El inquieto e imaginativo Salvador Retana ha ideado otra de sus aventuras: Náufragos. Ha reunido en una caja diseñada por él tres botellas con un mensaje dentro. Han salido las dos primeras entregas. Están editadas en su colección La Rosa Blanca.
1.9.21
Náufragos
El inquieto e imaginativo Salvador Retana ha ideado otra de sus aventuras: Náufragos. Ha reunido en una caja diseñada por él tres botellas con un mensaje dentro. Han salido las dos primeras entregas. Están editadas en su colección La Rosa Blanca.
26.1.24
Náufragos 7
22.6.23
"Náufragos": sexta entrega
19.12.21
Tercera entrega de "Náufragos"
25.3.22
Náufragos, 4
7.8.24
Náufragos aragoneses
21.7.26
Náufragos 13

12.12.24
Náufragos, 10
31.7.23
Landero dixit
13.10.21
El Amorgós de Gatsos
13.1.25
Dos reseñas
Carmen Fernández Rey
Númenor. Los Papeles del Sitio, Sevilla, 2024. 64 páginas.
30.3.10
Botellas, náufragos
Hago también mía la conclusión de su carta: "Lo que más lamento de este proceso de empobrecimiento general que estamos viviendo es la sensación de que nos han cercenado la ilusión, las ganas de tantas y tantas personas que, cada uno en su ámbito, un día pensaron que era posible construir una sociedad mejor, una Extremadura mejor. A veces pienso que hoy por hoy, solo nos queda el refugio de la red (que no es poco)...".
Le he contestado, entre otras cosas, que uno -solitario en su isla- se alegra de que alguien encuentre una de las botella que lanzó. De náufrago a náufrago.
9.3.11
¿Y si Pitta, de repente?
Quizás convenga aclarar que del mismo modo que la revista Suroeste no es heredera de Espacio/Espaço escrito, pero remite a ella, tampoco Sáez Delgado, director de aquélla, es sucesor de Campos Pámpano, aunque pueda y deba uno referirse a aquél cuando alude a éste, por el mero hecho de que, además de amigos, ha continuado esa ejemplar labor traductora con semejante pasión y con resultados espléndidos e incuestionables. Tanto es así que tiene entre manos las versiones de dos de los últimos libros de Lobo Antunes, que es tanto como decir que va a sustituir en Random House-Mondadori al desaparecido Mario Merlino en la exigente tarea de poner en español la obra del nobelable portugués.
A día de hoy, Antonio Sáez ya ha traducido para Letras Portuguesas libros de Ruy Ventura, José Gil, António Cândido Franco, Fernando Pinto do Amaral y Gonçalo Tavares. Llega ahora ¿Y si todo, de repente?, de Eduardo Pitta, un portugués nacido en Mozambique en 1949 que se ha venido distinguiendo por su alto nivel de exigencia en el panorama literario luso, tanto en la poesía (con ocho libros en su haber) como en el ensayo y la crítica, que ejerce con maestría en el diario Público.
De eso da buena cuenta esta antología donde se ve a las claras, ya digo, la personalidad poética de Pitta. La suya es una poesía "de los márgenes", como precisa Sáez en su medido prólogo, propia de "un apátrida escéptico", "a la intemperie" (del amor, de la vida), "que no rehúye lo trágico, que habita el terreno del desamparo y del exilio particular en que transforma a menudo la vida", "angustiosamente bella", como dijo Gaspar Simões, "emocionante y corrosiva", "contenida y elíptica, cortante como una navaja".
"El infierno -escribe Pitta- es una asignatura como cualquier otra". De ésa y otras materias, acaso menos temibles, sabe bien el poeta, espectador de un tiempo enrarecido, comprensivo con los "adolescente indecisos", de "pocas palabras, y gastadas", que pierde una ciudad y constata que "un perro de angustia avanza / por la ciudadela sitiada", que se pregunta: "¿Dónde estarán el pan, el vino y la miel / de tantas tardes despreocupadas?", al que persiguen "fantasmas de otros tiempos", que nos define como "Náufragos irremediables de los mares de China / a los que no fuimos", que, por fin, se plantea: "¿E se tudo, de repente?".
16.5.05
Bitácoras
Álvaro Valverde/HOY, 14 de mayo de 2005
Así suelen calificarse en nuestro idioma a los weblogs (web más log), o blogs a secas (Merholz dixit) que pululan por internet. No son sino páginas de un diario de ideas. Las hay de todo tipo, pero casi siempre de opinión. Política, periodística, literaria, etc. Hay incluso páginas que alojan múltiples bitácoras, en las que se nos orienta con el fin de que no zozobremos en ese proceloso mar donde numerosos náufragos depositamos nuestros mensajes dentro de simbólicas botellas. Como en las reales, ésas que dicen que se arrojan en las playas, es imprevisible saber si alguien, al otro lado, encontrará nuestro errático mensaje.
Uno, no creo que llevado por la moda (soy alérgico a ellas), también ha colgado la suya en la red de redes (http://mayora.blogspot.com). En la primera anotación escribí: "¿Seré capaz de llevar el diario que siempre fui incapaz de llevar? Bueno, mejor sería preguntarse si, como creo, el blog (o la bitácora, que decimos por aquí) es el medio ideal para adaptar la escritura a los tiempos que vivimos; los de internet, sí, que son los de la velocidad y la prisa; los de la actualidad desaforada; los del estrés como forma de vida. Por intentarlo que no quede". En eso estoy.
Debo confesar que la sensación de libertad que ese medio me proporciona es incomparable. Uno se siente absoluto dueño y señor de sus opiniones como sólo puede sentirse quien es único responsable de las mismas. Para bien y para mal. Sí, porque esa libertad sin aparentes cortapisas (más allá de las impuestas por el respeto), tan poco habitual en la vida ordinaria, te provoca, aun sin quererlo, un vértigo que unas veces recuerda a las cosquillas en la barriga que uno sentía deslizándose de pequeño por una atracción de feria y otras la del mareo que producen la velocidad y la altura.
Esta sigue siendo una de las grandes ventajas de internet. También, cómo no, con gente desaprensiva, uno de sus puntos débiles. Es agradable encontrar allí una enciclopedia, una biblioteca o un foro de debate, pero muy lamentable hallar instrucciones para fabricar una bomba o los últimos berridos de los grupos ultras, fascistas y neonazis.
Por ahora, comentarios mediante (los que puede hacer, por cierto, cualquiera), esa ventana al mundo no me ha dado más que satisfacciones. Me ha servido para seguir conversando con amigos y lectores y para enlazar con nuevos navegantes que, con sus palabras, me ha permitido viajar a otras costas.
Soy consciente, claro está, de mi vulnerabilidad. De mi flaqueza, similar a la de todos los marinos, naveguen por el agua o por la imaginación. Sé lo frágil que resulta opinar en voz alta y, por fin, de cómo valiéndose de la cobardía del anonimato cualquier miserable (haberlos, haylos) puede aprovechar esa puerta abierta para entrar en tu casa y ponerla hecha un asco delante de tus narices. Allá ellos con su conciencia, me digo, en el supuesto caso de que la usen. Además, una tormenta se la encuentra cualquiera. Solo queda saber cómo responderá entonces nuestra precaria nave y cómo reaccionará el piloto. Pero esto es parte sustancial de la aventura.
Ayuda, y no poco, efectuar la travesía en buena compaña, la que te proporcionan naves afines, por más que la personalidad es en una bitácora lo primero y esencial. Así, casi al mismo tiempo que la de uno, se han echado a la red otras cartas de marear que les invito a visitar. Me refiero a las de los escritores Gonzalo Hidalgo (http://bayal.blogspot.com) y Santos Domínguez (http://santosdominguez.blogspot.com) y a la del maestro Antonio Tejero (http://antoniotejero.blogspot.com). También en esto los extremeños estamos ahí. Puede que parezca un hecho menor, pero es más bien al contrario. La escritura de las bitácoras no es una manera de decir al uso. Es probable que de esta nueva forma de comunicación inmediata surjan nuevos modos de expresión y, en consecuencia, de discurso. Sí, es solo una posibilidad, pero a algunos con esa incertidumbre nos basta. Por si acaso, conviene pillar la ola.
Nada más global y local a la vez -tan glocal, por usar el término de Juan Cueto- que esta forma virtual de comentario.
Todo esto tiene una especial importancia para quienes, como en mi caso, abordamos la tarea con el rigor de quien aspira a entender la bitácora como una extensión de su propio mundo literario. Me he dado cuenta de que lo mismo que necesito decir según qué cosas mediante un poema, una novela o un artículo, también ha surgido en mí la posibilidad de escribir otras mediante este novedoso procedimiento. Su espontaneidad abruma tanto como hechiza. Menos mal que siempre cabe la posibilidad de corregir un registro o de borrarlo incluso. Y es que a veces los impromptus son temerarios. Tanto como viajar por la blogosfera.



















