preguntaran por qué iba a hacer con su perro, con demasiada insistencia. Que si dámelo a mí, que si conozco a una mujer que... Era doloroso y él estaba confuso. Cuando salió a duras penas de allí, todas dijeron lo mismo: que malito está Arturo, este hombre se nos muere. Me fui sobrecogido e incluso lo comenté con algún compañero.
Víctor Chamorro lo retrató de camarero en una guía secreta de Extremadura que publicó allá por los ochenta. Arturito no pasará desapercibido en las crónicas de estos años. Ni dejará de estar por un tiempo en la memoria de muchos placentinos.

10.3.11

Llega Clarín

Ya he dicho aquí alguna vez que sólo mantengo una suscripción: a Clarín, la revista literaria que dirige el también crítico ovetense José Luis García Martín.
Cuando era joven, estuve suscrito a muchas. No exagero. A demasiadas, sin duda. De ese mal lleva uno años curado. En casa, sin embargo, no quedan colecciones, apenas números sueltos. Nunca he tenido vocación de bibliófilo. Ni sitio para guardar tanto papel impreso. Uno, además, vuelve a los libros pero rara vez, casi nunca, a esas publicaciones con decidida vocación volandera.
Todo este excurso tiene que ver con la llegada del último ejemplar de Clarín, el 91 en sus dieciséis años de vida. Con el paso del tiempo, las revistas se van agotando. Suelen ponerse pesadas. Lo digo por experiencia. Entonces, apenas si las hojeas. Tal cual vienen, se van. Es cuando se convierten en innecesarias. No es el caso de ésta, por suerte. Tampoco la leo de cabo a rabo, ni de broma. Hay erudiciones y superficialidades que me tengo prohibidas. También hay, cómo no, números y números. En éste, he disfrutado sobremanera con la entrevista de Martín López-Vega a Zagajewski (nada que ver con la versión internáutica que "colgué" en este mismo blog hace unos días: ah, el papel) o el ensayo de Antonio Moreno sobre literatura autobiográfica (memorable lo de las conversaciones telefónicas con su madre) o las páginas documentadísimas de José Muñoz Millanes sobre Nápoles (una de las pocas ciudades extranjeras de la que uno puede hablar sin recurrir a los libros) o... No sigo; por suerte, todavía tengo cosas que leer.

9.3.11

¿Y si Pitta, de repente?

Fue un acierto que la Editora Regional de Extremadura crease en 2005 una colección transversal, Letras Portuguesas, que diera carta de naturaleza a una literatura tan cercana como necesaria. Había antecedentes. El de Ángel Campos Pámpano y su antología Los nombres del mar (publicada en el 85, recién inaugurada la Editora) y, sobre todo, Te me moriste, de José Luís Peixoto, un hito de La Gaveta, traducido por Antonio Sáez Delgado a instancia del sagaz Fernando Pérez. Por eso tuvo uno muy claro quién debería ocuparse de verter al español esas obras que nos estaban esperando al otro lado de la Raya. Y, antes, a quién escuchar sobre la conveniencia de editar unas u otras.
Quizás convenga aclarar que del mismo modo que la revista Suroeste no es heredera de Espacio/Espaço escrito, pero remite a ella, tampoco Sáez Delgado, director de aquélla, es sucesor de Campos Pámpano, aunque pueda y deba uno referirse a aquél cuando alude a éste, por el mero hecho de que, además de amigos, ha continuado esa ejemplar labor traductora con semejante pasión y con resultados espléndidos e incuestionables. Tanto es así que tiene entre manos las versiones de dos de los últimos libros de Lobo Antunes, que es tanto como decir que va a sustituir en Random House-Mondadori al desaparecido Mario Merlino en la exigente tarea de poner en español la obra del nobelable portugués.
A día de hoy, Antonio Sáez ya ha traducido para Letras Portuguesas libros de Ruy Ventura, José Gil, António Cândido Franco, Fernando Pinto do Amaral y Gonçalo Tavares. Llega ahora ¿Y si todo, de repente?, de Eduardo Pitta, un portugués nacido en Mozambique en 1949 que se ha venido distinguiendo por su alto nivel de exigencia en el panorama literario luso, tanto en la poesía (con ocho libros en su haber) como en el ensayo y la crítica, que ejerce con maestría en el diario Público.
De eso da buena cuenta esta antología donde se ve a las claras, ya digo, la personalidad poética de Pitta. La suya es una poesía "de los márgenes", como precisa Sáez en su medido prólogo, propia de "un apátrida escéptico", "a la intemperie" (del amor, de la vida), "que no rehúye lo trágico, que habita el terreno del desamparo y del exilio particular en que transforma a menudo la vida", "angustiosamente bella", como dijo  Gaspar Simões, "emocionante y corrosiva", "contenida y elíptica, cortante como una navaja".
"El infierno -escribe Pitta- es una asignatura como cualquier otra". De ésa y otras materias, acaso menos temibles, sabe bien el poeta, espectador de un tiempo enrarecido, comprensivo con  los "adolescente indecisos", de "pocas palabras, y gastadas", que pierde una ciudad y constata que "un perro de angustia avanza / por la ciudadela sitiada", que se pregunta: "¿Dónde estarán el pan, el vino y la miel / de tantas tardes despreocupadas?", al que persiguen "fantasmas de otros tiempos", que nos define como "Náufragos irremediables de los mares de China / a los que no fuimos", que, por fin, se plantea: "¿E se tudo, de repente?".

8.3.11

Una frase

Tarde desapacible de frío y viento. Al pasar a su lado, el pastor que cuida su pequeño rebaño de ovejas y cabras a la orilla del río, entre el Puente Nuevo y el de Adolfo Suárez, me suelta esta frase enigmática: "Hacen falta abanicos; p´abajo sobre to, porque p´arriba..."

7.3.11

Glück

Tengo encima de la mesa el último libro de la norteamericana Louise Glück, Las siete edades (en traducción de Mirta Rosenberg), poeta a la que sigo desde que me la descubriera, como a tantos, Pre-Textos. Pensaba escribir algo acerca de esa interesantísima lectura, como hice con El iris salvaje y Ararat, pero la reseña de la obra publicada en ABC Cultural por Jaime Siles me hace desistir. Que hable el maestro.

6.3.11

Corazón de piedra

Antonio María Flórez (Don Benito, 1959) es un poeta raro, siquiera sea porque al ser a la vez español y colombiano aúna con mayor facilidad en sus versos dos tradiciones poéticas que, en rigor, por aquello de que hablamos y escribimos en la misma lengua, deberían ser una sola. Su último libro, tras el premiado y dos veces editado (allá y aquí) Desplazados del paraíso, lleva por título Corazón de piedra y lo publica Littera Libros. Por recurrir al tópico, es tan breve como intenso. De "pequeño y denso" lo ha calificado el autor. La dedicatoria despeja desde el principio cualquier duda: "Para Javier Alberto Flórez". Sí, su hijo. Estamos ante una obra de carácter autobiográfico, que no confesional, con abundantes poemas dialogados, donde apenas se juega con ninguna ambigüedad. Quiero decir que el poeta va de frente y por derecho a lo que de verdad le importa: la historia de una relación complicada entre un padre, él, y su hijo. Ambos se encuentran en una encrucijada. "Frente a ellos", como en la cita de Corman McCarthy, "una gran desolación". A lo lejos, "una mujer se difumina en la bruma / y un niño se aferra a sus manos, crece". El paisaje es, sin duda, desolado: hay ruinas ("ruinas grises en vez de sueños"), cenizas ("Sobre la cenizas, / desolación", se titula el poema "Pincel"), melancolía, mucha melancolía. Padre e hijo están ahora en camino, "el viaje es muy largo" y el futuro del todo impreciso. El pasado "es un sueño". Por la ausencia del hijo, "Su infancia ya no es y nunca más será. / Sueña. / Lo que nunca fue. / Lo que nunca vendrá".
Se alude aquí a mentiras, a temores y, sobre todo, a la muerte. Una amenza permanente, que, precisamente, "no es ninguna mentira". Con todo, se atisba la esperanza: "tendrá sentido la vida", escribe Flórez. Y, a modo de conclusión: "Estoy aquí a tu lado. / Preparándote el fuego que deberás portar". / ¿Ese es mi destino? / ¡Ése!".
Para quienes, además de lectores, conocemos algo de la peripecia vital que se narra con versos en Corazón de piedra, éste es el libro inolvidable de un amigo que ha sabido arrancarle a la poesía su bendita porción de arte y de consuelo.

5.3.11

Puntualización

Francisco Javier Moreno Romagueras es un apasionado de las historietas y el cómic. En Trazos, del Hoy, ha publicado un informado artículo sobre el tema titulado "Un viaje por la historia de los tebeos en España", como la muestra que se expone estos días en la Biblioteca de Extremadura y que reúne ejemplares de su propia colección. Eso sí, aunque uno no sabe casi nada de esto, no tengo más remedio que hacer una precisión: Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Fermín Solís, antes de ser "publicado por una de las editoriales más prestigiosa del país, como es Astiberri", apareció en el catálogo de otra no menos acreditada, la Editora Regional de Extremadura. Lo sé porque le tocó a uno tomar esa acertada decisión. Convirtiéndola, por cierto, en la primera novela gráfica editada en Extremadura.

Una lección

La de Zoki en su Radio París de ayer. Chapeau!

4.3.11

De excursión

Ayer fuimos de excursión. Mis veinticuatro alumnos y otros tantos del otro 3º. La primera parada fue en el ayuntamiento de Zarza de Granadilla, donde vimos un documental sobre la Finca "Montes de Granadilla", el verdadero motivo de nuestra salida, así como la visita al pueblo abandonado del que ésta toma el nombre. El tiempo no nos acompañó: demasiado viento y mucho frío para una jornada completa a la intemperie. Hasta de pie comimos. No hace falta decir que, con todo y con eso, los chavales se lo pasaron muy bien y apenas hubo incidentes. Bueno, los monitores de Tragsa tuvieron que esforzarse: a las inclemencias meteorológicas tuvieron que sumar las derivadas del comportamiento de casi cincuenta muchachinos inquietos y alborotadores, algo a lo que los maestros que íbamos con ellos ya estamos de sobra acostumbrados. Tampoco uno se lo pasó mal. Mucho aire, algo de sol, un paseo por el campo y una nueva visita a ese pueblo fantasma que no deja de transmitir extrañas sensaciones son motivo bastante para estar contento. El cansancio compensó. Eso sí, las presiones administrativas, cada día más acentuadas, me temo que se acabarán llevando por delante este tipo de tareas. A poco que las cosas sigan así, nadie estará dispuesto a salirse ni un ápice de sus estrictos horarios laborales; que no obligan, por cierto, a estos esfuerzos sobreañadidos. Por educativos, placenteros y pertinentes que parezcan.

LGM

Ya le he dicho a mi librero de cabecera que me aparte un García Montero en cuanto llegué. Leí un adelanto de su nuevo libro, Un invierno propio, en el ABC y tengo ganas de seguir leyendo. Más después de la entrevista que le hace Javier Rodríguez Marcos para el El País. Recuerda GM que «Como dice Joan Margarit, el lector de poesía no es como el público que escucha una canción, es como el músico que interpreta una partitura"». No está mal traído. Quiere uno creer que ya le ha cogido el tono a esta nueva entrega del poeta granadino. Con otras cosas que dice, también estoy de acuerdo. No todo va a ser disentir. Me ha gustado, por ejemplo, el párrafo que dedica a cursis y cobardes, sobre todo eso de que "hay gente que potenciando mucho la verborrea acaba escribiendo pura palabrería en lugar de poesía que indague en la verdad".
Después he leído otra entrevista, casi idéntica, en Público y anoche le vi y le escuché en el telediario de mi paisana Pepa Bueno, lo que demuestra la popularidad que ha llegado a alcanzar el poeta.
En fin, ya contaré en qué queda esto. Pero eso será después de leer el libro entero, claro.

3.3.11

En Mérida

Aquí se puede ver el programa de actividades de fomento de la lectura previsto para los próximos meses por la Biblioteca Municipal "Juan Pablo Forner" de Mérida.

2.3.11

La tele extremeña

Ahora que tanto se habla de cerrar televisiones autonómicas o de privatizarlas, los extremeños, que tenemos una pobre, pero honrada, desde hace dos días, como quien dice, no parecen plantearse nada al respecto. Uno apenas la ve, ésta y otras, aunque no presumo de ello porque la televisión me gusta. Veo  películas, alguna serie, los informativos y, cómo no, documentales. En Canal Extremadura ponen alguna que otra peli decente, un programa cultural aceptable y poco más. Con todo, lo que más me inquieta, como telespectador ocasional, son algunas fijaciones de la cadena: meses atrás (meses y meses, preciso), con el flamenco; ahora, con los dichosos carnavales de Badajoz. Respeto lo primero mucho más que lo segundo, pero me parece, en uno y otro caso, una tortura someter a los telespectadores, fieles o eventuales, a tanto cante, por autóctono que sea, y a tanta murga, nunca mejor dicho. Aquí hay algo más que flamencos y comparsas. Y más extremeños que los del palomero Celdrán.

Habla Aramburu

Aquí, y por extenso. En el programa de Castilla y León Televisión, Silencio, se lee.

1.3.11

Lo previsible

Es un adjetivo que usa con frecuencia Rajoy. Se dice tal. Ayer se lo escuché a Josep Ramoneda en la tertulia matutina de la SER, en otro contexto. Se confesaba feliz porque no le habían dado óscars a Cisne negro. No le había gustado la película  por "previsible". Añadió que la trama era de "primero de Psicología" (curioso: la premiada, ella sí, Natalie Portman, es Licenciada en Psicología por Harvard). A la psicóloga que tenía al lado cuando la vi, le gustó mucho. Sí, cuestión de gustos. Ahora bien, lo de previsible no me parece un argumento necesariamente en contra. Quiero decir que no todo lo previsible (la actitud de Rajoy sí) es malo. Previsibles, pongo por caso, son los diarios de Trapiello o los poemas de Gamoneda y no por eso dejamos de leerlos. Más allá, por generalizar, previsibles son casi todas las obras de arte, el género poco importa, y a veces es eso lo que buscamos de tal o cual poeta o novelista o pintor o músico: lo previsible. Volviendo a esa celebrada película (desde cuándo los óscars son garantía de algo), no creo que el argumento sea lo único que valora el público que va a verla. Ésa o cualquiera. Supongo que, como toda obra artística, es una suma de elementos diversos lo que la hace ser lo que es, algo complejo aunque no siempre complicado. Hablando de cine...
Uno ve o lee o escucha algo y opina sobre ello, sólo eso. A veces coincides con otras opiniones de gente a la que respetas y en otras ocasiones no. Puede que hasta te identifiques, sin querer, con ideas de personas con las que jamás pensaste confluir. Por otra parte, siendo como somos, algo de lo más previsible.